29/11/11: Manifiesto Ateo
Ser ateo no se elige como una religión. A decir verdad, es algo que escapa a la voluntad. Una suerte de proceso lógico, a veces inadvertido, que se gesta dentro de uno y va madurando de a pocos, con el paso de los años. Ser ateo no es una opción.
Yo nunca creí en Dios. Pero aún así crecí como un cristiano Católico. Cumplimento los sacramentos, escuchando la misa cuando estaba en el colegio, y hasta incluso rezando de vez en cuando, o creyendo rezar.
No sé exactamente cómo he llegado a mi situación. Pero es claro que no desperté un día diciéndome que sería ateo. Anuncié mi ateísmo en algún momento, sí. Pero solo como un mero ritualismo para representar ese último paso, que hacía mucho había dado. No creo en Dios, en ningún dios, y no es que me sienta orgulloso de eso. Es tan solo la forma en cómo pienso.
Me han cuestionado muchas veces que de verdad sea ateo. Me han dicho qué debo creer en algo, que es imposible no hacerlo. Y eso es cierto, yo creo en algo, en muchas cosas. “Si crees en el universo, ahí está Dios” “Si crees en los hombres, ahí está Dios” “Si crees en trascender, ahí está Dios” Pero yo no creo que sea productivo buscar a Dios en cualquier cosa. Al menos si entendemos por Dios a una fuerza superior, capaz de violar las leyes de la realidad.
Qué entiendo por Dios, o cuál es dios que niego: Esa fuerza, capaz de hacer lo imposible, capaz de transformar las cosas, o de controlarlo todo. O Incluso aquél ser creador. Porque es lógico que algo debe haber dado origen a nuestro universo, sin embargo, eso no quiere decir que ese algo, sea algo que esté fuera, valga la redundancia, a nuestro a universo, porque la sola definición de Universo implica que todo lo que existe, por más inexplicable que nos parezca ahora, está dentro. Y sí está dentro, no hay nada sobrenatural, solo cosas naturales, como nosotros, o los átomos de carbono, los agujeros negros, o las fuerzas electromagnéticas. Cosas, a las que yo no me atrevería a llamar Dios. Cosas a las que les podemos deber la vida, pero que sin embargo por ello no dejan de ser tan corrientes como nosotros mismos. Nada especiales.
Preguntas como ¿Qué somos? ¿Por qué existimos? O, ¿Para qué existimos? También me atormentan, y no tengo respuestas. Incluso dudo que algún día pueda contestarlas del todo, pero esa ignorancia no me permite inclinarme a la fé. No puedo simplemente apostarle ciegamente a algo. O acaso podrán negarme que en una situación así, si estamos ante una incertidumbre de 50 sobre 100, es tan válido optar por creer, que hacer lo contrario. Creer o no creer, así de simple. y Quizás más de uno hablará de agnosticismo, haciendo matices, cuyas definiciones a mí poco me importan. Sea cuál sea el nombre, se trata de lo mismo.
Yo nunca creí en Dios. Pero aún así crecí como un cristiano Católico. Cumplimento los sacramentos, escuchando la misa cuando estaba en el colegio, y hasta incluso rezando de vez en cuando, o creyendo rezar.
No sé exactamente cómo he llegado a mi situación. Pero es claro que no desperté un día diciéndome que sería ateo. Anuncié mi ateísmo en algún momento, sí. Pero solo como un mero ritualismo para representar ese último paso, que hacía mucho había dado. No creo en Dios, en ningún dios, y no es que me sienta orgulloso de eso. Es tan solo la forma en cómo pienso.
Me han cuestionado muchas veces que de verdad sea ateo. Me han dicho qué debo creer en algo, que es imposible no hacerlo. Y eso es cierto, yo creo en algo, en muchas cosas. “Si crees en el universo, ahí está Dios” “Si crees en los hombres, ahí está Dios” “Si crees en trascender, ahí está Dios” Pero yo no creo que sea productivo buscar a Dios en cualquier cosa. Al menos si entendemos por Dios a una fuerza superior, capaz de violar las leyes de la realidad.
Qué entiendo por Dios, o cuál es dios que niego: Esa fuerza, capaz de hacer lo imposible, capaz de transformar las cosas, o de controlarlo todo. O Incluso aquél ser creador. Porque es lógico que algo debe haber dado origen a nuestro universo, sin embargo, eso no quiere decir que ese algo, sea algo que esté fuera, valga la redundancia, a nuestro a universo, porque la sola definición de Universo implica que todo lo que existe, por más inexplicable que nos parezca ahora, está dentro. Y sí está dentro, no hay nada sobrenatural, solo cosas naturales, como nosotros, o los átomos de carbono, los agujeros negros, o las fuerzas electromagnéticas. Cosas, a las que yo no me atrevería a llamar Dios. Cosas a las que les podemos deber la vida, pero que sin embargo por ello no dejan de ser tan corrientes como nosotros mismos. Nada especiales.
Preguntas como ¿Qué somos? ¿Por qué existimos? O, ¿Para qué existimos? También me atormentan, y no tengo respuestas. Incluso dudo que algún día pueda contestarlas del todo, pero esa ignorancia no me permite inclinarme a la fé. No puedo simplemente apostarle ciegamente a algo. O acaso podrán negarme que en una situación así, si estamos ante una incertidumbre de 50 sobre 100, es tan válido optar por creer, que hacer lo contrario. Creer o no creer, así de simple. y Quizás más de uno hablará de agnosticismo, haciendo matices, cuyas definiciones a mí poco me importan. Sea cuál sea el nombre, se trata de lo mismo.







