Inevitablemente, siempre llega un momento en la que uno no puede evitar recordar el pasado con nostalgia. Casi siempre la imagen que se tiene del pasado es la de una mejor época, un periodo en el fuimos todo lo que queremos ser ahora y que el (indolente) paso del tiempo ha ido deteriorando, extinguiendo cada segundo que pasa.
Este espacio ha estado bajo la tutela de un aficionado (Abel Venero) que poco a poco ha visto perdiendo la capacidad de entusiasmarse con cada nuevo lanzamiento o cada nuevo hallazgo musical. Se hace necesario entonces que deje la batuta de este espacio a un nuevo inquilino, alguien que se considere con la capacidad necesaria para reavivar el espíritu que este espacio ha perdido con el (indolente) paso del tiempo. La despedida no se produce sin antes prometer que mantendrá la promoción del sitio y, de ser posible, colaborará en lo posible con el nuevo redactor.
Richard Erasmus Madoc Fly (obvio que es un seudónimo), limeño de 18 años, asume las riendas de este espacio y se espera que cumpla con el deseo de reavivar lo que venía siendo un espacio casi casi en abandono.
Nuestro Buena Vista Social Club escarba del baúl de los recuerdos una composición de Buenaventura Muñoz, composición que da cuenta como poco a poco, la voz del trovador habitual va dando pasos hacia su extinción definitiva, el tiempo va abatiendo a todos sin excepción. La única forma de renacer, de revivir, termina siendo dejar paso a los siguientes trovadores, a las nuevas voces que tienen más tiempo de crédito y tardarán en apagarse.
Después de mucho (demasiado) tiempo vamos a darle un tiempito a esta ventana. Hoy traigo una selección de canciones cuyo únicos méritos han sido: i)hacer mover esqueletos y carnes en alguna u otra celebración a la que haya asistido y ii) haber sido lanzadas en la década más heterogénea, creativa y heredera torpe y derrochadora de toda la ilustración sesentera. Digo que arrancamos:
nostalgia.
(Del gr. νόστος, regreso, y -algia).
1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.
El debut del octeto canadiense (para este disco, acompañaron 11 músicos adicionales) es un disco ilustrado y muy romántico. Songbook son sus letras sencillas y nada altisonantes, que hablan de sentimientos (principalmente la nostalgia del hogar y de la persona amada), salpicadas sobre lienzos hermosos de melodías orquestales y ritmos complejos. Una guitarra acústica lleva la batuta sobre un conjunto de cuerdas y vientos, el conjunto de sonidos lo completa la voz tímida del frontman Mark Hamilton, un viento tibio que va completando perfectamente una ecuación musical altamente trabajada y acabada.
Destacan: Home As a Romanticized Concept Where Everyone Loves You Always and Forever (Me quedaré si me dejas, me iré si me dejas, pero no me iré lejos, porque eres mi único hogar), Chorus of Wolves (un sonido amargo de complemento), Ms. Stacey Watson Stepney Green (explosión de piano, trompetas y batería), A Sad Country Ballad for a Tired Superhero (el banjo y su nostalgia suprema), A Hymn for Two Walks In Different Cities (campanitas), If Only I Were a Painter, I'd Paint for You the Moon (un gran tema, un ritmo atroz sin sacudirse la nostalgia ni un poquito), Jonothan Ashworth Rollercoaster (núcleo instrumental del disco, "I don't wanna be the bad guy tonight") y A Slight Return Home (y toda la nostalgia es como el mar que empieza a recular cuando se empieza a esbozar la idea del retorno a casa. Demasiado hermosa muestra de maestría orquestal).
¿Por qué las voces femeninas poderosas nos encantan? ¿Por qué nos estremecemos cuando escuchamos la interpretación profunda y hermosa de una vocalista? Explicaciones varias, desde la añoranza de las canciones de cuna que madres/abuelas/nanas nos dedicaban, hasta la natural tendencia al matriarcado que marcan a la gran mayoría de culturas americanas y africanas. Sea cual sea el motivo, es innegable que nos encanta que una mujer nos cante bonito con una voz potente y apasionada.
La música que hace The Gossip puede ser ubicada dentro de un rango amplísimo de géneros, siempre en el espectro del indie, que van desde el dance hasta el post punk. Sus guitarras salvajes, estruendosas, que en cada cierta cantidad de acordes punk rinden tributo al funk, así como la batería empiladaza que marca los ritmos le brindan la profundidad necesaria al principal activo de la banda: Beth Ditto. Ditto, una musa que hubiese inspirado a Rubens, una diosa que hubiese representado la fertilidad de manera muy precisa, la opulencia hecha mujer. Y como no había de otra, su grandiosidad debe ser completada con una voz poderosa, hermosa y atronadora: una de las vocales femeninas más resaltantes de la década pasada.
Standing in the... es el tercer disco de la banda y es el regreso desde una breve separación. Sus armonías funky, su feeling soul y su melodía punk empilan cualquier pista de baile; y, más que obvio, la voz hará que te tiemblen las rodillas. El gran mérito del disco es su excelente producción, saben que el reflector debe estar en las vocales y todo fluye en esa dirección incluso la domesticación previa que tuvo que sufrir el rugido de tigre de la Beth, el resultado: un gran álbum que colocó en el mapa a una artista más que interesante.
Destacan: Fire With Fire (las línea armónica de la batería es fenomenal), Standing in the Way of Control (la canción epónima es uno de los grandes himnos de los 2000s, la desaparición de los géneros para bien), Jealous Girls (¡celitos!), Coal to Diamonds (se ponen sentimentales), Your Mangled Heart (la guitarra en su gloria) y Keeping You Alive (poniéndole las cosas en claro al novio, gran tema).
Una de las situaciones más tristes que puede afrontar la psiqué humana es despedirse. Qué difícil se le hace a uno alejarse de la comodidad, de la rutina, del lugar en el que uno está plácidamente instalado. En español se encuentran canciones de diversos géneros que dan cuenta de la pena profunda; del agitar la mano en el aire y recibir los últimos besos volados; de la complicada mezcla de desazón, tristeza y aceptación que se debe aguantar al despedirse. A continuación algunos de estos temas:
Y los favoritos casi siempre ganan: para el 2011, Polly Jean Harvey presentó un discazo. Hasta este año, el pico de su carrera era su elocuente, hermoso y cautivante Stories From the City, Stories From the Sea del año 2000. Sin embargo, PJ ahora revienta su propia marca y lega una colección de canciones (que explotan su preciosa voz) alegres y tristes, grandilocuentes y sencillas, y que hablan sobre la guerra, la guerra, la guerra y, obvio, la muerte.
Let England Shake tiene como guías matrices la marcha zombie hacia el cadalso, el horror y el vacío, la condición humana y la triste ironía que es la vida. Instrumentalmente, la propia guitarra de Harvey suena como desgañitándose, los teclados marcan el paso y la percusión son cañones de guerra explotando en furia y los arreglos de vientos anuncian las próximas acciones bélicas.
Destacan: Let England Shake (Bobby precioso regresa a la isla a bailar), The Last Living Rose (precioso tema sobre la nostalgia de la soldadesca), The Glorious Land (los arreglos de corneta van demasiado bien con la guitarra, acompaña un videazo), All and Everyone (muerte, muerte y muerte), On Battleship Hill (mucha introspección con una voz agudísima como guía), England (un cántico al fondo, como un mito sajón o celta), In Dark Places (ese sonido tan propio de distorsión y batería), Bitter Branches (reverberación como en un laberinto de ecos y sonidos), Written on the Forehead (la ascensión del espíritu gracias a la pira) y The Colour of Earth (dueto con voz masculina, mucho cierre).
Top 2011. Con 22 discos a sus espaldas, el más maldito de todos los malditos, el perro de lluvia más perdido de todos los perros de lluvia, regresó el 2011 con la misma versatilidad y ánimo transgresor que lo caracteriza desde su primero, ya muy lejano, Closing Time de 1973. En sus afanes avant garde, Waits ha sonado a cantina de viejo oeste, a bar de jazz beat, a estadio de rock, a compañía circense.
En este Bad as Me, Tom repite todos esos platos, pero sin repetir fórmulas; este disco es claramente una revisión de su amplísima carrera, el cual, gracias a un enorme esfuerzo compositivo, mantiene una identidad propia. Cada tema de esta obraza nos remite a diferentes etapas de su evolución artística, pero a la vez suena novedoso, fresco, renovador. Las vocales siguen en lo suyo: cuerdas vocales metálicas lubricadas del whisky y el gin más fuertes, mientras que la instrumentalización varía desde un pianito de salón a una guitarra distorsionada, de un xilófono oxidado a una metralleta, de unos vientos muy versátiles hacia unos vientos atronadores. Mención aparte la lírica: así como la cabeza de Waits es un arcón capaz de albergar las más heterodoxas concatenaciones melódicas, su cerebro también es capaz de crear personajes y situaciones mediante las cuales exorcisa sus demonios personales, esos que va acumulando en su continuo andar de gitano, mercader y bohemio.
Destacan: Chicago (todos a bordo, a ritmo de trenes y trompetas noas vamos a la ciudad de los vientos), Raised Right Men (un bajo tubular), Get Lost (simplemente genial, uno de los mejores temas de su vasto catálogo), Face to the Highway (una baladita con sonidos de campanas lejanas), Pay Me (otra balada, el lamento de un intérprete atrapado en este escenario), Bad as Me (paso doble, su aullido más desesperante), Satisfied (así se distorsiona una guitarra), Hell Broke Loce (antibelicismo, a ratos la percusión es una metralleta, gran tema) y New Year's Eve (una de esas hisotrias de redención que sabe contar).
Top 2011. Durante este año ocurrieron dos hechos determinantes: el adiós definitivo de Jack y Meg y la horrible patinada de los Strokes. Es axioma que no existen vacíos de poder, cual quier acción que implica la disminución de influencia de una actor tiene como reacción inmediata el desplazamiento de otro(s) actor(es) a ese espacio de influencia. Caídos los dos pilares del gènero, muchos actores obtuvieron notoriedad y nuevos actores saltan a la palestra del garage rock revival. Uno de los ya conocidos fueron los Arctic Monkeys (ya los habíamos colocado como top 2009) y uno de los benjamines, los Vaccines.
Estos ingleses (con una cabeza llena de novedosos riffs guitarreros, novedosas líneas de percusión, novedosos arcos líricos) se juntaron el 2010 y este año nos regalan esta joya. Energía pura y dura, guitarras llevadas al extremo de la distorsión, baterías que explotan contínuamente y vocales profundas con reverberación que, además, hablan de juerga, de resacas, de buenos momentos, de malos ratos, de amores, de sexo: de estar en medio de la juventud vida pasajera y dejar que florezca.
Destacan: Wreckin' Bar (Ra Ra Ra) (una niña con todo para salir a destrozar el bar y la noche, muy empiladora), If You Wanna (si quieres volver, vuelve pues), Blow it up (el colmo de la distorsión), Wetsuit (un tímido teclado le otorga mayor profudidad a la voz), Norgaard (ritmo atroz, sólo 17 y nada de relaciones estables), Post Break-up Sex (himno para esta década definitivamente), All in White (ambiente electrónico, despertarse con la resaca), y Wolf Pack (excelente ejercicio garagero, el conocerte y el atraerte).
Querer y desear. El Eros concebido por la abundancia y la pobreza, por el hedonismo y el ascetismo, por la atracción física como erupción volcánica y el magnetismo emocional como el acercamiento de un imán. Querer y desear, anverso y reverso de una moneda que se lanza al momento de decidir qué pasos le siguen a una relación. El a-dónde-se-quiere-llegar y el cuándo-se-debe-llegar como un juego probabilístico de cara y cruz. Top 2011. Nunca un título fue tan preciso (y ambiguo): en el tercer disco de esta bandaza británica, las canciones hacen justamente eso: sofocan (o contienen). Smother son capas de texturas sonoras (instrumentales y vocales [falsettos y bajos en dosis perfectas]) minimalistas, cautivadoras, profundas, finamente seleccionadas que se van fundiendo en piezas altamente complejas y hermosas. Temas que hablan de lujuria, de deseo, de anhelo, de desespero, de ahogamiento, de nostalgia: la dulce tensión que generan el querer y el desear a una persona.
Destacan: Lion's Share (la línea del piano es cautivante, de cómo te atraparía con mi boca), Bed of Nails (el querer se va extinguiendo, el deseo se aviva), Deeper (percusión tubular y vocales muy profundas, el ir más al fondo queriéndote), Loop the Loop (núcleo temático y sonoro del disco, un vaivén de armonía y melodía, una letraza sobre el carrusel que es querer y desear, en vivo es arrolladora), Plaything (percusión tubular y vocales muy profundas, ir más al fondo deseándote), Albatross (las texturas son explotadas al límite), Reach a Bit Further (dueto de voces en perfecta sincronía) y End Come Too Soon (¿eyaculación precoz?).
Top 2011. Annie Erin Clark (St. Vincent para los patas) es una chica americana muy talentosa. Ha trabajado, en estudio y giras, con los más preciados compositores y músicos de la escena indie (Arcade Fire, Grizzly Bear, Bon Iver, Sufjan Stevens, The New Pornographers) lo cual no dice mucho sobre su talento, pero sí sobre sus influencias. Para conocer su talento, basta ponele play a esta su obra del 2011.
Acordes guitarreros (algunos estridentes, otros melodiosos) se yuxtaponen a ambientes dramáticos de distorsión y ambientes livianos de sintentizador. La voz grácil de Annie interpreta cantos de sirena, muy hermosos y provocativos, sobre estampas de las inseguridades, fortalezas y valentías de las mujeres de hoy. Un disco precioso de una chica preciosa: ¿qué más podría pedirse a la vida?
Destacan: Chloe in the Afternoon (fraseo guitarrero dual derechazo a la mandíbula), Cheerleader (cansada de ser la gran mujer detrás de un pusilánime), Surgeon (las vocales transmiten ese olvidarse del propio ser en el quirófano, esperando a ser partida en dos), Northern Lights (la percusión es invaluable), Strange Mercy (ejercicio dream pop bien logrado, las vocales llegan al 10/10), Neutered Fruit (tú y yo observándonos directamente, perdido en tus ojazos azulverdosos), Champagne Year (muy tangible la influencia del master Leonard Cohen), Dilettante (otra vez la guitarra cruda) y Year of the Tiger (una poderosa línea de percusión abre, dirige y cierra).
Hacer listas es todo un ejercicio narcisista, es casi imposible conciliar el carácter objetivo de un escalafón con la subjetividad necesaria para calificar una obra artística. A diferencia de lo que hemos hecho en años anteriores (que era dedicar unas líneas a un solo disco [2007, 2008, 2009]), la holgura de tiempo así como la alta calidad que dejó el 2010 en cuanto a álbumes, nos aminaron a explayarnos un poco más. Este 2011 repetimos el plato. Así va:
En el camino del 2011 quedaron muy buenos discos, algunos a mano alzada son: Fair Ohs - Fair Ohs (melodías caribeñas en el fondo indie), The Black Keys - El Camino (bandaza que consolida su posición de baluarte del Southern Rock), Destroyer - Kaputt (la ambientación, la ambientación), Metronomy - English Riviera (devaneos electrónicos), Washed Out - Washed Out (muchos cuetes, le falta algo todavía).
Los noventas son para el Perú una fuente inagotable de rabia, desazón e infelicidad. El deterioro moral, la decomposición de la ética a la que nos empujaron 30 años de incapaces como autoridades, es el caldo de cultivo perfecto para que el arte adquiera discursos alejados del hedonismo, de la contemplación y, más bien, se acerque a la denuncia, a la propuesta, al mensaje tangible.
La Sarita significa para el Perú el alivio de contar con una reserva moral, un no-todo-está-perdido, que a través del arte se puede regenerar la podredumbre. Martin Choy, reeditando las estampas peruanas de Los Mojarras, y Julio Perez lideran una banda que no tiene reparo en identificarse con El Agustino, identificarse con los provincianos, identificarse como los de abajo: no como de izquierda ni, de derecha.
Mamacha Simona es un apu cusqueño y es el nombre del disco definitivo de La Sarita, y fue lanzado el 2009. La fusión andina (huaylarsh, huayno, carnaval, chicha) que los caracteriza es elevada exponencialmente, sus letras ilustradas (de Arguedas y Mariátegui) se hallan pulidísimas y su ritmo rock ha logrado fundirse perfectamente con el ritmo del quechua de sus letras. Excelente producción y vienen amenzando con una segunda parte.
Destacan: Carnaval (el inicio de una juergaza provinciana), Fiesta de Aucará (migrantes en Lima, hermanos ayacuchanos reunidos alrededor de San Miguel Arcángel y una corridita), Otra Vida (el harto conocido discurso ambiental, "cóndor solito que triste estás, buscas tu nido para descansar"), Canto Enfermo (el empuje de nuestros apus que llevan al provinciano a dominar arenales inhóspitos), El Juicio Final (Jesús era un marcianazo), Mamacha Simona (todo un pago a la tierra hecho canción), Siente el Poder del Danzaq (una canción ilustradísima, una semblanza del danzante de tijeras y su homenaje a Arguedas a través de un genial estribillo) y Vida Pasajera (el gran cierre de fiesta, gran cover del clásico toril inmortalizado, entre muchos, por la Estudiantina del Perú).
¿A qué me refiero cuando hablo de "sensibilidad pop"? En este espacio utilizamos frecuentemente muletillas, sustantivos que se utilizan frecuentemente cuando reseñamos o simplemente reventamos "cuetes" (esto último es ejemplo de otra muletilla frecuente). La "sensibilidad pop", en el sentido que se le atribuye a los cientos de post de nuestra autoría, es la capacidad (casi don) de poder componer (concatenar ritmo y melodía y letras) música que: i) puede despertar en el receptor una serie de sensaciones, despertar recuerdos, crear empatía, y ii) por su sencillez puede volverse masiva (esto no implica comprometer la calidad, por cierto). Un autor con sensibilidad pop, entonces es un maestro, un artista, un genio que puede sintonizar con el sentir popular y regalar piezas de altísimo valor subjetivo.
Roxy Music refleja muy bien el signo de los tiempos: en su época, la setentera, la escena anglosajona era una carnaval de sintetizadores, disfraces y experimentación; los dos Bryans (Eno y Ferry) supieron responder a esta tendencia y derrocharon discos llenos de aquel carnaval. Para su otra época, la ochentera, la escena se decantaba por el post punk, por la introversión, por crear ambientes y texturas; para este tiempo Eno ya había dicho adiós y la banda se amoldaba a, y perfeccionaba, lo que se venía haciendo.
En este momento previo al fin es que la figura de Bryan Ferry adquiere demasiada notoriedad, gracias a su sensibilidad pop, las canciones de esta Roxy Music lo llevan a uno de la mano en un viaje interno, se van revelando imágenes que subyacen en la psiqué y se desenredan los embrollos en los que se mete nuestra propia consciencia.
Para este, hasta la fecha último disco, los Roxy de Ferry se despachan una canción - himno eterna. Un ritmo sencillo con ansias de psicoanálisis, una voz fragilísima (parece de hielo quebradizo) y unos fraseos instrumentales que completan la terapia. Las hojas que caían en la noche (y que nadie las ve), el mar y sus corrientes (que nunca regresan), y lo divertidísimo que lo pasamos (que nadie puede desaprobar) son imágenes que terminan generando epifanías en cualquiera que escuche y se deje arrullar por este More Than This.
Y como no podía ser de otra manera, acompañan imágenes de una de las películas de introspección extrema:
"Esta perspectiva, como se desprende de los títulos de muchos artículo científicos y de divulgación acerca del 'cerebro adolescente', pinta los adolescentes como una 'obra en construcción' cuyos 'cerebros inmaduros' hacen que la gente se pregunte si están en un estado 'parecido al retraso mental'"
II
El chico errático, que en cinco minutos pasa de eufórico a depresivo. Como Jekyll y Hyde: de la fiesta de su vida a la muerte interna. (Natives)
III
"unos cuantos investigadores comenzaron a ver los descubrimientos cerebrales y genéticos recientes bajo una nueva luz, más favorecedora, marcada por la teoría de la evolución. La explicación resultante (...) lo pinta menos como un borrador y más como una criatura sumamente sensible y adaptable".
IV
En el bullicio de punks, policías y unos no-tan-niños escapando de la ley a carcajadas. A pesar de este barullo, sin embargo, en el fondo subyace la noción de hogar, la noción de pertenencia, la noción de que este es mi lugar y esta es mi vida. (This is Home)
V
"En términos científicos, los adolescentes pueden ser un dolor de huevos, pero posiblemente sean los seres humanos más completa y crucialmente adaptativos. Sin ellos, la humanidad quizá no se hubiera esparcido por el mundo con tal facilidad." ("Cerebros Hermosos". National Geographic #4 (Oct. 2011), Vol. 29.
¿Por qué me he afanado tanto en esta canción?
- La voz de Bono reedita faenas brutales como las del Boy, del War y del Achtung Baby.
- Es el elemento clave de un disco, el All You Can't Leave Behind, que sin muchas pretensiones y sin mucha parafernalia resulta delicioso escuchar (y además que llegó en un momento preciso).
- La atmósfera que crea la guitarra con el sonido huérfano del sintetizador seduce a cualquier mortal.
- Se trata de la última canción que ese demonio llamado Joey Ramone escuchó.
-Como en una buena borrachera, la inspiración inicial la proporciona una resaca que hace que todo se le junte a Bono, que hace que se escriba sobre el dolor, que hace que se añore y se llame en la inmensidad de la noche a la morena de ojazos españoles, que hace recordar el hogar y que se recuerde la lentitud, esa lentitud del corazón y del bien amado.