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El poder de las palabras

octubre 24, 2008
Entrando un poco más en el tema del lenguaje, me quedé pensando ayer en varios temas e ideas que salieron de la discusión que tuvimos en mi grupo de prácticas. Si resulta que, en efecto, las palabras arrastran detrás de sí, cuando las usamos, mucho más de lo que está en el diccionario. Y no siempre estamos plenamente conscientes de todo lo que estamos comunicando o transmitiendo cuando escogemos utilizar una u otra palabra -McLuhan diría, quizás, que en ello reside su efecto narcótico-.

La discusión, sobre todo cuando terminé yéndose por el camino del problema político que se puede desprender de la teoría del significado, me llevó a recordar a George Orwell, sobre todo su novela 1984. A lo largo de la novela, y sobre todo en un ensayo incluido como apéndice, Orwell habla de la Neolengua, la culminación del delirio totalitario del Partido: un lenguaje construido específicamente para imposibilitar que los individuos puedan siquiera pensar en cosas que no estén alineadas con la doctrina del Partido. Su vocabulario se reduce cada año, eliminando palabras problemáticas como "libertad", "opinión", "democracia", y demás nociones que pudieran darle a los individuos el espacio para articular ideas disidentes. Los conceptos en la Neolengua están construidos de tal modo que se requiera de la menor cantidad de palabras posibles ("malo" se convierte en "nobueno"), y que se eliminen todas las irregularidades.

Una vez que la Neolengua esté difundida, el Partido considera que ya no será necesaria más persecusión ni represión. El crimental (pensamientos contrarios a la doctrina del Partido) será algo imposible, porque los individuos ni siquiera tendrán las palabras que les permitirán pensarlo. Si el Partido dice que 2 + 2 = 5, entonces así es.

En esta idea encontramos la profundidad que tienen las palabras en nuestra relación con el mundo. Lo peor es que, de hecho, este tipo de experimentos mentales/lingüísticos ocurren todo el tiempo, y casi ni nos damos cuenta. La invasión de un país se vuelve su "liberación", por ejemplo, o una crisis económica no es otra cosa que una "desaceleración". No tenemos crisis política, sino "reestructuración del gabinete". Y así sucesivamente. La manera como estos problemas son emarcados busca pre-estructurar la manera como los interpretaremos, y de esta manera las palabras cobran también un significado eminentemente político.

Otro ejemplo -en similar línea distópica- puede encontrarse en el discurso de V a la ciudad de Londres en la película V de Vendetta, basada en la novela gráfica de Alan Moore. En este discurso, indirectamente V hace referencia al poder real que se esconde detrás de las palabras por mucho que se trate de esconderlo, y que encierra el potencial para su liberación.


(No lo encontré más que en un español bien de España. También pueden ver el original en inglés.)

Orwell elabora bastante más sus ideas sobre el lenguaje en su ensayo "La política y el idioma inglés". En él, expresa su preocupación frente al uso del lenguaje académico o academizado como una forma de Neolengua: un discurso tan complicado y pomposo, que no permite claramente identificar qué es lo que se está diciendo, e incluso permite interpretar, de una misma frase, un sentido y el exactamente contrario con igual validez - en ese sentido el idioma ha degenerado para oscurecerse a sí mismo, con fines de ocultamiento político. Esto es bastante discutible (y me gustaría ver comentarios para poder desentrañarlo mejor en la discusión) por las muchas cosas que presupone, y además sugiere cosas que quizás valga la pena explorar - ¿habrá, quizas, aquí un paralelo entre la pérdida del aura y la aparición del significado político del arte, y esta degeneración del lenguaje y su utilización con fines políticos?

Reinterpretando la lectura (Eduardo)

octubre 09, 2008
Se repite hoy con frecuencia que en la época electrónica, la palabra impresa ha muerto: que los libros y los periódicos desaparecerán como formatos, reemplazados por soportes digitales más eficientes y con mayores y mejores funciones. Pero claro, esto se viene repitiendo hace mucho tiempo, y no vemos la transformación tan anunciada. Hemos tenido oportunidad -en clase, en prácticas, en el blog- de entrar en el tema de cómo estos cambios de formato reconfiguran nuestra experiencia, llegando a reconfigurar nuestra experiencia sensorial; y hemos empezado a ver, también, las maneras como nuestros usos del lenguaje están en mayor o menor medida vinculados con nuestra experiencia sensorial del mundo.

Desde ese punto de vista, entonces, ¿cómo el uso del lenguaje que el formato electrónico inaugura reconfigura nuestra experiencia sensorial? Nuestra relación con el texto, por ejemplo, quizás ya no sea la misma. Un artículo reciente del blog del Morsa (uno de los blogs peruanos más populares, que recomiendo) apunta a una entrevista con el historiador francés Roger Chartier, que recomiendo bastante, pues allí Chartier reflexiona sobre cómo la lectura se ve transformada en el mundo digital. Dice Chartier:

“Aún más, lo creo, porque es un único aparato, la computadora, que transmite todos los géneros textuales que en el mundo impreso correspondían a diversos objetos (el libro, la revista, el diario, etc.); que permite la articulación entre textos, imágenes y sonido y que es a la vez el soporte de la mirada, de la escucha, de la lectura y de la escritura. El poder de la forma digital de inscripción y transmisión es sin par en la historia de la humanidad. Es lo que la hace fascinante e inquietante, porque implica una profunda transformación de las prácticas de lectura, de las categorías que asociamos con el concepto mismo de obra y de los papeles de las técnicas previas, que son todavía las nuestras: la escritura manuscrita y la publicación impresa. El desafío del presente es lograr una distribución racional y relevante de los usos de estas varias tecnologías que caracterizan hoy en día la creación, la difusión y la apropiación cultural”.


Me llama esto la atención, sobre todo por la manera como hemos visto la escritura y el texto caracterizados por McLuhan, como un predominio de lo visual, a diferencia del lenguaje hablado donde predomina lo auditivo. Chartier pareciera señalar que, en cambio, con el mundo digital los sentidos vuelven a mezclarse de maneras más o menos anárquicas o al menos integrales, y éste sería justamente su valor: el hecho de que la experiencia sensorial sería de este modo mucho más rica.

Por ejemplo: el caso de la tipografía animada. Aquí tenemos un ejemplo de cómo podemos combinar tanto la dimensión auditiva, con la dimensión visual y la dimensión textual, y el resultado es, me parece, una reconfiguración general de la manera como nos afecta el "contenido". Este ejemplo es tomado de Pulp Fiction, la película de Quentin Tarantino. La escena original es impactante, pero se me ocurre que de ninguna manera tan impactante como esta animación, que básicamente es sólo texto animado:



Sin embargo, es un uso del lenguaje completamente nuevo, una nueva dimensión para la manera como nos relacionamos con el texto. Ahora, ¿se traduce eso en que los libros dejan de tener sentido? Yo me inclinaría a pensar que no, que eso es un poco extremo: el libro, el texto, cumplen roles diferentes y responden a características psíquicas diferentes. Sí diría, sin embargo, que la cultura que hemos construido sobre la base del texto se ve subvertida por esta transformación, por el hecho que me parece menos evidente: la reconfiguración de la experiencia sensorial, que se traduce en una reconfiguración de nuestro lenguaje y del sentido que le imprimimos a las palabras.

¿Tiene esto algo de sentido? ¿Qué les parece?