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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta poema


Como escribí hace un par de post, siempre me identifiqué con la raza negra. Claro que no soy negro de cepa, pero sí tengo raíces que prevalecieron más en mi crianza, como las fiestas familiares y la vida con mis primos. Bueno, resulta curioso que escuche música negra, porque no soy muy criollo, pero algo que sí me encanta son las coplas de Nicomedes de Santa Cruz. Aquí comparto con ustedes algunas de sus coplas que más me gustaron, todo con el fin de promover un arte que se extingue con el tiempo, así como los recuerdos familiares y la nostalgia de una raza destinada a seguir buscando la igualdad.









Qué flores son las que me dices,
las que marchitan en el olvido
o las que plantan raices
en nuestros juveniles corazones.
Y si son las flores que no marchitan,
esas de plástico que hacen
girones en lacias cabelleras
de mujeres vestidas con vestidos
que se peinan con la brisa
de la playa y sus peñones.

No sabría que flores me dices,
o serán las de luto
cuando las reinas se despiden
con sonrisas. Y su coche esperaba
con hambre de carretera
vagar por otras orillas,
nadar por kilómetros de arena.
O de las flores que germinan
en la extrañeza y maravilla
cuando páginas en blanco reclaman
la tinta indeleble de la memoria
para recordar las flores y la brisa,
la misma que ahora,
detiene el tiempo...

Y esas flores que no sabemos
¿Es esta poesia?


Decirte que no te extraño
es tan verdad
como repetirte
a las espaldas
que te hecho de menos.

No te desearía lo mejor,
porque aún no sabes
bien lo que quieres,
no sabemos siquiera
qué es desear de verdad.

¿Y qué decirte
si las primaveras marchitan
cada vez más rápido
en tu calendario
multicolores y llenos
de vida?

Te diría, entonces,
que pisé tu cesped,
que dejo botellas
de cerveza en tu puerta...
que vomité
en tu vereda
y lloré contigo una navidad.

No te diría
lo que ahora te digo
sin las ganas de
nada decir...
o de decirlo todo
diciendo nada...
porque sabes mejor
que nadie
que nada es lo que digo
cuando quiero decirlo todo...

Cuando quiero decirte ahora
que te extraño, que te echo
de menos... que intento
echarte de más, para
no confesarte cosas
como estas.

Feliz cumpleaños Sharona
Vallejo

Nací un día que Dios estaba enfermo, grave.

Ni qué decir de ti, Vallejo. Cada cual con su frase de ternura y de autodestrucción. Pongamos el caso que lo perfecto de la métrica fuera la misma métrica. Quiera que no sea así en este mundo cuadriculado en todas sus esquinas. La novela que alguna vez escribí no era una carta poder de algún abogado. Realmente las hazañas del ingenio no engatusa esta plancha de uno por uno de realidad. Pues que quien critique tenga la idea de lo que se trata. La arquitectura no hace la fama del arquitecto. El seguir la ley no hace el nacimiento de nuevas leyes. No comprendiese en qué momento el soneto de las aduanas no es el mismo que el cuarteto del respeto en la casa. Ya me aburre el atavismo formal de las bodas y de los velorios lloricones de las viejas. Si sepa que los jovenes no puede llevar el almizcle del siglo XVIII. No sepa, pero perdóneme y discúlpeme, que siempre sea así el juego de villanos y de policías. No quiera ser policía del caso homicida que termine con la gramática que desde niño manejó algún reo. No quiero ser el villano que no hace del homicidio un arte. No temer al forajido, al cabello largo, al hijo artista de los funcionarios, al auspiciado por todos sin contar a sus padres.
Pues que difícil sea la aprobación del hatajo miserable que pisa el gris sin sucumbir por los elefantes rosados de cada bar. Si miramos al cielo que no sea por culpa ni perdón, que no sea por mentiroso ni humilde, ni por castigado o por salvador, sino por saber qué nos trajo al mismo lugar que ya mis generaciones pisaron, acabaron, gimieron y lloraron. Pues qué de nuevo trae esta esquina entre dos avenidas que siguen siendo el mismo prostíbulo desde el año de la Perricholi. Qué solución trae hacerse el terco, sacar la diploma que el vecino no tiene o ganar la carrera que nunca comenzamos. No callo aún la prosapia maldita de mis antepasados, la realidad que nos cubre como la estameña blanca que se contamina, al sicario profesional o al traidor que no supo qué hacer y lo llaman luego hermano. No sepa y no sé.

¡AHhhhh CHU!
Salud, Dios.
Gracias, hijo mío.



Para un amigo

Y es un creo, porque no me acuerdo
o me acuerdo por alguien más.
Y si el recuerdo fuera así de firme
sin duda estaria tirado en la pista
pidiendo justicia
a tan solo diez y nueve años
de nacido
o de tinieblas
al encontrar más lágrimas
al costado de un arbusto.
Lágrimas que quisieron, quizá
romper las veredas
para por fin encontrar el mar.
Pues no todos llegan al mar
y si no me falla el recuerdo,
o es que no me quiera acordar,
lo voluble que son las promesas
y hieren hasta en tercera persona...
pues hiere
como la soledad misma
al estar acompañado.
Borges

Una última opción es el suicidio, aunque no tengamos vocación para ello. Borges, en su novela El milagro secreto, dio una "técnica", para llamarlo de algún modo la manera de cómo dejar la angustia sobre algo que nos puede afectar tanto como la muerte. Haciendo un resumen brusco, El milagro secreto trata de un sujeto quien no sabe cómo irá a fallecer e imagina, entonces, cómo es la sensación de morir para que cuando muera no sea tan desagradable la experiencia. Algunos lo habrán hecho en la práctica y yo me incluyo. Algunas veces funciona...
Sin duda, eso sería la última opción de alguien que partira para no volver más.