“El Sonido no orgánico del río Rímac”

DIEGO CONTRERAS MORALES 9 noviembre, 2017

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Cartografía del Sonido, “El Sonido no orgánico del río Rímac”

Diego Contreras 19967026

Según la geografía, Lima es un desierto. El poder ducharse o prepararse una simple taza de té, implica una tarea que implica una serie de complejidades que algunos ni siquiera ponemos en duda, pero que para otras personas es la representación de la lucha por la vida misma, como dice mi suegra: “Podemos vivir sin electricidad, pero sin agua jamás” Durante años, diferentes instituciones se han encargado de construir el servicio de agua potable y alcantarillado de Lima, y aun cuando se ha tratado de extender este “servicio” a más zonas, siempre quedan partes sin agua o con problemas.

Mi cartografía asume el agua como un espacio, un espacio que fluye por nuestras casas, la ciudad y nosotros mismos, que llega a nosotros por acción del hombre mismo y no solo de la naturaleza, por acción de la industria. En este caso, retrato elementos que tienen que ver con la sonoridad del agua en mi casa, en tres lugares concretos: La cocina, la lavandería y el baño.

En principio, algo que me motivó fuertemente a tomar esta decisión fue haber visto la película Leviathan, (Leviathan, 2012) de Lucien Castaign-Taylor y Verena Paravel y de revisar el capítulo dos de “The Soundscape” (Schafer, 1994. p.71-103). Viviendo en la ciudad es fácil, creo yo, que pasen desapercibidos una serie de sonidos que constituyen parte de nuestro día a día. De niño siempre me aterró el sonido de los relojes en la madrugada, ese sonido mecánico ejerciendo vigilancia sobre nosotros, condicionándonos a seguir una rutina y a levantarnos temprano, una representación de la adultez, y por ende, de envejecer. Sonará un poco inocente, pero me acuerdo del Capitán Garfio, personaje de la obra de teatro de James Mathew Barrie, a través giran la metáfora del tiempo a partir de un reloj y el cocodrilo que va a consumir al viejo capitán, como si fuera perseguido por el destino, las máquinas y la vejez, todo representado en un espacio que mira con añoranza épocas en las que el dominio estaba basado en el control de los mares y territorios ultramarinos, conocido como Talasocracia (Schafer, Op. Cit. p.82), si bien es cierto el término se refiere a la civilización minoica y el control estratégico de los mares para su desarrollo y expansión, este término también se aplica a los proyectos coloniales, y en particular a la Inglaterra Victoriana, en las que se llegaba en barco a las colonias y que el control de los mares era vital para la subsistencia del imperio.

Schafer nos habla de que los motores de combustión interna serían el siguiente paso, así como la revolución eléctrica. Sin embargo el sonido del agua permanece, no del mar, necesariamente, aunque siendo Lima una ciudad con costa, el sonido de las olas debería ser parte del patrimonio sonoro que la caracterice. La marca del agua la encontramos de manera más introspectiva, dentro de nuestro cuerpo, cuando me aíslo del mundo y a la vez me limpio, con un baño, cuando tomamos una taza de té, cuando lavamos la ropa, en el que coexisten diferentes sonoridades.

El metal, el aire y las reverberancias del agua con los desfogues, crean una sonoridad que me hace recordar cuando estoy enfermo, no cuando estoy sano. Eisenberg, nos menciona que el espacio y el sonidos están fenomenológicamente y ontológicamente entrelazados  (Eisenberg, 2015. p. 193) En este sentido me pregunto ¿Cómo no atribuirle algún significado a este entrelazado entre el agua y los otros elementos que la rodean? No existe algo como el sonido del agua entonces, es el movimiento del agua y su contacto con el espacio los que generan el sonido, que me describen un camino o que hablan de una “momento” hasta que sigue fluyendo hacia el mar. Estas reverberancias están por toda la casa, puedo estar en el fregadero, pero si al otro lado está lavando mi esposa, en el fregadero de la lavandería, los vasos comunicantes comienzan a describir un sonido como un ahogo, pero eso me hace tomar consciencia de que este entramado de tuberías metálicas y de plástico nos rodean en la casa.

Me acuerdo de los problemas de desabastecimiento de agua potable que hubo en Perú, a principios del 2017, debido a los Huaycos. Eso me hace reflexionar sobre todo el sistema de agua de la ciudad. Toda la red del agua está interconectada en la ciudad, de alguna forma, el sonido del agua pasando por las cañerías depende de todas las interconexiones de la troncal, como si se tratase de un gran instrumento musical metálico, relleno de agua gracias a la cual podemos vivir en este desierto. Así como hay un mapa de la ciudad, con las vías más importantes para desplazarnos, se podría también construir un mapa a partir de esa red.

Cuando me contaban historias sobre las condiciones que debe tener una ciudad para ser fundada, algo vital es tener un acceso a un recurso hídrico, en el caso de Lima, sería el río Rímac, “El río hablador”. Tengo entendido que ese nombre se debe a un Mito Incaico, en el que los seres sobrenaturales, Rímac y Chaclla se sacrifican para detener una sequía que azotaba a los habitantes de la zona. Chaclla se convertiría en la lluvia y Rímac en “El río hablador” (Colchado, 1975) Me parece interesante la importancia de la sonoridad del río, tanto por que míticamente el dios Rímac contaba historias, pero a su vez la relación que existía con el sonido generado por el río. Según mi padre era ruidoso, pero ahora de cuando en cuando parece río, y otras tantas una acequia ancha. Puede ser que el sonido que puede haber hecho el río es acallado por la ciudad que lo envuelve. En cierta forma, son los recuerdos, los escritos y los comentarios de personas mayores los que nos hablan de esa marca sonora que habla Schafer, que le pertenecía al río Rímac.

Cuando tomo una ducha, no es solo disfrutar de la capacidad de poder asearme, que es algo totalmente funcional. A través de la ducha también me aseo de otras cosas, del mundo por ejemplo. El sonido del agua chocando contra mi cuerpo y contra la tina, en el baño, producen una suerte de muro, que me aísla, y me da mucho tiempo para pensar. Es ruidoso a más no poder, pero ese sonido me separa del lugar en el que me encuentro. No importan los autos, las conversaciones, las construcciones, el sonido de la televisión, el ladrido de los perros, es como si tuviera mi propia “cascada” y me pongo a reflexionar (Reflexiono mucho cuando me ducho, hago la agenda del día, pienso en las personas que quiero y es un momento para pensar en que cosas podría hacer) Es acá que el sonido producido es el que permite que pueda aislarme, y no solamente el hecho de ducharme.

Tomar té es uno de los placeres que tengo desde hace varios años. Compro regularmente teteras, varios tipos de té. Una de las partes que más disfruto es preparar té y esperar pacientemente a que termine de prepararse la infusión. El sonido de la tetera al momento de hervir el agua, el proceso de mojar las hojas, esperando que poco a poco el agua vaya modificándose para obtener esta bebida. Los sonidos son generados por mis acciones sobre el agua y los instrumentos que uso para trabajar. Lamento estar acompañado de ese siseo incesante de la refrigeradora, como si fuera un abejorro molesto dando vueltas por ahí, así que mi único pecado se convierte en sorber intensamente el té. Haciendo que mis sentidos del olfato y el gusto entren en comunión con este ruido, generando un vapor ligero que estimula mi olfacción retronasal. Esto solo lo puedo hacer a solas, ya que es incómodo para cualquier oír esto y culturalmente de mala educación,  pero lo cierto es que el agua pasando a través de nuestro cuerpo tiene también una sonoridad que puede ser analizada, comparada e inclusive replicada.

Finalmente, hasta este ejemplo todos los sonidos en general era provocados por mí, pero en este caso, aun cuando yo enciendo la máquina, es ésta la que hace los sonidos. El  último espacio sonoro está relacionado al poder de la máquina modificando el agua. Cuando vi por primera vez lavar ropa a alguien, fue a mi abuela. Con una batea, picaba jabón en barra y lo hervía y ahí movía la ropa con un palo… totalmente diferente a lo que escucho cuando lavamos con la máquina lavadora. El sonido producido por la lavadora, desde adentro o desde afuera, nos muestra un ciclo, que tiene ritmo, no creo que sea agradable, definitivamente es molesto, pero al acostumbrarse y escuchar cómo se mueve la ropa y toda la agitación que tiene, basada en este movimiento de un motor que gira sobre su eje para lograr que la ropa esté limpia. Me acordé de la película Leviathan, el sonido incesante y ensordecedor del buque factoría y decidí poner mi cámara GoPro dentro de la lavadora, muchos sonidos eran parecidos, entre el sonido del agua y las partes mecánicas que se agitan por ciclos, como si se tratase de un baile. Mi comparación no se basa en igualar la lavadora con el buque, sino con la contaminación sonora producida por ambas máquinas, a escala. Pero en el fondo, no estoy capturando el sonido interior de la lavadora, solo estoy grabando el eco que se produce dentro de la cobertura plástica de la cámara y el roce de la ropa entre ella. De momento ahí estaba mi imposibilidad de representar eso sonoramente, o al menos como creía que debería ser representado.

Ahora me pregunto, ¿La marca sonora del Río Hablador ha desaparecido, ha muerto, o se está modificando complejamente por la acción del hombre? En todos estos casos, las tuberías son afluentes artificiales que vienen de la Atarjea, esta planta de procesamiento de agua desvía el río Rímac hacia nuestras casas y potabiliza sus aguas, a la vez que el sonido de la ciudad “ahoga el sonido del río” en su propio lecho, en cierta forma no se ha ahogado, solo cambió, dado que el espacio por el que fluye cambió, por los procesos de industrialización y gestión municipal. El río como dador de vida, o el agua, que contemporáneamente los anuncios publicitarios dicen que “el agua es vida” están más cerca de lo profano que lo sagrado, asumiendo que esta agua y el sonido de la botella es un signo de una persona que se preocupa por su salud, agua que ha sido embotellada, ozonizada, hervida y sometida a varios procesos industriales, no muy diferente del cloro que puede recibir el agua que recogemos del grifo en nuestras casas, en todo caso, ya no refieren a la naturaleza sino a la industrialización.

Esto generó técnicamente, una serie de dilemas cerca de ¿Cómo grabar? La distancia, el tipo de micrófono, la duración de la grabación. Lo más difícil era performar con los micrófonos, dado que era un estorbo en mi proceso, ya que quería modificar el agua que describo mientras la grabo. Y metodológicamente me cuestiono si la carga subjetiva que le otorgo al análisis es apropiada para el ejercicio, definitivamente me han afectado mis gustos personales. En todo caso, esta no es una grabación continua, es una composición sonora lineal de un solo canal en el que a partir de marcas establezco el paisaje sonoro del río, discurriendo por mi casa de diferentes maneras.

 

Bibliografía:

 

COLCHADO, Oscar. 1975. Leyendas Peruanas, Editorial Bruño. Lima, Perú.

EISENBERG, Andrew J. 2015. Space. En “Keywords in Sound”, edited by David Novak, and Matt Sakakeeny, 193–207. Durham: Duke University Press.

ERLMANN, Veit (ed.) 2005. Hearing Cultures: essays on sound, listening and modernity. Oxford and New York: Berg. Ver: Capítulo 1: “But What of the Ethnographic Ear? Anthropology, Sound and the Senses”

Leviathan. (2012). [film] Directed by L. Castaign-Taylor & V. Paravel, Cinema Guild, Estados Unidos.

SCHAFER, R. Murray, 1994. The Soundscape: our sonic environment and the tuning of the world. Rochester: Destiny Books.

Enlace para descargar audio y texto:

https://www.dropbox.com/sh/b57uae5k90zf20b/AABRocToEUy-s3vp9clxUsRea?dl=0

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3 Comentarios

08717493

10 noviembre, 2017

1+

Me gusta la idea de "mostrar" un elemento a través de los sonidos de sus diferentes materialidades. En términos metodológicos, entiendo tu cuestionamiento. Es un poco lo que me preocupa. Tu trabajo es una expresión que recrea el elemento. Dentro del arte me parece genial. Pero ¿cómo queda esto dentro de un proceso de investigación científica o académica?

Javier Ampuero Albarracín

14 noviembre, 2017

1+

Diego, disfruté mucho tu ejercicio. Has producido un logrado repertorio sonoro -prolijamente registrado- del uso doméstico del agua; quizá podríamos haber escuchado también los crujidos del solemne hielo agrietado por el contacto íntimo con su ardiente pariente el agua caliente :). Es curioso cómo la escucha de sonidos, incluso 'aislados' de sus contextos sonoros más amplios -mediante un registro controlado como el tuyo- puede remitirnos no únicamente a sus fuentes sonoras sino, sobre todo, evocar vivencias personales o momentos de nuestra rutina diaria que asociamos con, por ejemplo, el silbido del vapor del agua escapando por el pico de una tetera o el rítmico vaivén del agua y la ropa bailando abrazados en la estrechez de una lavadora. Gracias por hacernos vivir esta experiencia auditiva, Diego.

Roxana Vergara R.

23 noviembre, 2017

1+

Diego, te felicito por tu presentación. Justo estoy trabajando en un proyecto sobre el derecho humano al agua y este es un elemento muy difícil de abordar por su fluidez. No se me hubiera ocurrido que el sonido era una forma de explicar sus diferentes usos y cómo es percibida por las personas. En una comunidad Kichwa del Alto Tigre, las mujeres se quejan porque ahora deben recoger agua de la pileta que está en la cancha y ya no en las quebradas debido a la contaminación. Me di cuenta de que eso había reconfigurado sus prácticas de uso del espacio y de acceso al recurso. No me percaté de los cambios en el paisaje sonoro que seguro conlleva cambios en la relación cultural con el agua. ¿Existen formas culturalmente distintas de percibir los sonidos del agua? ¿Estos se habrán alterado con la implantación de una pileta? Estas son las preguntas que tengo ahora. Ojalá las pueda responder más adelante con un registro propio. ¡Gracias!

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