100 años de la batalla naval de Jutlandia.

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Hoy, 31 de mayo del 2016, y quizás en estos mismos momentos, se estén llevando a cabo sendos eventos de conmemoración, tanto en puertos importantes de las islas británicas, como Portsmouth o Rosyth (Escocia), como en la antigua base naval de Wilhelmshaven en Alemania. No es poco lo que se conmemora, nada menos que los 100 años de la mayor batalla naval de la historia, la gran batalla de Jutlandia, según la nomenclatura inglesa, o de Skagerrak, según la germana. Encuentro que se dio en el marco de la Primera Guerra Mundial o Gran Guerra, (1914- 1918), la que enfrentó de un lado a Inglaterra, Francia y Rusia (después la Unión Soviética durante el mismo conflicto), contra las potencias centrales, Alemania, el imperio austro-húngaro e Italia.

Luego de su épica victoria en Trafalgar (octubre de 1805), Gran Bretaña emergió como la mayor potencia naval en el mundo, primacía que ostentó hasta mediados del siglo XX. Es decir, durante la Gran Guerra, la enseña de la “Unión Jack” era todavía la soberana absoluta de los mares. No obstante, el imperio alemán, a partir de fines del siglo XIX, se atrevió a desafiar ese predominio, con un programa de construcciones navales nunca visto en la historia. Si bien, cuando comenzó el conflicto (agosto de 1914), Alemania no pudo alcanzar la paridad respecto al oponente británico, si consiguió formar una flota que por lo menos, mantuvo ocupados y en expectativa a los lores del mar.

Los mandos germanos sabían que de aceptar un combate abierto y decisivo entre ambas flotas, la “Grand Fleet” llevaba todas las de ganar, por ello, su estrategia fue evitar en lo posible dicho encuentro y realizar acciones puntuales y de menor calado, como por caso, atacar el tráfico comercial en el Atlántico, vital para la supervivencia del imperio británico. Al contrario, la estrategia inglesa era, confiados en su superioridad cuantitativa y material, en buscar dicho enfrentamiento para, en una sola gran batalla, destruir la flota alemana a lo “Nelson”.

Planteadas ambas estrategias, la Flota de Alta mar alemana permaneció fondeada en sus bases en el Mar del Norte esperando una ocasión para, sin arriesgarse completamente, dar algunos golpes a su linajudo oponente. La ocasión pareció llegar a fines de mayo de 1916, el mando de la escuadra había decidido una incursión, con todos sus efectivos, para bombardear instalaciones en Sunderland, en la costa este británica. Es así que la la Flota teutona se hizo a la mar dividida en dos componentes, primero, la escuadra de cruceros de batalla (1), al mando del vice almirante Franz von Hipper, cuya misión era explorar, digamos el terreno, para que después operaran los acorazados, detras zarpó el grueso de la escuadra, compuesta por 16 acorazados, al mando del comandante en jefe de la misma, el almirante Reinhard von Scheer.

Lo que ignoraban los alemanes era que los británicos estaban al tanto de sus movimientos y también, divididos en dos grandes agrupaciones salían a su encuentro. Igual que en el caso  de sus adversarios, adelante iba la escuadra de cruceros de batalla al mando del arriesgado  vice almirante sir David Beatty, y mucho más atrás, en imponente formación, el grueso de la Gran Flota, 24 acorazados, bajo el comando del almirante sir John Jellicoe, primer Lord del Mar.

Hacia las dos y media de la tarde del 31 de mayo, las flotas de cruceros se avistaron en el mar del norte, en una zona costera de la actual Dinamarca, denominada Jutlandia, dando inicio a este tremendo combate naval. La batalla tuvo varias fases, primero, el combate entre los cruceros de batalla, claramente favorable a los alemanes, sus buques eran algo más pequeños y con artillería de menor calibre, pero estaban formidablemente blindados y la calidad de sus proyectiles era insuperable. Resultado, tras tres horas de lucha, dos cruceros de batalla ingleses fueron hundidos, HMS Indefatigable y HMS Queen Mary, otros dos, gravemente dañados, HMS Lion y HMS Tiger, a cambio de averías graves en los cruceros alemanes Lûtzow y Seydlitz.

Al caer la noche y atraidos por el combate, hicieron su aparición ambas flotas principales, se sucedieron una serie de maniobras de contacto y de evasión en condiciones de nula visibilidad; durante el intercambio de fuego, nuevamente los ingleses llevaron la peor parte, perdieron a un tercer crucero de batalla, el HMS Invencible y a los cruceros pesados, HMS Defense y HMS Warrior, a cambio del hundimiento al fin y luego de seguir recibiendo duro castigo, del Lûtzow, por parte alemana. En la madrugada del 1 de junio, entraron en acción los torpederos de ambas flotas, fueron hundidos varios buques menores de los dos bandos y el viejo pre acorazado alemán Pommern, pero por más intentos de atraparla, Jellicoe no pudo “cazar” a la flota germana, la que finalmente pudo escapar y regresar a sus bases esa misma noche.

En téminos cuantitativos, las cifras nos dicen que Inglaterra perdió nada menos que 14 buques, entre ellos, como vimos, 3 cruceros de batalla, además, tuvo 6,077 muertos en acción.  Alemania perdió 11 buques, entre ellos, un crucero de batalla y un acorazado antiguo, además sufrió la muerte de 2,551 hombres. Por ello y durante décadas, se proclamaron ganadores de la batalla, lo cual puede ser cierto desde el punto de vista táctico, pero estratégicamente, al no cambiar la suituación general, es decir, continuar la flota alemana confinada en sus bases, sin poder salir, la victora correspondió al imperio británico. Un periodista norteamericano de la época, ejemplificó bien esta situación, cuando comentando la batalla, dijo: “los alemanes han atacado a su carcelero, le han pegado, pero continúan en la cárcel”:

Fue, sin dudas, la última gran batalla naval de la historia, la última en la que combatieron, cañón por cañón, solo buques; las grandes batallas de la segunda guerra, como Midway o el Golfo de Leyte, en la que intervinieron más buques y más hombres, fueron en realidad batallas aeronavales, con decisiva participación del componente aéreo, batallas, en que las flotas contendientes no se avistaban nunca. Hoy, los antiguos contendientes, más aliados que nunca, conmemoran juntos este gran episodio de su historia, el mismo que, al lado de la tragedia humana generada por la pérdida de tantas vidas, no deja de tener el sabor y el halo romántico de la batalla antigua.

(1). Cruceros de batalla, así fueron denominados buques de gran velocidad, con el tonelaje y la artillería de un acorazado pero malamente blindados, con la coraza de un crucero, lo que los hacía muy vulnerables. En Jutlandia se perdieron cuatro de estos buques, en cambio, ningún acorazado fue hundido. 

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