Resistencia y dignidad en la Alemania nazi.

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En este octubre, en el año 16 de la nueva centuria, se cumplen 80 años de la culminación del célebre tribunal de Nuremberg y del dictado de las principales condenas dictadas por esta corte, quizás la primera gran instancia de justicia supranacional de la historia. Un 16 de octubre de 1946, en el patio del histórico edificio que sirvió de sede del tribunal, fueron ejecutados mediante la horca, algunos de los más connotados y despreciables jerarcas del nazismo, tales como von Ribbentrop, Kaltenbrunner, Rosenberg, Keitel, etc.

Sobre el “juicio de Nuremberg”, su naturaleza y consecuencias, se han escrito miles de páginas y han corrido ríos de tinta. Se cuestiona, a partir, sin duda, de puntos de vista tan sólidos desde el prisma jurídico, como los que sostienen lo contrario, la legitimidad del tribunal, el valor de sus conclusiones y fallos. Empero, no es ni pretende ser este, sin embargo, un espacio para un debate de naturaleza técnico –jurídico, por ello, en este artículo no se tomará parte del mismo.

Nuestra intención es, aprovechando el aniversario, destacar un aspecto muy poco conocido y difundido entre nosotros, el valor y la dignidad de quienes en la Alemania de aquellos sombríos tiempos, se atrevieron a desafiar y enfrentar a la tiranía nazi, aún en la mayoría de casos, al costo de sus propias vidas. Un recuerdo estimulante que debe de preservarse como guía para cualquier sociedad, incluida la nuestra, que luche por mantener la vigencia de algunos valores intangibles: libertad, justicia, igualdad, verdad.

La oposición contra el régimen nazi, aunque por lo general minoritaria, se inició en Alemania prácticamente desde el mismo momento en que Hitler fue investido canciller del Reich en 1933. Y es que primero, el “Fuhrer” (“Líder”) se encargó de eliminar toda oposición en el seno de su propio movimiento para luego iniciar una implacable cacería contra las formaciones políticas tradicionales que representaban obstáculos en su camino hacia el poder absoluto.

Cuando estalla la guerra en setiembre de 1939 con la invasión de Polonia, el movimiento nazi a través de sus  instrumentos de represión, la temida Gestapo (Geheime Staatspolizei”: Policía Secreta del Estado) y las SS (Schutzstaffe”. Escuadras de Defensa), había ya, literalmente, exterminado a la disidencia política, especialmente la de izquierda y a la social democracia. (Destaca en ese período la lucha de Ernst Thalmann, dirigente del partido comunista alemán, detenido en 1933 y muerto antes de la finalización de la guerra en el campo de concentración de Buchenwald). Es durante el conflicto que se organiza la persecución y exterminio de colectivos nacionales y sociales en razón de su identidad étnica (“la solución final”), que tiene como más conocida muestra, el holocausto del pueblo judío.

En todos esos años (1933- 1945), fueron numerosos los movimientos y grupos de diferente origen, ideología y ocupación, y personas a título individual, (como el obrero Georg Elser, quien atentó contra Hitler en 1933), que se organizaron para luchar contra el fascismo y la guerra que estaba llevando a Alemania a su completa destrucción. De seguro se han omitido nombres que merecerían estar en la lista, pero estimo que en la pequeña relación que sigue a continuación, están, quizás, los más representativos símbolos de la resistencia del pueblo alemán.

Las iglesias, especialmente la luterana y la católica, se opusieron frontalmente al fascismo y a la ideología totalitaria que lo sustentaba. Centenares de templos fueron cerrados y se prohibieron los cultos en todo el país. En el caso de la iglesia luterana, destacan, sin duda, la vida del pastor Martin Niemoller y especialmente, la resistencia y las obras del pastor y reconocido teólogo, Dietrich Bonhoeffer, ejecutado en el campo de concentración de Flossenburg y considerado hoy, por su iglesia, uno de los mártires del siglo XX. Respecto a la iglesia católica, recordar el valor del obispo August von Galen, del jesuita Alfred Delp y en especial a la monja carmelita, Edith Stein, hoy venerada en los altares como santa, muerta en el campo de exterminio de Auschwitz.

Los movimientos de corte político, por cierto, tuvieron, operando casi siempre en la clandestinidad, un activo rol en la lucha anti nazi. Entre los más conocidos, la llamada “Orquesta Roja”, grupo de espionaje que operaba dentro del Reich, integrada por intelectuales, activistas y dirigentes de izquierda vinculados al partido comunista y a la social democracia. Destacan entre ellos singularmente, un conjunto de parejas de académicos y profesores, como Harro Schulze-Boysen y su esposa Libertas, Arvid Harnack y su esposa, de nacionalidad estadounidense, Mildred Harnack- Fish, Adam y Greta Kuckhoff. Todos, salvo Greta Kuckhoff, ejecutados entre 1942 y 1944.

Cuando se acercaba el fin de la guerra y era evidente, para todos, menos para Hitler y sus secuaces, que Alemania iba a ser derrotada, se organizó un selecto movimiento de oposición conocido como el “Círculo de Kreisau”, este, a diferencia de la “Orquesta Roja”, estaba integrado por miembros de la aristocracia prusiana, juristas, diplomáticos, académicos y hombres de negocios, que querían eliminar a Hitler para negociar con las potencias occidentales un fin del conflicto decoroso para el país.

Destacan como sus principales líderes, los juristas, Helmuth James von Moltke, Peter Yorck von Wartenburg, Adam von Trott Su Solz (también diplomático), Ulrich Schwerin von Schwanenfeld y el sindicalista Julius Leber. También mencionar al Dr. Carl Friedrich Goerdeler, ex alcalde de Leipzig y al Dr. Hans von Dohnany, jurista, cuñado del pastor Bonhoeffer, ejecutados ambos respectivamente, en febrero y abril de 1945, así como los diplomáticos, Ulrich von Hassell y Friedrich von der Schulenburg.

Al fracasar el más serio intento por eliminar a Hitler y a los más connotados dirigentes del régimen, con el fallido atentado e intento de golpe de estado del 20 de julio de 1944, el “Circulo de Kreisau” fue, de inmediato, completamente desmantelado. Llevados ante el estrambótico y delirante juez nazi Roland Freisler, cabeza del llamado “Tribunal del Pueblo”, todas estas personas fueron condenadas a muerte y ejecutadas.

Decíamos que el atentado de julio de 1944, fue, de los muchos intentos realizados contra Hitler, el que más cerca estuvo de cumplir con su cometido. Sin embargo, su fracaso desencadenó la más terrible de las persecuciones implementadas por el régimen. Más de 7 000 personas fueron arrestadas, torturadas y condenadas, a muerte en muchos de los casos, como se ha visto. Al lado de figuras civiles como las ya mencionadas, es justo añadir y mencionar los nombres de prominentes mandos militares que desde el inicio de la guerra conspiraban contra el Tercer Reich.

Está el caso del mariscal Erwin von Witzleben, alto oficial de la Wehrmatch, su colega de igual grado, Erwin Rommel, el célebre “Zorro del Desierto”, obligado a cometer suicidio, el almirante Wilhelm Canaris, curiosamente, ex jefe de la inteligencia naval, los coroneles Henning von Tresckow y el ahora muy conocido por las películas de Hollywood, Claus Graff von Stauffenberg (“Operación Valquiria”), cerebro y ejecutor, respectivamente, del atentado del 20 de julio. Este último (hoy, al lado de Helmuth J. von Moltke, héroe nacional en Alemania), fusilado la misma noche del fallido intento. Witzleben y Canaris, fueron condenados a muerte y ejecutados, (von Tresckow se suicidó al conocer el fracaso del plan).

Los jóvenes, algunos de muy corta edad, tuvieron también un rol clave en la lucha por salir de la oscuridad y del terror; son mundialmente conocidos los hermanos Hans y Sophie Scholl, activistas y resistentes pacíficos de la Universidad Maximilian Ludwig en Munich, ejecutados en 1943, cuando Hans tenía 25 y Sophie 22 años. O Helmuth Hubener, miembro de las iglesias cristianas en Hamburgo, ahorcado en 1942, cuando aún no  cumplía los 18 años.

Unos cuantos, muy pocos, luchadores por la paz y la libertad, sobrevivieron al hundimiento de su país y al final de la tiranía, algunos, en menor número todavía, alcanzaron posterior fama por sus aportes a la nueva Alemania y la reconciliación, como el caso de los egregios políticos, Konrad Adenauer y Willy Brandt, o el empresario e industrial (célebre por la película, “La lista de Schindler”), Oskar Schindler y su esposa, Emily.

La lista es, en fin, bastante larga  y supera con creces el espacio de este artículo. Basta saber que cerca de 70.000 personas fueron procesadas, en la mayoría de casos condenadas a lo largo de los doce años de duración del régimen nazi, uno de los más malignos y crueles que registra la historia contemporánea.

Quiero finalizar este recordatorio- homenaje, con la confianza que la Alemania que resurgió desde, literalmente, sus cenizas y en general, el conjunto de las naciones libres, no olvidarán el sacrificio y el legado de estos valientes, citando al Dr. von Moltke, la víspera de su ejecución, el 23 de enero de 1945 en la infame prisión de Plotzensee en Berlín, cuando le  escribía a sus hijos: “Desde que el nacionalsocialismo llegó al poder, me he esforzado para hacer sus consecuencias más leves para sus víctimas y para preparar el camino para el cambio, a eso, mi conciencia me llevó  hasta el final, pues este es el deber de un hombre de verdad”.

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