Artículos con la etiqueta belleza
16/03/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Creo que tiempo atrás escribí que ver directamente a los ojos de una mujer es la mejor forma de llamar su atención. Incluso, dije que si se lograba intimidarla, o sea que no pueda responder la mirada, dotaba al hombre de cierto carácter que lo hacía más atractivo. Bueno, debo confesar que sigo haciendo el experimento de ver directamente a los ojos de las féminas. Algunas veces tuve aciertos, así como otros grandes decepciones.
Pero entre todas las chicas que se habrán cruzado en mi camino, hace una semana pasó algo interesante. Claro, esto no significa que necesariamente me habló y tengo su mail, sino una reciprocidad comunicativa a través de los ojos.
Mientras estaba sentado en el micro, en el cruce de las avenidas Pershing y Gregorio Escobedo, pasó ella. Bueno, no puedo decir más ya que no sé siquiera su nombre. Ella, así se llama, por lo menos en el recuerdo de esta anécdota que no guarda más sorpresa que su mirada.
La miré a través de la ventanilla. Ella devolvió la mirada, como si fuera un disparo de regreso. Y cuando hay un contacto visual que dura más de un segundo, quedan dos cosas: o hacer que no viste nada o seguir viendo como si retaras a que ella te deje de mirar. Ninguno de los dos dio un paso atrás, seguíamos mirándonos directamente como quien busca una respuesta detrás del iris inquisidor.
Y como las buenas cosas de la vida, aquellas que son fugaces, porque son tan buenas que parecen no ser extensión de la vida, se fue. Pasó en frente del vehículo donde viajaba y se mezcló entre la gente. Pensé en bajarme del bus para ir por ella, con la idea sublime de que podría tener las mismas preguntas con yo, los mismos ojos que yo tuve para verla sin evadir a la verguenza ajena. Lástima que no lo hice.
Lástima que el bus arrancó conmigo dentro, así como llevo dentro tanto misterio sobre ella, sobre esos ojos negros que no evadieron mi mirada, que parecían dos botoncitos de una muñeca de tela. En fin, pequeños misterios que aún perdurarán hasta que la casualidad los revele, cuando sea un día en algún lugar de la ciudad aparezca ella y me diga "¿Te conozco de algún lugar?". Y yo diga, con más sonrojo que con firmeza, "Claro, en algún post que escribí de ti".
11/11/10 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Mira esto, lo encontré por casualidad a pesar que formaba parte de mí. Vamos, tenlo entre tus manos. ¿De dónde lo saqué? No sé, solo vino a mí traída por el viento, como las bolsas plásticas de los supermercados o las hojas de otoño secas de encanto.
Cuidado que se te cae. No sé lo que es aún, pero parece que te atrae tanto. Te parece tierno, ¿no? Es mío, sí, aúnque no lo creas... sí, pero lo que yo tampoco creo es que sea mío. ¿Que lo quieres tener por siempre? Imagino que te lo puedo regalar. Total, si lo perdí en algún momento fue porque de nada me sirve, que es un esparpanto a mis quehaceres, que me jode esta basura de mie...
Disculpa, no digo que te guste cualquier porquería, sino que así lo veo. ¿Que le tenga respeto? Dios, pero te digo que si se me perdió fue porque algún momento fue inservible. IN-SER-VI-BLE. ¿Y por que justo te lo traigo? Bueno, quizás tú... tú... sepas qué hacer con él, digo... ¿Aún lo quieres tener? ¿Sí? Qué bueno, ahora tiene dónde caerse muerto esa porquería... Está bien, está bien, no seguiré diciendo eso.
¿Parece que te gusta mucho? Gracias por tenerlo, sabes, hubiese querido que así fuese desde antes de echarlo al olvido. Sí, llévatelo en serio, porque cuántas veces hice lo mismo. ¿Acaso pensaste que eres única por tenerlo? Pues no, sabes por qué, porque sé que algún día también te valdrá mierda, que lo tienes por sensibilidades mediáticas que provocan la sorpresa de un regalo tan comprometedor. Además, sé que tu sonrisa estúpida es un velo a mi ignorancia, que no juego a tus juegos, que escondes tras de ella el secreto que un futuro me cautivará al ver que huyes de mí.
Sí, exacto, trato de no hacerte un cuadro teatrero cojudo. Ahora prima en mí la razón fría, la que tantas veces escarba en mí cuando no hay más base a la sensibilidad que el anhelo: la fruta prohibida de los lógicos amantes. ¿Que debo creerte? Lo siento, la herida de muerte que ciega la sinceridad ajena evita cerrarse por tus palabras.
¿Aún lo quieres? ¿Sí? Como te dije, llévatelo, porque hay otros corazones como el tuyo que fueron marcados por esta porquería pura de promesas incumplidas ya que necesitó de un ser redentor de mis pasiones. Y unos que me llamaron obsesionado... Vamos, quédatelo, no hay más por hacer, solo pido que lo respetes, que cumplas lo que prometes tantas veces, que le sonrías como un hijo adoptado producto de un embarazo en pasión no correspondida.
Ya guárdalo. Yo tengo que irme a casa. No te preocupes en hacerlo, ya sé que no comentarás esto y de "esto", el esparpanto que te dejo. No me despediré de él, porque ya tantas veces lo hice y siempre sus esquirlas quedan aferradas en mi piel. En un futuro volveré a regarlo, porque no sé cómo, no sé cuándo ni en qué lugar lo volveré a encontrar, ya que siempre se fuga de sus poseedoras. Cosa que no me sorprende, porque la indiferencia es pan de cada día elaborado por las migas del desamor.
Buenas noches, tenlo mientras puedas. Y tú, esparpanto, nos volveremos a ver luego y no me pidas respeto. Solo mira cómo me voy...
30/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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Este dibujo lo hice anoche sin saber en realidad por qué lo hice, o por quién, o desde cuándo...
Pero algo había en la cabeza que no descansaba tranquilo, como la cera que trazaba con frenesí en la cartulina.
Sea lo que fuese, sea quien fuese esa mujer a quien dibujé de cabello largo, destella de luz propia y ajena a la mía, pues aparece donde estés. No, porque te espero, sino porque no sé qué esperar... ¡Además, mira lo que me haces hacer un domingo por las dos de la manaña!
08/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Poesia
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Dos alfieres de vudú, dos botoncitos
acaramelados con párpados
que deben saber a fresa,
un océano seco, un desierto
donde transcurre el tiempo
como en los relojes de arena.
Dos miras que no miran,
un tiro en la sien desde la retina,
miras hasta que se dé por rendir
Dos patíbulos en esperas del reo,
diez fusiles, cinco por cinco,
intimidan al culpable
de invadir el campo de nadie
en la batalla de tus ojos
contra el mío,
dos trincheras en combates.
Dos ruínes, dos ojos de asesina
que matas la cordura
para impedir el verso
redentor de mi timidez
en mis dos ojos que dudan
atreverse a verte otra vez.
06/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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Como los dinosauros, los fenicios y los romanos, existen otras especies que se extinguen con el tiempo. Y, como parece, el siglo XX fue el fin de muchas personalidades, como caracteres, ideologías e, incluso, formas de encantar a una mujer.
Y así, mientras una fuerte comba destruía el muro de Berlín, el siglo XX hizo lo suyo para romper la muralla del clásico repertorio del buen conquistador. Y un conquistador, no como referencia a los españoles del siglo XV, es aquél que perduró con el tiempo guardando el repertorio de cómo cautivar el corazón de una fémina. Un repertorio, como muchas chicas afirman ahora, caducado en el mismo siglo XV.
Con el siglo que pasó, murieron los jardineros ridículos que regalan rosas en las puertas de cada casa, los juglares que aprenden poesía y tocan a la guitarra para enamorar con canciones que no son suyas, los escritores de media tinta que no terminan versos que cautivan, los pintores de vanguardia que dedican pinturas incomprendidas, los catadores de trufas y expertos en chocolate para regalar a su amada, de los que no descuidan su camisa, la gomina, y el pantalón Filipo Alpi, los que pintan piedras en nombre del amor, que tienen el sindrome de Flanders al decir todo con diminutivos (amorcito, cielito, etc. etc. etc)....... Hasta aquellos que demandan con frutración los amoríos de una noche con un solo beso en las discotecas, los fatalistas en un cuento de hadas llamado Vida Real...
Os han muerto con el tiempo...
Creo pensar que, después de todo, no se extinguirán de la tierra, sino que sus especies están dedicadas al Fracaso. Y mi especie también.
21/02/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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Uno, dos, tres... Hay va.
Me gusta la enamorada de Mr. Bean. Duro decirlo, pero es tan cierto como mi preferencia por las mujeres y mi amor por el vino y la novela. Y aún no sé que es lo que tiene, pero me gusta por eso, porque tiene ese hermoso "no sé qué" que enamora a las personas como yo, a los enamoradizos.
Sus lentes redonditos, su cabello recogido para atrás como Nicolasa, la abuelita del Canal 7 y su voz de bibliotecaria enojada me enternecía en los celos cuando veía que ella salía con Mr. Bean al cine o salían cogidos de la mano por Navidad. Y sería exagerar si dijese que trato de buscarla por los rincones más intelectuales de la Universidad. Y lo que dije es verdad, porque tengo una vida exagerada buscando a aquella mujer que me perdone por las mismas tonterías que puedo hacer yo evitando ser Mr Bean.
Su vestidito de flores amarillas y marchitas que seguro debe tener el casual olor de la naftalina por el tiempo. Sus lentes-trasero-de-botella que hacen de sus ojos dos botoncitos a presión y que quisiera robarmelos para guardarlos en mis bolsillos.
Aún no sé cómo se llama aquella actriz y mejor es no saber cuál es su nombre verdadero, porque no hay más verdad más allá de que ella es la novia de Mr Bean que quiero robar. Que así la llamaré en lo que me dure estas ganas de enamorar a una personaje de televisión tan personalizada en la rutina, que me molesta no poderla encontrar en la mía.
Será que mi rutina debe ser más rutina para que ella aparezca aburrida, en una esquina de la hemeroteca y con sus lentes-trasero-de-botella colocados en la esquina de una mesa gigante. Y si así la encontrase, arrumada en sus montañas de libros, la timidez hará que no le diga hola y adiós. O Hello y Good bye. La vería de lejos empeñando el tiempo para que el capítulo continuara en toda la temporada de mi vida en una biblioteca junto con ella.
11/06/08 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
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Sabes, estaba en la rotonda con un amigo que, pucha, no es tan simpatico, ¿me entiendes? Entonces en eso pasó un amigo quien no le hablo mucho pero está buenazo. Mi amigo, el no tan simpatico, no se despegaba de mi y me llego, porque queria estar con el otro e incluso queria acompañarme hasta el carro. Le dije que no y solo se fue. Entonces me quede con el chico buenazo y me pregunto si queria q la acompañe a tomar mi carro. Obvio que sí, me entiendes y me parecio super lindo que me lo dijera. Y fui con él y ...
Cuando recién ingrese a la Universidad, entré en un debate con una amiga respecto a la anecdota que acabo de redactar (No me acuerdo bien su nombre). Hablamos sobre los prejuicios y como estos, al ser regulador por un ente conciente del pensamiento, puede ser fácilmente dislocado por lo sensible, lo contingente. Y es en lo sensible donde está presente la belleza como la harpia que perturba nuestros entes reguladores concientes del juicio. Me refiero, por si hay dudas, al ente regulador del juicio como esas máximas universales que actúan en nuestro pensamiento para no deliberar un juicio errado y sin reflexión alguna, como discriminar a las personas solo por el color de piel o no ayudar a personas solo por tener un defecto fisico, etc.
Regresando a la anecdota, que por cierto me enoje por su actitud, le dije que cómo ella sabe si realmente el chico buenazo quiso acompañarla con la voluntad de querer hacerlo o solo lo hizo por educacion. ¿Y que tal si el no tan simpatico lo hizo por el querer y voluntad de hacer cual es mas puro que el chico buenazo? Y es entonces facil decir que el no tan agraciado puede ser tildado por mi amiga que quiere con el y es un aventado mientras que el chico buenazo se lleva todos los meritos sin si quiera haber tenido la misma voluntad. Es decir, cómo es que no reconozcamos estas diferencias cuando todos dicen querer "sinceridad", "honestidad", etc y no saben reconocerlas al tenerlas en las narices. Mas que nunca creo en Aristoteles en que los bienes externos si se deben considerar para la felicidad. Pero entonces hablariamos de una felicidad fundamentada en el prejuicio sensible porque mi amiga puede estar saltando de un pie solo por voluntades que ella configura como "verdad".
Es todo un dilema... Ahora que recuerdo esto, me cae más antipatica aquella amiga.