El país más rico del mundo, Estados Unidos, viene atravesando momentos realmente difíciles desde hace aproximadamente un año. Ejecuciones de hipotecas, caída del nivel consumo y de las diversas actividades productivas, pérdidas financieras extraordinarias, pesimismo generalizado, y por lo tanto, caída en el nivel de producción, son sólo algunas de las consecuencias ocurridas debido a la crisis hipotecaria, o subprime. Pero ¿sabemos qué es realmente la crisis subprime y como se originó?. A mediados del 2000, EE.UU. se encontraba en medio de la crisis “dot.com”, luego que estallara la burbuja que se había generado en el mercado tecnológico, llevando al índice Nasdaq por los suelos y a la economía estadounidense a una recesión. Ante tal panorama, la Reserva Federal estadounidense (Fed) decidió disminuir la tasa de interés referencial con la intención de reactivar el nivel de actividad, a través del estímulo en el consumo gracias a un abaratamiento de los créditos. Así, dicha tasa llegó a ubicarse hasta en 1%, y se mantuvo por debajo del 2% desde inicio del 2001 hasta fines del 2004. Esta medida generó una distorsión en los mercados de crédito, avivando un incremento desmedido de los préstamos a costos mínimos nunca antes vistos. En ese contexto, el mercado inmobiliario inició una etapa de fuerte crecimiento, impulsado por los mayores precios de las casas y por los créditos hipotecarios más baratos, lo que propició que la adquisición de bienes raíces se convierta en un atractivo medio de inversión para las familias estadounidenses.

Dado este escenario, emergió el principal detonante de la crisis, que fue el aumento acelerado de los créditos de alto riesgo, o subprime. Este tipo de crédito es otorgado a las personas que tienen un deficiente historial de pago de sus préstamos, por lo que no califican para las mejores tasas del mercado. Las colocaciones de las hipotecas subprime pasaron de poco menos de US$ 100,000 mills. en el 2002 hasta más de US$ 600,000 mills. en el 2006, según Moody’s, lo que para ese año equivalía a más del 20% del total en el mercado de préstamos en los Estados Unidos. Por otro lado, estos tipos de crédito eran utilizados para crear nuevos vehículos o instrumentos de inversión, como los CDO’s (collateralized debt obligation), los CLO’s (collateralized loan obligation), CMO’s (collateralized mortage obligations), entre otros. Estos derivados financieros presentaban una alta complejidad en su estructura, y aparentemente permitían obtener a los inversionistas altas rentabilidades con un riesgo bastante controlado. Además, las calificadoras de riesgo otorgaron excelentes notas a estos instrumentos, exacerbando la demanda por tales activos por parte de bancos, fondos e instituciones financieras de todo el mundo.

De esta manera, en el 2006 se empezaron a sentir los primeros estragos de esta burbuja, con una caída precipitada de los precios de venta de casas nuevas. Ello, sumado a las mayores tasas de interés –la Fed empezó a endurecer las condiciones crediticias en junio 2004 ante indicios de inflación- generó una ola de incumplimientos en los créditos hipotecarios subprime y derivó finalmente en una caída en el valor –y por tanto una contracción importante en la liquidez- de todos los derivados financieros que tenían en su composición a estas hipotecas de riesgo. No obstante, los golpes más duros del crack hipotecario se sintieron a finales del 2007 y comienzos de este año. Entre los hechos más destacados en relación con esta crisis estuvo el anuncio de Citigroup acerca de sus resultados del último trimestre del 2007, cuando obtuvo pérdidas por US$ 9,830 mills., la más grande de toda su historia. De igual manera, Merrill Lynch reportó en el mismo periodo una pérdida neta de US$ 9,800 mills., y el banco suizo UBS por US$ 11,200 mills. En total, desde que se inició la crisis financiera, las pérdidas oficialmente reportadas por las entidades financieras ascienden a aproximadamente US$ 283,477 mills., siendo las firmas líderes en esta lista el Citigroup (US$ 39,100 mills.), UBS (US$ 37,700 mills.), Merrill Lynch (US$ 29,100 mills.) y HSBC (US$ 17,200 mills.). Sin embargo, se espera que los bancos y distintos grupos financieros sigan anotando más pérdidas en los próximos meses, según varios analistas especializados.

Asimismo, los efectos negativos en el nivel de actividad estadounidense también se han hecho más evidentes con el paso de los meses. Según datos oficiales del gobierno de EE.UU., la producción habría crecido tan solo 0.6% en el primer trimestre del 2008, aunque estos datos son preliminares. Estimaciones de Standard and Poor’s, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones indican que EE.UU. se desacelerará hasta caer en una recesión. Incluso portavoces oficiales de la administración Bush, como el secretario del Tesoro, Henry Paulson, reconocen que el nivel de actividad tendría un crecimiento casi nulo durante este año, aunque descartan que la economía estadounidense entre en recesión.

Ante tal panorama, el gobierno estadounidense ha venido aplicado distintas políticas que estimulen la economía, basados principalmente en el asistencialismo a los ciudadanos y en la regulación de los mercados financieros, pero no se han conseguido los resultado esperados. El primer paquete de medidas del gobierno de Bush fue promulgada a fines de agosto del 2007 e iba orientada, principalmente, a favor de los deudores del mercado inmobiliario. Ya en enero del 2008, se puso en marcha una nueva serie de decretos de carácter tributario, en el que se contempló el reintegro de una parte de los impuestos pagados por los ciudadanos de la siguiente manera: devolución de US$ 600 a cada individuo contribuyente, US$ 1,200 en caso de que los contribuyentes formen una pareja y US$ 300 adicionales por hijo. Así, en total se devolvería más de US$ 150,000 mills. en impuestos, y 130 millones de contribuyentes calificarían para este reembolso. Finalmente el último paquete de reformas fue dado a conocer a finales de marzo del presente año, y se caracterizó por tratarse de medidas de aplicación gradual y que apuntan a transformar de manera importante la normativa reguladora del mercado financiero.

Además de estas medidas de carácter fiscal y regulatorio-financiero, el Gobierno norteamericano ha optado por aplicar una política monetaria expansiva, mediante una reducción drástica de su tasa de referencia. Basándose en la Regla de Taylor , la Fed ha optado por reducirla drásticamente como estímulo monetario con la intención de reactivar las inversiones, el consumo, los créditos, y dar señales positivas y alentadoras al mercado financiero. Entre setiembre 2007 y abril del presente año esta tasa fue reducida desde 5.25% hasta 2.00%. Sin embargo, esta reducción ‘de emergencia’ en la tasa de la Fed complica el manejo futuro de la política monetaria estadounidense, puesto que actualmente existen mayores riesgos inflacionarios en la mayor economía del mundo.

Ante todo esto, ¿de que manera la crisis ha venido afectando a la economía peruana? Podemos mencionar dos vías principales de transmisión: la primera, por el lado del diferencial de las tasas de interés interbancarias, lo cual ha incidido en el comportamiento del tipo de cambio; y la segunda, mediante el contagio en los mercados financieros. Producto de políticas monetarias contrapuestas, el diferencial de tasas de interés de referencia entre EE.UU. y el Perú se ha ampliado fuertemente (a junio, la tasa de referencia estadounidense estaba en 2% mientras que la peruana era de 5.75%), lo que llevó a que muchos capitales especulativos foráneos entraran al país para aprovechar las oportunidades de rentabilidad ofrecidas por tal diferencial, además de apostar a una mayor devaluación del dólar frente al sol, dada la mayor fortaleza de la economía peruana. El flujo de moneda extranjera entrante elevó en tal medida el nivel de liquidez en dólares en el mercado monetario local, que generó un desplome del tipo de cambio en el país. Asimismo, el fortalecimiento del nuevo sol frente al dólar ha producido que el valor nominal de las exportaciones peruanas se encarezcan, y que a su vez las importaciones provenientes de EE.UU. se abaraten. En los últimos meses se observa una leve desaceleración en el ritmo de las exportaciones junto a una aceleración importante de nuestras importaciones, lo que ha venido reduciendo el superávit de nuestra balanza comercial.

Por otro lado, el mercado financiero local también se ha visto afectado por el difícil momento que atraviesa la economía estadounidense. El efecto en las cotizaciones bursátiles fue inmediato. Recordemos que en el 2006 la Bolsa de Valores de Lima obtuvo una rentabilidad anual que llegó a 168.30% en su Índice General, y 188.49% en su Índice Selectivo, mientras que el 2007, año en el que empieza con fuerza la crisis hipotecaria, la rentabilidad en ambos indicadores se redujo a 36.02% y 31.03%, respectivamente, tras presentar una alta volatilidad a lo largo del año. Más aún, en lo que va del 2008 la plaza bursátil local viene presentando pérdidas. Así, al 17 de junio del presente año, el Índice General acumuló un rendimiento de –4.74% mientras que el resultado del Índice Selectivo llegó a –5.75%. El panorama sombrío que atraviesan los mercados financieros mundiales producto del crack financiero norteamericano (el Dow Jones ha perdido 8.33% entre el cierre de diciembre de 2007 y el 17 de junio del presente año, mientras que el Nasdaq se contrajo en 7.34% en el mismo periodo) ha venido afectando negativamente las expectativas de los inversionistas locales, influenciando claramente en el desempeño de la bolsa limeña. Sin embargo, estos efectos son menores si se comparan con el desempeño de otras bolsas mundiales, como la de Londres (-9.21%), Frankfurt (-15.76%), Paris (-16.53%), Hong Kong (-17.10%) y Shanghai (-47.00%).

Si bien no estamos blindados ante los diversos shocks económicos externos que ocurren cada cierto tiempo, menos aún si éstos se producen en un importante socio comercial, la coyuntura actual que vive el país, con un crecimiento de la producción sólido y sostenido, indicadores macroeconómicos en azul, acuerdos comerciales firmados y otros en agenda, y el reciente otorgamiento del grado de inversión, nos hace esperar que la actual crisis financiera no tendrá mayores efectos ni generará fluctuaciones importantes en nuestro nivel de actividad. Las medidas drásticas decretadas por el BCR con la intención de detener la entrada de capitales extranjeros especulativos de corto plazo produjo los resultados esperados, frenando por ende la caída del tipo de cambio, aunque ha generado un desequilibrio temporal en el mercado local de dólares. Asimismo, se espera que la Bolsa de Valores tenga un mejor desempeño en la segunda mitad del año, y llegue a un nivel de rentabilidad del 20% al finalizar el 2008, apoyada en los resultados positivos que se espera reporten las empresas nacionales. Por consiguiente, dado el eficiente trabajo de las instituciones responsables del manejo de la economía peruana, podemos ser optimistas y esperar convencidos de que las perspectivas positivas establecidas para nuestro país no variarán significativamente en el futuro ante una eventual recesión de la nación más poderosa del mundo.

*Artículo a publicarse próximamente en una revista local.