Month: enero 2010

En crisis, el modelo tradicional de la masculinidad he gemónica

Periódico La Jornada.

-El machismo tiene formas diferentes en cada lugar; los países desarrollados no están exentos

El protagonismo social de las mujeres resquebraja un esquema que se había mantenido por siglos, destaca investigador

El movimiento feminista planteó un debate que los hombres ahora retoman

Por Mariana Norandi

Periódico La Jornada
México, DF, Domingo 3 de enero de 2010, p. 25

La cada vez mayor emancipación de la mujer en el mundo contemporáneo ha puesto en crisis el modelo tradicional masculino, en el cual los hombres son los únicos que pueden proveer, ser exitosos, ejercer el poder y gobernar.

Este modelo, que se ha perpetuado por siglos, hoy comienza a resquebrajarse por el mayor protagonismo social de las mujeres y porque cada vez son más los hombres que empiezan a estar agotados de representar un papel que exige mucha competitividad. Así que, si bien aún perdura el modelo tradicional, el cual alcanza su más extrema expresión en el aumento de feminicidios, comienzan a surgir nuevas masculinidades, es decir, hombres que, desde la perspectiva de género, quieren un sistema más equitativo.

Julio César González Pagés, investigador de la Universidad de La Habana, Cuba, es coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades (www.redmasculinidades.com), la cual, en los 28 países donde tiene representación, impulsa a escala regional una nueva forma de ser hombre.

– ¿Qué significa asumir una nueva masculinidad?

–Es asumir un concepto ideológico que viene del debate de equidad. Es romper con una estructura hegemónica, que se asume desde la educación, en la cual se piensa que los hombres somos los únicos que podemos proveer y gobernar. El discurso de la nueva masculinidad nos da a los hombres la posibilidad de otros derroteros, donde –desde la cultura– podemos replantearnos estructuras que pensábamos eran inamovibles.

– ¿Cuál es el punto de partida del cambio?

–El movimiento feminista, el cual planteó nuevos espacios para las mujeres que antes eran hegemónicos de los hombres. La crisis del modelo tradicional de las mujeres cambió cuando el feminismo se planteó una reflexión, pero los hombres no tuvieron la oportunidad de hacer ese planteamiento en el debate de género. Entonces, así como las mujeres han cambiado por un mundo más equitativo, los hombres con sensibilidad social nos estamos planteando qué podemos aportar para construir ese mundo. Hoy las mujeres ocupan más plazas universitarias, en cambio los hombres, acaparamos las estadísticas de criminalidad y tráfico de drogas. ¿Qué pasó? Tiene que ver con un diseño de género. También intentamos que este discurso no sólo sea académico, sino que se introduzca en los movimientos sociales. A veces pensamos que porque somos de izquierda somos ideológicamente más correctos en estos temas, y no es así, ya que la izquierda y la derecha tienen en común que son igualmente patriarcales.

– ¿Cuáles son los miedos de los hombres para cambiar?

–El principal es a la homosexualidad. Suponen que si un hombre cambia su masculinidad, cambia su opción sexual. Eso pasa sobre todo en los sectores que tienen estructuras masculinas más hegemónicas, como los militares. Pero el cambio que se plantea, independientemente de la opción sexual que se tenga, es en el orden de los poderes y de la hegemonía. Un mundo gobernado por hombres y mujeres sería mucho más justo porque la mitad del mundo son mujeres.

– ¿Las sociedades latinoamericanas son tan machistas como se cree?

–El machismo tiene formas diferentes en cada lugar. Tal vez aquí el estereotipo tiene que ver con bigotes, pistolas y sombreros; sin embargo, las estadísticas dicen que los países y regiones donde más mujeres mueren asesinadas por arma de fuego son Estados Unidos y Europa. Los países pobres siempre tenemos una lupa sobre nosotros, porque se cree que somos más agresivos. No obstante, y sin restarle importancia a la cuota de violencia que tenemos, nuestra región está dando pasos muy importantes en la creación de nuevas masculinidades y en desprendernos del macho latino.

– ¿Qué es lo que más le cuesta a los hombres a la hora de cambiar?

–Hablar de sí mismos, no tenemos el menor nivel de intimidad entre nosotros para poder socializar el mínimo problema y si la persona no tiene disposición de recibir otra cultura, se está arando en el mar. Además, si seguimos recibiendo imágenes en películas de Rambo o canciones de reggaetón, que refuerzan los estereotipos, incitan a la violencia, a la dureza, a no ceder y a ver las mujeres como objetos sexuales, entonces será muy difícil cambiar.

– ¿Cómo convencer a los hombres que tienen que cambiar? ¿Qué ganan si cambian?

–No se trata sólo de lo que ganan, sino también de lo que pierden. Cuando un hombre tiene la masculinidad hegemónica pierde aspectos de su vida, como familia, amigos y el criar los hijos. Sin embargo, si cambia gana en salud mental y en tiempo, ya que los hombres nunca tienen tiempo porque están compitiendo para conseguir lo que no tienen.

Periódico La Jornada. México

Enviado por Julio Cèsar Leer más

José María Arguedas, 40 años después

Alfredo Herrera Flores
La Ventana

A cuarenta años de la muerte del narrador peruano —el 2 de diciembre de 1969—, sigue vigente su visión del mundo andino, sus cuestionamientos al sistema y sus propuestas para salir de la exclusión y la injusticia

Es difícil imaginar qué pasó por la mente y el corazón de José María Arguedas aquellos días de finales de noviembre de 1969, para que en la soledad de su estudio en la Universidad de La Molina decidiera, por fin, agarrar firmemente su arma, apuntarse a la cabeza y tirar del gatillo, y más difícil de imaginar aún es el sentimiento de agonía que soportó hasta que su cuerpo cedió a la muerte, cuatro días después de la fatal determinación, el 2 de diciembre.

Cuarenta años después, la pregunta que los sectores sociales, políticos y literarios que siguieron de cerca la vida atormentada y a la vez esperanzadora de Arguedas se hicieron en ese momento sigue vigente, no porque no haya respuesta sino porque esa respuesta, adelantada por el propio intelectual andahuaylino en sus obras, entrevistas y ensayos cuestiona aún a quienes intentamos encontrar el camino para eliminar muchas de las barreras sociales que afectan a nuestra sociedad, manteniéndola en la exclusión, la ignorancia y la injusticia.

Los especialistas han dado en llamar a la novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo (Losada, Buenos Aires, 1971) como su testamento político, y así se entiende hasta hoy, pues en ella Arguedas narra sus conflictos íntimos que lo llevarían al suicidio, sus impresiones sobre la vida social, cultural y política del país, su experiencia con otros escritores latinoamericanos, su visión de la cultura andina y sus frustraciones respecto al amor y su obra creativa. Sin embargo, esta novela es nada más que el epígono de una vida dedicada a expresarse con la voz y la emoción de un hombre de su raza.

Probablemente sea Todas las sangres (Losada, Buenos Aires, 1964) la novela en la que José María Arguedas intentó reunir toda su mirada respecto al mundo que le tocó vivir, ese mundo en el que superviven enfrentados y a la vez de espaldas uno del otro, la cultura andina y la occidental (traída de España a la fuerza), ambas ya tergiversadas, adulteradas y hasta corrompidas por el curso de la historia y el paso del tiempo, un mundo del cual él mismo fue víctima a lo largo de su vida.

Todas las sangres intenta ser una novela total. Ya su título anuncia esa aglutinación real e inevitable que se manifiesta en la sociedad peruana y que fácil y lógicamente es aplicable a toda América. Aunque algunos críticos la señalen como una novela irregular, sus páginas conforman, a través de varias historias de enfrentamientos culturales, un cuadro de la realidad del país salido de los paisajes inhóspitos de la sierra peruana y recreado, repetido, renovado en la gran urbe.

La mayoría coincide en que es la novela Los ríos profundos (1958) la que mayor calidad literaria alcanza y lo coloca como el mayor narrador peruano, a pesar de que otros, sin desmerecer, hayan obtenido más fama y fortuna. Arguedas muestra en esta, su segunda novela, su propia experiencia como miembro de dos culturas enfrentadas. El niño Ernesto se ve como parte de la cultura dominante al ser hijo de un señor y al mismo tiempo como parte de la cultura dominada al criarse entre los indios, y como tal es testigo de una revuelta protagonizada por mujeres indígenas ante las injusticias del sistema, representado por el gobierno. Esta metáfora sería el hilo conductor de toda la obra literaria y antropológica de Arguedas y el centro de su visión del mundo.

Antes Arguedas había publicado Yawar fiesta (1941), novela en la que más bien muestra la cultura andina a través de una de sus tradiciones más arraigadas y que a su vez representa el enfrentamiento entre lo andino y lo español a través de la lucha entre el cóndor y el toro, pero al mismo tiempo mostraba las luchas internas y domésticas de un pueblo alejado del centralismo capitalino, que sufría los mismos males de la ciudad como la corrupción y el ejercicio despreciable y villano de la política.

En 1961 José María Arguedas publica la novela El Sexto, una historia de carácter autobiográfico que sale del tema habitual de lo andino y se interna en el submundo lúgubre e inhumano que es la cárcel, en este caso la que da nombre a la novela y en la que el propio Arguedas es internado por razones políticas. Pronto esta novela se convierte en un símbolo de la injusticia en el país pero luego pasa a un segundo plano mientras que Arguedas asume una mayor presencia en el ámbito cultural nacional e internacional, ocupa importantes cargos públicos y académicos a la vez que sus ideas son adoptadas por diferentes grupos políticos, inclusive.

Arguedas escribió también cuentos, poemas y ensayos antropológicos, de entre los cuales destacan el poema “Oda al jet” y el conjunto de poesías Katatay, los cuentos “Agua”, “Warma kuyay”, “La agonía de Rasu Ñiti” y “El sueño del pongo”, en los que redunda en el tema de la cultura andina. Entre su obra ensayística destacan los volúmenes Notas sobre la cultura latinoamericana (1966) y Las comunidades de España y del Perú (1968).

Igual de importante es su labor investigadora sobre el folklore, recopilando canciones e interpretándolas en círculo de investigadores y especialistas, participando en eventos como el de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria en Puno, donde precisamente bautizó al departamento como Capital del Folklore del Perú y que luego se institucionalizara a través de leyes y normas exclusivas para proteger y difundir la expresión musical y danzaria del altiplano.

La trascendencia de la obra y el pensamiento de Arguedas se hace cada vez más amplia. En vida recibió varios premios y homenajes y hasta hoy de organizan cada año, y en las universidades más importantes de América Latina, Estados Unidos y Europa, reuniones académicas para analizar e interpretar su obra, aunque pocas veces se han aplicado, por ejemplo, para mejorar la calidad educativa en nuestro país. En el año 2000, la Casa de las Américas de Cuba, una de las instituciones más antiguas de fomento a la literatura y arte en general, instituyó el premio honorífico anual José María Arguedas, a un autor y obras que haya destacado y aportado a la cultura latinoamericano en el campo de la narrativa.

José María Arguedas nació en Andahuaylas, en 1911. Al morir su madre siendo él niño y su padre se casara por segunda vez, quedó al cuidado de su madrastra, de quien recibió un trato de sirviente, junto a los indios de Puquio, adonde se trasladó la nueva familia. Al cumplir once años él y su hermano escapan de casa y se refugian en una hacienda, desde donde luego se trasladan a Abancay, Ica, Huancayo y finalmente Lima.

Allí ingresa a la Universidad de San Marcos para estudiar Literatura, es apresado por participar en manifestaciones estudiantiles y al graduarse ejerce la docencia en Sicuani, Cusco. Posteriormente vuelve a Lima, donde es activo representante de los maestros y es llamado por el Ministerio de Educación para colaborar en planes educativos.

Ejerce varios cargos, especialmente de investigador y catedrático en diferentes universidades, hasta su suicidio, el 28 de noviembre de 1969 y su muerte, acaecida el 2 de diciembre de ese año.

Tomado de La silla prestada

Fuente: http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5215

Fuente: Rebelión Leer más

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