http://web.ncf.ca/ek867/2007_07_01-15_archives.html
Crítico, teórico y filósofo de la literatura, Northrop Frye aborda, a partir de preguntas que cotidianamente obviamos por su aparente ingenuidad, la naturaleza literaria del hombre buscando en ella respuestas universales y pertinentes a todos los tiempos y sociedades. La imaginación educada es un conjunto de reflexiones que, aunque “los problemas que plantea la literatura no son del tipo que se pueda ‘resolver’” (p. 10), representa una aproximación acertada a estas cuestiones.

El motivo de la metáfora

El punto de partida de las reflexiones de Frye es la siguiente pregunta: ¿Para qué sirve la literatura? Y para explicar y entender si es que alguna utilidad tiene debemos partir desde nuestra postura hacia (y en) el mundo. Así, Frye nos propone la siguiente situación: somos náufragos en una isla deshabitada que nos es desconocida.

En primer lugar, nos sentiremos ajenos y distantes en ese nuevo mundo, “como algo puesto frente a nosotros y que no es parte de nosotros” (p. 11). Sin embargo, no pasará mucho tiempo antes de que “algo dentro de nosotros” (es decir, los sentimientos o emociones, si nuestro punto de vista es occidental) nos haga considerar la isla un lugar hermoso, ideal para vacacionar; o quizás, el terror nos envuelva y la isla nos parecerá terrible. Y ya sea lo uno o lo otro, nuestra mente también intentará, como cotidianamente lo hace, racionalizar todo aquello que nos rodea. De cualquier forma, ambas actitudes mentales nunca coinciden cuando el mundo se nos presenta como lo hace esta isla, sino que alternan. Nuestra mente no hace más que contemplar el mundo y, quizás, especular sobre él. En este primer nivel mental, se constituye el lenguaje de la conciencia para calificar y nombrar las cosas. La ciencia aparece para describir racionalmente el mundo que nos rodea; y el arte, en contraposición, distingue entre “lo que gusta o disgusta” (p.13).

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