Artículos con la etiqueta Sobre la belleza
22/08/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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Leyendo algunas buenas ideas, pocas frases inteligentes y viendo varios "XD" en el facebook, encontré una frase sacada del baúl empolillado de las decepciones amorosas. Una frase que salpica mi genio con gotas de mar hechas por manotazos de una ahogada.
"El amor es un invento de Televisa"
¿Y que tal que sí?, me pregunté mientras apuntaba el mouse a la opción de comentar dicho escrito. No me acuerdo bien qué escribi, pero sí mi apoyo incondicionable. Ella repuso "Cómo te ries de mi desgracia jajaja XD".
Luego de apagar el computador comenzó la reflexión seria y animada, ¿y si es verdad? ¿Si vivimos en una sociedad emocionalmente estructurada por las emociones miméticas que muestran las novelas? ¿Si somos los personajes fatalistas de nuestra propia telellorona? ¿Si tu, mujer lectora, acaso no puedes vivir el sueño de Maria la del barrio o hundirte en las playas como Marimar? ¿Y tú, hombre lector, acaso no te sientes el joven clase-mediero que busca conquistar a la chica que tiene por padre el explotador de tu familia?
¿Y si el amor es un invento de Televisa? ¿El día de los enamorados es un invento promocional de TV Azteca?
Quizas mi amiga Carla vea con desmedro aquellos besos "de mentirita" de los personajes novelescos-televisivos, mientras late las ganas de cambiar el canal para dejar de ver un invento que ella aún no entiende.
Y yo... bueno... buscando las pilas para que funcione el control remoto.
30/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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Este dibujo lo hice anoche sin saber en realidad por qué lo hice, o por quién, o desde cuándo...
Pero algo había en la cabeza que no descansaba tranquilo, como la cera que trazaba con frenesí en la cartulina.
Sea lo que fuese, sea quien fuese esa mujer a quien dibujé de cabello largo, destella de luz propia y ajena a la mía, pues aparece donde estés. No, porque te espero, sino porque no sé qué esperar... ¡Además, mira lo que me haces hacer un domingo por las dos de la manaña!
29/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Ensayos
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Hace un par de días, recuerdo escuchar las declaraciones confirmatorias de mi intuición: a las mujeres les encantan que le reten con los ojos. "O sea, claro, conoces a un chico que te mira a los ojos y tu no puedes verlo directamente es como woao... es... no sé... interesante", me dijo Eliana mientras hablábamos de esas cosas en la Pileta de mi Facultad. Estaba con Jesus y una amiga más quien aún no me acuerdo su nombre, pero sí su manera perfecta de imitar a las personas por sus gestos.
Esa misma noche, como me regresaba solo a casa en plena noche, hice el experimento. Mirar a chica que se me cruce por el camino a los ojos. Claro, no a quienes están con parejas, para no ganarme problemas después. Las trece o catorce cuadras de distancia me aguardaban y di paso al experimiento.
En la universidad si pareció servir. Algunas contestaban bien, otras disimulaban viendo el suelo o el jardin. Algunas veces perdía, porque la mirada de la fémina desarticulaba mi experimento y un marco teórico fundamentado en la fe y no en la razón. En la facultad de Sociales fue donde perdí un par de veces. En las afueras las cosas eran más rápidas. Tuve buenos inicios y no di mi brazo por torcer, o pestaña por cerrar, claro.
Me gané una mirada muy bonita de una chica que se dirigía a la Universidad y una que otra peatona en su arte de peatonar por la ciudad. No sabía que mirada dar. No sabía que tenía más de una, como para ponerme a pensar en eso. Di la mejor que pude, la que tuve siempre y no supe explicarlo.
Ayer también hice el mismo experiemiento, pero esta vez en el bus. Y para qué, tuve la oportunidad de casi conocer a una chica muy bonita que se sentó a mi lado, pero maldita la geografía que tenía que bajar a dos cuadras despúes que ella se sentó a mi costado. La miré a los ojos, aunque ella miró el suelo con sus manos blancas juntitas. Como no respondía, vi por la ventana y ella justo voltea para verme con sus ojos caramelo y unas finas pestañas de muñeca de porcelana. Supe que lo hizo, porque el rabito del ojo también era la de mi traversura. Quisimos hablarnos sin hablarnos y el "disculpa" para bajarme del bus fue el de los más emotivos.
No quería irme... Debí ver mas a los ojos.
26/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Ensayos
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Lo que las mujeres bonitas no tienen de fea, lo tienen en su nombre. Cierto, los nombres que no prometen mucha belleza, como Brunelia o Alda, son casi siempre las mas bellas. Y el defecto que no pudo ser un lunar de más, unos labios marchitos o una nariz tipo caño se apropia del nombre. Además que las más bonitas suelen tener los nombres más raros.
Una de mis amigas se llama Melisa EUGENIA. Y para tener ese nombre, no imaginan lo hermosa que es. Claro que me doy esa libertad de decir HERMOSA, porque se ella no leerá estas palabras y yo pase verguenza, pero vayamos al nombre: Eugenia vino a mal.
TOMASA era la hija de unos de los amigos de mi padre. La conocí y saber su nombre me hizo pensar en cualquier chica, pero menos en la Tomasa de carne y hueso que conocí. Demasiado hermosa para llamarse Tomasa. Poéticamente, muy bonita como para tener nombre lógico a su belleza.
Octavia de Cadiz, de nuestro amigo Martin Romaña. Hermosa como la literatura que la describe, pero su nombre no resultó ser lo que uno espera por ver. Octavia era hermosa. Incluso, si leyeron todo "El hombre que hablaba de Octavia de Cadiz", en realidad esa bella mujer se llamaba PETRONILA. Otra vez, nada que ver.
Son dos líneas inversas -pero bellamente ideales-.
17/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Poesia
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El sètimo suspiro de seis silencios
se ahogò en una incertidumbre.
Cumbre entre motivos y miedo
batallan el quizàs y el no pude.
Una sètima que no calla sola
los mapas reprochables de libertad.
Guìame donde el quinquè
perdiò la centella que encubre
el secreto de un mar de dos plazas...
Me sumergo en incertidumbre.
Nàufrago a la deriva encantada
del vaivén de piernas ajenas.
Un mapa que despide marineros
en un puerto en medio de la nada.
Duermo sin temerle al público...
Duermo sin Norte en constelaciones...
Soy
Retrato del Sueño Lùcido
de pocas revelaciones.
13/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Ensayos
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La peor huella que puede dejar una mujer es el perfume. Sea el que fuese, cautiva como desmorona la cordura y hace exhalar el aliento al recuerdo. Más aún si el perfume que persives es el que usó la misma mujer que alguna vez te enamoraste.
Aunque la fragancia sea dulce, los recuerdos son àcidos al saber que volvemos al pasado para estrellarnos con el presente. Con el presente de que esa chica no está más o de que recuerdes los momentos cálidos que aún perduran.
Los lugares más frecuentes para sentir el aroma del perfumen femenino son las bibliotecas, los malls, en la propia mano cuando una chica cualquiera te saluda y el olor se impregna en la piel. A mi parecer, el lugar menos recomendable es el asensor. No puede huir. Aguantas los ocho o seis pisos al costado del perfume. O pasa que entras al asensor y no hay nadie más que tu reflejo en el espejo y ves como el rostro se te transforma con una sonrisa enamoradiza del pasado.
Algo inexplicable es que, cuando sientes ese aroma, te dan las ganas empedernidas de enamorar a la chica que lo usa, a pesar que no sea la misma persona que su perfume hace recordar. Es actuar sin reconocer que un clavito sacó a otro. Y pablito se enamoró de una chica que su perfume la rocía en recuerdo.
Creo que es una estratagema vil de las mujeres. La industria del perfume lo debe saber bien. Tengan un poquito más de piedad.
08/03/09 |
Publicado por: a20063269 | Categoría Poesia
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Dos alfieres de vudú, dos botoncitos
acaramelados con párpados
que deben saber a fresa,
un océano seco, un desierto
donde transcurre el tiempo
como en los relojes de arena.
Dos miras que no miran,
un tiro en la sien desde la retina,
miras hasta que se dé por rendir
Dos patíbulos en esperas del reo,
diez fusiles, cinco por cinco,
intimidan al culpable
de invadir el campo de nadie
en la batalla de tus ojos
contra el mío,
dos trincheras en combates.
Dos ruínes, dos ojos de asesina
que matas la cordura
para impedir el verso
redentor de mi timidez
en mis dos ojos que dudan
atreverse a verte otra vez.