en 'Prohibido Prohibir' de Semana Económica, por Alfredo Bullard
Creo que la respuesta a la pregunta del título es no. Es más, creo que es positivo que no nos los hayan dado. Por si acaso no lo digo con tono crítico. Es todo lo contrario. Creo que se hizo un esfuerzo importante. La presentación del Perú fue buena. Destacamos lo que había que destacar y lo hicimos con inteligencia y sentimiento. Quizás puedo estar parcializado (mi hija Micaela fue uno de los niños que hicieron la presentación). Por ello debo confesar que me desilusionó mucho el resultado y que mi primera reacción fue la misma que la de casi todos: el poder del dinero nos derrotó. Y eso deja un saborcillo de injusticia.
Pero si esa el la lección que sacamos del resultado, estamos desaprovechando lo que realmente nos deja.
Lo cierto es que no hay nada fácil. ¿Nos ganan los canadienses por que lo hicieron mejor que nosotros? ¿Tenían más que ofrecer? La respuesta puede ser muy distinta según el ángulo que tomemos. Pero si se que comenzaron hacer las cosas mejor que nosotros mucho antes. Y no me refiero a la preparación específica para la candidatura. Me refiero a las décadas anteriores en las que ellos tomaron las decisiones correctas para dirigirse al desarrollo. Canadá no nos gana por que regaló blackberrys y nosotros solo pines. Nos gana por que tomo decisiones adecuadas cuando ni siquiera se había imaginado organizar los Juegos. Y luego se mantuvieron en esas decisiones de manera paciente y constante por décadas. Es correcto decir que se castiga con los criterios de decisión a los más subdesarrollados. Pero me pregunto si justamente eso no es lo que hace justa la decisión.
La impaciencia es uno de los peores ingredientes si se quiere tener una receta exitosa. Y en algunas de las reacciones leo impaciencia y ganas de tirar la toalla. Pero la visión de corto plazo, la expectativa oportunista, suelen fracasar. Ningún país se desarrollo por una o dos decisiones brillantes de sus gobernantes. No existen historias de crecimientos de 20 o 30% del PBI en un año que conducen del subdesarrollo al desarrollo en unos cuantos meses. Ni siquiera en una o dos décadas. Los países que se desarrollaron lo hicieron con miles o millones de decisiones consistentes y coherentes, que fueron acumulando crecimientos anuales relativamente modestos, de pronto imperceptibles. Pero lo hicieron por muchos años. Es el efecto acumulativo, de persistencia y constancia, el que arroja el resultado. En otras palabras no hay atajos ni caminos fáciles.
Por el contrario la idea de empujar las cosas a la rápida, de encontrar fórmulas mágicas, alimentadas por la impaciencia, nos desvían de la meta. Es entonces donde fracasamos.
Los canadienses nos ganan por que comenzaron esa ruta mucho antes que nosotros. Y han sido, con sus idas y sus venidas, consistentes en su decisión. Crearon instituciones sanas y fuertes, adoptaron políticas económicas ordenadas y responsables, abrieron su economía y convirtieron a los consumidores y a los productores en cómplices del desarrollo. Tuvieron claro que querían generar riqueza. Supieron que las recetas mágicas no existen, y que esperar y ser constantes es indispensable para llegar.
Ellos llevan más de un siglo. Perú, a trompicones y con problemas, aún no llega 20 años enfocado en el mismo propósito. 20 años parece mucho, pero en términos del desarrollo estamos todavía en pañales. A Chile le ha tomado 40 ponerse a la puerta del primer mundo. Y todavía le falta.
Lo bueno es que ya estamos en la posibilidad de soñar con organizar unos Panamericanos y estaremos en su momento en la posibilidad de soñar con hacer una Olimpiada. Pero tenemos que reconocer que cuando los canadienses llevaban décadas encaminados, nosotros estábamos debatiéndonos en la improvisación, la irresponsabilidad y la falta de institucionalidad. Ni siquera teníamos metas. Nos ha costado mucho esfuerzo que el Alan García de los 80s sea tan distinto al Alan Garía del 2009. Pero todavía es muy poco, por que no podemos alejarnos totalmente de Humala y su promesa de una utopía chavista, que pretende vendernos el camino corto del lobo en el cuento de la caperucita.
Hemos sido relativamente constantes, pero nos falta aún mucha constancia. Pero sabemos que estamos en camino. Y si somos fieles al sentido común, y tenemos la paciencia para no traicionarlo, estaremos en capacidad de organizar los Juegos Panamericanos siguientes. Y sino los subsiguientes. Las cosas buenas, cuando se piensan “de a de veras”, tardan, pero llegan.
Por eso la lección de haber perdido no es la lección de una derrota, sino la lección de que avanzamos. Es la lección que debe aprender quien se sabe en camino. Es la lección de quien quiere y puede. Y, sin perjuicio de la ilusión de organizar los Panamericanos, lo bueno es que esa paciencia, constancia y compromiso nos puede traer cosas aún mucho mejores que nos simples juegos deportivos.
Creo que la respuesta a la pregunta del título es no. Es más, creo que es positivo que no nos los hayan dado. Por si acaso no lo digo con tono crítico. Es todo lo contrario. Creo que se hizo un esfuerzo importante. La presentación del Perú fue buena. Destacamos lo que había que destacar y lo hicimos con inteligencia y sentimiento. Quizás puedo estar parcializado (mi hija Micaela fue uno de los niños que hicieron la presentación). Por ello debo confesar que me desilusionó mucho el resultado y que mi primera reacción fue la misma que la de casi todos: el poder del dinero nos derrotó. Y eso deja un saborcillo de injusticia.
Pero si esa el la lección que sacamos del resultado, estamos desaprovechando lo que realmente nos deja.
Lo cierto es que no hay nada fácil. ¿Nos ganan los canadienses por que lo hicieron mejor que nosotros? ¿Tenían más que ofrecer? La respuesta puede ser muy distinta según el ángulo que tomemos. Pero si se que comenzaron hacer las cosas mejor que nosotros mucho antes. Y no me refiero a la preparación específica para la candidatura. Me refiero a las décadas anteriores en las que ellos tomaron las decisiones correctas para dirigirse al desarrollo. Canadá no nos gana por que regaló blackberrys y nosotros solo pines. Nos gana por que tomo decisiones adecuadas cuando ni siquiera se había imaginado organizar los Juegos. Y luego se mantuvieron en esas decisiones de manera paciente y constante por décadas. Es correcto decir que se castiga con los criterios de decisión a los más subdesarrollados. Pero me pregunto si justamente eso no es lo que hace justa la decisión.
La impaciencia es uno de los peores ingredientes si se quiere tener una receta exitosa. Y en algunas de las reacciones leo impaciencia y ganas de tirar la toalla. Pero la visión de corto plazo, la expectativa oportunista, suelen fracasar. Ningún país se desarrollo por una o dos decisiones brillantes de sus gobernantes. No existen historias de crecimientos de 20 o 30% del PBI en un año que conducen del subdesarrollo al desarrollo en unos cuantos meses. Ni siquiera en una o dos décadas. Los países que se desarrollaron lo hicieron con miles o millones de decisiones consistentes y coherentes, que fueron acumulando crecimientos anuales relativamente modestos, de pronto imperceptibles. Pero lo hicieron por muchos años. Es el efecto acumulativo, de persistencia y constancia, el que arroja el resultado. En otras palabras no hay atajos ni caminos fáciles.
Por el contrario la idea de empujar las cosas a la rápida, de encontrar fórmulas mágicas, alimentadas por la impaciencia, nos desvían de la meta. Es entonces donde fracasamos.
Los canadienses nos ganan por que comenzaron esa ruta mucho antes que nosotros. Y han sido, con sus idas y sus venidas, consistentes en su decisión. Crearon instituciones sanas y fuertes, adoptaron políticas económicas ordenadas y responsables, abrieron su economía y convirtieron a los consumidores y a los productores en cómplices del desarrollo. Tuvieron claro que querían generar riqueza. Supieron que las recetas mágicas no existen, y que esperar y ser constantes es indispensable para llegar.
Ellos llevan más de un siglo. Perú, a trompicones y con problemas, aún no llega 20 años enfocado en el mismo propósito. 20 años parece mucho, pero en términos del desarrollo estamos todavía en pañales. A Chile le ha tomado 40 ponerse a la puerta del primer mundo. Y todavía le falta.
Lo bueno es que ya estamos en la posibilidad de soñar con organizar unos Panamericanos y estaremos en su momento en la posibilidad de soñar con hacer una Olimpiada. Pero tenemos que reconocer que cuando los canadienses llevaban décadas encaminados, nosotros estábamos debatiéndonos en la improvisación, la irresponsabilidad y la falta de institucionalidad. Ni siquera teníamos metas. Nos ha costado mucho esfuerzo que el Alan García de los 80s sea tan distinto al Alan Garía del 2009. Pero todavía es muy poco, por que no podemos alejarnos totalmente de Humala y su promesa de una utopía chavista, que pretende vendernos el camino corto del lobo en el cuento de la caperucita.
Hemos sido relativamente constantes, pero nos falta aún mucha constancia. Pero sabemos que estamos en camino. Y si somos fieles al sentido común, y tenemos la paciencia para no traicionarlo, estaremos en capacidad de organizar los Juegos Panamericanos siguientes. Y sino los subsiguientes. Las cosas buenas, cuando se piensan “de a de veras”, tardan, pero llegan.
Por eso la lección de haber perdido no es la lección de una derrota, sino la lección de que avanzamos. Es la lección que debe aprender quien se sabe en camino. Es la lección de quien quiere y puede. Y, sin perjuicio de la ilusión de organizar los Panamericanos, lo bueno es que esa paciencia, constancia y compromiso nos puede traer cosas aún mucho mejores que nos simples juegos deportivos.
Publicado por: leurbano a las 10:41 . Categoría: ACTUALIDAD, NOTAS Y OPINION Visto: 267 veces







