Artículos con la etiqueta tecnología


Reinterpretando la lectura (Eduardo)

octubre 09, 2008
Se repite hoy con frecuencia que en la época electrónica, la palabra impresa ha muerto: que los libros y los periódicos desaparecerán como formatos, reemplazados por soportes digitales más eficientes y con mayores y mejores funciones. Pero claro, esto se viene repitiendo hace mucho tiempo, y no vemos la transformación tan anunciada. Hemos tenido oportunidad -en clase, en prácticas, en el blog- de entrar en el tema de cómo estos cambios de formato reconfiguran nuestra experiencia, llegando a reconfigurar nuestra experiencia sensorial; y hemos empezado a ver, también, las maneras como nuestros usos del lenguaje están en mayor o menor medida vinculados con nuestra experiencia sensorial del mundo.

Desde ese punto de vista, entonces, ¿cómo el uso del lenguaje que el formato electrónico inaugura reconfigura nuestra experiencia sensorial? Nuestra relación con el texto, por ejemplo, quizás ya no sea la misma. Un artículo reciente del blog del Morsa (uno de los blogs peruanos más populares, que recomiendo) apunta a una entrevista con el historiador francés Roger Chartier, que recomiendo bastante, pues allí Chartier reflexiona sobre cómo la lectura se ve transformada en el mundo digital. Dice Chartier:

“Aún más, lo creo, porque es un único aparato, la computadora, que transmite todos los géneros textuales que en el mundo impreso correspondían a diversos objetos (el libro, la revista, el diario, etc.); que permite la articulación entre textos, imágenes y sonido y que es a la vez el soporte de la mirada, de la escucha, de la lectura y de la escritura. El poder de la forma digital de inscripción y transmisión es sin par en la historia de la humanidad. Es lo que la hace fascinante e inquietante, porque implica una profunda transformación de las prácticas de lectura, de las categorías que asociamos con el concepto mismo de obra y de los papeles de las técnicas previas, que son todavía las nuestras: la escritura manuscrita y la publicación impresa. El desafío del presente es lograr una distribución racional y relevante de los usos de estas varias tecnologías que caracterizan hoy en día la creación, la difusión y la apropiación cultural”.


Me llama esto la atención, sobre todo por la manera como hemos visto la escritura y el texto caracterizados por McLuhan, como un predominio de lo visual, a diferencia del lenguaje hablado donde predomina lo auditivo. Chartier pareciera señalar que, en cambio, con el mundo digital los sentidos vuelven a mezclarse de maneras más o menos anárquicas o al menos integrales, y éste sería justamente su valor: el hecho de que la experiencia sensorial sería de este modo mucho más rica.

Por ejemplo: el caso de la tipografía animada. Aquí tenemos un ejemplo de cómo podemos combinar tanto la dimensión auditiva, con la dimensión visual y la dimensión textual, y el resultado es, me parece, una reconfiguración general de la manera como nos afecta el "contenido". Este ejemplo es tomado de Pulp Fiction, la película de Quentin Tarantino. La escena original es impactante, pero se me ocurre que de ninguna manera tan impactante como esta animación, que básicamente es sólo texto animado:



Sin embargo, es un uso del lenguaje completamente nuevo, una nueva dimensión para la manera como nos relacionamos con el texto. Ahora, ¿se traduce eso en que los libros dejan de tener sentido? Yo me inclinaría a pensar que no, que eso es un poco extremo: el libro, el texto, cumplen roles diferentes y responden a características psíquicas diferentes. Sí diría, sin embargo, que la cultura que hemos construido sobre la base del texto se ve subvertida por esta transformación, por el hecho que me parece menos evidente: la reconfiguración de la experiencia sensorial, que se traduce en una reconfiguración de nuestro lenguaje y del sentido que le imprimimos a las palabras.

¿Tiene esto algo de sentido? ¿Qué les parece?

Un mundo feliz de intimidad digital

septiembre 16, 2008
Éste es un artículo del New York Times sobre el impacto que Facebook, Twitter y otras redes sociales en la web están teniendo en nuestras interacciones cotidianas. El artículo original pueden encontrarlo aquí, así como la referencia de Martín Tanaka en su blog. La siguiente es una traducción que hemos preparado del texto para poder utilizarlo como referencia en la práctica sobre tecnología de mañana - es una traducción un poco burda pero debería servirnos para poder discutir las ideas que hay aquí.

(También pueden descargar la traducción como archivo PDF.)

Un mundo feliz de intimidad digital

Por Clive Thompson
Publicado el 5 de setiembre del 2008

El 5 de setiembre del 2006, Mark Zuckerberg cambió la manera en que operaba Facebook, y al hacerlo inspiró una revolución.

Zuckerberg, con 24 años y una mirada ingenua, fundó Facebook en su dormitorio en la universidad de Harvard dos años antes, y el sitio rápidamente amasó nueve millones de usuarios. Para el 2006, los estudiantes estaban publicando enormes cantidades de detalles personales en sus páginas de Facebook, incluyendo listas de sus programas favoritos de televisión, si estaban saliendo con alguien (y con quién), la música que tenían en rotación y los diversos “grupos” ad hoc a los que se habían unido (como fanáticos de “Sex and the City”). A lo largo de todo el día publicaban notas sobre su “estado” explicando su ánimo – “odiando al lunes”, “tirándome la clase x resaca”. Luego de cada fiesta, trastabillaban a casa para subir fotos de su celebración intensa, y dedicaban la mañana siguiente a comentar sobre lo borrachos que todos se veían. Facebook se convirtió en el repositorio común de facto – la manera como los estudiantes descubrían cómo eran todos a su alrededor y qué estaban haciendo.

Pero Zuckerberg sabía que Facebook tenía un gran problema: requería de una gran cantidad de búsqueda activa por parte de sus usuarios. Claro, cada día tus amigos de Facebook actualizaban sus perfiles con nuevos detalles; incluso podría ser algo particularmente jugoso, como un cambio de estado de relación de “soltero” cuando había terminado. Pero a menos que uno visitara las páginas de sus amigos cada día, podrían pasar días o semanas antes que uno se diera cuenta de las noticias, o uno podría incluso perdérselo por completo. Navegar Facebook era constantemente asomar la cabeza en el cuarto de alguien para ver cómo iba todo. Tomaba esfuerzo y premeditación. En cierto sentido, esto le daba a Facebook un nivel de privacidad inherente e incorporado, sencillamente porque si uno tenía 200 amigos en el sitio – un número bastante típico – no habían suficientes horas en un día para mantenerse actualizado sobre cada amigo todo el tiempo.

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