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...Al frente hay sitio...
...Cansado de que lo manden al fondo, un hombre decidió sentarse bien adelantito...y fue feliz...


No me motiva caminar por esta ciudad,
puedo caer preso del consumismo y la banalidad de las gentes,
las calles me son extrañas e indiferentes,
no me recuerdan nada de mí
pero tal vez eso sea lo importante
que no te acuerdes de ti para poder encontrarte.

Si quisiera continuar caminaría por lugares que ya conozco
por senderos que me recuerden una partecita de lo que he vivido
y así poder hacer memoria de los errores y de lo que creo ser.

Y sin embargo, caminando por calles desconocidas
los pensamientos me abordan a traición
crueles y rufianes
solo quieren desgarrarme sin importarles quién soy
pues aquí soy nadie y nada me recuerda a mí,
entonces solo soy yo en esencia contra todo lo que se avecina
y puedo al fin encontrarme
desnudo y solitario
tal cual soy frente a la vida
y reflexionar.

Aún así,
en momentos como estos
extraño mi playa en pleno invierno
con su cielo gris que no deja transcurrir el tiempo
con su viento helado que penetra arteramente en los pulmones
y con esas aguas, tal que dagas, desgarrando la piel y los sentidos.

Y ahí van mis sentimientos,
en el oleaje de este mar que azota impunemente mis memorias
y llega la noche oscura, sin luna ni estrellas
solitaria solo con el ruido de las olas
y me doy cuenta de lo inmensa que es la eternidad
y de lo insulso que son nuestros problemas

Entonces, por qué padecer este suplicio
de arañar la piel de la realidad
por qué querer sentir esta tortura
de no querer definir en qué ola navegaré
para adentrarme en esta penumbra
buscando la luz que me guíe
hacia algún lugar donde tú estés.

Pues de eso sí estoy seguro,
te quiero encontrar a ti en aquel lugar
sea cual fuese
donde se encuentre no me importa
solo deseo verte a ti
y decirte, mirándote a los ojos
que hasta el final (cualquiera sea el final)
¡Aquí me encuentro!
Y no importa nada más.
Hay personas interesantes a las cuales perdemos de vista en algún momento de nuestras vidas y casi nunca podemos volver a encontrarlas.

Hoy me acordé de varias de ellas, todas extraviadas en el pasado, todas perdidas en el espacio y en el tiempo, por los viajes, por el mero hecho de crecer, por la simple razón de que la vida pasa y todos nos vamos con ella.

Me acordé de la que considero mi primera gran amiga. Ella 18 años, yo 13. Ella en quinto de secundaria (aún, por cosas de la vida que no tengo derecho a comentar se atrasó), yo creo que en segundo o tercero. Nos conocimos en una academia de inglés en Tacna. Por esas cosas que tiene el destino empezamos a hablar, o mejor dicho, ella me contaba su vida, me decía acerca de su enamorado, del chico que le quería sacar plan, del colegio, de todo un poco… yo solo escuchaba. Y así pasaron dos o tres meses de academia hasta que llegaron las vacaciones. Un hasta la vista que nunca dijimos y luego de 4 años nos volvimos a encontrar en un día familiar del colegio de una prima mía.

Ese día hablamos, casi como antes, pero las cosas nunca son como antes después de 4 años. Al despedirme olvidé pedirle su correo o su celular. Y de ahí en más, ni en el facebook la puedo encontrar.
Creo que llegó a ser mi amor platónico, tenía ojos lindos, aún me acuerdo de eso. Guardo un libro que me prestó, sobre literatura, en mi casa de Tacna, es como un tesoro, un recuerdo de que algún día existió esa persona que me brindó su amistad y yo, aún inmaduro, correspondía con una gran atención y una risa de vez en cuando.

Y así podría mencionar muchas personas más, aquellas que se pierden aún estando presentes por peleas, por dejadez, por no atreverse a mandar un mensaje o un comentario de foto, todo por no llamar o ir a visitar alguna vez. ¿Cuántas personas y experiencias perdemos solo por miedo? La verdad que muchas y sé que miente aquel que diga que nunca ha perdido a una persona de esa manera.

En fin, solo me acordé de ellas. Espero que la próxima vez que vea a alguna de esas personas pueda siquiera pedirle su número y alguna vez llamarla, tan solo para saber cómo se encuentra.

La vida pasa y nosotros con ella, pero es lindo pasar con amigos y amigas por las que vale el esfuerzo de recordar y llegar a querer.
Réquiem.

Después de varios meses recordé que había creado un blog. La verdad es que no estaba motivado para publicar algo, la mayor parte de lo que he escrito han sido poemas a cuenta gotas que espero algún día publicar.

En fin.

Así estaba ayer por la noche, ya echado en mi cama, tratando de enlazar algunos versos, cuando divisé en una esquina de mi escritorio un afiche de la película 2012, esa sobre el fin del mundo. Me puse a pensar sobre aquel tema y me dije: “por qué no publicar algo en mi blog sobre eso”. Y así nació este artículo.

Siendo sincero, no soy partidario de la teoría acerca de que el fin del mundo sea el 21 de diciembre del 2012. Tampoco es que haya investigado mucho, no es algo que realmente me interese, pero es inevitable que con toda la propaganda que le hicieron a la película arriba mencionada algo debí haber escuchado, y con eso, yo mismo he fundado mis teorías apocalípticas, algo infantiles, con más de sentido común que ciencia, pero teorías al fin y al cabo que se suman a la casi infinita lista de propuestas sobre el fin de la Tierra.

Mis pensamientos, básicamente, son estos:

- Escuche en algún documental que el calendario Maya culminaba en diciembre del 2012, fecha para la cual se produce un alineamiento del sol y de los planetas del sistema solar, entonces ocurrirán diversos fenómenos que nos borrarán de la historia del Universo (simplificando todo el documental).

Yo, dentro de mi limitadísimo conocimiento sobre la cultura Maya, sé que eran expertos astrólogos, que organizaban sus días y sus labores agrícolas de acuerdo al movimiento de los astros.

Por otro lado, dentro de mi ocasional pensamiento simple y casi infantil, pensé: “y si en realidad, los mayas marcaban ese punto no como el fin del mundo sino como el fin de un tiempo, de un calendario más”. Algo así como un circuito de carreras: uno empieza, obviamente, desde la meta y va dando la vuelta, al final llega a la meta nuevamente. ¿No será que simplemente estamos llegando a la meta otra vez? Que un ciclo de orbitas está por concluir y lo que sucederá es que van a volver a emprender, nada de destrucción ni de exterminio hollywoodense, sencillamente empezar otro calendario.

Naturalmente, acá estoy ignorando las fuerzas cósmicas que supondrán tal alineamiento, pero seamos sinceros ¿cuántas personas saben a ciencia cierta lo que significan esas fuerzas? Poquísimas creo yo, entonces el anterior es un análisis simple de un transeúnte común sin conocimientos profundos de física espacial. Un “yo opino” inocente.

- Segundo. Sobre las catástrofes naturales (supervolcanes, terremotos, inundaciones y sequías extremas, heladas y olas de calor insoportables y un largísimo etc.) no tengo ningún fundamento que diga que nada de eso no podría suceder el 2012, en realidad, no hay fundamento alguno que nos pueda decir que mañana a las 8:00 am no habrá un terremoto que dejará a Lima como una tierra fantasma.

Amén del cambio climático, que se dice acelera los fenómenos naturales extraños, nadie sabe a ciencia cierta que es lo que pasará mañana y lo único que nos queda es remitirnos a estudios, algo vagos, sobre catástrofes que ocurrieron hace millones de años y que deberían volver a suceder, el próximo año o dentro de 100 años más.

- Pensaba entonces sobre qué sucederá en los linderos de diciembre del 2012 y las ideas que me vienen son muy diversas, pero mencionaré una que me asusta de sobre manera: tengo miedo que el pánico se apodere de las personas, que los saqueos, los asesinatos, robos y violaciones estén a la orden del día, que se desaten guerras sin sentido, que la avaricia se filtre en la mente de los gobernantes y dejen a la población a la deriva, hacia un destino incierto.

No estoy haciendo un análisis de la actualidad de los países del mundo, solo quiero que se imaginen todo eso de una manera más tangible, donde nadie hace nada para ocultar el mal que está haciendo. La Tierra entonces se convertiría en un lugar de nadie y sería el verdadero fin de la humanidad (para los que vieron la película de Los Simpson, lo que se convirtió Springfield antes de que detone la bomba, algo así, solo que en todo el mundo).

- Concluyendo, a pesar de todo, y lo digo desde ahora, creo que el fin del mudo será el 22 de diciembre del 2012, pero no tendría nada de exterminio y muerte, sino de esperanza.

Si te vienen diciendo hace 5 años que te vas a morir un día jueves, en París y con aguacero, y te lo repiten todos los días y más cuando se acerca la fecha, y; sin embargo, el viernes despiertas y hay un sol radiante en el horizonte, dime tú si tu mundo no cambiaría, si no mirarías tu vida de diferente manera.

Lo mismo, pero para todo el mundo, espero que suceda. Quisiera que el 22 despertemos y nos demos cuenta que seguimos vivos, que se nos ha dado una oportunidad para cambiar, para ver las cosas de una manera distinta. Tal vez, entonces, el fin del mundo nos traiga una raza de personas concientes de su verdadera condición de Ser Humano, con todos los aspectos morales y sociales que eso significa.



Yo tengo dos razones curiosas, entre todas las que pueden haber, por lo que no quiero que el mundo se acabe: primero, porque he apostado una hora de Play Station 3 a que el 22 seguiremos vivo. La segunda, y más importante, es que el 21 de diciembre es cumpleaños de mi novia y realmente quiero disfrutarlo.

Y como solo Dios sabe lo que sucederá, haciendo un llamado al gran Joaquín Sabina en su canción Noche de Bodas: Que el fin del mundo te pille bailando… Eso es algo que todos deberíamos hacer.

Tal vez algún día podremos divisar el punto de quiebre de una nube, de una idea, de una persona.

Porque así como vamos nos adentraremos más y más en lo superfluo, en el sinsentido, en la nada que no sirve.

Piensa, ¿vale la pena la pena? ¿Vale la pena el silencio de estar callado? ¿Y el de estar hablando?

En fin, total, en algún momento nos debemos callar y tan solo limitarnos a observar que la vida no es lo mismo sin la muerte.

¿Verdad?

Sí, lo sé, no tengo idea de que quiero decirte, por eso busco ese punto de quiebre en que pueda comprender que al estar sentado frente a ti te digo todo lo que realmente necesitas saber de todo lo que no necesitas para vivir.

Y sin embargo, estas destinado a terminar esta conversación luego de unos minutos, luego de escucharme, luego de no entenderme, luego de hacer lo que hacen todas las personas cuando le muestras tu realidad absoluta, tu alma que dicen algunos.

Realidad absoluta y punto, no me vengas con que no hay verdades absolutas y toda la parafernalia de filosofías que realmente no te sirven de algo. Deja de pensar en Kant o en Hegel, date cuenta que al final, el que termina en el ataúd por hacer tantas burradas eres tú. Esa es la realidad absoluta final de todos.

(¿Realidad absoluta final? Entonces hay muchas realidades absolutas… ¡Claro! ¡Es maravilloso! No eres uno solo, hay muchos dentro de ti, esa es la explicación que tratas de buscar en tu mente de ser pensante, racional y ciego)

Y entonces, ¿cuándo piensas cortarme?

¿Cuándo va a llegar tu punto de quiebre como persona? ¿Cuándo comprenderás, al fin, que no tienes nada que perder en la vida y absolutamente todo por ganar?

Haller observe el punto de quiebre de una nube. Había mucha bulla, muchas palabras, mucho odio y pasión y sentimentalismo abstracto y filosofía de barra de cantina y todas esas cosas que cuando realmente entiendes te liberan.

En fin, no te pierdas en los minutos que acabas de perder, busca tu punto de quiebre…

No tenemos tiempo suficiente para poder darnos el lujo de decir que no tenemos tiempo suficiente. Por eso callamos algunos. Por eso solo te miramos y te damos una sonrisa, una idea de que algún día podemos estar conversando del punto de quiebre de las nubes, de una idea, de una persona.

Y entonces, adiós.
Mientras el matemático hallaba la raíz cuadrada de una integral imposible.



Mientras el político tiraba los dados en la ruleta del poder.


Mientras el poeta reflejaba su sol en vidrios opacos.

Mientras Dios miraba una novela hachado panza abajo sobre su mujer.

Iba un niño por la calle jugando con un avión de papel.

Y desde entonces nunca se pudo sacar la raíz cuadrada a la inocencia,
nunca un dado salvó una vida, nunca un poema un alma, nunca más un Dios entendió la pasión.




Y por eso, desde entonces, el nido, la escuela, la universidad y un trabajo.



Peor el final del avión de papel, desde entonces y para siempre:




Un olvido debajo de una carpeta…
No siempre es fácil caminar por este páramo, la mayor parte del tiempo hay una que otra alimaña que quiere saciar su hambre con uno, y ya ves, no se puede regresar a casa entero después de mil batallas.

¿Ves?

No hay un límite en las praderas húmedas de la parte trasera del granero, el pasto se extiende hasta el fin del mundo, a lo lejos se ve un árbol, un gallinazo y una cruz.

¿Quieres caminar hacia esa lejanía? Después de hachar una ojeada al fin del mundo regresaremos a la casa.

Divagas. No importa el hecho de conversar con uno mismo, con el mínimo afán de llegar a un razonamiento lógico de algo, cualquier cosa. No importa el hecho de lanzar frases al absurdo. Tan solo estas divagando, a veces es mejor que hablar razonadamente.

Cuando divagas no piensas, si no puedes pensar entonces no puedes mentir ni tampoco decir la verdad, tan solo eres sincero con lo que dices, vale más.

Hoy creo que lo mejor que me pudo haber pasado es aprender a divagar.

A decir verdad, creo que uno nace divagando, ¿o me dirás que cuando eras bebé interrelacionabas cada uno de tus pensamientos con cierta lógica y lanzabas frases medianamente inteligentes?

Estoy harto, hace tiempo que no escribo algo medianamente bueno o que me guste medianamente.

Hoy todo está a medias y es la palabra (y las variaciones de esta) que más usado en lo que va del día.

Y caminamos, vamos avanzando mientras el granero se pierde a nuestras espaldas. No hay alguna casa allá atrás, tan solo pradera, tan solo tierra, tan solo lodo.

Allá en mi casa tengo algo de leche, algo de pan, algo de cama y de sofá para descansar cuando regresemos.

Necesito zurcir mi pantalón y mi zapato, tengo un hueco terrible en mis rodillas y otro peor en mis suelas. ¿Cómo vas? Cansado de navegar, cansado de buscar, ¿no se te apetece una tacita de té para acompañar tu camino? Mira que estás sentado y si te levantas puedes perderte un trozo de camino.

Hoy quiero callarte, quiero dejarte abandonado a tu suerte, quiero dejarte pensando en lo que divago. No quiero que estás líneas sean juzgadas, son libres, son muertas, son absurdas. La calidad no existe en el absurdo. Lo absurdo es absurdo, lo divagado es divagado, no se puede juzgar algo que no existe.

Esto no es derecho, por suerte no es matemática. Tan solo es una tarde de un lunes cualquiera, una tarde aburrida en un teclado, una tarde perdida absurdamente.

En estos momentos quiero caminar, pero estoy cansado.

Quiero dormir, pero mi cama es incómoda.

Así que ya veré que hago, probablemente vaya hacia el fin del mundo.

¿Caminamos?

En fin, no creo que el fin del mundo esté después de la pradera con el árbol, el gallinazo y la cruz lejanos, pienso que estará después del páramo, después de mil batallas, después de no poder regresar a casa.

No sé cuántas batallas van, pero hace tiempo que he pasado el árbol…
A semanas de que Barack Obama haya sido electo presidente estadounidense, es protocolo de las embajadas de la mayor parte del mundo enviar un regalo de “felicitación” al nuevo mandatario. El regalo de nuestro gobierno será un lindo perro chimo “calato”, una muestra de nuestra exótica fauna peruana, y por qué no, también de nuestra sociedad. El dichoso animal pugnará para ser la mascota oficial de la Casa Blanca, tal vez el mayor galardón que va a tener en su vida. Todo parece correcto, es más, es un trámite protocolar trivial de embajadas, nada del otro mundo.

Pero no, el Perú es un país especialista en sobrevalorar peligrosamente las cosas y es así que, ahora, este regalo es motivo de orgullo nacional ¡la mascota del Presidente de los Estados Unidos será peruana! Una pregunta: ¿Y?

La huachafería en una institución nacional, el enorgullecerse de cosas intrascendentes un talento nacional. ¿Qué hacer entonces? ¿Reírse de aquellos ilusos que gritan a los cuatros vientos que un perro peruano es mascota de uno de los países más poderosos del mundo o llorar de la insensatez de nuestros compatriotas que son los mismos que vociferan? El perro no puede ser más peruano, va cargado con las características que necesitan las cosas simples para ser peruanas: causar orgullo nacional y su respectivo escándalo y proliferación mediática. Es más, ya tiene nombre y, obviamente, son las palabras favoritas en el lenguaje nacional: Macchu Picchu; claro, es una manera de exalzar y publicitar nuestra maravilla, de recordarle al mundo que existimos.

Macchu Picchu, el perro peruano calato, es la muestra más clara que puede haber de nuestra cultura, queremos mostrar orgullo a través de trivialidades y lo único que conseguimos es que nos salga el tiro por el rabo y convertirnos en el payaso de Sudamérica, una vez más. El Perú ama el show, el espectáculo, las lentejuelas. Somos la bataclana especializada en amenizar la realidad, nos gusta reír con los demás pero sobretodo que los demás se rían de nosotros.

El pobre perro no tiene idea de que ha lanzado una campaña “nacionalista”. Él no sabe que su pedigrí reconocido mundialmente queda de lado por la huachafería que cuelga de su cuello. Las banderas de “Producto Nacional” se empiezan a izar, el sacar pecho se vuelve un ejercicio. Una idea se cuela por ahí, para muchos, para estar entre los grandes es necesario ser la mascota, ser aquel que este siempre en cuatro patas.

Tenemos un peruano en la Casa Blanca, un pobre perro peruano abandonado, lejos de la sociedad que lo sobrevalora, que lo pinta de divino. Tal vez ahora será feliz, escuchando jocosamente a las hijas del presidente estadounidense tratando de pronunciar su nombre, disfrutando que dentro de muy poco será cambiado por algo más sensato, tal vez Tobi, Fido o Pluto. Tal vez Perrú.