Artículos con la etiqueta Daniel Beteta
03/03/10: 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
Aquí soy una rama tendida esperándome esperándote.
Una rama tendida al lado de un árbol.
Una rama tendida al lado de una planta perenne de tronco leñoso.
Una rama tendida al lado de una planta de tronco leñoso que vive más de dos años.
Una rama tendida al lado de una planta de tronco leñoso que está presente en la memoria por más de dos años.
Una rama tendida al lado de una planta de cuerpo truncado, consistente como la madera, que está presente en la memoria por más de dos años.
Una rama tendida al lado de una central de energía de cuerpo truncado, consistente como la madera, que está presente en la memoria por más de dos años.
Soy un cerco de hierro cuadrangular tendido al lado de una central de energía de cuerpo truncado, consistente como la madera, que está presente en la memoria por más de dos años.
Y ya no soy una rama tendida
pero aún
puedo llenarme de hormigas
cuando te abrazo.
(Escribí este ensayo el año que estudié Literatura y el año que dejé de estudiar Literatura)
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Soy como un jugador de tercera división -se
queja Luder-. Mis mejores goles los metí en una
cancha polvorienta de los suburbios, ante cuatro
hinchas borrachos que no se acuerdan de nada.
(J.R.R. Dichos de Luder)
queja Luder-. Mis mejores goles los metí en una
cancha polvorienta de los suburbios, ante cuatro
hinchas borrachos que no se acuerdan de nada.
(J.R.R. Dichos de Luder)
"Le envío este texto pues supongo que pocos pueden leer lo que va a decirse sobre ellos después de muertos."(1) así dictaba la última línea que le anotaba Alonso Cueto a Julio Ramón Ribeyro en una carta que contenía un artículo post-mortem. A consecuencia de un desliz de la verdad, Cueto escribió un artículo -elogiando la obra de Ribeyro- el cual fue enviado a la revista Debate en Lima. Después de ser rechazada por su condición de ficción, el texto funerario fue enviado a su -aún vivo destinatario- adjuntándole una carta con algunas explicaciones que destruirían todo misterio. Y fue así como Cueto conoció a Ribeyro el día que ambos comentaron su muerte. Este desvarío, podría ser la base para uno de esos cuentos de la cara inversa de la moneda narrativa de Ribeyro, aquella que nunca gana las puestas.
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