
Recientemente se ha publicado el libro “¡Usted fue aprista!”. “Bases para una historia crítica del APRA” del historiador Nelson Manrique(1). A lo largo de su vida Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA tuvieron como uno de sus enemigos acérrimos al comunismo internacional, el antiaprismo de la izquierda no aprista fue una de las constantes de la política peruana en el siglo XX. El texto de Nelson Manrique es una constatación que en ciertos sectores académicos del Perú esta todavía lejana una mirada serena y seria, libre de prejuicios al abordar la vida de Haya de la Torre y el Partido Aprista Peruano.
Una de las principales tesis que Manrique intenta sostener en el libro es que para Haya de la Torre desde 1933 “se habían producido cambios sustanciales en la naturaleza del imperialismo.” (2) Según Manrique esta apreciación de Haya de la Torre se debía a la política de Buena Vecindad establecida por el Presidente Roosevelt. Agrega que para Haya en la década del 40 “el imperialismo había quedado atrás.”(3) Específicamente dice lo siguiente:
“El involucramiento de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, a inicios de diciembre de 1941, y su necesidad de contar con los países latinoamericanos como aliados, reforzó la convicción de Haya de que el imperialismo había quedado atrás.”(4)
Nelson Manrique para sustentar sus puntos de vista cita del libro de Haya de la Torre “La Defensa Continental”, publicado en 1943, lo siguiente:
“Desde 1933, con el advenimiento del Presidente Roosevelt se produce un saludable e insólito cambio de frente en la actitud de Washington hacia nuestros pueblos. La Política del Buen Vecino, enunciada vagamente en los primeros años de la administración del mandatario demócrata se define y fortalece después. Aparece claro el deseo de establecer un sistema de relaciones más justas entre ambas Américas. La iniciativa del Presidente Hoover para retirar de Nicaragua a los marinos invasores que combatían al heroico Sandino se completa con hechos más concretos al devolver la soberanía política a Santo Domingo y Haití, al abolir la Enmienda Platt que pesaba como una cadena sobre la Constitución de Cuba y al asegurar mayores garantías a Panamá en 1938” (5)
Según Manrique “Haya basa su análisis en los cambios producidos en el discurso de la administración demócrata norteamericana y el repliegue de los Estados Unidos en América Latina, pero esta debiera ponerse en el contexto de las dificultades que afrontaba la potencia imperialista en medio de una grave crisis.”(6) Sin embargo, según Manrique “para Haya los cambios que se experimentaban eran consecuencia del deseo de la administración norteamericana de ‘establecer un sistema de relaciones más justas entre ambas Américas.” (7)
Sin embargo, Manrique se equivoca porque para Haya de la Torre la política del buen vecino del presidente Roosevelt ERA UNA POLÍTICA DE ESE GOBIERNO, NO ERA UNA POLITICA DEL ESTADO NORTEAMERICANO. Es decir, otro Presidente norteamericano podía cambiar la política del Buen Vecino. Haya es muy claro en esto, en un artículo titulado: “El ‘Buen Vecino’: ¿Garantía definitiva?”, el cual es parte del libro “La Defensa Continental”, expresa lo siguiente:
“Importa, sin embargo, hacerse una simple reflexión: esta política iniciada por Roosevelt hacia los pueblos de Indoamérica no es sino una plataforma de programa de gobierno adoptada por el Presidente, tan duradera como el New Deal o como la presencia de Mr. Hull en la Secretaria de Estado. Vale decir, ES UNA POLITICA TEMPORAL, SIN NINGUNA GARANTÍA DE PERDURABILIDAD. Pues aunque el Partido Demócrata yanqui sea considerado menos imperialista que el Republicano, sabemos bien que Wilson fue también demócrata, profeta de New Freedom, y no obstante todo eso, fue Wilson mismo quien ordenó invasiones, bombardeos, subyugaciones y otras atrocidades en varios países indoamericanos. Por otro lado, el concepto democrático de los Estados Unidos es muy elástico y no excluye actos de tiranía y brutalidad, especialmente en los países débiles cuando llega el caso de defender los intereses de sus grandes capitalistas.” (las mayúsculas son nuestras) (8)
El creador del aprismo es categórico: LA POLITICA DE BUENA VENCIDAD DEL PRESIDENTE ROOSEVELT ERA UNA POLITICA TEMPORAL SIN NINGUNA GARANTIA DE PERDURABILIDAD. Sin embargo, el historiador Manrique intenta dar a entender que Haya pensaba que la política imperialista de Estados Unidos había cambiado definitivamente, y con esa justificación Haya varió su visión del imperialismo norteamericano. Nada más alejado de la verdad. Por eso Haya sostuvo lo siguiente:
“Puede acontecer que el Presidente Roosevelt y su partido pierdan la mayoría en las próximas elecciones, y que advenga un republicano del tipo del otro Roosevelt, gran antimonopolista dentro de su país y un perfecto jingoimperialista fuera de él, quien, según el juicio reciente de un periodista norteamericano, tomó Panamá en una manera ‘que sugiere los métodos de Mussolini’ (N.Y. ‘Fortune’, abril, 1938). O puede darse también el caso de que sea elegido otro demócrata –Mr. Mac Nutt o quien fuere- que no crea conveniente incluir la plataforma del ‘Buen Vecino’ en su programa y que recurra a las vagorosas generalidades demoliberales de Mr. Wilson para llenar el vacío teórico y nos resulte en la práctica tan Big Stick como Roosevelt I.” (9)
Para Haya de la Torre la política del Big Stick, del Gran Garrote: invasiones militaristas, agresiones imperialistas podían volver con el cambio del Presidente de los Estados Unidos. A mayor abundamiento, el creador del aprismo sostiene lo siguiente:
“Esto ahonda dudas acerca de la perennidad de una actitud como la que hoy inspira a los hombres de Washington; porque incumbiendo exclusivamente a la voluntad presidencial tratarnos como a vecinos o como a bárbaros,, todo depende del grado de conocimiento que los futuros presidentes tengan de nuestros pueblos y del concepto que les merezcan indios y mestizos. Recordemos que Mr. Hoover vino a hacer una visita de pasamano en 1928 y su política apenas se distinguió de la su frío imperialista predecesor. En consecuencia, por lo que la experiencia histórica nos demuestra, creo que la política de ‘buena vecindad’ del Presidente Roosevelt hacia los pueblos indoamericanos, es una garantía de seguridad, pero no una garantía estable. Que se trata sólo de una política que puede variar con el cambio de persona o de partido en el Ejecutivo de los Estados Unidos.” (10)
En otro artículo titulado “Aspectos políticos y económicos del Buen Vecino” también publicado en el libro “La Defensa Continental” amplia sus ideas respecto a la temporalidad de la política del Buen Vecino. Así, Haya dice que si bien la política del Buen Vecino “es el paso más extraordinario que haya dado un gobernante de Estados Unidos a favor de las relaciones interamericanas desde la Doctrina Monroe, en su época”, sin embargo, esta era una “garantía temporal de convivencia” y que la “dilatación de su temporalidad –muy favorable por otra parte como promesa de afirmación y permanencia-, sirve para esclarecer mejor los riesgos de su falta de solidez si queda como está.” (11)
Agrega Haya de la Torre con GRAN REALISMO que “la tesis del Buen Vecino como la doctrina Monroe, puede prestarse en el futuro a múltiples interpretaciones, en algunos casos peligrosas. Su indeterminación, su lirismo, no concuerdan con la ruda realidad de las cuestiones prácticas que ella tiende a absolver. Es un ilustre enunciado, un avizor y generoso propósito, pero, apenas, un paso en el nuevo y ancho camino de las expectativas indoamericanas.” (12)
Incluso Haya ante la interrogante: “¿Ha fortalecido la democracia en Indoamérica la seguridad de las soberanías de sus Estados que la aplicación de la tesis del Buen Vecino ha demostrado garantizar?” (13) decía lo siguiente:
“Proclamada la abstención absoluta de los Estados Unidos en la vida política indoamericana, el presidente Roosevelt ha debido permanecer indiferente e impasible ante el hundimiento de la democracia en muchos de nuestros pueblos. Mientras sus discursos condenaron repetidas veces, enfática y fustigantemente a los gobiernos totalitarios europeos que suprimen la libertad humana y anulan los derechos individuales, la oratoria presidencial de Washington se mantuvo silenciosa ante los despotismos de Indoamérica que competían en barbarie y en crueldad con las dictaduras del Viejo Mundo. Más aún, el presidente de los Estados Unidos debió visitar y elogiar a gobernantes autoritarios, aupados en el poder por la imposición y el fraude como Vargas y Justo, y se ha visto obligado a mantener cordiales relaciones con usurpadores y tiranos del tipo Ubico, Benavides-Prado, Trujillo y otros. Ser Buen Vecino, parecía implicar, pues, respetar la soberanía de gobernantes ultra soberanos que han sido y son, para los pueblos que los sufren, como los más crueles déspotas europeos.” (14)
Haya también analiza las aristas económicas de la doctrina del Buen Vecino, así Víctor Raúl dice que “importa analizar otro aspecto trascendente de la aplicación de la tesis anti-intervencionista de la doctrina del Buen Vecino: el económico.” (15) Y agrega:
“¿Cuáles han sido los resultados prácticos de la no intervención, desde el punto de vista de las relaciones económicas entre ambas Américas? Todos conocemos la respuesta: la confiscación de las empresas petroleras en México y de las concesiones de la Standard Oil en Bolivia; medidas drásticas de nacionalización ante las cuales el gobierno de Washington ha observado una actitud de tolerante imparcialidad.” (16)
Sin embargo, la actitud anti-intervencionista norteamericana en los casos antes citados, no llevó al convencimiento a Víctor Raúl que Estados Unidos no dejaría de intervenir en el futuro en nuestros países si sus intereses se sentían afectados, por eso dice lo siguiente:
“Pero desde el punto de vista de la realidad, es previsible que si tales métodos se generalizan, la Buena Vecindad tendría que decidirse ante una alternativa: o favorece la nacionalización ‘de facto’ de todos los grandes intereses norteamericanos en Indoamérica, o reacciona en defensa de ellos, que es lo más probable. Y en este último caso la doctrina fracasaría.” (17)
Entonces, para Haya de la Torre LO MAS PROBABLE ERA QUE LOS ESTADOS UNIDOS REACCIONARIAN SI SUS INTERESES ECONÓMICOS ERAN AFECTADOS. Además, Haya de la Torre señala claramente que “no demanda mucho esfuerzo suponer que la tolerancia demostrada ante los casos de México y Bolivia se debió en mucho a las condiciones políticas del mundo en los años inmediatamente anteriores a esta guerra y- hemos de creerlo lealmente- al sincero idealismo del presidente Roosevelt.”(18)
La posición del creador del aprismo frente a los Estados Unidos fue de un gran realismo político. Si bien es cierto vio con simpatía la política del “Buen Vecino” hacia América Latina del Presidente Roosevelt, apreció también los límites de la misma: primero, que esa política podía variar si se afectaban los intereses económicos norteamericanos en América Latina y otra posibilidad era que otro Presidente norteamericano podía cambiar esa política por la del “Gran Garrote”. Es decir, para Haya de la Torre la política del “Buen Vecino” no era una política permanente de los Estados Unidos. Entonces lamentablemente el historiador Nelson Manrique al no consignar las citas del libro “La Defensa Continental” donde Haya de la Torre MENCIONA LA TEMPORALIDAD DE LA POLITICA DEL BUEN VECINO ha realizado un análisis sesgado y alejado del verdadero pensamiento hayadelatorreano, por eso el título del presente artículo es: “Nelson Manrique: usted es anti-aprista.”
*Integrante del Taller de Estudios Sociales y Políticos “Antenor Orrego”.
NOTAS
(1) MANRIQUE, Nelson: “¡Usted fue aprista!” Bases para una historia crítica del APRA. Lima, CLACSO y Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, octubre 2009.
(2) Idem. p. 36
(3) Idem. p. 38
(4) Idem. p. 38
(5) Citado por Nelson Manrique en “¡Usted fue aprista” p. 36
(6) MANRIQUE, Nelson: Ob. citada, p. 36.
(7) Idem. p. 37
(8) Haya de la Torre, Víctor Raúl: “Obras Completas”, Lima, Editorial Juan Mejía Baca, Edición 1985, T-4 (“La Defensa Continental”), pp. 260-261.
(9) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 261.
(10) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 261.
(11) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 350.
(12) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 351.
(13) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 352.
(14) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 352.
(15) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 353.
(16) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, pp. 353-354.
(17) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, pp. 354.
(18) Haya de la Torre, Víctor Raúl: Ob. citada, T-4, p. 355.