Artículos con la etiqueta familia
02/08/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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¿Son caprichosos? Creo que por herencia lo soy, porque cuando mi hermana me cuenta sus problemas, me recuerda a mí mismo. No, no es que sienta como mujer, sino que compartimos algo en común, que parece trascender la casualidad para ingresar al campo de lo hereditario.
Hay personas quienes tienen todo, pero a la vez piensan que tiene nada, porque no tienen lo que quieren. Me explico, personas que tienen lo que tanto quieren, pero no miran más allá de sus narices y solo se fijan en lo que no tienen para llenar el vacío que los consume en la envidia, los celos, la tristeza y, finalmente, la depresión. ¿Qué hacer?, así es mi hermana y, por defecto, también yo.
¿Tiene justificación ser caprichosos? Bueno, digamos que es la prima hermana de la lucha por obtener lo que se quiere, lo que se fija como meta, pero también madrastra de la obstinación y asesino de la comprensión. ¿Pero qué hacer? Como diría la canción Cuando comenzamos a nacer, de Sui Generis, así soy yo y es mi vida -y la vida de mi hermana-.
¿Pero en qué parte de la moraleja está "el que la sigue la consigue"? O, mejor dicho, ¿en qué parte está el final feliz? Creo que hasta para responderme eso apelo al capricho que es saber qué diablos está pasando, qué diablos hice mal, qué diablos se debe cambiar... Finalmente, ¿en qué parte en dejar de ser caprichoso está la de un perdedor y triste resignado de la vida? Ahora que lo pienso, si Romeo se mató por Julieta -y esa es la historia romántica por excelencia- es porque fue un caprichoso de tres carajos.
¿Entonces vale la pena? Creo que será la encrucijada que en unos 20 años más tendré que responderme... o sacrificar para entenderme mejor.
30/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Cuando no venían las transnacionales, pues creo que el mundo era más feliz; por lo menos así lo recuerdo en mi infancia. Recuerdo, por ejemplo, las noches en que me iba con mi padre y mi hermano a un Plaza San Miguel totalmente azul, con pequeñas luces de neón morado y jugaba al slam con mi padre. Incluso, seguíamos jugando a pesar que el aire de la mesa se haya acabado.
También recuerdo que comía Pizza Raúl con la familia, que no tenía nada que envidiar a Pizza Hut, pues la diferencia plus ultra era que la pasaba en familia. Sin embargo, como todo tiene su final, el cabalgar de los transnacionales cambiaron de horizonte mis pequeños recuerdos familiares.
Mi padre, complejizado por el cambio económico, pues dejó de llevarme a Pizza Raúl para ir a Domino´s o KFC. Recuerdo que le pregunté por qué no vamos otra vez a Pizza Raúl, como quien revive aquella austeridad que caracteriza mis recuerdos más sensibles de mi vida familiar. La respuesta de mi padre fue contundente: "Pues allí comen los pobres".
Y así fue como se fue marchitando la esperanza de volver a la Pizzería Raúl, pues mi padre, con sus ideas de grandeza, como todo padre en realidad, quiso orientar mis expectativas en el mundo. Lástima que nunca le di la razón en eso. Sin embargo, mi hermano sí se la dio, pues comenzó a discriminar las tazas viejitas de mi alacena.
"Esa taza no uses, porque esa es de la empleada", dijo mi hermano a su pareja que cogió una taza al azar para servirse el café. Pasa hasta en las mejores familias, pienso.
Pero como de alguien tuve que sacar esta loca forma de pensar las cosas, con un poco de nostalgia para revivir el pasado, pues mi madre piensa igual que yo, pues no piensa tanto en la imagen de las cosas y de los lugares si se trata de pasarla bien. Así fue como muchas veces fui al Play Land Park, a pesar que mi padre no le pareció muy "de altura".
Incluso, recuerdo que una vez me fui a un quinceañero por la Avenida Perú y me padre me sentenció con una frase que jamás olvidare: "En vez de subir, pues bajas". Recuerdo que por ese entonces no me fastidio su comentario, pero como siempre dicen de los chicos, pues somos como unas grabadoras.
Eso somos, desde pequeñitos, unas grabadoras que algunas veces buscan ser manipuladas, pensando que es tan facil regresar la cinta para poner REC sobre los recuerdos que se escuchan como bulla en una cinta que no deja de rodar.
21/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Una noche de algún día que no me acuerdo conversé con mi amigo y vecino, Ricardo, de todo un poco: mujeres, anécdotas de nuestra infancia compartida, la infidelidad, el sexo e inevitablemente de mujeres otra vez. Mientras buscábamos cómo suicidar de modo más placentero la noche -sea por Youtube o Facebook-, llegamos a conversar sobre nosotros mismos sin querer queriendo.
Él inició su discurso orgulloso sobre su padre -militar hasta los nervios y amante de la disciplina- y yo, bueno, trataba de equiparar el mismo orgullo, con el pleno convencimiento de que nada se puede hacer para cambiar las cosas del pasado. Luego de varios minutos de darle buena cara al pasado, llegamos a una conclusión, que lo que vivimos forjó -cada uno por su parte- nuestro carácter para adaptarse a una realidad adversa; una realidad informal que se realiza al paralelo de la realidad familiar formal. ¿No sé si me dejo entender?
En fin, ¿y cómo llegamos a una misma conclusión si cada uno interpreta la realidad a su manera? Quizás se trate de mera casualidad o que cada uno tiene un poco del otro, pues lo conozco desde que nací, bueno, desde que tengo uso de razón literalmente.
La respuesta está en que cada uno es el complemento de su propia historia, que son demasiado parecidas. La diferencia reside en que él pertenece a la realidad familiar informal que relaté al inicio; y yo, a la realidad familiar formal. Sin embargo, no todo se debe a que pertenecemos a bandos distintos de una misma historia -del adulterio paterno- , sino que cada uno piensa como quisiera que piense su "hermano" en la realidad.
Cuando me enteré que de tres hermanos, pues somos en realidad cuatro, siempre quise conocer a mi hermano "menor-menor" de la realidad familiar informal. Esto porque no tiene la culpa de nada, porque nadie pide nacer y no tiene la culpa de nada, a pesar que fui espectador de primera fila de una mujer herida con un anillo roto de compromiso.
Verdad, llamo a mi hermano menor-menor, porque es menor que yo, que hasta hace tres años pensé que era el menor indiscutible. En fin, dicha actitud que tengo para con mi hermano menor-menor es lo mismo que desea Ricardo de sus hermanos, pertenecientes a la realidad formal familiar. ¿Vieron la correspondencia de nuestras historias, a pesar de ser familias distintas?
Tanto él como yo pues somos el hermano que siempre quisimos, en una historia que deseamos no se diferencie por realidades formales e informales, sino de una gran familia de hermandad, de hijos que prometen ser diferentes a las circunstancias que lo educaron y que se reconozcan como tal, como hermanos, no como bastardos... Como hermanos que no solo tenemos un linaje compartido por el ADN, sino porque convivimos con el mismo discurso cuando nos pregunten "¿Cómo es tu familia?"
Y debe ser por eso que Ricardo es más que mi amigo, pues es mi como hermano. Aún más cuando cruzamos nuestras historias y notamos en cada uno lo que desea de un "hermano formal", dependiendo del bando desde donde cuentes la historia.
07/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Me di cuenta que de mi madre aprendí mi curiosa forma de narrar. Solo bastó una tarde saberlo cuando mi madre contaba la historia de la Cenicienta a mi sobrina. Yo escuchaba desde la puerta.
-Sí, Nicole, la Cenicienta vivió feliz con su príncipe azul. Juntos alquilaron un departamento, porque ahora está caro comprar casa. Y eran felices, tenían de todo: galletas Chavo, jugaban a la doctora y veían hasta tarde Lazy Town.
Y así mi madre mezclaba la realidad con la ficción, con tal de que mi sobrina concibiera los cuentos como una extensión de la realidad. Me sorprendió mucho cómo mi madre lo narraba en broma, con suma facilidad.
Me alejé del cuarto y de a pocos me entró un poco de nostalgia: qué tal si mi madre quiso ser escritora como yo. No lo sabré, pero de ella heredé su elocuencia para mezclar ficción y la realidad. Creo que es un modo de vida, porque así puedes creer en muchas promesas, como la fidelidad, el matrimonio y la prueba del amor.
13/12/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Hace unos días, mi sobrina se ganó una bicicleta mediante un sorteo en el Coney Park de San Miguel. ¿Y qué tiene que ver Dios con esto? Pues sucede que la bici de mi sobrina fue tema de la mesa durante casi un mes, pues no había dinero para comprarle una. Más aún una de Barbie que tanto le encanta. Así fue como mi hermano, el padre de mi sobrina, cruzó los dedos de las manos y de los pies para ganar el dichoso, pero simple, premio.
Él me confesó que se lo pidió hasta a mi abuelita que falleció hace 10 años, también dijo que gritó como loco por la sorpresa, porque casi nunca gana algo en concursos como estos. Toda mi familia se enteró del premio, hasta incluso hicimos un brindis con un buen vino para celebrar la buena dicha... aunque mi madre afirma que siempre fue Dios, que es una señal y que patatin y patatan. Yo dije que solo fue suerte, pero ver la sonrisa inocente de mi sobrina, jugando con un regalo tan simple, pero obsequiado tan deliberadamente por el azar hace que contemple pequeñas cositas de la vida diaria, que al darles un sentido, en este caso la felicidad de mi sobrina, veo aquella divinidad que no logro explicarme... Divinidad que me contagia la sonrisa.
Al ver sonreír a mi sobrina, veo en ella lo que la gente llama Dios...
20/11/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Quiero estar lo suficientemente loco como para saber que el resto está equivocado. Loco por saber que yo tuve la razón en esta ciudad de orines y alcohol. Ser el loco quien prometa que mañana estará todo bien, que en el amor siempre ganas los cojudos (romanticos), que Dios es peruano y come ceviche en la Caleta del Sabor cerca de mi casa, donde brindamos por su dictadura y mi locura.
"Dios, quiero ser loco", una vez supliqué, lo admito, mientras las voluntades humanas eran de todo, menos voluntades sino un dedillo tenso a punto de jalar el gatillo y volarse los cesos de la cabeza. "Quiero ser loco", repetí, pero nadie me oyó.
Ser loco debe ser una carrera, una vocación para la vida, porque puedes ganar plata haciendo locuras, así como criar una familia, tener carro y un perrito llamado Peluche. Sí, debe ser un estado de vida.
"Papá, quiero ser loco", dije antes de ingresar a la universidad. Y bueno, estudio periodismo, pero para hacer eso hay que estar recontra loco.
Tan loco como para que los locos me digan "loco de mierda". Esos locos quiero ser yo. Yo quiero ser ese loco que camina por las paredes, que corre calato por cualquier cosa, que no necesita del alcohol para pasarla bien en una alucinación que me aleje de este planeta. Tan lejos como para no diferenciar la vida de la muerte y ser esencia entre tantas almas encerradas en carne, mierda y razón.
Dios, hazme loco para hacer lo que tengo que hacer, para hablarle a aquella chica de la barra que no me mira, para besar a la madre de mi amigo... Hazme más loco para desatender las incomodidades emocionales ante la injusticia... Y entre todos los locos hazme el más loco, amén.
15/11/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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A un instante olvidado, engendrado en el pasado, mientras jugaba a ser niño, me haces recordar. Me haces recordar a una pequeña niña que desapareció de mi vida tan lentamente, como los caramelos que compartimos y que se deshicieron en la boca, como la tiza que se volvió polvo luego de las clases escolares. No sé cómo, menos por qué, pero me haces recordar a aquella que se extravió de mi mirada mientras me forzaban a crecer.
¿Serás quien pienso que eres? ¿Será que el devenir te trajo otra vez, como quien encuentra un sentido a la casualidad? Aquella sonrisa semimetálica, tus pecas rebeldes a la melanina que combaten al sol, tu andar cansado como si no se te escapara la vida... Parece que eres un recuerdo que temo haber olvidado. Y también temo inventarme esta historia creyendo que eres quien pienso que eres o quisiera que seas.
Quizás por eso justamente escribo estas palabras, porque eres un referente en el tiempo pasado, donde encandilaba la ternura en una niña que se extravió de mi vida. Y si eres ella, si la casualidad trajo a una mujer con el tiempo, pues no temería volver a comer caramelos contigo en el recreo, así como jugar a tantos juegos que ni conocemos, con tal de reirnos de todo a partir de la nada.
¿Eres ella, la niña que recuerdo? El corazón se esperanza en una lógica que la razón descarta. ¿Lo eres? Si la vida fuese una película, seguro que sí; por lo tanto, estoy más seguro que nunca que también quizas no lo seas, porque no siempre ganan los buenos y no los puntos finales terminan con un beso antes de los créditos.
Sigo, ¿serás aquella niña? No me lo responderé hoy. Lástima... ¿Y a qué todo esto si al final sé que no me responderé jamás? Pues no encuentro mejor manera que transcribir los pulsos de una pasión soterrada, resguardada en los brazos del olvido que ahora te abrazan en un instante pasado, eterno, congelado en el tiempo, que solo habita en mi cabeza.