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Publicado por: a20070890

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When I was a child I used to believe that the world was different at dawn. I’ve never been outside at those ours, and used to think that the city takes another form when nobody sees it. Until that day, that could have been any, but wasn’t. A day I woke up and left bed while everyone else was sleeping. Just as if my body responded a call from the other side of the door, perhaps a supernatural force.

The street lights shining across the mist, that cold breeze impregnated with the smell of wet grass; the asphalt black and worn. As the neighborhood had always been, but deserted, had it not been for those men far away, dragging a piece of carbonized wood that was sparkling.

I don’t know where they took me, neither why I didn’t shout. I don’t know what exactly happened. Or why my parents cried for so many days. I just know that it was the world at dawn, the same we live in, but inhabit by ghosts.
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Publicado por: a20070890

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*Traducción de What only a few know de Joan Torre.

De niña creía que el mundo era distinto de madrugada. Nunca había estado afuera a esas horas, y pensaba que la ciudad tomaba otra forma aprovechando que nadie la miraba. Hasta ese día, que pudo haber sido cualquiera, pero que no lo fue. Un día que desperté sin más y salí de la cama mientras todos dormían. Tal como si mi cuerpo respondiera a un llamado proveniente del otro lado de la puerta, quizá una fuerza sobrenatural.

Los faroles alumbrando a través de la neblina, esa brisa helada que llevaba impregnado el olor del pasto mojado; el asfalto negro y gastado de las pistas. Como el vecindario siempre había sido, pero desierto, salvo por esos hombres que a lo lejos arrastraban un tronco carbonizado que desprendía chispas de candela.

No sé a dónde me llevaron, tampoco sé por qué no grité. Ni qué sucedió exactamente. O porque mis padres lloraron tantos días después. Solo sé que ese era el mundo de madrugada, el mismo en el que vivíamos, pero habitado por fantasmas.

28/03/12: Blooming

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Publicado por: a20070890

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La azucena expone su seno
Y florece la luz
Expone sus extremos
Y reflota el aroma
Súbitamente cambia
Y envaginan sus vainas
Mientras el polen va en delta
De vuelta al seno
De otra azucena
Que apunta al cielo
Buscando al sol.

28/03/12: Sueños Truncos

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Publicado por: a20070890

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Vi el pétalo de una rosa quebrarse,
Así sin más
Cual si hubiera esperado el momento adecuado para hacerlo,

Para decir algo...

Una verdad universal



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Publicado por: a20070890

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Gustav klimt,

Pintor Austriaco conocido por su pintura simbolista. Insignia de muchos movimientos intelectuales, vanguardista.

Muchos conocen sus pinturas, unos menos sus dibujos. Maestro de la pintura, pero también maestro del dibujo, o grabado. Con una predilección por el grafito, Klimt, inmortaliza como ninguno la forma femenina, el cuerpo de mujer. Un día en su estudio era un día lleno mujeres desnudas, algunas prostitutas pero otras no, que estaban ahí no por su servicio sexual, sino para posar. Un tipo de pose bastante particular que es patente en la obra de Klimt, donde no posan en el sentido técnico de la palabra, ya que Klimt muy pocas veces pedía a las mujeres que retrataba que posaran, indicándoles más bien que realizaran sus asuntos o aquello que se les encarga de manera natural. Klimt les pedía que caminaran por su estudio, que se esparcieran con libertad. Es por ello que él capta expresiones nada rígidas o elaboradas, sino una belleza mansa, despreocupada, indiferente, relajada, que descansa con total naturalidad. Una expresión corporal libre, sumada a su perspectiva sutil, casi voyerista, si cabe el término. Que, en una palabra, resulta: Genial.

Aunque sus dibujos son considerados por algunos sectores conservadores como pornográficos, aquellos detractores no pueden estar sino completamente equivocados. La obra de Klimt erróneamente puede ser calificada como pornográfica, pues lo pornográfico implica una obscenidad explícita, que sin mayor reserva expulsa y lo muestra todo cuanto intenta mostrar. Lo pornográfico juega con lo grotesco, con lo tosco, lo torpe, y lo mundano. ¿La obra Klimt es erótica? Sí, ¿Muestra cuerpos desnudos? A veces sí. ¿Y Cuando lo hace, muestra lo más desnudo de los cuerpos desnudos, seamos precisos: genitales? Sí. Pero en el arte a veces no es tanto el contenido, sino la forma en cómo este es presentado, la que define el enfoque. La obra de Klimt tiene un erotismo innegable, pero un erotismo que se debe al arte, sutil, nada explícito a pesar de ser “explícito” (el lector entenderá esto al ver por sí mismo la obra de este maestro). Es una obra, que muestra belleza, erotismo sí, pero bello. Delicado.

Así que, intentando apartarse de sus prejuicios, lo invito querido lector a juzgar por sí mismo la obra en cuestión. A apreciarla, en el sentido técnico o artístico de la palabra. Sin más que decir, veamos ese aspecto no tan conocido de Gustav Klimt: sus dibujos.- Algunos de sus estudios de la forma humana, y desnudos.

Para ver la selección de imágenes que he preparado siga el siguiente link:

http://cuandolarealidadnobasta.blogspot.com/2012/01/gustav-klimt.html


Disclaimer: Las obras de Klimt, debido a su antigüedad han caído en el dominio público. Y su difusión no puede ser considerada como una infracción a los Derechos de Autor patrimoniales. Todos los dibujos, pertenecen a Gustav Klimt, autor de ellos. Yo no soy el autor de ninguno de los dibujos.

11/12/11: Carrefour

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Publicado por: a20070890

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El cielo, la luz filtrándose por las ventanas… había algo de bello en eso, algo de horrendo. Otro día más.

Metí como pude las cosas en la maleta y salí a toda prisa para no perder el vuelo. Que ridículo, había leído mal el boleto, ya lo había perdido.

Compré un pasaje, el único que conseguí a un precio accesible para ese mismo día, y estuve sentado en unas bancas por dos horas, lamentando no tener una computadora, o por lo menos un libro, cualquier libro. Viendo la gente llegar, irse, llegar, irse, correr, caminar, comer.

Cansado, me paré y fui al patio de comidas a ver si podía conseguir algo. Compré una ensalada, y me senté cerca a las ventanas donde las mesas estaban vacías. Perdí mi vista en los aviones allá afuera, despegando, llegando. Tenía hambre, pero me daba tanta pereza llevarme a la boca la comida que me estaba tomando una eternidad terminar el plato

Entonces la vi a ella, sola como yo. Pero no me apresuré, esperé unos minutos: Efectivamente, sola como yo. Fingiendo comer lo que tenía en su plato, como yo, atravesando con el tenedor, cortando, pero sin llevarse nada a la boca. Con un vestido blanco que hacía resaltar su cabello negro.

Tuve una idea. -No, no. Ni se te ocurra- Me dije. Y de pronto me reí, como un psicópata. Qué pensaría la gente, al menos ella estaba inmutable, concentrada en su libro, sabe dios cuál, adivinaré… ojos grandes, labios finos, quizás tan o más alta que yo, Sí, debe ser algo de Dostoyevski, ¿Acaso “Crimen y Castigo?”, ¿O será “Los hermanos Karamazov”?, ¿Podría ser? No… lo dudo, no parece freudiana, será “El extranjero” De Camus, ¿O algo de Sartre? Rayos…

De pronto, estaba ansioso, tenía esa idea loca, esa payasada que abunda en las películas: acercarme, desde luego. Sentarme a su lado, comer juntos. Como sea, yo me dije: quizás parezcas un acosador, así no funciona la realidad. Pero por otra parte pensaba y repensaba, y me daba cuenta que lo peor que podría suceder es que me rechazara. Vamos hombre, atrévete, ¡Atrévete!

Entonces tomo mi bandeja, me pongo de pié, y voy al stand del restaurante que me vendió la ensalada para pedir unas servilletas. Vaya ¡Soy todo un ganador! Vuelvo a sentarme, ella sigue jugando con su comida, no ha hojeado su libro en más de 5 minutos, probablemente ni siquiera le gusta la literatura. Otra vez el escalofrió, un avión parte justo ese momento afuera.

Vuelvo a mirarla, se da cuenta de ello, y voltea su mirada hacia la ventana. Así de perfil es hermosa. Rasgos finos, un cuello largo, está usando unos aretes demasiado grandes, debe dolerle, a mí me dolería. Pero se ve tan bien… -Hazlo, hazlo- Me doy ánimos, y vuelvo a pararme. Tomo la bandeja, y camino hacía su mesa. Estoy nervioso, mi corazón no deje de hacer tic tac, tic tac, tic tac. Estoy a su lado, le tapo el sol, así que despega sus ojos de la mesa y me mira. –Hola.- Digo, y se queda mirándome sin mencionar una sola palabra. Siento que debo decir algo más, el silencio ya se está tornando incómodo. –Vi que estabas sola, y pensé… que tal vez podíamos comer juntos.- Me sonríe. ¡Dios! Es tan hermosa. –No estoy sola.- Contesta al fin. Miro alrededor buscando su compañía, vuelvo a verla: sigue sonriendo, y comprendo que eso significa un no. Quiero explicarme, pero como no se me ocurre nada digo: -Gracias.- ¿Gracias? ¡Qué estúpido!, da igual, volteo para irme, miro de reojo su libro es “Harry Potter y la Orden del Fénix” de J.K. Rawling, vaya mal gusto. Regreso a mi mesa, estoy rojo como un tomate. No me atrevo a mirarla un buen rato e intento comer esa maldita ensalada, y miro con envidia a un gordo que devora una pizza allá por donde las mesas están repletas de personas. Termino y me levanto, solo quiero irme de ahí.

Divagué por las tiendas y el duty free hasta que fue hora de embarcarme. Pasé por los molestos protocolos de seguridad, pero al fin estaba en el avión, en mi asiento “27L”, Sí, a la ventana. Y mientras acomodo mi maletín en los compartimientos de carga, adivinen a quién veo: a ella. Y me mira, mira su boleto, y vuelve a mirarme. No le prestó mayor atención, estoy resentido. Guardo mis cosas y me siento. Unos segundos más tarde ella se sienta a mi lado y aunque me pongo nervioso, pretendo no darme cuenta, y sigo mirando por la ventanilla como los operarios lanzan como brutos las maletas para meterlas en el avión. Se me cruza por la cabeza cambiarme de sitio, no soporto la vergüenza. Pero la azafata ya ha cerrado las escotillas de carga y veo que debo resignarme. Tomo la revista de la aerolínea para distraerme, pero me cuesta leer con ella al lado.

-¿Me la prestas?- Me pregunta ella cuando ya estamos en vuelo. Puedo darle la revista de buena gana y hacerme el loco, o puedo molestarla, ¿Pero con qué objeto? Ya estoy condenado a una hora a su lado, lo mejor sería olvidarme de todo. Pero, idiota como soy, opto por lo último y sin desprender la revista de mis manos le digo: -¿No estabas acompañada?- Ella me contesta sin inmutarse: -Era mentira. ¿Me prestas la revista por favor?- Se la doy, recuesto la cabeza en mi mano para contemplar las montañas allá abajo. Me ha vencido.

Hace 3 años que estoy solo. Ya estaba solo antes, pero hace 3 años me quedé completamente solo. Es terrible alejarte de todos los que aprecias por tu novia, e incluso peor que ella muera, así de pronto, en un accidente. La cargué en mis brazos, y corrí sin la menor idea de adonde, creyendo que encontraría un hospital. Incapaz de asimilarlo, creyendo que ese instante era parte de un mal sueño, del que despertaría en cualquier momento. Ella me rogó que la bajara, y cuando la recosté me dio un beso, un beso… lo último que hizo antes de que sus ojos perdieran todo brillo.

-Lo siento.- Me dijo la chica sentada a mi lado. Quería mandarla al diablo, pero solo le dije: -Descuida.- y volví a mirar las ventanas. Cada vez que recordaba a mi novia terminaba deprimido.
-Toma.- Dijo mientras me extendía de regreso la revista. La recibí, y continué mirando las fotografías. –Me llamo Flora.- Dijo. –Un gusto, yo soy Fauna.- Le contesté y se sonrió a pesar de que mi intención era molestarla. –Anda, dime tu verdadero nombre.- Insistió. Yo soy… nadie. En qué estaba pensado cuando quise sentarme a su lado. -¿Te encuentras bien?- Me preguntó. –Sí. Gracias. Soy Antonio.-

Era una invitación, ahora podíamos conversar, ya no éramos extraños. Contarnos nuestra vida, quién sabe, quizás forjar una bonita amistad. O al menos pasar el momento. Pero no dije nada, y ella tampoco lo hizo. Llegamos a tierra, tomé mis cosas, y me fui. No la volví a ver nunca.

Al día siguiente hice aquello para lo que había venido y regresé esa misma tarde al aeropuerto para volver a la ciudad.

Desperté en mi casa. El cielo, la luz filtrándose por las ventanas… hay algo de bello en eso, algo de horrendo. Es otro día más.
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Publicado por: a20070890

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*Traslation of "El Último Respiro" by Joan Torre.

Michael woke up that day and knew that he was going to kill himself. He didn’t think about it before, so he start planning. Took a shower, shaved, put his clothes on and then prepared breakfast. After toasting his bread, he got it: He was going to wear his best clothes, peel a pineapple and after writing his name in it he was going to jump at 11:54 from the tallest building in the city. This suicide would appear nonsense, but Michael tough about every detail. He was going to wear his best clothes because he promised his girlfriend that he was going to be elegant the day of his death. Peel a pineapple, because his great grandfather once had a pineapple farm, and because his father was a plant’s lover that said to him pineapple is the most nutritive fruit. And, if we assign a number to every letter that compounds his name according to the alphabet and then add up all of them, and then add the resultant of the same operation applied to the word pineapple, and finally divide into 5, we’ll obtain his age: 22 years. Jump at 11:54 because he was born at that time. And jump from a building because he was enthusiastic with urbanism, and because, deep in his heart, he wanted to feel the rush of adrenaline. Yeah, every detail meant a lot for him. It ought to be the perfect suicide.

He had a lot of reasons, but perhaps too many that the best was making responsible a dream he had the last night. He dreamed that; before being born, inside his mother’s uterus; a man stabbed her to death and leaves her body abandoned in the street. And the fluids getting cold, slowly, not taking too long before decompose. Then, when the corpse was all rotten, he saw the light passing trough, bathing him and knew that it was a call.

He left his apartment ready, and went to the supermarket. He searched it for a long time, but finally he found it: one of those national pineapples, rough and acid. He bought a water prove marker too, and finally a penknife. Now he needed to find the building.

He knew that the tallest in the city was the civic center, but a year ago they started the construction of a new one that promises to beat it, and he needed to be sure. He was going to ask a friend. Once in his office, the secretary didn’t take her eyes from his peculiar package. When his friend got free he called him, and obviously asked about the pineapple: ‘You know how I am’ Said Michael, and after talking for a while, he find out that the uncompleted construction was already taller than the civic center. That was not god at all. There were people working even at night. ‘Do you think I can get in?’ he asked. ‘You wanna go there?’ He could suspect anything, he needed to be discrete: ‘Yeah. And I need to go tonight’ His friend look at him skeptic. ‘Are you a kind of terrorist or something?’ Michael though a second about it, if people get terrified when they see the body of a suicide, then he was. ‘We’ll find out tomorrow. ’Funny guy. You’re weird, but don’t worry Mike, I’ll tell my men that you’ll go to check the place tonight. Take your ID, OK?’ ‘That’s what I’ll do, mate. Thanks.’ He stood, but before leaving he heard his friend’s voice: ‘And don’t make a mess’ He looked back smiling. ‘I won’t’

It was getting dark. His thirst made him stop in a restaurant, and entered. It was full, and he knew that human touch could make him desist. So he drank his soda quickly, pay for it and leave. The waitress that attended him stopped him. ‘You forgot your change sir’ She was a teenager, subtle lips, so beautiful. ‘What did you say?’ The girl vocalized the same words, Michael gaze at her mouth: ‘You forgot your change sir’ -Lovely lips…- He thought. ‘Oh, keep it if you want.’ The teen smiled, perhaps misiterpretending the situation. She said: ‘Thank you, I’m Lucy.’ ‘I am…’ He preferred not to do it: ‘I was leaving already.’ The girl laughed: ‘and that pineapple?’ ‘I love pineapples. I’m going home to eat it.’ She blushed: ‘Umm… my turn finishes in ten minutes. If you wait for me, we can go to your home and eat it together.’ Michael felt unease. –Sorry, but that’s something I must do alone.’ The girl turned back and return to the restaurant.

He walked to the construction, and quite close he decided to sit in a bench. It was getting dark, and it was possible to see the first star in the sky already. He stayed still looking at the sky. His uneasiness got worse. ‘That’s not a star, its Venus’ An old man stood at his side. Disturbed, he answered: ‘Really?’ ‘Yes, it is.’ ‘Thank you. I didn’t know it.’ ‘It’s beautiful, isn’t it?’ ‘Indeed’ ‘After my wife’s death, I used to come here and sit in this bench just to see it.’ Michael tried to stop the conversation and leave, but the words escape from his mouth: ‘And you don’t do it anymore?’ ‘it’s because I understood that life goes on… look son, I don’t know what’s wrong, but don’t worry. You’ll feel better.’ ‘And how do you know that something is wrong?’ ‘Your face. You’re sad.’ It was true; his face was reflecting his feelings. But it was not sadness, it was something deeper: A nervous, nostalgia, anger and sadness cocktail. No, he couldn’t continue this conversation. So he didn’t say anything else, stood and go on.

He arrived to the construction and after showing his ID, he got in. It was full of workers. But, luckily they were focusing in the finished details, leaving deserted the last floors. He took the elevator to the roof, and when the door opened he felt the strong wind. He leaned to the border; they were at least 50 floors to the ground. He sat, left the pineapple in the floor and took out the penknife. Bu before start to peel it, he looked at his watch: he had plenty of time, and decide to peel the pineapple with his own hands.

It took him long, and left bleeding his nails, but finally he had finished. It was almost the time, so he took out the marker and wrote in the fruit. He left it in his left side, by his feet, and looked at his watched: it was 11:53. He stood, closed his eyes. The only thing he could think about was that girl’s lips. He breathed deeply, and put one of his feet in the air, and with the other impelled his body. He left apart his thoughts, and enjoyed the coldness of the air. The air, flowing through his clothes. The air, the will be the last that breathes. And hit the ground.
The people working there tried to help him. They called a doctor, but he was already dead. When the police found his pineapple and read what he wrote, it resulted that it was no his name, he had changed his mind at the last minute. He wrote: “I don’t want to die.” Now it was the perfect suicide.

29/11/11: Manifiesto Ateo

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Publicado por: a20070890

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Ser ateo no se elige como una religión. A decir verdad, es algo que escapa a la voluntad. Una suerte de proceso lógico, a veces inadvertido, que se gesta dentro de uno y va madurando de a pocos, con el paso de los años. Ser ateo no es una opción.

Yo nunca creí en Dios. Pero aún así crecí como un cristiano Católico. Cumplimento los sacramentos, escuchando la misa cuando estaba en el colegio, y hasta incluso rezando de vez en cuando, o creyendo rezar.

No sé exactamente cómo he llegado a mi situación. Pero es claro que no desperté un día diciéndome que sería ateo. Anuncié mi ateísmo en algún momento, sí. Pero solo como un mero ritualismo para representar ese último paso, que hacía mucho había dado. No creo en Dios, en ningún dios, y no es que me sienta orgulloso de eso. Es tan solo la forma en cómo pienso.

Me han cuestionado muchas veces que de verdad sea ateo. Me han dicho qué debo creer en algo, que es imposible no hacerlo. Y eso es cierto, yo creo en algo, en muchas cosas. “Si crees en el universo, ahí está Dios” “Si crees en los hombres, ahí está Dios” “Si crees en trascender, ahí está Dios” Pero yo no creo que sea productivo buscar a Dios en cualquier cosa. Al menos si entendemos por Dios a una fuerza superior, capaz de violar las leyes de la realidad.

Qué entiendo por Dios, o cuál es dios que niego: Esa fuerza, capaz de hacer lo imposible, capaz de transformar las cosas, o de controlarlo todo. O Incluso aquél ser creador. Porque es lógico que algo debe haber dado origen a nuestro universo, sin embargo, eso no quiere decir que ese algo, sea algo que esté fuera, valga la redundancia, a nuestro a universo, porque la sola definición de Universo implica que todo lo que existe, por más inexplicable que nos parezca ahora, está dentro. Y sí está dentro, no hay nada sobrenatural, solo cosas naturales, como nosotros, o los átomos de carbono, los agujeros negros, o las fuerzas electromagnéticas. Cosas, a las que yo no me atrevería a llamar Dios. Cosas a las que les podemos deber la vida, pero que sin embargo por ello no dejan de ser tan corrientes como nosotros mismos. Nada especiales.

Preguntas como ¿Qué somos? ¿Por qué existimos? O, ¿Para qué existimos? También me atormentan, y no tengo respuestas. Incluso dudo que algún día pueda contestarlas del todo, pero esa ignorancia no me permite inclinarme a la fé. No puedo simplemente apostarle ciegamente a algo. O acaso podrán negarme que en una situación así, si estamos ante una incertidumbre de 50 sobre 100, es tan válido optar por creer, que hacer lo contrario. Creer o no creer, así de simple. y Quizás más de uno hablará de agnosticismo, haciendo matices, cuyas definiciones a mí poco me importan. Sea cuál sea el nombre, se trata de lo mismo.

15/07/11: Paraíso

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Publicado por: a20070890

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...un accidente. Hay un muerto. Ese soy yo...

…Y me vi subiendo al cielo. No había nadie más que Dios y yo. Me anime y le dirigí la palabra.
-¿Sabes? No es lo que esperaba.
-¿Qué lo era entonces?
-Un lugar feliz.
-¿Y este, no lo es?
-No lo sé.
-La felicidad es relativa.

¿Relativa?... ¿A qué?
No habían nubes ni ángeles. No había luz ni sombra. Sólo Dios y yo.
-¿Dónde están los demás? ¿Soy acaso el primer ser humado en venir al cielo?
-No eres el primero. Ellos están y no están aquí. El paraíso no es un lugar compartido.
-¿Qué es entonces?
-Una única oportunidad para crear tu propio mundo.

Y yo hice ese mundo de la única forma que se me ocurrió: Con tiempo y espacio.

Entonces me hallé caminando en un desierto. Sediento y cansado, sentí repetidamente que tropezaba y me hundía en la arena hasta el infinito. Y creo que estuve hundido bajo la arena por mucho tiempo.

Ese mundo de arena se vio rápidamente repleto de mis creaciones. Todas imperfectas, frutos de mi nostalgia. Eran mis recuerdos los que creaban ese mundo. Mis recuerdos que uno a uno se iban perdiendo porque descubrí que era necesario olvidarlos para que se materializaran. Entonces fui prudente con mis siguientes creaciones y empezaron a quedarme cada vez mejor.
-¡Son los detalles!
-Así es.
-Pero mis recuerdos son vagos.
-Un buen recuerdo es la imaginación.
-¿No correré el riesgo de perderla?
-La imaginación es ilimitada Lorenzo.

Y lo era porque siempre se me ocurría algo nuevo. Pero para desgracia mía, esas ocurrencias estaban siempre vinculadas a mis recuerdos.

Empecé a sentirme a gusto en ese mundo. Sobre todo porque me pertenecía... porque sentía que podía crearlo todo. ¿Acaso podía?

Me pasé así mucho tiempo creando cosas y sintiendo a Dios alejarse. Cuando reaccioné fue muy tarde porque el ya estaba demasiado lejos. Y es que Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza. Imagen que uno asimila en su experiencia terrenal. Experiencia de la cual me quedaba casi nada.

Descubrí sin Dios la soledad en ese mundo que había creado. Soledad... ¿Acaso Dios la había sentido tras crear el universo?

Antes no intenté crear vida porque sabía que fracasaría. Pero, ¿Qué más daba. Ahora, ¿Qué clase de vida habría de crear? Tenía la respuesta. La más compleja y perfecta: Vida humana. Sabía lo que tenía que hacer y, a pesar de que la idea me asustaba lo hice: Junté todos los recuerdos que me quedaban… imaginé todo cuanto pude y, los materialicé... Díos se alejó mucho más y terminó desapareciendo. Frente a mí, parada en la arena, estaba una mujer. Pálida pero bella. Desnuda y pura, mirándome. Ya no había nada en mí. Ni un recuerdo o sentimiento. Viendo el sol del desierto, me dejé caer sobre la arena con la mente en blanco. ¿Era este el paraíso?... ¿El olvido? Entonces ella vino a mí y me levanto con sus brazos. ¿Iba a decirme algo? No… ella no diría nada. Y sentí algo que nunca antes había sentido. Me besó… De eso se trataba el paraíso: Sentí amor.

... Al abrir los ojos descubrí que yo era un niño que se había quedado dormido con el televisor encendido. En la transmisión, un sacerdote hablaba de Díos y el paraíso.

15/07/11: El Pozo

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Publicado por: a20070890

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I. Solo nosotros respondemos por nuestras decisiones.

Lorenzo aceptó de entre todas las ofertas el peor empleo para seguir a su instinto. Rompió toda relación y guardó en una maleta los únicos recuerdos que significaban algo para él: una infancia, un corazón partido, y una renuncia a Dios.
Llovía cuando llegó, un viaje largo. Estaba oscuro así que lo único visible eran las luces alumbrando aquel edificio.
-¿Lorenzo? – Le preguntó el hombre parado tras las rejas. –Sí, Miguel Soleras, ¿verdad?- dijo tratando de no tartamudear, el hombre asintió. -Me alegra que se haya animado por el puesto. – Extendió la mano para coger su maleta –Por aquí.-
Lo siguió, los fluorescentes brillaban con fuerza dentro.

II. Hay que mirar el mundo.
El hombre me extendió una taza. – ¿Café?- Asentí y tomé el recipiente, pero antes de dar un sorbo lo acerqué a mí para calentarme. El frio traspasaba mi ropa.
–Solo quiero saber algo…- me miró. –Dígame- -¿Cómo es que un joven prodigio se decidió por trabajar aquí? Con esas notas hubieras podido trabajar donde quisieras.- -Supongo que hice lo que tenía que hacer.- -No te entiendo.- Hizo una pausa para abrir el termo. -¿Más café?- negué con un gesto. El señor Soleras se sirvió un poco, dio un sorbo y continuó: -¿Puede tu instinto ser tan malo?- -No lo sé. En todo caso no es algo a lo que le de mucha importancia. –Si es así, bienvenido- -Gracias- Le dije porque no se me ocurrió nada más. –No voy a darte instrucciones, ese manual de allá lo hará- Miré: un tomo blanco con el logo de la compañía, enorme. –Entiendo- -Sé que es un lugar pequeño, pero no subestimes esta central. Tiene una gran capacidad generadora. ¿Sabes a lo que me refiero? - Respiró profundamente, y masajeó sus sienes. –Bueno, parece que ya debo irme- -¿Va a dormir?- -No, me voy de aquí- -¿De regreso a la ciudad?- Le pregunté extrañado. –Así es- -Perdone, ¿le molestaría presentarme al resto del equipo antes de irse?- El hombre rió. –Tú eres el equipo- -No entiendo.- -Solo Tú.- -¿Es una broma?- Se puso serio: –No.- -Pero no puede dejarme así sin más- -No te preocupes, esta central ha sido diseñada para ser operada por una sola persona- -Pero ni siquiera sé cómo hacerlo- -Ya te lo dije, está todo explicado en el manual- -¿Y… si sucede algún accidente? - -No tienes de qué preocuparte- -Es que cuando se me dijo que reemplazaría a alguien, esto no era para nada lo que tenía en mente- -Entiendo. Pero tú eres un joven brillante, podrás arreglártelas solo- -¿Pero si hay algún accidente, qué podría hacer yo solo?- -El sistema es automático, si algo va mal se enviará una alerta al campamento más cercano y en unas horas estarán los técnicos para ayudarte- Miró su reloj. –Ya debo irme. Mira, en esta tarjeta te dejo mi teléfono, llámeme si tienes algún problema, ¿Sí?-
Salió, y al rato arrancó el auto que me había traído

III. Un olvido no es casual.
Inspeccioné los ambientes: dos niveles, la sala de control y el dormitorio respectivamente, que eran la parte del edificio visible desde afuera. Bajo tierra, diez sótanos donde estaban las máquinas.
Tomé las cosas y subí al dormitorio para descansar. Al frente de la cama tenía una enorme ventana que por la lluvia solo mostraba un paisaje distorsionado. Abrí el manual y comencé a leer.
Desperté como a las 9 de la mañana, el zumbido de la electricidad se confundía con el caudal del rio. Saqué mi cabeza por la ventana para ver ese panorama: al otro lado del valle había un pueblo.
Preparé un poco de café, y mientras comía una de las latas de conservas terminé de leer la parte básica del manual. Lo demás era un conjunto de procedimientos de emergencia específicos que podía darme el lujo de leer más tarde.
Bajé a la sala de control con el café, y entendí lo que Soleras trataba de explicarme la noche anterior: Todo era automático, así que yo solo tenía que supervisar las maquinas para corregir las fallas en la programación. Esperar paciente a que algo fallase.
No es que me quejara, pero mi trabajo se limitaba ver paneles, lo que me dejaba mucho tiempo sin hacer nada salvo esperar. Horas y horas. Estuve atento durante algunos días, pero el entusiasmo me duró solo un par de semanas.

Una tarde todos los otros niños estaban en sus casas porque comenzaba a llover. Aún así salí a jugar, y me quedé solo en el parque mirando los edificios mojarse. Tenía en la mente uno de esos programas infantiles que solía ver y sonreía pensando que de grande seria un ingeniero como los de la televisión.
Con una rama trazaba líneas en la tierra para trasladar el agua entre los charcos. El parque era mi reino con ese clima, y me encantaba mojarme porque el frio me hacía sentir cálido por dentro… después mi madre me cargó y me llevó de vuelta a casa. Lo recuerdo, por alguna razón lo recuerdo, pese a que casi no tengo recuerdos de ese tiempo…

IV A veces el mundo está a nuestro lado.
Al poco rato oscurecía, y tras comer algo se quedaba profundamente dormido. Sus sueños eran todos sobre cosas que ni siquiera recordaba, y que confundía con la realidad.
Pero al despertar sabía que eran sueños, y pronto olvidaba todo para ponerse a trabajar. Y como su trabajo le daba tiempo, lo aprovechaba para subir al dormitorio y volverse a echar.

La mañana siguiente Intenté llegar a las orillas del rio para cruzar al pueblo, pero los árboles escondían un enorme precipicio. Al parecer el único camino era a través de los sótanos, pero no tenía la llave de la puerta allá abajo. Así que llamé a Soleras para preguntarle por ella, pero su teléfono parecía averiado. Intenté nuevamente en unos días y el resultado fue el mismo. Después traté de llamar a mi casa, y descubrí que el teléfono arruinado era el de la central.

Apenas recuerdo su voz, diciéndome Lorenzo… Lorenzo…, la recuerdo acariciándome la cabeza suavemente. Esas mañanas cuando aún no iba al colegio, y el sol iluminaba de una manera extraña, cuando el aire era diferente, cuando todo era más gris o algo. Y al cerrar los ojos solo logro ver una imagen borrosa, no puedo recodar como era ella… no puedo…

V. Uno olvida lo que no quisiera olvidar.
Una imagen borrosa, el brillo del sol, pero por algún motivo todo es más oscuro, gris… como si todo pareciera ligeramente distinto a pesar de haber estado muchas veces ahí. –Solo es un sueño… solo es un sueño-

Lorenzo estaba soñando constantemente con su infancia. O al menos eso pensaba él. Y es que esa percepción visual del mundo, solo la había experimentado de niño: Tenía ciertos recuerdos sobre lugares como el del parque de su vecindario que al ser contrastado con los recuerdos más actuales, parecían referirse a lugares distintos pese a ser el mismo. No, él lo sabía, era la perspectiva. Cuando era niño el mundo era más grande, inexplorado, y esa primera impresión se había grabado con tanta fuerza que no podía sacarla de su mente. Lo acosaban sus recuerdos, había sido tan feliz con ellos y eso le hacía más insoportable la soledad.

Cuando te acercabas sonaban tus tacos por toda la vereda. Luego escuchaba la llave, y por la forma en cómo la habrías sabia que eras tú en la puerta. Muchos años después, cuando escuchaba a mujeres caminando fuera me prepara inconscientemente para escuchar las llaves en la puerta. Pero al mirar, no había nada. Y retomaba mi atención en los pasos solo para escucharlos alejarse, quizás a otro hogar….

VI. Lit y Superego
Lorenzo vivía una lucha interna. Sabía que cruzar el rio era abandonar su deber, ¿Entonces estaba encerrado? No lo había pensado antes, pero la esperanza de que llegará alguien a verlo se iba extinguiendo a medida que pasaba el tiempo. ¿Tendría vacaciones? Y es que a pesar de que consideraba no haber desempeñado correctamente su labor, había en él esperanza de tener algún tiempo para poder dejar la central, si bien no para volver a su ciudad, por lo menos para conocer las zonas aledañas y quitarse el estrés que le producía una aparente poca responsabilidad.
Sí, que ocurriese algún desastre mientras dormía era un temor que lo perturbaba. Temor que estaba convirtiéndose en una manía: imaginaba el sonido de las alarmas a pesar de no haberlas escuchado nunca, y corría a toda prisa a revisar los paneles. Era un alivio que todo marchara en orden siempre, pero cada vez estaba más consciente de su problema y el hecho de ser consiente solo lo llevaba a pensar más en ello, y por tanto a dar rienda suelta a su peligrosa imaginación.
Un deber, una ambivalencia, un conflicto entre dos fuerzas, continuar con su labor o dejarlo todo. No, ya no lo soportaba. Su responsabilidad era demasiado grande: no podía dejar la central y sabía que si alguien no venia pronto se volvería loco.

VII. Ver sin ver
Los hombres viven juntos, y solo se alejan para morir. Entierran a sus muertos para ocultarlos, y negar que sea ese nuestro destino inevitable. Vidas insignificantes, reflejos de algo que fue anterior. Antes estuvieron, y estarán ahí, hasta el final de los tiempos.

Miraba como la gente recibía a los recién nacidos en ese pueblo. Todos visitaban la casa de los padres por separado. Llevaban animales como regalo o cualquier cosa que creciera en sus parcelas. Y por la noche festejaban todos hasta el amanecer en la plaza principal.
Había visto esa ceremonia un par de veces antes, y tras ver que una de las mujeres embarazadas se ausentaba en su casa, supe que tendría la oportunidad de verlo una vez más.

Entonces un grito interrumpió mi observación. Dejé los binoculares, y bajé a prisa hasta la sala de control pero ahí todo andaba normal. Entonces lo escuche nuevamente, y corrí hacia el recibidor: igual de calmado. Lo escuché arriba en el dormitorio y subí confundido… un bebé estaba debajo de la cama, sobre su propia sangre.
¿Realmente celebraban a la vida? Comencé a creer que se los comían. Ellos el banquete, su carne para atrapar el tiempo, evitar la muerte…

VIII. Ver sin ver nuevamente
Despertó tirado bajo un árbol con una pequeña gotera mojándole el rostro. Estaba todo magullado, sucio, adolorido, incapaz de recordar qué había sucedido. Se paró de inmediato con un escalofrío que le recorrió la espalda. Alguna forma en los árboles que cambio en un abrir y cerrar de ojos lo devolvió a la realidad…
Despertó, pero está vez fuera de ese círculo de sueños. Revisó con prisa su cuerpo en busca de las heridas, miró bajo la cama, y volvió a recostarse pero no pudo dormir.
Al rato amaneció, y bajó a la sala de control para revisar los paneles. Tras verlos fue a la recepción y cogió unos papeles donde comenzó a escribir:
“Cosas que se deben arreglar:
-El teléfono está averiado
-La terma se ha descompuesto.
-Los techos del dormitorio tienen goteras.
-Se han acabado las conservas de fiambre.
-Se han acabado los cigarrillos.
-Se ha acabado el café.”

Revisó la lista, y a pesar que había olvidado muchas cosas no agregó nada, solo puso el papel en un sobre, miró el manual que le habían dado y anotó la dirección del campamento más cercano. Era de noche, así que decidió que llevaría el sobre la mañana siguiente.
Se sirvió una taza con lo último de café que quedaba en el termo, y bajó a la sala de control para continuar supervisando las maquinas durante la madrugada.
“Cosas que deben arreglar:
-He estado espiando a la gente del pueblo del frente.
-He sido un empleado ineficiente.
- He estado conversando conmigo mismo una y otra vez.
-He comenzado a perder la razón.
-Me he convertido en un horrendo ser humano...”

Despertó antes de terminar de leer la lista. Le dolía el cuello y la espalda, le tomó un momento comprender que se había quedado dormido. Recogió los papeles sobre los que estaba recostado, y subió a su cuarto para tomar una ducha. Al terminar, notó más cosas escritas en su lista:
“-He asesinado a mucha gente.
-He perdido toda mi humanidad.
-He olvidado quién soy realmente.
-He intentado varias veces escapar…”

Sintió un poco de escalofríos, era su letra.


IX. Al final solo están nuestras decisiones
Cuando anocheció, decidí que no tenía caso quedarme todo el tiempo en el edificio. Ya casi no quedaba comida en la despensa y el pueblo estaba tan solo al otro lado del rio, y lo único que debía hacer era buscar una forma de llegar a las orillas.
Tomé una linterna, y comencé a caminar. Los árboles murmuraban con el viento, podía ver sus siluetas oscuras moverse. Y al alumbrarlos espantaba a algún que otro animal que se escabullía entre las ramas escapando de la luz. Después de unos minutos, llegué hasta las rejas del complejo, pero algo andaba mal, estaban cerradas con candados. ¿Me estaban jugando una broma o algo? El teléfono, la comida, y esto. Habían logrado molestarme, si eso buscaban. Pero, era absurdo, no tenía ningún sentido. ¿Por qué harían algo así?
Rodeé Las rejas en buscan de alguna sección inconclusa o algo. En un desnivel, salté hacia el otro lado, y volví al camino para buscar una manera de bajar a las orillas.
Caminé durante casi una hora. Los mismos árboles, la tierra, las nubes alumbradas por la luna. Y aún nada. Parecía que caminaba hacia nada. Me iba alejando y no parecía que el precipicio fuera a cambiar adelante. Entonces me detuve, me senté en un tronco, apagué la linterna para no gastar la batería. Y me puse a pensar en qué debía hacer.
El caudal del río golpeando las rocas ensordecía el resto de ruidos nocturnos. Ni siquiera podía escuchar mi respiración agitada. Tapé mis oídos con las manos, y me recosté en la madera.

Mi madre dormía profundamente, así que me recosté a su lado en la cama, y me dormí. Entonces llegó mi padre, y todo fue confuso, nadie me explicaba qué había ocurrido. Finalmente me dijeron que había muerto camino al hospital. Y eso creí, y de alguna manera me ayudó a superarlo el pensar que había estado con ella en sus últimos momentos. Pero, en realidad temían decirme que había estado durmiendo a su lado cuando ya estaba muerta, qué esa mañana simplemente nunca se volvió a despertar.




X. Recuerdo

-¡Mamá!- Grité con fuerza, y alumbre con la linterna las sombras en el camino. Pero solo eran alimañas que se ocultaron en los arbustos. Mi pulso estaba acelerado, mi corazón golpeaba dentro de mi pecho. Comprendí que había tenido una pesadilla.
No serviría de nada continuar caminando. Me acerqué al precipicio, alumbré y vi que las arboles podrían servirme de soporte para bajar. Me sujeté con fuerza de una rama, pero antes de poner un pie al aire, una luz alumbró débilmente desde lejos. Al verla, tuve la impresión de que alumbraba por sobre el rió, pero entonces me di cuenta que esa debía ser la represa que alimentaba la central. Aliviado, volví de vuelta al camino, y continué mi marcha.

Llegó alrededor de las 4 de la madrugada, aún faltaban muchas horas para que amaneciera. Era una represa de de concreto, que dejaba al otro lado un inmenso terreno inundado. Había un puesto en el camino en el puente que cruzaba al otro lado del valle. Se acercó ilusionado, pero cuando estuvo dentro solo encontró uno de esos paneles, como los que había en su central. Que ni siquiera tenía perillas ni botones, como las de su central, sino que parecían solo indicadores. Alumbró con su linterna, y se dio cuenta que mostraban la misma información, algo lógico, pues todo ello era un solo sistema.
Y no encontró a nadie, ni nada, ni siquiera una cama, o algo que hiciera pensar que alguien trabajaba ahí. Resignado, y hambriento salió y continuó su marcha hacia el pueblo cruzando al otro lado del valle.



XI. Volver
Llegué por la mañana al pueblo. Llovía, y algunos niños caminaban pegados a las casas para evitar mojarse, mientras se dirigían a la escuela. Yo estaba refugiado bajo el portón de la iglesia, y a lo lejos esas personas parecían ignorarme. -¿Disculpe, hay un teléfono en el pueblo?- Le pregunté a un hombre que pasó a mi lado, y señaló una casa al otro lado de la plaza. –Gracias.- Dije, pero el hombre ya se había ido.
Al rato cesó la lluvia, y caminé hacia la casa. Toqué la puerta, pero nadie abrió. Insistí con más fuerza, pero tampoco abrieron. Así que decidí dar una vuelta, y volver más tarde.
Las calles estaban desoladas. Tal vez todos estaban en sus parcelas, o metidos en sus casas. O simplemente sus pobladores se habían ido a otro lugar. Mucha gente dejaba sus pueblos últimamente, y se iba a vivir a las ciudades. Dejaban sus casas tal como estaban, como si fueran a volver, pero nunca lo hacían. Y quedaban vacías, arruinándose con el tiempo. Lo había visto camino acá en la carretera, pueblos fantasmas, caseríos abandonados por completo.
Me detuve al bajar una calle para ver la otra orilla del río. Estaba cansado, y también lo estaba mi vista. La central no era más que una mancha diminuta y borrosa en medio de lo verde de los árboles.
Entonces, a mi lado pasó otro hombre. -¿Disculpe, sabe dónde está el campamento de la central eléctrica? – Le pregunté. –No.- Contestó fríamente. -¿Y sabe dónde puedo comer algo?- El hombre indicó una puerta, y como el primero, se marcho antes de que pudiera agradecerle. Yo por mi parte, fui hasta esa puerta y toqué. Pero ahí tampoco abrieron a pesar de que esperé bastante tiempo. Resignado, Comencé a caminar de vuelta a la plaza.


XII. ¿Soy Yo?
El pensaba que su realidad había cambiado. Cambiado de tal forma que era irreversible.
Recordaba con esfuerzo su pasado, cada vez con más esfuerzo. Parecía que los eventos, cada uno de los eventos de su vida lo llevaban a volverse otro y olvidar quién era. ¿Recordaba realmente algo? ¿Qué podía recordar si no tenía recuerdos claros? Quizás había estado inventando un pasado, quizás hasta de forma inconsciente.
Ya era tarde, muy tarde para él. Su realidad había cambiado de tal forma que no volvería a ser como era antes jamás. Era otra realidad.

Mi madre solía decir que vivir era algo bello. Que la muerte aún estaba lejos, que no debía pensar en ello. Que morir era inevitable y que no era tan malo. Que con el tiempo uno lograba aceptarlo, que era algo natural… pero aún así no pude dejar de pensar... negar la muerte, negar la muerte… quizás por eso… quizás sucedió así… quizás…

XIII. ¿Quién soy yo?
Toqué la puerta de la casa, y esta se abrió. Adentro la luz brillaba tanto que me cegaba, y aún así entré.
De pronto estaba en mi propia casa. Los muebles de la sala, la mesa del comedor, los cuadros. Mis libros del colegio tirados, y la radio en el aparador. La casa que dejamos después de su muerte. Con la alfombra a cuadros, y ese florero lleno de campanillas y rosas. Y al fondo mi cuarto, y a la izquierda el baño, y ahí esa silueta bañada por la luz de las ventanas. -¿Mamá?-
Ella jamás volteó, porque ni siquiera recuerdo como era. Por eso grité, y volví a gritar. Debía continuar mi vida, dejar el pasado atrás. Pero al abrir los ojos, vi por fin la realidad y todo regresó para acosarme. Estaba dentro de una casa destrozada, la luz se filtraba por el techo caído. Y cuando salí, las otras casas, todo el pueblo estaba en ruinas. Los arboles, los cadáveres, todo, ¡todo estaba mal!
No, no podía terminar aquí. Tenía que descubrir la verdad. Así que corrí hacia la orilla, y nadé tan rápido como pude, escapando de las voces que venían detrás, de los centenares de voces que me perseguían. De los llantos, de las risas, de mi madre.

Y cuando llegué a la otra orilla, trepé como pude hasta la central, pero todo estaba igual, era un caos. También los árboles lloraban, y trataban de cogerme, por eso corrí hasta dentro, y bajé a hasta la sala de control. Y ahí me encontré a mí mismo… muerto.

XIV. ¿Qué soy yo?
Esa noche cuando escuché las alarmas bajé a toda prisa, y al ver los paneles supe que algo andaba mal. Sí tan solo hubiera leído el manual de emergencias antes… pero no, ahí estaba yo, y no tenía la menor idea de qué es lo que debía hacer. Y tuve miedo, mucho miedo.
Después supe que ya nada podía hacer. Hubo una gran explosión, la presa había colapsado.
Quería llorar, salir corriendo, pero era el final. Pensé en toda esa gente. En la forma en cómo los había condenado, y supe que de alguna forma lo pagaría.
Entonces el agua llegó, y yo estaba aún vivo, aún sin estar preparado para la muerte, con una vida por delante que se iba extinguiendo como el aire.

Pero todo eso lo había olvidado. Lo había olvidado y a cambio… ¿A cambio qué?

XV. ¿Por qué soy yo?
La magnitud, la fuerza, esa fuerza de apego hizo que su alma lograra escapar y vivir una vida paralela. Una vida inventada por la nostalgia, tan elaborada que lo hizo olvidar lo demás. Y estuvo así años, en ese mismo rincón, imaginándolo todo. Muerto, pero sin embargo vivo. Vivo, pero muerto.
Pero todo tiene un final.

¿Era falsa? Mi vida, esta vida… ¿El delirio de un hombre muerto?
Era deprimente. Así todo era triste. ¿Qué era yo? ¿Quién era yo? A medida que lograba hacerme la idea, veía con más claridad la realidad. ¿Qué era yo? ¿Quién era yo? ¿Y el resto? ¿La gente que había muerto por mi culpa? ¿Estarían igualmente malditos? ¿Esto era el… fin?
El sol brilla de manera extraña, porque el mundo es distinto cuando somos niños. Es más grande, inexplorado o algo. Ella decía que no debía pensar en la muerte, qué estas vidas no significaban nada. Mi madre, tan dulce, y yo un niño, y el sol brillaba, y todo era extraño, magnifico. Mi madre…, pero nunca lo fue, y sin embargo, siempre la amé.