Artículos con la etiqueta Recuerdo
01/02/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 421 veces |
Muchos me dicen que soy un niño. Creo que tienen razón y me enorgullezco de eso, porque como dijo Ribeyro la madurez es la excusa de los adultos para ser aburridos. Soy un niño que piensa en voz alta cuando el corazón late, como si fuera la última vez. Soy niño por aquellas cosas que de grande sé que no debo jamás creer. Niño por ser sincero y resultar tildado como obsesionado.
Soy un niño por las cosas que los niños sienten sin pensar muchas cosas. Niño como los ideales frustrados, que murieron antes de nacer. Soy un niño con dos caramelos que deseo compartir. Creo ser el niño que mira a los ojos para saber en qué dilatación del iris se escapa la verdad. Soy el niño que se sonroja con facilidad, ansioso como cualquiera, iluso como nunca.
Muchos dicen que soy un niño y no lo oculto. No oculto que efectivamente soy aquel niño que temerario al devenir del querer. El niño que algunos ignoran cuando predica la palabra promesa en una oración de verdad. El niño que quizás muchos no confíen por ser efectivamente un niño.
Soy un niño que promete, que vive, que quiere, que te mira descansada mientras observas al cielo si hay respuesta alguna para predecir el futuro. Y yo, aquel niño que tomará entre tus manos sus manos confiará un poquito más en él mismo, confiará que el mundo no volverá a ser el mismo... Confiará en que por fin curará las heridas de una niña que descansa sobre su regazo. Y niños quedaron, como los ideales, los abrazos, la sonrisa y el regazo de quien cuida un trocito de vida por ser atendido.
01/02/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
| Link permanente | Visto: 11422 veces |
Entre las muchas cosas tristes de la vida mencionaré dos:
1) Regresar a casa de noche, luego de una larga jornada de trabajo o estudio, y no encontrar ni un rastro de comida para ti.
Eso es sumamente triste. A mí me ha pasado un par de veces y me colma una tristeza, así como dolor al estómago por no tener qué tragar esa noche. Son esos momentos en que uno se pregunta si vale la pena seguir estudiando en la Universidad al saber que no te dejan comida, como para recobrar las fuerzas. O si no que muy bien la ocupación de estudiante se parece a la del prisionero en un campo de concentración alemán.
2)Ir al cine solo.
Personalmente no lo soporto, porque me siento sin amigos, más aún salir del cine con una reflexión cinematográfica muy interesante y no tienes con quién compartirla. Más aún debe ser no tener con quién estar, reir y compartir el rato. O si eres un platudo de los buenos, pues generar una sonrisas capitalista al invitar a la chica una bolsa de canchita o algo por el estilo. Personalmente nunca voy al cine solo. Salvo una vez porque era tarea de la universidad. Estaba al borde del suicidio social.
3) Ver a una niñ@ jugando con un juguete roto
Además de pena, me da rabia al saber que aquella niñ@ no tuvo las mismas oportunidades que yo, que no pudo por lo menos tener a quien hacerle caprichos para comprar el juguetito que sea.
31/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
| Link permanente | Visto: 1198 veces |
(Algo parecido era el vestido, pero más grande y con mangas largas)
Caminando por Jirón de la Unión, por el Centro de Lima, vi algo rarísimo. Una indigente rebuscaba la basura en búsqueda de plástico, con un traje de vestir elegante para su época. Me quedé petrificado ante aquel cuadro, pues me dio por un lado mucha pena y, por el otro, mucho material para reflexionar.
Esta mujer, de cabellos blancos, piel oscura, delgada por el hambre, lucía un traje ceñido de color verde, tipo el del jabón Heno de Pravia. Además tenía algunos detalles como botoncitos plateados, que perdieron el brillo por el constante uso, y unas mangas negras más delgadas, con algo de relleno en los hombros.
En mi cabeza me pregunté: André, mira cómo es de ingrato el tiempo. A lo que yo contesté: "Sí, y también la moda". Esto porque alguna vez dicho vestido de la mujer habrá sido muy hermoso en su tiempo; un vestido completamente indicado para las mejores reuniones y citas en los restaurantes y más lujosos de la época. Y ahora... pues no es más que un vestigio echado al olvido, fuera de su contexto que posiblemente trató a aquella mujer como una princesa, como una lady, como toda chica que busca impresionar por su sola apariencia.
Pero allí estaba ella, cogiendo con sus venosas manos la basura ajena, buscando algo de plástico para sobrevivir en el día, vestida de verde con un vestido hermoso para quienes lo vieron en el pasado... o para quienes lo ven en el presente pero con un poquito de nostalgia. Estos son momentos en que uno se pregunta por qué diablos avanza el tiempo, cuál es el secreto para congerlarlo en un fragmento de vida y ser eterno gracias a una sonrisa.
Y así como pasa el tiempo, pues ella también se fue, con su vestido verde, muy parecido al jabón Heno de Pravia.
30/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
| Link permanente | Visto: 337 veces |
Cuando no venían las transnacionales, pues creo que el mundo era más feliz; por lo menos así lo recuerdo en mi infancia. Recuerdo, por ejemplo, las noches en que me iba con mi padre y mi hermano a un Plaza San Miguel totalmente azul, con pequeñas luces de neón morado y jugaba al slam con mi padre. Incluso, seguíamos jugando a pesar que el aire de la mesa se haya acabado.
También recuerdo que comía Pizza Raúl con la familia, que no tenía nada que envidiar a Pizza Hut, pues la diferencia plus ultra era que la pasaba en familia. Sin embargo, como todo tiene su final, el cabalgar de los transnacionales cambiaron de horizonte mis pequeños recuerdos familiares.
Mi padre, complejizado por el cambio económico, pues dejó de llevarme a Pizza Raúl para ir a Domino´s o KFC. Recuerdo que le pregunté por qué no vamos otra vez a Pizza Raúl, como quien revive aquella austeridad que caracteriza mis recuerdos más sensibles de mi vida familiar. La respuesta de mi padre fue contundente: "Pues allí comen los pobres".
Y así fue como se fue marchitando la esperanza de volver a la Pizzería Raúl, pues mi padre, con sus ideas de grandeza, como todo padre en realidad, quiso orientar mis expectativas en el mundo. Lástima que nunca le di la razón en eso. Sin embargo, mi hermano sí se la dio, pues comenzó a discriminar las tazas viejitas de mi alacena.
"Esa taza no uses, porque esa es de la empleada", dijo mi hermano a su pareja que cogió una taza al azar para servirse el café. Pasa hasta en las mejores familias, pienso.
Pero como de alguien tuve que sacar esta loca forma de pensar las cosas, con un poco de nostalgia para revivir el pasado, pues mi madre piensa igual que yo, pues no piensa tanto en la imagen de las cosas y de los lugares si se trata de pasarla bien. Así fue como muchas veces fui al Play Land Park, a pesar que mi padre no le pareció muy "de altura".
Incluso, recuerdo que una vez me fui a un quinceañero por la Avenida Perú y me padre me sentenció con una frase que jamás olvidare: "En vez de subir, pues bajas". Recuerdo que por ese entonces no me fastidio su comentario, pero como siempre dicen de los chicos, pues somos como unas grabadoras.
Eso somos, desde pequeñitos, unas grabadoras que algunas veces buscan ser manipuladas, pensando que es tan facil regresar la cinta para poner REC sobre los recuerdos que se escuchan como bulla en una cinta que no deja de rodar.
21/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
| Link permanente | Visto: 422 veces |
Una noche de algún día que no me acuerdo conversé con mi amigo y vecino, Ricardo, de todo un poco: mujeres, anécdotas de nuestra infancia compartida, la infidelidad, el sexo e inevitablemente de mujeres otra vez. Mientras buscábamos cómo suicidar de modo más placentero la noche -sea por Youtube o Facebook-, llegamos a conversar sobre nosotros mismos sin querer queriendo.
Él inició su discurso orgulloso sobre su padre -militar hasta los nervios y amante de la disciplina- y yo, bueno, trataba de equiparar el mismo orgullo, con el pleno convencimiento de que nada se puede hacer para cambiar las cosas del pasado. Luego de varios minutos de darle buena cara al pasado, llegamos a una conclusión, que lo que vivimos forjó -cada uno por su parte- nuestro carácter para adaptarse a una realidad adversa; una realidad informal que se realiza al paralelo de la realidad familiar formal. ¿No sé si me dejo entender?
En fin, ¿y cómo llegamos a una misma conclusión si cada uno interpreta la realidad a su manera? Quizás se trate de mera casualidad o que cada uno tiene un poco del otro, pues lo conozco desde que nací, bueno, desde que tengo uso de razón literalmente.
La respuesta está en que cada uno es el complemento de su propia historia, que son demasiado parecidas. La diferencia reside en que él pertenece a la realidad familiar informal que relaté al inicio; y yo, a la realidad familiar formal. Sin embargo, no todo se debe a que pertenecemos a bandos distintos de una misma historia -del adulterio paterno- , sino que cada uno piensa como quisiera que piense su "hermano" en la realidad.
Cuando me enteré que de tres hermanos, pues somos en realidad cuatro, siempre quise conocer a mi hermano "menor-menor" de la realidad familiar informal. Esto porque no tiene la culpa de nada, porque nadie pide nacer y no tiene la culpa de nada, a pesar que fui espectador de primera fila de una mujer herida con un anillo roto de compromiso.
Verdad, llamo a mi hermano menor-menor, porque es menor que yo, que hasta hace tres años pensé que era el menor indiscutible. En fin, dicha actitud que tengo para con mi hermano menor-menor es lo mismo que desea Ricardo de sus hermanos, pertenecientes a la realidad formal familiar. ¿Vieron la correspondencia de nuestras historias, a pesar de ser familias distintas?
Tanto él como yo pues somos el hermano que siempre quisimos, en una historia que deseamos no se diferencie por realidades formales e informales, sino de una gran familia de hermandad, de hijos que prometen ser diferentes a las circunstancias que lo educaron y que se reconozcan como tal, como hermanos, no como bastardos... Como hermanos que no solo tenemos un linaje compartido por el ADN, sino porque convivimos con el mismo discurso cuando nos pregunten "¿Cómo es tu familia?"
Y debe ser por eso que Ricardo es más que mi amigo, pues es mi como hermano. Aún más cuando cruzamos nuestras historias y notamos en cada uno lo que desea de un "hermano formal", dependiendo del bando desde donde cuentes la historia.
16/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
| Link permanente | Visto: 1499 veces |
Quisiera interpretar el silencio que ahora cobija tu recuerdo, traducir el impulso eléctrico de tus nervios mientras atabas el anhelo a mis manos, sostenerte por un brazo y quitarte el aliento con un beso desesperado. Y sucede que ahora, que hoy me pregunto por ti estando en la inopia, parece que te espero, pero no te espero... parece que me escuchas, pero no te escucho... parece que te olvido, pero no te olvido.
Parece. Ahora es cuando las apariencias son el soporte de un recuerdo condenado al olvido, destinado a ser una tabula rasa donde bosquejaré tu sonrisa, como la pienso ahora, como siempre la fue. Te dibujaré sin cambiarte, aunque tus razón evite este compromiso condenado al fracaso. Te dibujaré con los dedos, contorneando el borde de tus labios y besándolos, tragando el polvo, el carboncillo y la desesperanza.
Y te dibujaré como si fueras la extensión de las líneas de mis manos, sin la necesidad de corregir mis borrones... sin la necesidad de hacerte perfecta, porque lo eres ante tanta imperfección de este mundo que gira contigo y yo me detengo para verte a ti. Se gastarán mis dedos ante el esfuerzo infinito de volverte a ver, aunque seas fotocopia de un recuerdo aborrecido por la razón que tanto luces, y que tanto me gusta a la vez.
¿Y yo? Pues yo soy la extensión de mis inventos, de mis querer que te inventan para parecerse más a la realidad. Y será a través de tus de ojos de carboncillo, en que por fin te podré responder acerca de mí, otro dibujo imperfecto con buenas intenciones...
Y será por fin a través de tus ojos por donde pueda decirte mi sentir.
07/01/11 |
Publicado por: a20063269 | Categoría General
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 429 veces |
Me di cuenta que de mi madre aprendí mi curiosa forma de narrar. Solo bastó una tarde saberlo cuando mi madre contaba la historia de la Cenicienta a mi sobrina. Yo escuchaba desde la puerta.
-Sí, Nicole, la Cenicienta vivió feliz con su príncipe azul. Juntos alquilaron un departamento, porque ahora está caro comprar casa. Y eran felices, tenían de todo: galletas Chavo, jugaban a la doctora y veían hasta tarde Lazy Town.
Y así mi madre mezclaba la realidad con la ficción, con tal de que mi sobrina concibiera los cuentos como una extensión de la realidad. Me sorprendió mucho cómo mi madre lo narraba en broma, con suma facilidad.
Me alejé del cuarto y de a pocos me entró un poco de nostalgia: qué tal si mi madre quiso ser escritora como yo. No lo sabré, pero de ella heredé su elocuencia para mezclar ficción y la realidad. Creo que es un modo de vida, porque así puedes creer en muchas promesas, como la fidelidad, el matrimonio y la prueba del amor.