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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

Artículos con la etiqueta reflexion


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¿Alguna vez han salido con alguien que les exige comprensión por ser amigos? Claro, eso es lo que hace un amigo común y corriente, pero ¿CÓMO DIABLOS SER AMIGO DE ALGUIEN QUE NI SE PREOCUPA EN DEJARSE CONOCER?

Esto seguro que les ha pasado a quienes tienen como amig@ a alguien de quien se enamoraron -y declararon- alguna vez. Obvio, esto suele pasar, porque ¿cómo diferenciar una intención entre una cita de patas y una cita por "algo más", si al fin y al cabo la invitación es la misma? Lo que suele pasar también es que ese amig@ evite salir a solas con esa persona que la invita, por lo que recurre a los amigos para salir en grupo. Claro, la estrategia es "Sí, salimos, PERO TAMBIÉN CON PATATÍN Y PATATÁN, y su prima y su primo".

Cuando esto sucede, cuando esta catástrofe sucede, ¿cómo pretende la amig@ que la persona que se acerca a ella la conozca, si ni si quiera comparten algo de intimidad o de conversación? ¿Cómo alguien puede exigirte una comprensión "por la amistad" si cada vez que deseas acercarte a esa persona, te sale con cualquier cosa para evitar la intimidad o una conversación "a solas"?

Es algo sumamente incomprensible, que solo un buen carajo -y unos tragos de vodka- puede solucionar este paradigma. ¿Qué haces, señores? ¿Apelar al orgullo y emputarse cuando uno se da cuenta que está siendo evitado porque nadie más irá en esa que SUPUESTAMENTE era de dos? ¿O hacerse el cojudo enamorado quien se convence de que si no es hoy es mañana?

La realidad es que el mañana significa una eternidad de lastimosa espera y el emputarse, bueno, digamos que un poco de carácter ante la indiferencia o excusa de lo evidente. ¿El olvido? Creo que sí, ¿no? Pero señores, cuando se trata de estas cosas, ¿qué cosa puede solucionarse sin la santa medicina que es el olvido?
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¿Son caprichosos? Creo que por herencia lo soy, porque cuando mi hermana me cuenta sus problemas, me recuerda a mí mismo. No, no es que sienta como mujer, sino que compartimos algo en común, que parece trascender la casualidad para ingresar al campo de lo hereditario.

Hay personas quienes tienen todo, pero a la vez piensan que tiene nada, porque no tienen lo que quieren. Me explico, personas que tienen lo que tanto quieren, pero no miran más allá de sus narices y solo se fijan en lo que no tienen para llenar el vacío que los consume en la envidia, los celos, la tristeza y, finalmente, la depresión. ¿Qué hacer?, así es mi hermana y, por defecto, también yo.

¿Tiene justificación ser caprichosos? Bueno, digamos que es la prima hermana de la lucha por obtener lo que se quiere, lo que se fija como meta, pero también madrastra de la obstinación y asesino de la comprensión. ¿Pero qué hacer? Como diría la canción Cuando comenzamos a nacer, de Sui Generis, así soy yo y es mi vida -y la vida de mi hermana-.

¿Pero en qué parte de la moraleja está "el que la sigue la consigue"? O, mejor dicho, ¿en qué parte está el final feliz? Creo que hasta para responderme eso apelo al capricho que es saber qué diablos está pasando, qué diablos hice mal, qué diablos se debe cambiar... Finalmente, ¿en qué parte en dejar de ser caprichoso está la de un perdedor y triste resignado de la vida? Ahora que lo pienso, si Romeo se mató por Julieta -y esa es la historia romántica por excelencia- es porque fue un caprichoso de tres carajos.

¿Entonces vale la pena? Creo que será la encrucijada que en unos 20 años más tendré que responderme... o sacrificar para entenderme mejor.
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¿Se ha preguntado dónde se perdió las mariposas en el estomago a lo lardo de su vida? Sí, aquella sensación que nos hacía Superman cuando éramos niños y ahora, que el tiempo nos envejecido, no somos más que el personaje secundario de nuestras historias de amor. ¿Se acuerdan aquel "sin razón" que motivaba nuestros cariños, acciones y demás cosas? ¿Dónde se fue?

Creo que se fue con la última decepción amorosa a la que sobrevivimos. Sí, porque cada vez que eso pasa, fallece un poco de nuestra ingenuidad en el querer y es cuando dudamos más... O sea, cuando desconfiamos más del resto para pensar en nosotros mismos. ¿Si está bien? Creo que no, porque no hay nada más puro que un querer ingenuo sabiendo que la pareja siente lo mismo. Claro, la reciprocidad, pero como el mundo no es perfecto, digamos que es un ideal.

¿Se acuerdan cuando eran niños y les gustaba una chiquilla de inicial? ¿Como qué la querían? ¿Acaso eso no fue de verdad, ya que cuando creces ese sentimiento se confunde hasta con el placer sexual? Bueno, es lo que pienso. Más aún, cuando me siento niño es cuando sé que me gusta alguien más allá de las nimiedades. Querer ser como los niños es como quien excava sin miedo en el pasado para sembrar una semilla de confianza, que se secó en la maleza del desamor. Pero repito, como el mundo no es perfecto, digamos que lo que siento es un ideal.
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El doctor lo miró con asombro, preocupado, como si viera en el paciente un próximo cadáver a ser enterrado. Sí, ese era yo, sentado al borde de la camilla mirando sin mayor reacción al susto del doctor. "André -me dijo- te vas a morir". Lo que no supo el doctor en aquel momento era que mi corazón no estaba donde lo tienen los normales: mi corazón está al lado derecho. Sí, se equivocó, así como los otros siete doctores que visité.

Sabía bien que no iba a morir, pero ir asustando a los doctores en cada chekeo médico era una diversión: ver sus caras de incertidumbre, aflojando el rostro para decirme en veinte palabras un "te morirás". En fín, no me moriré hoy ni mañana, tampoco creo que pasado mañana, pero tener el corazón al lado derecho es como morir en vida. Es decir, es como decir que morí desde ayer.

"¡Puta, eres un insensible de mierda!", me dijo aquella mujer que me abandonó por serle infiel con una mujer llamada Rutina Laboral. Otra vez me reí en el velorio de un tío, que conocí hace muchos años. Su hija, mi prima Katty, me vio. Y entre los quejidos de los familiares mezclados con algo de moco se escuchó el rotundo "¡Eres una mierda! ¡Respeta a mi papá!". Nunca más volví a su casa.

Y así pasó a ser mi vida, insensiblemente bella para quienes adoran la pragmática, pero infinitamente sufrible para quienes comparten la vida con humanos, quienes muchas veces me hablan de algo... de algo que ustedes llaman... cómo se llama esa huevada... Ah, sí, amor.

Tanto el psicólogo, como el amigo de la cuadra y el curita del vecindario me hablaron de eso, desde muy pequeñito, pero nunca entendí. Una vez le dije a una puta para hacer el amor, desde entonces pensé que el amor se trataba de un contrato económico. ¡Y para qué se lo pregunté a mi padre! Bien cierto es que él no era economista, pero descubrí sus dotes en el box al contárselo.

Tuvieron que pasar dos años de psicoterapias para por fin comprender esto de tener el corazón al lado derecho, donde nadie parece encontrarlo, porque viven en un mundo donde creen que todos son iguales a ellos. La respuesta era simple. como casi todas las cosas de esta vida, tanto para quien tiene un corazón a la izquierda o la derecha. ¿La del amor? Pues no lo sé bien, pero me imagino que es esta incertidumbre de "no saber" lo que me motiva escribir esto para aquella mujer que quien lo lea me ame alguna vez.

Resulta que siempre tuve corazón, pero lo malo de tenerlo a la derecha es que nadie parece escucharlo, porque todos escuchan donde piensan que debería estar.
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Creo haber escuchado este título en una película norteamericana, donde el sexo juvenil es materia de taquilla. En fin, pero algo tiene de cierto, pienso -o confieso-. ¿Qué opina Ud. señor macho? ¿Alguna vez no se imagino actor de su propia película mientras la vida transcurre con normalidad, pero en su imaginación existe toda una producción pornográfica dedicada a alegrarle la rutina?

Bueno, si bien uno puede pensar que es el actor principal, puede suceder todo lo contrario. ¿Qué tal si el Oscar se lo lleva el mejor actor secundario? Es decir, aquel joputa que nos quitó la chica de la discoteca, cosas por el estilo. ¿Ahora lo pensó mejor? ¿Alguna vez no le dijeron "Ven a mi casa, que no hay nadie", y se alucinan Rocco Tano en su mejor tiempo?

Algunos lo llaman perversidad, pero entre hombres -más aún si es con cervezas- la sinceridad aflora como una buena erección al responder "Sí, voy a tu casa" cuando sus padres no están. Pero a la misma vez imagino que debe ser todo un problema para quienes no diferencian la realidad-fantástica del cine pornográfico del "amor". Claro, porque nunca falta un romántico en el grupo de amigos que diga "Pero yo la quiero".

La pregunta es que quién a la larga es el verdadero macho: ¿quien se alucinó Rocco por 20 años de vida o el ilusionado del amor eterno? Creo que habrá un punto de convergencia entre los dos en algún futuro no muy lejano. Digamos que es una transformación natural de Rocco a Leonardo Di Caprio en Titanic. Una comparación muy pretenciosa, creo, pero en algún momento todos crecemos, cambiamos de perspectiva y repensamos las cosas.

Pero algo es cierto, que cuando pasen los años, cuando las arrugas hagan lo suyo en nuestro rostro, recordaremos nuestra etapa de mataperro, cuando la única ley es la nuestra, cuando sobrevivimos bajo el instinto de la autodestrucción juvenil. Claro, será entonces cuando recordemos luego de muchos años el Rocco que fuimos, que dejamos de ser desde el día que el DNI dejó de decir "soltero".
Ahora que recuerdo haberte olvidado
regresas como quien pide que regreses,
como quien no pide que no vuelvas
o como quien da por sentado la soledad.

Ahora que recuerdo haberte olvidado
siento que no debo sentir lo que ahora pasa,
siento que pasa aquello que traté de olvidarlo...
siento que olvidé de qué se trataba olvidar.

Ahora que recuerdo haberte olvidado
reaparece aquella estela de nostalgia
que deja el pasado en los recuerdos,
como telarañas que carcomen el tiempo.

Ahora que recuerdo haberte olvidado
siento la misma rabia por la que decidí olvidarte,
siento que olvido el temor de seguir recordándote,
siento que te recuerdo por solo olvidarte.
Video de Plymptoon... TODO UN GENIO...