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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta Narrativa


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Y lo que viene es la transcripción de un alarido ahogado entre los dedos, que ahora duerme como mal recuerdo en el fondo de la almohada. Lo que viene no espera ser un testimonio, menos una querella a la injusticia, sino un texto sumido en la quietud de los nervios al estudiar el silencio entre la bulla, la sonrisa que sabe a despedida y la despedida que no espera ser la última. Esta transcripción es un alarido, mas no un chantaje a quien culpo mi exabrupto, del desvelo sin motivo aparente... Ella que habita en la frontera de mi sueño y su vigilia.

El alarido...
Mierda... dónde... dónde estás... Se me perdió el sonido de tus suspiros, ya no hace eco en mi cabeza... Dónde está, carajo... El sonido de tus suspiros huye como si expirara con el tiempo... cuando veo que yo también expiro en tu universo hecho de esperanzas... donde yo no habito. Mierda, dónde está el eco... Se fue, carajo, se fue el eco... No hay dónde encontrarlo, más que en la pesadumbre del recuerdo y con ello las sonrisas que condeno de falsas, las caricias que cortaban la piel y hoy dejan heridas: cicatrices del alma que se abren al ser correspondido... Ahora los tiempos son otros, a pesar que hable de dos minutos atrás. La lucidez, lo evidente opacó el eco de tus suspiros con un silencio conciliador entre la verdad y lo que yo quería entender de ella, la verdad... Puta madre, no está... se escucha cada vez más lejos, en forma de susurro, el deseo que nos invandía y la noche que era el velo perfecto de dos asesinos de fantasías... No está... Tú tampoco... El silencio es lo que escucho ahora: un mutis que no se apiada de la inocencia... De eso no tienes culpa, más que yo, un humilde servidor... "servidor", eso resume lo acontecido entre los dos... ¿y que es "lo acontecido"? Es... no sé... ya no sé... también se me olvidó, partió con el eco de tus suspiros...

(intelegible. Terminó la transcripción)
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Dedicado a mi doctora Sharon Rojas

Hola. Sabes algo, hay personas quienes parecen nacer viudos. Y tú, que me conoces tanto, sabes que me refiero a mí mismo, que soy viudo desde que el enfermero golpeó mis nalgas para que me desahueve en esta vida que la llevo sobreviviendo.
Resulta, doctora... Lo sé, no te digo así, porque aún no terminas la Universidad, pero lo eres desde el momento que vomité bilis en tu vereda mientras el mundo que conocía -o creí conocer- se enfrascaba en una botella de licor. Pero te diré doctora, a pesar de que me digas que aún no lo eres.
Resulta que este último mes, doctora, que una cadena de eventos desafortunados colman mi paciencia y no sé...
¿Qué doctora? ¿Si tengo alguna necesidad? Pues sí, no muchas, pero tengo básica y elementalmente una, que ahora me averguenza mencionarla. ¿Que debo decirla? Tú ya lo sabes, aquello que me motiva... ¿Musas? Ellas mismas y las de siempre, doctora.
Hasta hace unos días la poesía fluye por sensaciones forzadas a mi sentir. ¡Se trata de buscarle la quinta pata al gato, doctora! Se está tratando ahora la poesía con cierto cinismo a la amargura, a las desavenencias caprichosas del destino correspondido, para sonreirle a la vida con un verso. Doctora, entiéndame, me están volviendo cojudo... ¿Quién lo hace? El mundo, doctora. El mundo me tiene así. Nadie sabe lo que los demás quieren, a pesar que el derecho categórico de mejoría sentimental sea lo más idóneo. El mundo parece mandar al carajo a Kant, doctora.
¿Que me tranquilice, que ya pasará? Tendrá razón doctora, pero cómo no relacionar esta serie de hechos desafortunados conmigo mismo, cómo no trazar un hilo conductor de cordura a las acciones "cuerdas" de los demás que me involucran o, peor aún, a la verdad antipática que no brinda oportunidades a mi buena voluntad, a la poesía inocente, enamoradiza y niña.
¿Qué hechos desafortunado, doctora? Temo no querer decírselos... ¿Que debo? Mantenga el secreto, por favor, doctora.... Lo siento, sé que respeta el derecho profesional que recién está aprendiendo. Sucede doctora que, en resumen de los hechos desafortunados, no puedo escribir más. No puedo, entienda, y no es porque voluntariamente no quiera, sino que más parece una labor masoquista al insinuar relatar bellos pétalos de una rosa, que solo está hecha de espinas. ¿Que me haga explicar, doctora? Le diré, está bien, sucede que ya las musas resultan mediáticas, doctora, se van ni a penas la poesía las describe como aquellas personas que las imagino, y que solo imaginaré, porque lamentablemente parecen ser más hermosas mientras menos las conozca. No tengo aquella musa que...que...
¿Que ya entiende mi necesidad, doctora? Sí, exacto, de ese se trata, que me hace falta aquella musa a quien poder por fin cogerla de la mano, verla mientras duerme observando la televisión, pelliscarle las costillas para forzarle una sonrisa cuando se enoje conmigo, jugar michi cuando estemos aburridos viéndonos la cara, que me convenza inutilmente que soy un buen bailarín y transformarme en pañuelo cuando el hoy parece eterno en su trajín majadero...
De eso se trata doctora... No, qué diga, no se trató de las necesidades metabólicas de todo hombre, ni que lo diga.
¿Me entiende ahora, doctora? Sí, de escribir poesía desde "dentro" de lo que expongo y no de puro observador-imaginario-no-participativo. ¿Y por qué no lo hago, por qué no lo intento? Ay doctora... Esa es una historia más larga, pero se resume en intentos fallidos, de saltos de trampolín a una piscina vacía, de rosas escondidas en las carteras, de entumecer el cuerpo mientras se vomita un verso ausente de felicidad, de escarapelar el cuello cuando el invierno posa sus labios en él haciendo más presente su ausencia...
¿Lo ve doctora? ¡Acaba de suceder otra vez! Volví a escribir aquellos versos plañideros...
¿Tendrá todo solución, doctora? ¿Que ya es tarde? Sí, lo sé doctora, debe descansar... ¿Y mañana podemos hablar? Ya veo, tiene reunión de colegas... ¿Y pasado? ¿Tampoco? Bueno, sí, lo sé, tiene que hacer. ¿Cuándo la veo entonces? ¿Que Ud. me llama? Está bien, mi número es... ¿Ah, ya lo tiene? Bueno... ¡Qué bonito su consultorio, doctora, ese cuadro me recuerda a...! ¿Qué me dice? ¡Qué bonito lapicero, doctora! ¿Quién se lo regaló?
Está bien, no tiene que gritar, doctora. ¿Me llama, no? Espero su llamada. ¿Y tiene mi número? Sí, ya escuché que me dijo que sí, pero queria asegurarme. No tiene porque empujarme, conozco la salida. ¡Qué bonita foto, doctora!, ¿viajó a Cajamarca, no?
¡Yaaaaaaaaa!, ya me voy. Hasta mañana... que descanse. Yo trataré.
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FUENTE DE LA IMAGEN: para saber, estrenos de cine

Son estas horas de la madrugada (3.24 AM.) en que uno se pregunta si ser soltero refiere implícitamente a la soledad. Y no es que lo diga, porque la noche provoque deseos lujuriosos, sino en el sentido sencillo de la realidad. Son momentos como estos, cuando los hombros se me tensan de tanto escribir y el frio hiela mis pies, en que uno tiene las ganas de tomar un cafecito con aquella chica a quien quise por enamorada, pero las cosas no salen como uno las desea.
Y así detallaría -como al mismo tiempo sueño de paso- cómo besaría sus dedos fríos debido a que lavó las tazas donde bebimos café, o como la arropo con una frazada hasta el cuello para que no tenga frío, o las cosquillas que le haría en las costillas mientras trataba de hacerme el serio, o ver la televisión sin verla´y hablando cuelquier cosa de las que no se hablan, como el chiste que nadie se ríe, como sus juegos de medias diferentes cuando el tiempo la apura...
En fin son cosas como estas que pienso ahora tan de madrugada. Son las 3.35 AM, pasaron 11 minutos desde que inicié a escribir esto. Fueron 11 minutos dé evidencia en que ser Soltero es sinónimo directo de Soledad.
Esa frase fue la de mi eterna infancia. "Mamá, cuando sea grande seré..." Me pregunto a qué edad exactamente me refería a ser grande, porque hoy tengo 21 años y no sé cuántos años me faltarán para ser aquel grande que tiene tantas promesas por cumplir.
Esta obra está bajo una licencia de CREATIVE COMMONS
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

Ver a mi sobrina jugar me hace entender un poco más la felicidad y diría que esta es como un cerillo encendido: cualquier momento se puede acabar ante cualquier sutileza o mala jugada del viento. Y ese cerillo consumido por el fuego se quiebra volviendose ceniza y desaparece en el suelo sin dejar huella de su prematura existencia.
¿Notan la analogía con la felicidad?
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-Saigón...

No sé dónde desperte, en qué cuarto de hotel barato én alegría, en qué zanja llena de vietnamitas muertos donde apesta la vida y se fecunda la muerte. Pues no sé si saldré de esta ciudad bombardeada de mierda, si el fusil armado de espinas degollarán al enemigo, en su corazón pétalo de rosa. Dónde ir... guerra hay más allá de la guerra; la paz, el tiempo suficiente para repensar un contrataque.
¿Qué más hacer que hacer nada? ¿Por qué sobrevivir en guerra si se muere por vivir? Quiero dormir en el barro, besar los gusanos que llenan mi boca de alimento, tener sexo con alguna conejita del play boy o nadar desnudo por el río buscando a un hijo de puta que merece morir.
El camino es largo y mi película dura tres horas y media de acción inecesaria, de un viaje cada vez más lejano con destino a la incertidumbre. ¿A dónde voy, Comandante?
A Saigon, a matar, señor...me voy a matar.


Casi nunca las hago, porque me considero una persona directamente indirecta cuando quiero decir las cosas. Las maquillo, las hago un enigma para que el desentendimiento sera mi via de escape a lo que pienso, a lo que quiero decir, pero que resulta ser hostil. Y bueno, qué decir, entonces. ¿A qué todo esto? Bueno, hay cosas de las que debo confesar que me desagradan.
Es público, pienso, que quienes odio son los nazis, neonazis y protonazis. También odio los nextel, los racistas y, mis favoritos, los cristianos. Los odio, lo admito, y es delicioso explicar el porqué los odio, pero prefiero ahorrarme las palabras y sincerarme con ellos, que los odio, que jamás debí ingresar a una de sus iglesias, a pesar que me enamoré de dos cristianas en mi vida. Odio a las personas que en el MSN siempre dicen que están feliz, ¿acaso no conocen la tristeza o es que son necias y no ven el otro lado del mundo, el que se pudre, el que se corrompe, el que sufre de hambre y de ignorancia? Odio los ricos, amo a los pobres, odio a los ingenieros mineros, a los poetas que se hacen novelistas, a los reguetoneros. Detesto a los fanfarrones, a las mujeres que se creen modelos de Hawaian Tropic, odio quienes gozan del superavit de nuestro pais mientras las clases bajas comen miserias. Odio la miseria, odio el congreso, detesto a Humala, odio a los ultraderechistas, odio el poder no correspondido, odio al cerebro de hormiga de Hugo Chavez.
Odio.... a los que no ceden el asiento a los ancianos, a los cobradores de combi que tutean por unos centavos más, odio la violencia juvenil, detesto al Presidente....
Odio.... en fin, cosas.... las odio....

¿Y qué es lo que amo?
Los pobres... y no sé qué más.