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Las principales economías desarrolladas y países emergentes europeos, asiáticos y latinoamericanos enfrentan la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. El 2008 ya muestra estragos del complicado momento que se vivirá durante el 2009, por lo que los diferentes gobiernos vienen decretando medidas para enfrentar el difícil momento coyuntural generado por la turbulencia financiera global. Dichas disposiciones se podrían agrupar en dos: monetarias, como las reducciones de tasas de interés e inyecciones directas de liquidez en la economía (otorgada directamente a diferentes empresas y entidades bancarias); y fiscales, en donde se consideran medidas como mayor gasto en infraestructura o reducción de impuestos.


Medidas Monetarias
La FED ha adoptado como principal medida de política la reducción paulatina y estratégica de su tasa de interés de referencia, llegando incluso a decretar disposiciones poco convencionales como la tomada en diciembre pasado, al reducir la tasa de interés clave a un intervalo, entre 0.25% y 0%. De esta manera, lo que busca el ente monetario estadounidense es abaratar el costo del dinero y estimular el descongelamiento del mercado crediticio. Medidas similares vienen estableciendo los bancos centrales del mundo, incluido los países que conforman la Unión Europea, China, Japón, Canadá, Australia, y la mayoría de las naciones latinoamericanas.

Asimismo, con la intención de apoyar al sistema bancario mundial, los gobiernos vienen empleando agresivos planes de inyección directa de liquidez a aquellas entidades que se encuentren en serios problemas. Bancos emblemáticos como es el caso de Citibank y Bank of America en EE.UU.; y de Barclays, UBS y Commerzbank en Europa, han recibido importantes sumas de dinero a cambio de acciones como última opción para poder mantenerse a flote.


Políticas Fiscales
Los programas de estimulo fiscal también han venido siendo aplicados en todo el mundo, buscando dinamizar las economías y así evitar caer en la “temible” recesion. El primer país en aplicar medidas de este tipo fue Estados Unidos, con una inyección a la economía de US$ 750,000 mills., aprobada por su Congreso y decretada por el presidente saliente George W. Bush. Sin embargo, dicho plan no ha tenido el éxito esperado y por eso ya está en debate en el Hemiciclo nuevas medidas de estimulo fiscal impulsadas por el nuevo presidente, Barack Obama.

Asimismo, los 27 países que conforman la Unión Europea sumarán esfuerzos y dedicarán un total de 200,000 mills. de euros, equivalente al 1.5% del PBI comunitario, para impulsar la actividad económica, recuperar la confianza de los consumidores e inversores y frenar el avance de la crisis financiera internacional. Igualmente, Alemania fue otro de los países que pusieron en marcha un paquete de estimulo económico, por 50,000 mills. de euros, buscando promover la inversión en la mayor economía europea. Dicho plan incluía un apoyo económico para el sector automotor y para la refacción edilicia, al igual que exenciones impositivas que permitirían a las compañías amortizar una parte de sus inversiones. A su vez, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció varias medidas económicas con una inversión extraordinaria de 11,000 mills. de euros que se destinará a varios sectores para crear 300,000 empleos y dinamizar la economía.; mientras que el Gobierno Italiano adoptó un paquete de medidas contra la crisis para ayudar a las familias y las empresas, por 5,000 mills. de euros.

Aunque es probable que América Latina se encuentra mejor preparado para enfrentar la difícil coyuntura internacional, los diversos gobierno han dispuesto diversos paquetes económicos. Así, Argentina comunicó una serie de medidas de estímulo económico por US$ 3,800 mills., el cual incluye créditos para al consumo, para prefinanciar exportaciones y capital de trabajo, para el sector automotriz, y una reducción de las retenciones a la exportación de trigo y maíz. De la misma manera, el presidente Rafael Correa anunció que reducirá temporalmente impuestos a la banca privada y solicitará a las entidades capitalizar sus utilidades; además permitirá a la banca acceder a estímulos fiscales a cambio de la colocación de créditos productivos. Chile anunció un plan fiscal por US$ 4,000 mills. (2.8% del PBI) que busca crear las condiciones para alcanzar un crecimiento económico entre 2% y 3% en el 2009 y la creación de más de 100,000 empleos en forma directa e indirecta. Finalmente, Brasil decretó recortes de impuestos por US$ 3,580 mills., dirigido principalmente a las ventas de automóviles y a las transacciones financieras en los créditos al consumidor.


Estímulos Económicos Aplicados en el Perú
Las autoridades de nuestro país, concientes del complicado panorama, han venido anunciando distintos planes que permitan enfrentar la crisis financiera global. Entre las anunciadas por el Gobierno Central está un programa anticrisis cuya finalidad es mantener el crecimiento, aumentar el empleo, proteger a los pobres y, en general, defender al país de la turbulencia. En síntesis, este programa anticrisis supone S/. 10 mil millones de nueva inversión, US$ 3 mil millones de endeudamiento y la posibilidad de tener otros US$ 7 mil millones adicionales. El Estado busca sostener la demanda interna, manteniendo el crecimiento real del gasto público, en lo concerniente a obras de infraestructura: carreteras, electrificación rural, agua potable y alcantarillado, entre otros. El propósito es llevar la inversión pública en obras e infraestructura hasta S/. 18,000 millones en el 2009, para lo cual deberá incrementarse dicho gasto en S/. 4,800 millones. Esto se hará a través de 28 proyectos de inversión con financiamiento externo. Además, se aumentará en 25% la velocidad de la inversión en lo referente a las obras que ya están presupuestadas en el año 2009, tanto en mejoramiento vial, como obras de irrigación, y, a nivel descentralizado, rehabilitación de postas médicas, escuelas y comisarías.

En ese sentido, el gobierno lanzó un plan de estímulo económico por S/. 4,500 mills. como primera etapa; así, con la finalidad de acelerar la aplicación de dicho paquete en los diversos sectores productivos y sociales, se aprobó 16 medidas, las mismas que buscarán dar impulso a la actividad económica, a la infraestructura y a los sectores sociales, lo que a su vez servirá para mantener el crecimiento económico a tasas mayores al 5%. Entre las principales disposiciones del referido paquete está la reducción del 10% en los precios del diésel y las gasolinas; aumentar temporalmente el drawback de 5% a 8% para fomentar las exportaciones no tradicionales, lo que representará un desembolso de S/. 360 millones; la inversión de S/. 1,900 mills. en infraestructura y más de S/. 700 mills. para obras de orden social; la agilización del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y la reducción de los tiempos que demoran los proyectos de preinversión, entre otros.

Las entidades reguladoras y supervisoras también vienen adoptando distintas medidas para asegurar el correcto desarrollo de los mercados. La SBS ha comenzado un trabajo para agilizar el financiamiento a las actividades de la micro y pequeñas empresas. Por su parte, el Banco Central, con el fin de evitar la caída de la liquidez y del crédito, ha reducido los requerimientos de encaje, inyectando mayor liquidez en moneda extranjera y nacional al sistema. También ha ampliado los plazos de pago de los créditos de regulación monetaria que concede a instituciones financieras, viene liberando más liquidez a través de mecanismos de recompra de títulos, y se propone mantener las tasas de interés en función a la evolución de la inflación durante el año 2009. Por último, la SBS elabora un plan que facilitará a las instituciones financieras la reprogramación de las deudas de sus buenos clientes, en caso llegaran a necesitarlo. El ente regulador viene evaluando las precisiones que incorporará a la normativa del sistema financiero, entre los que se encuentran los plazos de gracia y periodos de pago.


Comentario Final
No es posible diagnosticar los efectos finales que pudiera tener la crisis financiera en el mundo, ni el verdadero impacto de las medidas adoptadas por los gobiernos; sin embargo, esta claro que iniciativas de este tipo servirán a contrarrestar, o al menos paliar, los azotes del crack económico. Es seguro que Estados Unidos y un número importantes de países desarrolladas caerán en recesion, y muchos otros más ralentizarán su crecimiento de manera drástica. Para el caso peruano, las medidas adoptadas van en el camino correcto, incentivando la inversión pública y ayudando a los sectores más sensibles; no obstante, pensar que estamos “blindados” ante la crisis es una utopía. La economía sentirá el golpe indefectiblemente, debido a la caída de las exportaciones, a la menor recaudación de impuestos, y al aumento del desempleo. El objetivo principal de las medidas adoptadas será, entonces, lograr que la desaceleración que experimentará la actividad productiva sea suave, de tal manera que la expansión sea, al menos, superior al 4%, tasa que estaría por encima del crecimiento promedio de la región, y que no es nada despreciable considerando la magnitud de la actual crisis económica.
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Desde la segunda Revolución Industrial, el mundo ha experimentado un numero importante de crisis económicas, algunas más devastadoras que otras. Entre ellas podemos mencionar a la crisis del petróleo en 1972-1973, que originó al nacimiento del fenómeno después conocido como “estanflación”; la crisis de la deuda externa en América Latina, en 1982, que hundió la actividad económica en la región; y la catastrófica Gran Depresión de 1929, que provocó en el mundo entero una recesion jamás vista. La crisis global que vivimos en la actualidad, difiere, en varios aspectos de forma, de todos los fenómenos mencionados; sin embargo, las consecuencias dejarán profundas huellas en el mundo económico tal como lo conocemos.

La crisis “subprime”, que empezó a sentirse a mediados del 2006 pero se gestó mucho antes, dejó de ser un problema menor que afectaba solo a algunos bancos estadounidenses, y se ha transformado en toda una complicación enorme para las economías mundiales, a tal punto que se ha llegado a cuestionar al modelo neoliberal (aplicado por casi todos los países del mundo) como el adecuado para evitar fluctuaciones económicas tan abruptas como la que estamos viviendo.

Entre las dificultades principales que ha traído la turbulencia financiera han sido dos: la escasez de liquidez en los mercados internacionales y una crisis de confianza generalizada en los agentes económicos. La primera dificultad ha generado que un numero importante de bancos quiebren, o en todo caso, opten por fusionarse o acogerse a los planes de salvataje que vienen poniendo en marcha los gobiernos; mientras que el segundo problema ha impulsado a que el manto de la incertidumbre invada las plazas bursátiles de todo el mundo, engendrando una mayor desconfianza dentro de la economía mundial, y generando que la misma funcione con menor racionalidad.

Entre los entidades financieras que han sufrido de manera más dolorosa los efectos de la actual crisis se encuentran los cinco bancos de inversión en los Estados Unidos: Bearn Stearns, Lehman Brothers, Merril Lynch, Goldman Sachs y Morgan Stanley. Los tres primeros declararon su bancarrota y fueron adquiridos por otros bancos; en tanto, los dos últimos están en una etapa de transición para convertirse en el futuro en bancos comerciales. Asimismo, el gigante asegurador AIG igualmente sucumbió ante el crack hipotecario, por lo que tuvo que aceptar la intervención estatal para poder seguir a flote y no afectar a sus clientes.

Precisamente la estatización viene siendo el arma principal de la administración Bush, y también de varios otros países industrializados, para combatir la turbulencia financiera. La masiva nacionalización parcial de la banca privada estadounidense forma parte de un plan que busca no solo apoderarse de activos devaluados sino además lograr hacer fluir el crédito en los mercados financieros. Entre los bancos más importantes que recibirán estas inyecciones de capital se encuentran los más grandes de EE.UU., Citigroup y Bank of America. En tanto, varias naciones que integran la Unión Europea también han tomado medidas similares. Reino Unido adquirió participaciones significativas en el Royal Bank of Scotland, HBOS y Lloyds. Islandia tomo posesión de los tres bancos más grandes de dicho país, mientras que Italia, Alemania, entre otros, evalúan poner en marcha disposiciones parecidas.

De otro lado, las perdidas en las bolsas internacionales han sido enormes, incluso registrándose caídas históricas en los principales indicadores bursátiles del mundo. A la fecha , el índice Dow Jones descendió 35.33%, el FTSE de Londres bajó 36.82%, mientras que Shanghai (-62.17%), Madrid (-36.07%), París (-39.78%), Sao Paolo (-42.35%), Buenos Aires (-44.89%) y Lima (-52.31%), entre otros, vienen siendo las plazas más afectadas por la crisis financiera.

El Perú no esta inmune a desequilibrios de este tipo, y bajo este entorno, es probable que la economía sufra algunos efectos. El primero de ellos, como mencionamos, se viene dando en la Bolsa de Valores de Lima, que retrocedió visiblemente en las últimos semanas, contagiada por las continuas pérdidas que viene acumulando Wall Street, lo que es acentuado por la inestabilidad en los precios de los commoditties. De otro lado, la segura recesion de EE.UU. repercutiría en un deterioro de nuestra balanza comercial, debido a que nuestras exportaciones ha dicho país se desacelerarían ante una menor demanda, lo que -sumado a la caída de las cotizaciones internacionales de las materias primas-, perjudicaría nuestros términos de intercambio. Asimismo, ante el temor de que la situación pueda empeorar, inversionistas extranjeros vienen liquidando sus activos locales, y refugiándose en sus países de origen, generando un aumento importante en la demanda de dólares, y presionando el precio de dicha divisa al alza, aunque es cierto que la misma ha sido atenuada por la oportuna intervención del BCR, quien viene utilizando varias herramientas de política monetaria (venta de dólares, operaciones repos, swaps), y proveyendo de liquidez ante cualquier eventualidad. De otro lado, cabe mencionar que la banca privada local no tiene ningún tipo de exposición a activos que contengan hipotecas “subprime” en su estructura, y que la adecuada y prudente regulación de la SBS asegura que las cuentas de las entidades bancarias se mantengan en niveles adecuados.

Ante los eventos ocurridos hasta el momento, podemos destacar algunas lecciones importantes que se debería tomar en cuenta para el futuro. En primer lugar, ha quedado demostrado que la desregulación total de los mercados financieros impide fomentar un ambiente de transparencia y crecimiento saludable, ya que fue la “avaricia exagerada” de Wall Street la que inició la burbuja inmobiliaria creando instrumentos e híbridos financieros “chatarra” sin ningún tipo de objeciones por parte de las clasificadoras de riesgo privadas. De la misma manera, se ha generado un consenso importante entre los economistas sobre la actuación del Estado ante crisis de este tipo en el sentido de que los gobiernos no deberían comprometer los recursos de los contribuyentes para “salvar” entidades que actuaron de manera irresponsable, es decir no se debería “socializar las perdidas”. Finalmente, ha quedado claro el papel significativo que juegan las expectativas y la confianza de los inversionistas en los centros financieras del mundo, ya que ante la presencia de escollos, nubarrones o complicaciones, los temores suelen aumentar fácilmente en dichos agentes hasta niveles dramáticos, contagiándose unos a otros, y quitándole racionalidad a las bolsas de valores.

Para terminar, dados los graves acontecimientos económicos ocurridos durante este año, no es ilógico pensar que es probable que se dé un cambio de paradigma dentro de la economía del país más poderoso del planeta, en el cual la regulación y el control (especialmente en la participación más activa de instituciones reguladoras) tomen un rol más importante, de tal manera que se pueda evitar otras crisis de este tipo en el futuro.

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El país más rico del mundo, Estados Unidos, viene atravesando momentos realmente difíciles desde hace aproximadamente un año. Ejecuciones de hipotecas, caída del nivel consumo y de las diversas actividades productivas, pérdidas financieras extraordinarias, pesimismo generalizado, y por lo tanto, caída en el nivel de producción, son sólo algunas de las consecuencias ocurridas debido a la crisis hipotecaria, o subprime. Pero ¿sabemos qué es realmente la crisis subprime y como se originó?. A mediados del 2000, EE.UU. se encontraba en medio de la crisis “dot.com”, luego que estallara la burbuja que se había generado en el mercado tecnológico, llevando al índice Nasdaq por los suelos y a la economía estadounidense a una recesión. Ante tal panorama, la Reserva Federal estadounidense (Fed) decidió disminuir la tasa de interés referencial con la intención de reactivar el nivel de actividad, a través del estímulo en el consumo gracias a un abaratamiento de los créditos. Así, dicha tasa llegó a ubicarse hasta en 1%, y se mantuvo por debajo del 2% desde inicio del 2001 hasta fines del 2004. Esta medida generó una distorsión en los mercados de crédito, avivando un incremento desmedido de los préstamos a costos mínimos nunca antes vistos. En ese contexto, el mercado inmobiliario inició una etapa de fuerte crecimiento, impulsado por los mayores precios de las casas y por los créditos hipotecarios más baratos, lo que propició que la adquisición de bienes raíces se convierta en un atractivo medio de inversión para las familias estadounidenses.

Dado este escenario, emergió el principal detonante de la crisis, que fue el aumento acelerado de los créditos de alto riesgo, o subprime. Este tipo de crédito es otorgado a las personas que tienen un deficiente historial de pago de sus préstamos, por lo que no califican para las mejores tasas del mercado. Las colocaciones de las hipotecas subprime pasaron de poco menos de US$ 100,000 mills. en el 2002 hasta más de US$ 600,000 mills. en el 2006, según Moody’s, lo que para ese año equivalía a más del 20% del total en el mercado de préstamos en los Estados Unidos. Por otro lado, estos tipos de crédito eran utilizados para crear nuevos vehículos o instrumentos de inversión, como los CDO’s (collateralized debt obligation), los CLO’s (collateralized loan obligation), CMO’s (collateralized mortage obligations), entre otros. Estos derivados financieros presentaban una alta complejidad en su estructura, y aparentemente permitían obtener a los inversionistas altas rentabilidades con un riesgo bastante controlado. Además, las calificadoras de riesgo otorgaron excelentes notas a estos instrumentos, exacerbando la demanda por tales activos por parte de bancos, fondos e instituciones financieras de todo el mundo.

De esta manera, en el 2006 se empezaron a sentir los primeros estragos de esta burbuja, con una caída precipitada de los precios de venta de casas nuevas. Ello, sumado a las mayores tasas de interés –la Fed empezó a endurecer las condiciones crediticias en junio 2004 ante indicios de inflación- generó una ola de incumplimientos en los créditos hipotecarios subprime y derivó finalmente en una caída en el valor –y por tanto una contracción importante en la liquidez- de todos los derivados financieros que tenían en su composición a estas hipotecas de riesgo. No obstante, los golpes más duros del crack hipotecario se sintieron a finales del 2007 y comienzos de este año. Entre los hechos más destacados en relación con esta crisis estuvo el anuncio de Citigroup acerca de sus resultados del último trimestre del 2007, cuando obtuvo pérdidas por US$ 9,830 mills., la más grande de toda su historia. De igual manera, Merrill Lynch reportó en el mismo periodo una pérdida neta de US$ 9,800 mills., y el banco suizo UBS por US$ 11,200 mills. En total, desde que se inició la crisis financiera, las pérdidas oficialmente reportadas por las entidades financieras ascienden a aproximadamente US$ 283,477 mills., siendo las firmas líderes en esta lista el Citigroup (US$ 39,100 mills.), UBS (US$ 37,700 mills.), Merrill Lynch (US$ 29,100 mills.) y HSBC (US$ 17,200 mills.). Sin embargo, se espera que los bancos y distintos grupos financieros sigan anotando más pérdidas en los próximos meses, según varios analistas especializados.

Asimismo, los efectos negativos en el nivel de actividad estadounidense también se han hecho más evidentes con el paso de los meses. Según datos oficiales del gobierno de EE.UU., la producción habría crecido tan solo 0.6% en el primer trimestre del 2008, aunque estos datos son preliminares. Estimaciones de Standard and Poor’s, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones indican que EE.UU. se desacelerará hasta caer en una recesión. Incluso portavoces oficiales de la administración Bush, como el secretario del Tesoro, Henry Paulson, reconocen que el nivel de actividad tendría un crecimiento casi nulo durante este año, aunque descartan que la economía estadounidense entre en recesión.

Ante tal panorama, el gobierno estadounidense ha venido aplicado distintas políticas que estimulen la economía, basados principalmente en el asistencialismo a los ciudadanos y en la regulación de los mercados financieros, pero no se han conseguido los resultado esperados. El primer paquete de medidas del gobierno de Bush fue promulgada a fines de agosto del 2007 e iba orientada, principalmente, a favor de los deudores del mercado inmobiliario. Ya en enero del 2008, se puso en marcha una nueva serie de decretos de carácter tributario, en el que se contempló el reintegro de una parte de los impuestos pagados por los ciudadanos de la siguiente manera: devolución de US$ 600 a cada individuo contribuyente, US$ 1,200 en caso de que los contribuyentes formen una pareja y US$ 300 adicionales por hijo. Así, en total se devolvería más de US$ 150,000 mills. en impuestos, y 130 millones de contribuyentes calificarían para este reembolso. Finalmente el último paquete de reformas fue dado a conocer a finales de marzo del presente año, y se caracterizó por tratarse de medidas de aplicación gradual y que apuntan a transformar de manera importante la normativa reguladora del mercado financiero.

Además de estas medidas de carácter fiscal y regulatorio-financiero, el Gobierno norteamericano ha optado por aplicar una política monetaria expansiva, mediante una reducción drástica de su tasa de referencia. Basándose en la Regla de Taylor , la Fed ha optado por reducirla drásticamente como estímulo monetario con la intención de reactivar las inversiones, el consumo, los créditos, y dar señales positivas y alentadoras al mercado financiero. Entre setiembre 2007 y abril del presente año esta tasa fue reducida desde 5.25% hasta 2.00%. Sin embargo, esta reducción ‘de emergencia’ en la tasa de la Fed complica el manejo futuro de la política monetaria estadounidense, puesto que actualmente existen mayores riesgos inflacionarios en la mayor economía del mundo.

Ante todo esto, ¿de que manera la crisis ha venido afectando a la economía peruana? Podemos mencionar dos vías principales de transmisión: la primera, por el lado del diferencial de las tasas de interés interbancarias, lo cual ha incidido en el comportamiento del tipo de cambio; y la segunda, mediante el contagio en los mercados financieros. Producto de políticas monetarias contrapuestas, el diferencial de tasas de interés de referencia entre EE.UU. y el Perú se ha ampliado fuertemente (a junio, la tasa de referencia estadounidense estaba en 2% mientras que la peruana era de 5.75%), lo que llevó a que muchos capitales especulativos foráneos entraran al país para aprovechar las oportunidades de rentabilidad ofrecidas por tal diferencial, además de apostar a una mayor devaluación del dólar frente al sol, dada la mayor fortaleza de la economía peruana. El flujo de moneda extranjera entrante elevó en tal medida el nivel de liquidez en dólares en el mercado monetario local, que generó un desplome del tipo de cambio en el país. Asimismo, el fortalecimiento del nuevo sol frente al dólar ha producido que el valor nominal de las exportaciones peruanas se encarezcan, y que a su vez las importaciones provenientes de EE.UU. se abaraten. En los últimos meses se observa una leve desaceleración en el ritmo de las exportaciones junto a una aceleración importante de nuestras importaciones, lo que ha venido reduciendo el superávit de nuestra balanza comercial.

Por otro lado, el mercado financiero local también se ha visto afectado por el difícil momento que atraviesa la economía estadounidense. El efecto en las cotizaciones bursátiles fue inmediato. Recordemos que en el 2006 la Bolsa de Valores de Lima obtuvo una rentabilidad anual que llegó a 168.30% en su Índice General, y 188.49% en su Índice Selectivo, mientras que el 2007, año en el que empieza con fuerza la crisis hipotecaria, la rentabilidad en ambos indicadores se redujo a 36.02% y 31.03%, respectivamente, tras presentar una alta volatilidad a lo largo del año. Más aún, en lo que va del 2008 la plaza bursátil local viene presentando pérdidas. Así, al 17 de junio del presente año, el Índice General acumuló un rendimiento de –4.74% mientras que el resultado del Índice Selectivo llegó a –5.75%. El panorama sombrío que atraviesan los mercados financieros mundiales producto del crack financiero norteamericano (el Dow Jones ha perdido 8.33% entre el cierre de diciembre de 2007 y el 17 de junio del presente año, mientras que el Nasdaq se contrajo en 7.34% en el mismo periodo) ha venido afectando negativamente las expectativas de los inversionistas locales, influenciando claramente en el desempeño de la bolsa limeña. Sin embargo, estos efectos son menores si se comparan con el desempeño de otras bolsas mundiales, como la de Londres (-9.21%), Frankfurt (-15.76%), Paris (-16.53%), Hong Kong (-17.10%) y Shanghai (-47.00%).

Si bien no estamos blindados ante los diversos shocks económicos externos que ocurren cada cierto tiempo, menos aún si éstos se producen en un importante socio comercial, la coyuntura actual que vive el país, con un crecimiento de la producción sólido y sostenido, indicadores macroeconómicos en azul, acuerdos comerciales firmados y otros en agenda, y el reciente otorgamiento del grado de inversión, nos hace esperar que la actual crisis financiera no tendrá mayores efectos ni generará fluctuaciones importantes en nuestro nivel de actividad. Las medidas drásticas decretadas por el BCR con la intención de detener la entrada de capitales extranjeros especulativos de corto plazo produjo los resultados esperados, frenando por ende la caída del tipo de cambio, aunque ha generado un desequilibrio temporal en el mercado local de dólares. Asimismo, se espera que la Bolsa de Valores tenga un mejor desempeño en la segunda mitad del año, y llegue a un nivel de rentabilidad del 20% al finalizar el 2008, apoyada en los resultados positivos que se espera reporten las empresas nacionales. Por consiguiente, dado el eficiente trabajo de las instituciones responsables del manejo de la economía peruana, podemos ser optimistas y esperar convencidos de que las perspectivas positivas establecidas para nuestro país no variarán significativamente en el futuro ante una eventual recesión de la nación más poderosa del mundo.

*Artículo a publicarse próximamente en una revista local.