Una de las conclusiones más importantes a las que se ha llegado, se relaciona con una visión que considera a la educación no como una mera adquisición de conocimientos, sino también de desarrollo de herramientas para desenvolverse en un mundo cambiante y complejo, como son las habilidades de pensamiento crítico, la capacidad de aprender en forma permanente y autónoma, el uso de nuevas tecnologías y la integración multicultural. El perfil que se evalúa en las personas que terminan una carrera universitaria, no implica solamente su conocimiento de los temas centrales de su especialidad, sino también la forma como aplica este conocimiento y la manera como se conecta con su entorno y la comunidad, además de su motivación para investigar e innovar.
La universidad peruana no es ajena a esta realidad y para insertarse en un escenario tan competitivo es necesario plantear estrategias que la conduzcan a superar estos retos: establecer la igualdad de condiciones de acceso a los estudios y, en el transcurso de los mismos, a una mejor capacitación del personal, formación ligada a la búsqueda de la competitividad basada en la mejor calidad de la enseñanza, investigación y mejores servicios, pertinencia de los planes de estudios, mayores posibilidades de empleo para los egresados y establecimiento de acuerdos de cooperación internacional.






