Day: julio 13, 2009

Se equivocó Alan García

Se equivocó Alan García
Los indígenas de hoy no son los “indios” que los conquistadores, en América Latina y en todas partes, aplastaron y diezmaron a sangre y fuego para apoderarse de sus tierras primero, y ahora de las riquezas que se encuentran bajo esa tierra.

Por: Frida Modak
::La autora es periodista chilena, colaboradora de Prensa Latina

El conflicto surgido entre el gobierno de Perú presidido por Alan García y las comunidades indígenas de ese país es una clara demostración del cambio que se registra entre las poblaciones originarias a nivel planetario, lo que inevitablemente tiene que chocar con quienes se niegan a admitirlo.

Los indígenas de hoy no son los ”indios” que los conquistadores, en América Latina y en todas partes, aplastaron y diezmaron a sangre y fuego para apoderarse de sus tierras primero, y ahora de las riquezas que se encuentran bajo esa tierra.

Sus derechos fueron desconocidos durante siglos, tal como los de los negros, los ”amarillos”, los mestizos y otros segmentos considerados inferiores por la raza blanca dominante.

Los negros libraron una larga lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y eso hizo realidad que ocurriera la elección de un presidente negro.

Sin embargo, los países africanos lograron su independencia, pero no son tratados como iguales.

Los pueblos indígenas han experimentado una transformación de todo tipo, que el resto de la sociedad no quiere ver ni admitir.

Con un espíritu solidario que aquellos que los menosprecian no conocen, sus comunidades financiaron estudios superiores a los jóvenes que mostraban aptitudes para acceder a un oficio o a una profesión.

Estos, a su vez, regresaron a las comunidades para poner sus nuevos conocimientos al servicio de ellas y, así, se fue produciendo el cambio que hace que hoy estén en condiciones no sólo de reclamar sus derechos de todo orden, sino que de plantearse de igual a igual con las autoridades que pretenden volver a reprimirlos.

Considerarlos subversivos no conduce a nada, conocer su pensamiento y sus análisis es interiorizarse en el mundo de hoy .

Eso se puede hacer, incluso, entrando a sus sitios en internet y se verá que la información que manejan determina que sepan, por ejemplo, que ya hace cinco años el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos entregó al departamento de Estado de ese país un informe que señala, entre las principales amenazas a la hegemonía estadounidense, al crecimiento de China y a los movimientos islámicos e indigenistas.

Eso es lo que estamos viendo y, en este caso, en una América Latina, donde el modelo neoliberal con su consiguiente apertura reflejada en los Tratados de Libre Comercio, le ha abierto las puertas a las empresas transnacionales que, a cambio de una misérrima inversión, explotan el subsuelo y se llevan enormes riquezas por las que pagan irrisorios impuestos.

Esas riquezas están en tierras de las comunidades indígenas y como me dijo hace siete años un indígena de la etnia shuar de Ecuador: ”El petróleo que está en el subsuelo es de todos los ecuatorianos, pero para llegar a él hay que pasar por mi casa y para eso me tienen que pedir permiso”.

Y eso es exactamente lo que se dice en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General el 13 de septiembre de 2007.

El caso peruano

Lo que acaba de ocurrir en Perú corresponde a lo que hasta aquí hemos señalado.
El gobierno del presidente Alan García suscribió un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y en su aplicación autorizó que las empresas de ese país arrasen con bosques y ríos en busca de petróleo y gas.

Los antecesores del actual mandatario ya habían autorizado explotaciones mineras que contaminaron ríos y dañaron grandes extensiones de terreno.

Las protestas fueron reprimidas antes y también ahora, con una diferencia, se ha querido anteponer el TLC a los intereses del país y a los derechos de sus habitantes.

Los directamente afectados iniciaron manifestaciones de protesta y el presidente García ordenó reprimirlos.

Se produjeron las primeras confrontaciones con la policía y el gobierno militarizó la represión, se reconoció a unos diez indígenas muertos y puso el acento en los policías que habrían perdido la vida, pero se habla de numerosos indígenas desaparecidos.
El sindicato de policías entregó después una declaración pública responsabilizando al partido de gobierno por la muerte de sus compañeros.

Finalmente, se recurrió al expediente de decir que había intervención extranjera y, obviamente, se acusó al presidente Boliviano Evo Morales y al venezolano Hugo Chávez, después agregaron al de Nicaragua, Daniel Ortega.

Luego García dijo en una reunión pública con militares que ”hay una conspiración en marcha que quiere evitar que utilicemos nuestras riquezas naturales para beneficio, crecimiento y calidad de vida de nuestro pueblo”.

Poco después tuvo que rendirse ante la condena de sus propios compatriotas.

Pocahontas también protestó

La represión alcanzó tales niveles que desde todas partes surgieron declaraciones de protesta y de alarma, desde Naciones Unidas hasta organizaciones no gubernamentales.

Carmen Vildoso, ministra de la Mujer en el gabinete de García, renunció al cargo en desacuerdo con el manejo gubernamental de este asunto.

Destacadas personalidades de América Latina y Europa suscribieron un comunicado en que condenan ”el genocidio cometido en la selva amazónica” y señalan que ”la necesidad de vaciar los territorios indígenas para beneficio del capital ha llevado al presidente del Perú a cometer un crimen contra quienes pedían, con base en el derecho internacional, simplemente ser consultados para disponer de sus tierras”.

La actriz peruana Q`orianka Kilcher, quien interpretó a Pocahontas, pidió y obtuvo la solidaridad de otros famosos de Hollywood y fue a Perú a apoyar a las comunidades indígenas, demandando respeto a sus derechos y ”no vender los pulmones del mundo”.
Todas las organizaciones e instancias indígenas latinoamericanas apoyaron a sus pares de Perú y el gobierno de ese país tuvo que desistir.

La debacle

Tras muchos días de soberbia y represión el gobierno peruano debió echar marcha atrás y lo hizo de la peor manera.

El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo declaró que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y legisladores de ese país ”han dicho que comprenden la posición de Perú y han prometido apoyar para encontrar salidas dialogadas con las comunidades indígenas”.

En otras palabras, efectivamente la represión fue para salvaguardar los derechos de las empresas estadunidenses beneficiadas por el Tratado de Libre Comercio y el gobierno peruano admite que tiene que negociar con ellos los derechos de las comunidades indígenas peruanas.

Después de esto, el gobierno llamó a un diálogo a los indígenas, que no se había producido al escribir estas líneas, pero empezaba a pagar las consecuencia.
El gabinete renunció, García no aceptó, pero la opinión pública del país ya dio su veredicto.

Según encuestas, el 57 por ciento estima que la razón la tenían los indígenas, sólo el 18 por ciento se la da al gobierno.

El 93 por ciento estimó que los decretos ahora anulados debieron ser consultados con los indígenas antes de aprobarlos en el parlamento.

El 57 por ciento responsabilizó al presidente García de lo ocurrido, un 39 por ciento a la ministra del Interior y el 24 por ciento al Primer Ministro y se pide la renuncia de todo el gabinete.

La aprobación al presidente cayó del 30 por ciento al 21 por ciento.

De aquel Alan García que en 1985 decía que ”La Revolución Social es nuestro objetivo” no queda nada.

Fuente: Telesurtv Leer más

Noam Chomsky: Una temporada de parodias

Recientes episodios que conmovieron el mundo han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse
Una temporada de parodias

Noam Chomsky
La Voz del Interior

Algunos de los recientes episodios que conmovieron el mundo a través de las noticias –las elecciones en Líbano e Irán, el golpe de Estado en Honduras– han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse. Incluso, la falta de reacción frente a otros casos, como el secuestro de una embarcación por parte de Israel, también tiene mucho que decir.

Las elecciones en Líbano e Irán y el golpe de Estado en Honduras son importantes no sólo inherentemente sino también por las reacciones internacionales que han suscitado. La ausencia de reacción ante un acto de piratería israelí en el Mediterráneo es un pie de página…

El Líbano. Las elecciones del 7 de junio en el Líbano fueron recibidas con euforia por la corriente principal de opinión pública.

“Me encantan las elecciones libres y justas”, escribió el 10 de junio el columnista del New York Times Thomas Friedman–. “En Líbano, fue algo genuino, y los resultados fueron fascinantes: el presidente Barack Obama derrotó al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad”, apuntó.

Crucialmente, “una sólida mayoría de todos los libaneses –musulmanes, cristianos y drusos– votó por la coalición del 14 de Marzo encabezada por Saad Hariri”, candidato respaldado por Estados Unidos e hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri.

Debemos dar crédito a quien se lo merece por este triunfo de elecciones libres (y de Washington): “Si George Bush no se hubiera enfrentado a los sirios en 2005 –forzándolos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri– estas elecciones libres no hubieran sucedido”, escribió Friedman. “Bush creó el espacio (durante su discurso en El Cairo), Obama ayudó a avivar la esperanza”, precisó.

Dos días después, los puntos de vista de Friedman tuvieron eco en una columna de opinión del Times escrita por Elliot Abrams, reconocido integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos que anteriormente fue funcionario de alto rango en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush hijo: “La votación en el Líbano pasó cualquier prueba realista (…). Los libaneses tuvieron la oportunidad de votar contra Hizbollah y la aprovecharon”.

Cualquier “prueba realista”, no obstante, podría incluir la votación real. La coalición 8 de Marzo, basada en Hizbollah, ganó aproximadamente con la misma proporción que Obama contra McCain en noviembre, con cerca del 54 por ciento del voto popular, según cifras del Ministerio del Interior libanés.

Por consiguiente, según el argumento Friedman-Abrams, deberíamos estar lamentando la victoria de Ahmadinejad sobre Obama.

Al igual que otros, Friedman y Abrams se están refiriendo a los representantes del Parlamento. Estas cifras son tergiversadas por el sistema de votación confesional de Líbano, que reduce drásticamente el número de asientos otorgados a la más grande de las sectas, los chiítas, que respaldan abrumadoramente a Hizbollah y a su aliado Amal.

Sin embargo, como lo han señalado algunos analistas de los más serios, las reglas fundamentales “confesionales” de Líbano afectan negativamente “las elecciones libres y justas” en formas aún más importantes. El analista político Assaf Kfoury observa que las reglas fundamentales no dejan espacio para los partidos no sectarios y erigen una barrera que evita la introducción de políticas socioeconómicas y otros temas reales en el sistema electoral.

Para Kfoury, esas reglas abren la puerta a “interferencia externa masiva”, menor participación de votantes y “manipulación y compra de votos”, todo ello peculiaridades de las elecciones de junio, aún más que antes.

Por tanto, en Beirut, la capital que alberga a casi la mitad de la población del Líbano, menos de una cuarta parte de los votantes elegibles pudo votar sin regresar a sus normalmente remotos distritos de origen. El efecto es que los trabajadores migrantes y las clases más pobres efectivamente son privados de sus derechos civiles en “una forma extremadamente injusta, al estilo libanés”, favoreciendo las clases privilegiadas y pro occidentales.

Irán. Al igual que el Líbano, el propio sistema electoral de Irán viola derechos básicos. Los candidatos deben ser aprobados por clérigos gobernantes, facultados para prohibir políticas con las que discrepan, y de hecho lo hacen.

Los resultados electorales del Ministerio del Interior de Irán carecieron de credibilidad tanto por la forma en que fueron publicados como por el mismo resultado, disparando una enorme protesta popular brutalmente reprimida por las fuerzas Aarmadas de los clérigos gobernantes. Tal vez Ahmadinejad pudo haber ganado la mayoría si los votos hubieran sido contabilizados justamente, pero los gobernantes aparentemente no estaban dispuestos a arriesgarse.

Desde las calles de Teherán, la corresponsal Reese Erlich escribió: “Es un genuino movimiento de masas iraní integrado por estudiantes, trabajadores, mujeres y gente de clase media” y, posiblemente, la mayoría de la población rural.

Eric Hooglund, catedrático y experto en Irán rural, describe un respaldo “abrumador” para el candidato opositor Mir Husein Musavi entre la gente de las regiones que ha estudiado, y un “ultraje moral palpable por lo que llegó a creerse como el robo de su elección”.

Es altamente improbable que las protestas dañen al régimen clerical-militar a corto plazo pero, como observa Erlich, “está sembrando las semillas para luchas futuras”.

Israel-Palestina. No deberíamos olvidar unas elecciones auténticamente “libres y justas” realizadas recientemente en Oriente Medio –en Palestina, en enero de 2006, ante las que Estados Unidos y sus aliados respondieron castigando a la población que votó “equivocadamente”–.

Israel impuso sitio a Gaza y, el invierno pasado, atacó sin misericordia.

Apoyándose en la impunidad que recibe como cliente de Estados Unidos, Israel ha reforzado una vez más su bloqueo secuestrando a Espíritu de Humanidad, embarcación del movimiento Gaza Libre, en aguas internacionales, y forzándolo a atracar en el puerto israelí de Ashdod.

La embarcación había salido de Chipre, donde se inspeccionó el cargamento: medicinas, materiales de reconstrucción y juguetes. Entre los defensores de derechos humanos a bordo se encontraba la ganadora del Premio Nobel Mairead Maguire y la ex congresista norteamericana Cynthia McKinney.

El crimen a duras penas evocó un bostezo –con cierta justicia, se podría argumentar, dado que durante décadas Israel ha estado secuestrando botes que viajan entre Chipre y Líbano–. Entonces, ¿para qué molestarse en reportar este último ultraje de un Estado bribón y su jefe?

Honduras. Centroamérica también escenifica un crimen relacionado con elecciones. Un golpe militar en Honduras ha depuesto al presidente Manuel Zelaya y lo ha expulsado del país.

El golpe repite lo que el analista en asuntos latinoamericanos Mark Weisbrot llama “una historia recurrente en Latinoamérica”, enfrentando a “un presidente reformista respaldado por sindicatos laborales y organizaciones sociales con una elite política corrupta, mafiosa, gobernada por las drogas, acostumbrada a escoger no sólo la Suprema Corte y el Congreso sino también al presidente.

La corriente principal de opinión pública describe al golpe como un desafortunado regreso a los malos días de hace décadas. Pero eso es equívoco. Se trata del tercer golpe de Estado en la última década, todos ellos conformando la “historia recurrente”.

El primero, en Venezuela en 2002, fue respaldado por la administración de Bush que, empero, se retractó luego de agudas críticas latinoamericanas y de la restauración del gobierno elegido a través de manifestaciones populares.

El segundo, en Haití en 2004, se concretó a manos de los torturadores tradicionales del país, Francia y Estados Unidos. El presidente electo, Jean Bertrand Aristide, fue llevado en secreto a África Central.

Lo novedoso del golpe en Honduras es que Washington no lo ha respaldado. En cambio, Estados Unidos se unió a la OEA y se opuso a la toma de poder, aunque vociferó una condena más suave que otros, y no ha actuado al respecto. Contrariamente a lo que han hecho países vecinos, Francia, España e Italia, Estados Unidos no ha retirado su embajador.

Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la asistencia estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos.

Las relaciones militares han sido estrechas desde la década de los ’80, cuando Honduras fue base de la guerra terrorista del presidente Reagan contra Nicaragua. Que la “historia recurrente” se repita una vez más depende en gran medida de las reacciones dentro de Estados Unidos.

Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.

http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=533074

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