14/09/08: ¿QUIÉN HABLÓ DE ABLACIONES?
Era el 2001, yo era más joven, apenas salía de un cascarón de ímpetus, apenas aprendía a leer con inteligencia, José se me había adelantado muchos años, es decir, el mundo daba vueltas y nos daba de vueltas a nosotros también. Es cierto, mis lecturas —como yo— eran absolutamente desordenadas y poco selectivas, a pesar de ser menor José ya sabía qué y cómo leer. El había aparecido frente a mí casi un año atrás con un fólder verde lleno de poemas, diciéndome que él escribía poesía y que estaba allí por, por ni sé qué. Estábamos en aquel tiempo en un taller de narrativa (cuento, para ser más precisos) con un profesor charlatán y mediocre que no sabemos a dónde fue a parar, tal vez haya ganado un premio.
La cuestión es que en el 2001 reunimos unos cuantos poemas y los fotocopiamos en un cuadernillo al cual denominamos Ablaciones. Esto sucedió en un aula de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Nacional de San Agustín. Creo que mi “poesía” reunida en aquel primer foliado no poseía valor literario alguno, José, mas bien, pintaba en sus trabajos unas cualidades para el verso bastante desarrolladas. Cómo decirlo, encuentro en la poesía primigenia de Córdova el genuino intento del poeta por asirse del lenguaje y transformarlo en algo propio. Creo que aquellos versos de Córdova nos señalaban la mano comunicante a partir de la elaboración, un esfuerzo por la saciedad receptiva de autor receptor que le atañe. Cuando elegí aquellos poemas del Ablaciones número 1, estaba además sometido a la influencia de los amores juveniles que parcamente ayudan al correcto uso de la razón, es por eso tal vez que creo elegí bien, porque aquellas letras versaban vivencias viscerales diarias, mucho más del acto creador.
Sí, fue en el 2001 que apareció Ablaciones pero no formalmente, esta entusiasta empresa se desarrolló debido a una lectura que iba a dar y —debo confesarlo— quería hacerme de unos cuantos soles para poder continuar la publicación. Nada más ajeno a la realidad. Sin embargo la “revista” nos reunía para intercambiar opiniones sobre la producción paralela y los comentarios que se habían hecho. Es verdad, Ablaciones nació sin ningún propósito, sólo deseábamos ser leídos, degustados, algo que si fue fundamental es que desde el principio asumimos la responsabilidad de lo publicado, es decir, tomamos una posición frente a los comentarios y la crítica, “estos somos y aquí estamos” creo que era la consigna que podía ser leída entre líneas. Además es preciso aclarar que nuestra sociedad era ajena a los patios de literatura sin embargo se desenvolvía en medio de ellos, por lo que, motivados por nuestro impulso estético no nos quedaba de otra que asumir con creces la tarea que nos estábamos encomendando. Más adelante se vería el brazo hasta donde alcanzó nuestra seria responsabilidad. Creo que quizás apreciará un toque de soberbia el cual deseo negar, negar en absoluto, no sé que motivaba a la movida revistera de aquellos días a seguir publicando o a iniciar la publicación, a veces todo parecía una sinfonía de ímpetus y azar, sin embargo la gente (o los pocos que conocíamos) ya atisbaba en Ablaciones un tinte distinto al de otra publicaciones “semejantes”.
Ya que estoy comentando las cuestiones del azar, considero que nuestra revista fue la mayor privilegiada en este aspecto. En alguna oportunidad mostré el pequeño cuadernillo a la persona X que auspició nuestro primer número, pues el primero vino en dos ejemplares, debido a mi enojo sobre un error. X coordinó todo lo necesario para que fuésemos recibidos en una imprenta y expusiésemos nuestro interés con una publicación. Para esto ya habíamos coordinado con José los textos de este segundo número, el cual creímos necesario fuera de narración pues ya hubo uno primero de poesía. Ahora que me siento a pensar, creo que en realidad estábamos fabricando un proyecto a dos manos antes que una revista de literatura o como se le pueda llamar. Resulta que nunca asistimos a la reunión con el sujeto de la imprenta y muy generosamente X ya había puesto en sus manos aquella fotocopia mal editada que salió a los inicios del 2001. Después de disculparme en alguna reunión, mi sorpresa fue total cuando pusieron en mis manos los primeros cien ejemplares de Ablaciones en edición impresa, pero más grande fue la sorpresa de X cuando los rechacé debido a que “ya estaban impresos y lo que nosotros buscábamos era el segundo número y no la segunda edición”. Mucho tiempo después X me comentó lo mal que se había sentido pues en lugar de encontrar un “gracias” encontró un “para qué has perdido tu tiempo haciendo esto que está mal”. Ahora es hasta irónico pues cualquier otro hubiese recibido gratamente los ejemplares basado en una falsa moral. En fin, se mandaron a corregir los ejemplares y ya teníamos un segundo número impreso, de cien pasamos a doscientos sin invertir un centavo de nuestros bolsillos y ajenos al agradecimiento por tan precisa ayuda.
Nuevamente este número de Ablaciones resultaba hasta innecesario pues nadie debería leer los primeros ímpetus de los “poetas” pues casi siempre son bochorno. En ese número publiqué un cuentito al cual titulé “Crishuaya” en el cual ensayaba algún tipo de técnica dirigida hacia la intriga o el interés de rebuscar en lo desconocido. Que arrogancia, el cuentito (hasta hoy colgado en la web) no sirve para nada. José publicó alguno de los poemas que posteriormente saldrían recopilados en sus Pretextos con el mismo tinte vallejiano en el cual se moviliza.
El tercer número se hizo esperar, un poco más de un año si no me equivoco. Fue el “punto del quiebre”, un nuevo amigo aparecía en escena, el cual prefirió mantenerse en reserva con el seudónimo de Kakuni Kay. Yo siempre he pensado que Kakuni se avergonzaba de aliarse con nosotros, dos modestos aprendices cuando el ya había dejado con grandes notas las aulas de Literatura.
Kakuni Kay reinauguró la revista esculpiéndole el número cero, al utilizar su poesía concreta tan perfectamente en un par de páginas. Por nuestra cuenta decidimos agregar unos gráficos y un homenaje a algún reconocido poeta, es así que César Calvo fue el primero, pues caímos conmovidos en sus letras, nosotros también queríamos saber para qué diablos se escribe un poema y hasta ahora muchas veces me lo pregunto cuando alguna tía mía no sabe en qué ocupo mi tiempo.
Para el cuarto número nos valimos de una estrategia de marketing muy bonita, lo recuerdo bien porque nos tomó mucho tiempo elaborar este número y fue el único que diagramamos José y yo, personalmente no quedé muy a gusto con el formato del tercer número que fue auspiciado por la promotoría del colegio donde trabajé y por ahí una mano dadivosa más. En cuanto al cuarto número apelamos al verso bíblico del pecador que vuelve al pecado como el perro vuelve a su vómito, es así que plasmamos esta caricatura en la portada con un cuadro que decía “Nostalgia”, la verdad es que no recuerdo quién era el autor y por tranquilidad de conciencia permítaseme dictar la siguiente frase: “señor autor desconocido, mil disculpas por haber usado su caricatura como portada de nuestra modesta revista, tenga en cuenta que nos movía un afán sumamente cultural y desinteresado”. Ya con la paz debida prosigo, este número procuraba instruir al lector en los menesteres más delicados aún, es así que imprimimos un billete de 10 soles remarcado para verificar su autenticidad y completamos la página con el índice. En este número invitamos a muchos amigos a publicar, como nuestro querido autor archipremiado Filonilo Catalina, quien nos regaló con un poema acerca de un cuchillo (si la memoria no me vence), creo que Axel Porras también nos congratuló con un cuento, por allí en una revista que encontré del setenta transcribí un texto donde Georgette se queja de lo horrible que lee un declamador a Vallejo, José publicó unos poemas, creo que yo me abstuve. Pero lo más genuino, lo que nos catapultó realmente fue nuestra incansable búsqueda del entrevistado de ese número, el poeta Luzgardo Medina Egoavil, hoy ganador del Copé de Bronce (Poesía). Habíamos decidido entrevistar a todos los poetas “ochenteros” de Arequipa y pensamos que Luzgardo estaba tan clandestino que valía la pena ubicarlo, así fue que después de unas cuantas pesquisas dimos con él en la Municipalidad de Yanahuara, dimos con él y con Hugo Yuén, otro de los desaparecidos de la Academia local. Tampoco recuerdo bien quién nos habilitó la grabadora que utilizamos, el hecho es que nos sentamos en la mesita de una bodega en la Avenida Ugarte, tomamos una “Energina” y consultamos todo lo que queríamos al autor de “Avatar”. Nos tomamos nuestro tiempo en pasar la cinta al papel, mutilamos muy poco, tal vez debí haber dicho editamos muy poco y ya estaba la “Ablaciones” No. 4 lista, imprimimos y la regalamos.
No extendiéndome más, aunque esto ya vuela por más de tres páginas, contaré un poco acerca del quinto número, el más grande y único internacional. Para éste fuimos más osados, hicimos una convocatoria en Ecuador y Chile, asocié el asunto por la cercanía que tenemos a estos dos países entonces no sería difícil un envío postal y mucho menos una contestación por correo electrónico. De hecho, si hubiera habido la necesidad de viajar al extranjero para presentar la revista definitivamente las distancias eran más cortas. Reconozco que éramos (y aún somos) sumamente ignorantes de lo que se hacía en estas latitudes. Nos respondieron muchos amigos, con quienes hasta hoy nos comunicamos, lamentablemente no pudimos publicarlos a todos a tal punto que nos dimos el lujo de escoger y creo que hicimos una gran selección de trabajos. Me gustó mucho la 5, de verdad por allí debe haber alguien que la tenga y espero colgarla alguna vez en el espacio virtual. Nuestro primer colaborador fue el poeta Maurizio Medo, a quien le habíamos puesto el ojo desde mucho antes, el mismo que nos desasnó en algunos asuntos literarios cuando fuimos parte de su taller, aunque el taller estaba auspiciado por Nilo Cruz, promotor cultural que no sé hasta dónde aguante con su sueño “mediático”. Medo es muy generoso con quien quiera que se le cruce en su camino, te contacta con gente, te colabora con sus creaciones, eso sí no le pida plata, no creo que tenga éxito, pero bueno no es el único que se endurece en ese momento. Medo nos regaló con un artículo acerca del poeta Pedro Granados, cuando lo leímos quedamos muy seguros de que iba. Tanta seguridad nos dio el artículo de Medo como el que nos llegó proveniente de Chile suscrito por Juan Cameron, la fluidez y encanto de su lenguaje lo prende a uno y le obliga a continuar leyendo hasta el final y cuando el asunto acaba nos ponemos tristes porque no hubiésemos querido que esto pase, así es Cameron en su escritura, muchas gracias Juan. Con el asunto de reivindicar a los poetas arequipeños del ochenta contactamos con Oswaldo Chanove, quien nos envió un poema inédito, el cual tampoco dudamos en publicar. Tuvimos mucho de qué escoger aquella vez, pero tenazmente cogimos a Omar Lara, Graciela Huinao, Héctor Hernández, Xavier Oquendo, Hugo Yuén, así también homenajeamos a Javier Sologuren y Paco Bendezú. Otro gran amigo, casi mi padre putativo, Róger Santiváñez escribió el testimonio acerca de Bendezú, otro golazo, ¡caray, qué buen número! En este número José reseñó un par de textos y yo publiqué la entrevista que le hice por mail a José B. Adolph, a quien le debo el hecho de poner los pies en la tierra en estos asuntos literarios, a él y a Rubén Soto.
Ablaciones 5 nos estimuló muchísimo, creímos que sería el inicio del gran momento de nuestra revista, no nos dimos cuenta que crecíamos, que nos volvíamos más serios, que nos hacíamos más viejos, yo me metí a trabajar y José siempre dudaba de la periodicidad de la revista, por ahí se nos ocurrió juntarnos con dos amigos más, deslizamos la idea, todo dio vueltas nada se concluyó. No puedo prometer que se publique un número más de la revista, en realidad creo que fue solo un momento de mi vida, ni siquiera estoy seguro de que tendría las ganas y la fuerza suficiente de hacerlo. Ablaciones fue una época, un efluvio de estudiante que siempre suele pasar, no creo que haya más qué decir. Lo siento. Corre el 2008.
La cuestión es que en el 2001 reunimos unos cuantos poemas y los fotocopiamos en un cuadernillo al cual denominamos Ablaciones. Esto sucedió en un aula de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Nacional de San Agustín. Creo que mi “poesía” reunida en aquel primer foliado no poseía valor literario alguno, José, mas bien, pintaba en sus trabajos unas cualidades para el verso bastante desarrolladas. Cómo decirlo, encuentro en la poesía primigenia de Córdova el genuino intento del poeta por asirse del lenguaje y transformarlo en algo propio. Creo que aquellos versos de Córdova nos señalaban la mano comunicante a partir de la elaboración, un esfuerzo por la saciedad receptiva de autor receptor que le atañe. Cuando elegí aquellos poemas del Ablaciones número 1, estaba además sometido a la influencia de los amores juveniles que parcamente ayudan al correcto uso de la razón, es por eso tal vez que creo elegí bien, porque aquellas letras versaban vivencias viscerales diarias, mucho más del acto creador.
Sí, fue en el 2001 que apareció Ablaciones pero no formalmente, esta entusiasta empresa se desarrolló debido a una lectura que iba a dar y —debo confesarlo— quería hacerme de unos cuantos soles para poder continuar la publicación. Nada más ajeno a la realidad. Sin embargo la “revista” nos reunía para intercambiar opiniones sobre la producción paralela y los comentarios que se habían hecho. Es verdad, Ablaciones nació sin ningún propósito, sólo deseábamos ser leídos, degustados, algo que si fue fundamental es que desde el principio asumimos la responsabilidad de lo publicado, es decir, tomamos una posición frente a los comentarios y la crítica, “estos somos y aquí estamos” creo que era la consigna que podía ser leída entre líneas. Además es preciso aclarar que nuestra sociedad era ajena a los patios de literatura sin embargo se desenvolvía en medio de ellos, por lo que, motivados por nuestro impulso estético no nos quedaba de otra que asumir con creces la tarea que nos estábamos encomendando. Más adelante se vería el brazo hasta donde alcanzó nuestra seria responsabilidad. Creo que quizás apreciará un toque de soberbia el cual deseo negar, negar en absoluto, no sé que motivaba a la movida revistera de aquellos días a seguir publicando o a iniciar la publicación, a veces todo parecía una sinfonía de ímpetus y azar, sin embargo la gente (o los pocos que conocíamos) ya atisbaba en Ablaciones un tinte distinto al de otra publicaciones “semejantes”.
Ya que estoy comentando las cuestiones del azar, considero que nuestra revista fue la mayor privilegiada en este aspecto. En alguna oportunidad mostré el pequeño cuadernillo a la persona X que auspició nuestro primer número, pues el primero vino en dos ejemplares, debido a mi enojo sobre un error. X coordinó todo lo necesario para que fuésemos recibidos en una imprenta y expusiésemos nuestro interés con una publicación. Para esto ya habíamos coordinado con José los textos de este segundo número, el cual creímos necesario fuera de narración pues ya hubo uno primero de poesía. Ahora que me siento a pensar, creo que en realidad estábamos fabricando un proyecto a dos manos antes que una revista de literatura o como se le pueda llamar. Resulta que nunca asistimos a la reunión con el sujeto de la imprenta y muy generosamente X ya había puesto en sus manos aquella fotocopia mal editada que salió a los inicios del 2001. Después de disculparme en alguna reunión, mi sorpresa fue total cuando pusieron en mis manos los primeros cien ejemplares de Ablaciones en edición impresa, pero más grande fue la sorpresa de X cuando los rechacé debido a que “ya estaban impresos y lo que nosotros buscábamos era el segundo número y no la segunda edición”. Mucho tiempo después X me comentó lo mal que se había sentido pues en lugar de encontrar un “gracias” encontró un “para qué has perdido tu tiempo haciendo esto que está mal”. Ahora es hasta irónico pues cualquier otro hubiese recibido gratamente los ejemplares basado en una falsa moral. En fin, se mandaron a corregir los ejemplares y ya teníamos un segundo número impreso, de cien pasamos a doscientos sin invertir un centavo de nuestros bolsillos y ajenos al agradecimiento por tan precisa ayuda.
Nuevamente este número de Ablaciones resultaba hasta innecesario pues nadie debería leer los primeros ímpetus de los “poetas” pues casi siempre son bochorno. En ese número publiqué un cuentito al cual titulé “Crishuaya” en el cual ensayaba algún tipo de técnica dirigida hacia la intriga o el interés de rebuscar en lo desconocido. Que arrogancia, el cuentito (hasta hoy colgado en la web) no sirve para nada. José publicó alguno de los poemas que posteriormente saldrían recopilados en sus Pretextos con el mismo tinte vallejiano en el cual se moviliza.
El tercer número se hizo esperar, un poco más de un año si no me equivoco. Fue el “punto del quiebre”, un nuevo amigo aparecía en escena, el cual prefirió mantenerse en reserva con el seudónimo de Kakuni Kay. Yo siempre he pensado que Kakuni se avergonzaba de aliarse con nosotros, dos modestos aprendices cuando el ya había dejado con grandes notas las aulas de Literatura.
Kakuni Kay reinauguró la revista esculpiéndole el número cero, al utilizar su poesía concreta tan perfectamente en un par de páginas. Por nuestra cuenta decidimos agregar unos gráficos y un homenaje a algún reconocido poeta, es así que César Calvo fue el primero, pues caímos conmovidos en sus letras, nosotros también queríamos saber para qué diablos se escribe un poema y hasta ahora muchas veces me lo pregunto cuando alguna tía mía no sabe en qué ocupo mi tiempo.
Para el cuarto número nos valimos de una estrategia de marketing muy bonita, lo recuerdo bien porque nos tomó mucho tiempo elaborar este número y fue el único que diagramamos José y yo, personalmente no quedé muy a gusto con el formato del tercer número que fue auspiciado por la promotoría del colegio donde trabajé y por ahí una mano dadivosa más. En cuanto al cuarto número apelamos al verso bíblico del pecador que vuelve al pecado como el perro vuelve a su vómito, es así que plasmamos esta caricatura en la portada con un cuadro que decía “Nostalgia”, la verdad es que no recuerdo quién era el autor y por tranquilidad de conciencia permítaseme dictar la siguiente frase: “señor autor desconocido, mil disculpas por haber usado su caricatura como portada de nuestra modesta revista, tenga en cuenta que nos movía un afán sumamente cultural y desinteresado”. Ya con la paz debida prosigo, este número procuraba instruir al lector en los menesteres más delicados aún, es así que imprimimos un billete de 10 soles remarcado para verificar su autenticidad y completamos la página con el índice. En este número invitamos a muchos amigos a publicar, como nuestro querido autor archipremiado Filonilo Catalina, quien nos regaló con un poema acerca de un cuchillo (si la memoria no me vence), creo que Axel Porras también nos congratuló con un cuento, por allí en una revista que encontré del setenta transcribí un texto donde Georgette se queja de lo horrible que lee un declamador a Vallejo, José publicó unos poemas, creo que yo me abstuve. Pero lo más genuino, lo que nos catapultó realmente fue nuestra incansable búsqueda del entrevistado de ese número, el poeta Luzgardo Medina Egoavil, hoy ganador del Copé de Bronce (Poesía). Habíamos decidido entrevistar a todos los poetas “ochenteros” de Arequipa y pensamos que Luzgardo estaba tan clandestino que valía la pena ubicarlo, así fue que después de unas cuantas pesquisas dimos con él en la Municipalidad de Yanahuara, dimos con él y con Hugo Yuén, otro de los desaparecidos de la Academia local. Tampoco recuerdo bien quién nos habilitó la grabadora que utilizamos, el hecho es que nos sentamos en la mesita de una bodega en la Avenida Ugarte, tomamos una “Energina” y consultamos todo lo que queríamos al autor de “Avatar”. Nos tomamos nuestro tiempo en pasar la cinta al papel, mutilamos muy poco, tal vez debí haber dicho editamos muy poco y ya estaba la “Ablaciones” No. 4 lista, imprimimos y la regalamos.
No extendiéndome más, aunque esto ya vuela por más de tres páginas, contaré un poco acerca del quinto número, el más grande y único internacional. Para éste fuimos más osados, hicimos una convocatoria en Ecuador y Chile, asocié el asunto por la cercanía que tenemos a estos dos países entonces no sería difícil un envío postal y mucho menos una contestación por correo electrónico. De hecho, si hubiera habido la necesidad de viajar al extranjero para presentar la revista definitivamente las distancias eran más cortas. Reconozco que éramos (y aún somos) sumamente ignorantes de lo que se hacía en estas latitudes. Nos respondieron muchos amigos, con quienes hasta hoy nos comunicamos, lamentablemente no pudimos publicarlos a todos a tal punto que nos dimos el lujo de escoger y creo que hicimos una gran selección de trabajos. Me gustó mucho la 5, de verdad por allí debe haber alguien que la tenga y espero colgarla alguna vez en el espacio virtual. Nuestro primer colaborador fue el poeta Maurizio Medo, a quien le habíamos puesto el ojo desde mucho antes, el mismo que nos desasnó en algunos asuntos literarios cuando fuimos parte de su taller, aunque el taller estaba auspiciado por Nilo Cruz, promotor cultural que no sé hasta dónde aguante con su sueño “mediático”. Medo es muy generoso con quien quiera que se le cruce en su camino, te contacta con gente, te colabora con sus creaciones, eso sí no le pida plata, no creo que tenga éxito, pero bueno no es el único que se endurece en ese momento. Medo nos regaló con un artículo acerca del poeta Pedro Granados, cuando lo leímos quedamos muy seguros de que iba. Tanta seguridad nos dio el artículo de Medo como el que nos llegó proveniente de Chile suscrito por Juan Cameron, la fluidez y encanto de su lenguaje lo prende a uno y le obliga a continuar leyendo hasta el final y cuando el asunto acaba nos ponemos tristes porque no hubiésemos querido que esto pase, así es Cameron en su escritura, muchas gracias Juan. Con el asunto de reivindicar a los poetas arequipeños del ochenta contactamos con Oswaldo Chanove, quien nos envió un poema inédito, el cual tampoco dudamos en publicar. Tuvimos mucho de qué escoger aquella vez, pero tenazmente cogimos a Omar Lara, Graciela Huinao, Héctor Hernández, Xavier Oquendo, Hugo Yuén, así también homenajeamos a Javier Sologuren y Paco Bendezú. Otro gran amigo, casi mi padre putativo, Róger Santiváñez escribió el testimonio acerca de Bendezú, otro golazo, ¡caray, qué buen número! En este número José reseñó un par de textos y yo publiqué la entrevista que le hice por mail a José B. Adolph, a quien le debo el hecho de poner los pies en la tierra en estos asuntos literarios, a él y a Rubén Soto.
Ablaciones 5 nos estimuló muchísimo, creímos que sería el inicio del gran momento de nuestra revista, no nos dimos cuenta que crecíamos, que nos volvíamos más serios, que nos hacíamos más viejos, yo me metí a trabajar y José siempre dudaba de la periodicidad de la revista, por ahí se nos ocurrió juntarnos con dos amigos más, deslizamos la idea, todo dio vueltas nada se concluyó. No puedo prometer que se publique un número más de la revista, en realidad creo que fue solo un momento de mi vida, ni siquiera estoy seguro de que tendría las ganas y la fuerza suficiente de hacerlo. Ablaciones fue una época, un efluvio de estudiante que siempre suele pasar, no creo que haya más qué decir. Lo siento. Corre el 2008.
30/05/08: Saldívar, el Segundo

Pareciera que Saldívar anduviese incómodo con su existencia o sepa muy bien transmitirlo a su yo poético, ya que lo primero que encontramos en el libro, y de lo que más abunda, es la trágica noticia de la materia que perece: Esta osamenta/ Pagana e insepulta/ Es una fábula/ Una balsa que agoniza. Esta lectura se puede verificar en el poema “III”: El cuerpo es una mortaja lista y dispuesta. Y es que Saldívar lleva todo su discurso por este mundo de las insatisfacciones y tormentos, a veces el yo chancea con el final (la muerte) sin embargo aparecen nuevos versos que nos manifiestan ese estado de insatisfacción, de sobre interés acerca de lo que le molesta que parece ser una realidad a la cual estuviese obligado a vivir. Sería bueno saber si es que el poeta Juan Yufra se aferró a esto para comentar sobre este libro que se trataba de una aparición desde la periferia, pues sino nos encontraríamos en la disyuntiva de saber si está hablando de una periferia geográfica o de canon literario, de tratarse de lo segundo, yo considero que esto no existe en ninguna, mal apodada, provincia del Perú.
Algo que me parece interesante es como todas estas ocurrencias que padece el yo, pueden ser transcritas en un verso simple muy técnico tal como: El ejercicio ordinario/ De vivir/ En el circuito quemado/ De artificios y artefactos. Pues la vida es esto mismo o se está convirtiendo en esto mismo, por eso cualquier lector reflexivo se reconocería en las páginas de Saldívar sin mayor esfuerzo, ya que viendo la realidad que nos toca vivir (de tecnología que aparece y desaparece, donde el dinero resulta ser lo más importante, donde las comunicaciones te invaden hasta la intimidad y donde se ha perdido el mínimo respeto por el derecho ajeno) podríamos también angustiarnos, quejarnos y protestar.
Al final encontramos un verso que me explica un poco la técnica con la cual trabajó el autor: Ensuciada la dulzura/ Me afeito la tristeza. Este verso coloquial y divertido, puede tener sus influencias más importantes en Oquendo de Amat, pero a su vez es una utilización muy de fines de setentas.
El yo se aferra a su vivir empuñando una cometa que ha perdido la cuerda, pues sabe que esta nunca podrá volar o vuela pero es inalcanzable.
En fin, se trata de un libro el cual es un conjunto sólido de textos melodiosos y cuyos versos han sido finamente pulidos aunque abandona el experimentalismo con el cual nos regaló Saldívar algún día.
10/03/08: 10 PREGUNTAS A JOSE B. ADOLPH
El 21 de febrero dejó de existir el escritor José B. Adolph, transcribo esta entrevista electrónica que logré sacarle en medio de sus ocupaciones. (La foto fue tomada de www.losnoveles.net)
At 06:26 p.m. 18/09/04, you wrote:
Saludos José:
No sé si se acuerde de mí, soy quien puso en sus manos mi novela "Sorel" intentando un prólogo, ahora el texto está en franca revisión y espero sea un buen material después de las correcciones.
El motivo de la presente es acerca de la revista que editamos acá, "Ablaciones" creo que se la envié alguna vez. Bueno la revista ha ido creciendo y mejorando y en este número publicamos trabajos de amigos chilenos y ecuatorianos.
Con motivo del siguiente número que debe aparecer dentro de dos semanas, es que le escribo, rogándole responda a las preguntas líneas abajo que aparecerán publicadas como entrevista. Espero acceda Ud.
Un abrazo
Lenin Arnulfo Velarde Paredes
Arequipa - Perú
1. ¿Cuándo se decide José B. Adolph por la literatura, cuándo dice ésta va a ser mi vida? ¿Cómo decide Adolph qué libro ya está para publicar?
Nunca "me decidí" por la literatura. La decisión es de ella. Un libro está para publicar cuando se piensa: debería mejorar esto.
2.¿Porqué se quedó en el Perú siendo que los peruanos se van, cómo es que José B. Adolph se queda?
Será porque en vez de irme, llegué. A los 5 años.
3.Parece que en sus dos últimos libros Ud. quiere cambiar los usos característicos del siglo por terminología de nuestra época. ¿Cómo cree que influye la era de las computadoras y la generación de la Internet en la escritura actual?
Depende del escritor.
4.¿Acaso quedarán atrás debido a esta modernidad los José Aureliano Buendía y los Pedro Páramos?
¿Acaso quedó atrás el Quijote con la máquina de escribir?
5.¿Le parece justo o le agrada que lo llamen como "narrador de ciencia ficción"?
Es en parte de cierto.
6.¿Cómo encuentra la literatura de hoy en día? ¿Qué opina de los autores jóvenes que están apareciendo?
Hay de todo.
7.¿Tiene algún conocimiento de literatura que no se hace en la capital? ¿Qué opina de esta?
Muy poco, como buen limeño.
8.¿De dónde sale la idea de escribir cuentos en forma de poemas?
¿De dónde salen todas las ideas?
9.¿Que hay del escritor y su relación con la piratería?
Este es un país de no lectores, entre otras cosas por falta de plata. Díganles a autoridades y editores que se muevan.
10. Por su una entrevista leída en la revista Caretas, creo que es Ud. un exceptico fundamentalista ¿cómo ve el futuro político del Perú con mentiras, patadas y moviditas de dedos?
Veo negro.
At 06:26 p.m. 18/09/04, you wrote:
Saludos José:
No sé si se acuerde de mí, soy quien puso en sus manos mi novela "Sorel" intentando un prólogo, ahora el texto está en franca revisión y espero sea un buen material después de las correcciones.
El motivo de la presente es acerca de la revista que editamos acá, "Ablaciones" creo que se la envié alguna vez. Bueno la revista ha ido creciendo y mejorando y en este número publicamos trabajos de amigos chilenos y ecuatorianos.
Con motivo del siguiente número que debe aparecer dentro de dos semanas, es que le escribo, rogándole responda a las preguntas líneas abajo que aparecerán publicadas como entrevista. Espero acceda Ud.
Un abrazo
Lenin Arnulfo Velarde Paredes
Arequipa - Perú
1. ¿Cuándo se decide José B. Adolph por la literatura, cuándo dice ésta va a ser mi vida? ¿Cómo decide Adolph qué libro ya está para publicar?
Nunca "me decidí" por la literatura. La decisión es de ella. Un libro está para publicar cuando se piensa: debería mejorar esto.
2.¿Porqué se quedó en el Perú siendo que los peruanos se van, cómo es que José B. Adolph se queda?
Será porque en vez de irme, llegué. A los 5 años.
3.Parece que en sus dos últimos libros Ud. quiere cambiar los usos característicos del siglo por terminología de nuestra época. ¿Cómo cree que influye la era de las computadoras y la generación de la Internet en la escritura actual?
Depende del escritor.
4.¿Acaso quedarán atrás debido a esta modernidad los José Aureliano Buendía y los Pedro Páramos?
¿Acaso quedó atrás el Quijote con la máquina de escribir?
5.¿Le parece justo o le agrada que lo llamen como "narrador de ciencia ficción"?
Es en parte de cierto.
6.¿Cómo encuentra la literatura de hoy en día? ¿Qué opina de los autores jóvenes que están apareciendo?
Hay de todo.
7.¿Tiene algún conocimiento de literatura que no se hace en la capital? ¿Qué opina de esta?
Muy poco, como buen limeño.
8.¿De dónde sale la idea de escribir cuentos en forma de poemas?
¿De dónde salen todas las ideas?
9.¿Que hay del escritor y su relación con la piratería?
Este es un país de no lectores, entre otras cosas por falta de plata. Díganles a autoridades y editores que se muevan.
10. Por su una entrevista leída en la revista Caretas, creo que es Ud. un exceptico fundamentalista ¿cómo ve el futuro político del Perú con mentiras, patadas y moviditas de dedos?
Veo negro.
25/09/07: En cuatro líneas
El agua y la torre
La cuba que me separa del espectro naciente
El sollozo encajando apenas en sus esquinas remotas
Remojándome como un recuerdo de la luna
Una inhalación hasta que nuestros codos se gastan de arena.
Ayer dijo una paloma mientras emigraba al oriente
Soy un rostro y una bengala que viene a sacudirte
Como a una pequeña almohada que recoge sus plumas, sus babas
Vengo a herirte, como la esquina que te reconoce un sábado
en la mañana.
Cuántas sonrisas quieren ser una flor?
Tú, quizás una adormidera, un ropaje con el cual calentarme
También se puede ser una sombra con arroz en las manos,
Culminando con las manos podríamos ser el agua durmiendo en ellas.
Y te arrastras o navegas, pues es tan solo una teoría
Una brisa naufragando desde tu más escondida célula
Galopante como llamas en una exquisita mañana de sequedad
Flagrante como esa última gota de agua nos falta.
Pero no eres así, nunca… no renaces
Mueres vilmente contra el muelle
Contra el muelle a veces golpeas, a veces te ofrendas
Tú no eres un mar, sino vagamente agonía fontana.
La torre parapléjica
Hola! Han vuelto los cantos de esta tarde vagabunda
Deambulan nuestros dedos en un raso de extravagancia
Queremos arañar u holgar nuestras pocas fibras
Tan solo ¾ partes de mañana y te vistes o te alojas, desnuda.
Para decir madera se ha roto esta platea
Donde me hecho a dormir una hora tras la tarde
Quieres decirme cuando estás apenas
Y tu estar flotante se desmorona ciegamente.
No hay cuestión mas falsa que un transeúnte de hadas
Puede castrar su apocada fe de fábulas
Has vuelto cantando con un racimo en la mano, es fiesta
Nuestros dedos agotados de encontrarse sin pulso ni hornada.
Puesta en escena, como una risa o una faja que nos regresa
El calor que queremos no nos cueste nada, ni el calor siquiera
Cerramos la ventana, una frase acaricia la frente que aguarda
Pareciera que la esperanza acaba en los cantos de vórtice y vagancia.
La cuba que me separa del espectro naciente
El sollozo encajando apenas en sus esquinas remotas
Remojándome como un recuerdo de la luna
Una inhalación hasta que nuestros codos se gastan de arena.
Ayer dijo una paloma mientras emigraba al oriente
Soy un rostro y una bengala que viene a sacudirte
Como a una pequeña almohada que recoge sus plumas, sus babas
Vengo a herirte, como la esquina que te reconoce un sábado
en la mañana.
Cuántas sonrisas quieren ser una flor?
Tú, quizás una adormidera, un ropaje con el cual calentarme
También se puede ser una sombra con arroz en las manos,
Culminando con las manos podríamos ser el agua durmiendo en ellas.
Y te arrastras o navegas, pues es tan solo una teoría
Una brisa naufragando desde tu más escondida célula
Galopante como llamas en una exquisita mañana de sequedad
Flagrante como esa última gota de agua nos falta.
Pero no eres así, nunca… no renaces
Mueres vilmente contra el muelle
Contra el muelle a veces golpeas, a veces te ofrendas
Tú no eres un mar, sino vagamente agonía fontana.
La torre parapléjica
Hola! Han vuelto los cantos de esta tarde vagabunda
Deambulan nuestros dedos en un raso de extravagancia
Queremos arañar u holgar nuestras pocas fibras
Tan solo ¾ partes de mañana y te vistes o te alojas, desnuda.
Para decir madera se ha roto esta platea
Donde me hecho a dormir una hora tras la tarde
Quieres decirme cuando estás apenas
Y tu estar flotante se desmorona ciegamente.
No hay cuestión mas falsa que un transeúnte de hadas
Puede castrar su apocada fe de fábulas
Has vuelto cantando con un racimo en la mano, es fiesta
Nuestros dedos agotados de encontrarse sin pulso ni hornada.
Puesta en escena, como una risa o una faja que nos regresa
El calor que queremos no nos cueste nada, ni el calor siquiera
Cerramos la ventana, una frase acaricia la frente que aguarda
Pareciera que la esperanza acaba en los cantos de vórtice y vagancia.
Catalina también nos tiene acostumbrados a un molde poético de preferencia sumamente estético y de inteligente armonía de las palabras llegando a consolidar una musicalidad grata, la cual está casi exterminada en el espíritu creador de hoy en día. Creo que fundamentalmente esto y su capacidad de generar tan buenas imágenes aún con un suceso cruel como aquel del monstruo de los cerros lo hizo acreedor al premio ya mencionado. En realidad todos los que lo conocemos estábamos seguros de que ese premio le llegaría algún día, hablando estrictamente de ese libro por cierto.
Personalmente creo que Arquitectura para pájaros es otro gran libro de Catalina, sin embargo no existe tira de éste y toda la publicación que realiza se hace bajo sello independiente con excepción del libro premiado con el COPE. Sin embargo Catalina tiene un amaneramiento por ciertos referentes tal es el caso de Oquendo de Amat o Pedro Escribano, los cuales para él son dos momentos cumbre de la creación poética peruana, eso es válido como opinión pero no necesariamente cierto, lo que si es cierto es el formato al cual nos tenía acostumbrados Catalina en sus textos posteriores a Monstruo de los Cerros (Memorias de un degollador) los cuales a veces parecían simples copias de sus referentes o una psicopatía con ese gusto literario.
Catalina hoy irrumpe en mi correo electrónico con nuevos textos de los cuales yo no puedo decir más nada que “ya era hora que todo cambiara”. Sé, en principio, que estos textos los tenía cocinando ya hace mucho tiempo y que valió la pena ese paso por las inminentes flamas de la autocrítica y corrección.
Festival de Cortos llega a mis manos en un momento de total ausentismo literario de mi parte, más allá de entintar unos papeles con trazos absurdos no he podido escribir nada, por eso le tengo un cariño un poco exagerado al texto. El arranque es interesante “Eres imposible como el mar/ pero todo es posible” sugiero que todas las parejas de enamorados se echen a leer este libro en lugar de coger estupideces tipo Coehlo. Pero volvamos a lo nuestro. Catalina hace gala de buenos versos fundamentalmente en los dos primeros “cortos”, ejemplo de estos son las frases DERRAMARÁS/ la locura del mar en nuestra sabana, En este momento/ en el mar/ debe estar muriendo un pez/ porque otro nace en mi boca, todas las tarde ruedan el sol hasta su casa. Encontramos en la poesía de Catalina un estilo que ya va abandonando sus principales referentes y nos regalan una perspectiva de que algo mejor pasará. Con este libro, además, Catalina presenta un nuevo formato, en el texto todo intenta ser poesía pero lo acomoda en forma de libreto lo cual es generoso como estrategia formal de presentación.
Lo que no se entiende claramente es el “quinto corto” denominado El Viajero al principio pareciera que Rodríguez pretende hacer una elegía al amor trayendo a nuestras mentes la historia del personaje de Saint Exupery, pero leyendo líneas más abajo nos enfrenta con un cuestionamiento bíblico que lo coloca en una posición social, metiéndose con los trascendental y dando explicaciones sobre los hechos en los evangelios que si no aparecen en los mismos debe ser porque a alguien le parecieron tediosas, quizás menos tediosas que las de Catalina. Es más, algo que me desagrada absolutamente, es que si bien para los creyentes la divinidad es omnipresente no nos queda claro que coma caldo de gallina y se deje llamar con sus amigos “pata”. Lo de bueno de este trozo es que nos topamos con un poeta bastante más osado y entretenido del cual esperamos mucho más que estos versos.
17/09/07: UN OSADO LITERARIO
Saludo muchas veces la capacidad de ciertos autores que, aunque su incapacidad frecuente, insisten en publicar ese nuevo texto de poesía del cual no paran de decir revolucionará la actualidad del imaginario nacional. También tengo en muy alta estima a aquellos muchachos que no cesan de participar en cuanto concurso y juego floral se presente de los cuales están siempre seguros ganarán, a pesar de muchas anteriores malas noticias, pero es cuestión de seguir “trabajando la palabra” e insistir con mucha paciencia y fe.
Como ya dije, saludo su motivación y los aprecio mucho, sobre todo si se trata de gente joven pues son precisamente los momentos vitales de la decisión por el qué continuar haciendo, aunque harto sabemos la poesía no le paga a nadie y la mayoría de poetas son capaces de matar con tal de ir a aquellos grandes encuentros de literatura en la condición de invitados, resulta obvio citar que en dichas ocasiones tienen comida, alojamiento y, sobre todo, bebida gratis.
Pero insisto ardorosamente en que nadie ni nada nos da derecho a publicar, mucho menos a publicar (redundando) cualquier cosa, lo primero que se nos ocurra, lo calientito, aquello que creemos estará siempre vigente a pesar de que pronto nos daremos cuenta de la barbaridad que significa. De estos hay muchos y no es difícil reconocer la magnitud de sus necedades.
Confieso que odio un poco los recitales, las lecturas de poesía y aún más las improvisaciones poéticas; aborrezco en extremo a aquellos que pretenden haber burilado buenos versos durante un viaje o mientras estaban comiendo, aunque puede así serlo y ¿porqué hacer gala de su genialidad?, ¿será que aborrezco la sinceridad tratando de cubrirla con una falsa humildad? Estoy seguro que el momento creacional es irreverente y lúdico, es imposible (para mí por lo menos) sentarse a escribir y así hacerlo, pero este primer momento se complementa con otro de lucidez y sancochando ávidamente las neuronas, es el instante en que se purga los contenidos, en que se tamiza lo simplísimo, en que se limpia la escoria, no hay poema limpio por ende resulta vano decir “este lo escribí mientras estaba viniendo, espero les guste”
Comunico esto ya que lo he escuchado más de una vez. La última oportunidad que tuve que oírlo trajo sus consecuencias, la antología del bar Yacana denominada Poesía Perú S. XXI (60 poetas peruanos contemporáneos) la cual a decir de sus presentadores no es otra cosa que una recopilación de los textos de todos los autores que subieron a su tabladillo para leer su malacrianza estética. Como intención vale, en realidad no hay criterio de selección, sin embargo tiene su punto de soberbia, el querer convertirse en un icono para la crítica actual o futura, de lo cual me sobran las dudas.
La citada antología reúne pues de todo y puede volverse una lectura sumamente ingrata, yo pido mil disculpas por tan pésimos textos publicados allí los cuales espero no tener que reimprimir nunca.
Como ya dije, saludo su motivación y los aprecio mucho, sobre todo si se trata de gente joven pues son precisamente los momentos vitales de la decisión por el qué continuar haciendo, aunque harto sabemos la poesía no le paga a nadie y la mayoría de poetas son capaces de matar con tal de ir a aquellos grandes encuentros de literatura en la condición de invitados, resulta obvio citar que en dichas ocasiones tienen comida, alojamiento y, sobre todo, bebida gratis.
Pero insisto ardorosamente en que nadie ni nada nos da derecho a publicar, mucho menos a publicar (redundando) cualquier cosa, lo primero que se nos ocurra, lo calientito, aquello que creemos estará siempre vigente a pesar de que pronto nos daremos cuenta de la barbaridad que significa. De estos hay muchos y no es difícil reconocer la magnitud de sus necedades.
Confieso que odio un poco los recitales, las lecturas de poesía y aún más las improvisaciones poéticas; aborrezco en extremo a aquellos que pretenden haber burilado buenos versos durante un viaje o mientras estaban comiendo, aunque puede así serlo y ¿porqué hacer gala de su genialidad?, ¿será que aborrezco la sinceridad tratando de cubrirla con una falsa humildad? Estoy seguro que el momento creacional es irreverente y lúdico, es imposible (para mí por lo menos) sentarse a escribir y así hacerlo, pero este primer momento se complementa con otro de lucidez y sancochando ávidamente las neuronas, es el instante en que se purga los contenidos, en que se tamiza lo simplísimo, en que se limpia la escoria, no hay poema limpio por ende resulta vano decir “este lo escribí mientras estaba viniendo, espero les guste”
Comunico esto ya que lo he escuchado más de una vez. La última oportunidad que tuve que oírlo trajo sus consecuencias, la antología del bar Yacana denominada Poesía Perú S. XXI (60 poetas peruanos contemporáneos) la cual a decir de sus presentadores no es otra cosa que una recopilación de los textos de todos los autores que subieron a su tabladillo para leer su malacrianza estética. Como intención vale, en realidad no hay criterio de selección, sin embargo tiene su punto de soberbia, el querer convertirse en un icono para la crítica actual o futura, de lo cual me sobran las dudas.
La citada antología reúne pues de todo y puede volverse una lectura sumamente ingrata, yo pido mil disculpas por tan pésimos textos publicados allí los cuales espero no tener que reimprimir nunca.
José Luis Córdova
El presente texto fue publicado inicialmente en la revista electrónica "Espergesia" colgada en el site de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Córdova ha corregido sus primeros criterios y aumentado algunos que cree son valorables para un mejor entendimiento de la poesía en Arequipa. Precisamente este texto se convirtió en comentario de algunas tertulias de indomables autores a fines del pasado año 2006
UNO
Después de la irrupción horazereana, se ha puesto en las pasarelas que cada nueva “implosión colectiva” de una región, venga cargada de un discurso demasiado irreverente al “canon” vigente, con posturas caudillistas —o precursoras para ser más irónicos— cuya espada ha sido el tetrasílabo «innovación», o, en el mejor de los casos, «renovación», haciendo que se vuelva una “explosión” a través de mitos extravagantes, como el caso Verástegui, o solamente intrascendentes fouls deportivos con los que, valiéndose de líos tan domésticos, en base a discursos de frágil ocurrencia y aceleradas declaraciones sobre quién ha sido el último que ha roto con la tradición, algunos postulan —con una impronta posmoderna, y como sucede en estos momentos— para negar a la generación inmediata anterior, aclamando a quien tomará ese supuesto “vacío”; y todo eso, gracias a un excesivo ánimo heterodoxo, producto de un rezagado vicio de protagonismo yoista que, en excelsado ego, sólo trafica intenciones mediatas de ser la comidilla en el ámbito gremial, o para decirlo en otras palabras, llamar la plena atención de sus congéneres.
Así, el contexto nacional es un círculo vicioso cuya irremediable bilis, hace que —caso Clemente Palma—, todo esto pase a enriquecer la mera anécdota histórica que, por una parte, hacen ver a estos “visionarios de la innovación” como pequeños cíclopes modernos cuya corta vista horizontal alcanza sólo hacia los costados inmediatos (y además, como eternos hijos negados y sujetos siempre a lo que dicta occidente), y por ello, no pueden ver más adelante o atrás, mucho menos arriba abajo —caso que, como veremos páginas más adelante, no ocurre con esta irrupción—; y por el otro, los uniformiza y/o los esnobisa hasta que por el hartazgo, por ello, no comprenden que ha sido la insularidad y no las reuniones cantineras recargadas de yoismos la que nos ha traído voces verdaderamente irreverentes e innovadoras.
DOS
Y, similar es el caso de la crítica peruana actual, la misma que a estas alturas es apenas un discurso necrocrítico. Nacida con el síndrome valdelomariano ha sido puesta en las manos de una pequeña afiliación construida con un invulnerable autobombo (culpa de las colectividades) y sólo ha dado en el oasis grupal autoinflaciones temporales de hidrógeno ignífugo, dejando en otro plano su verdadera función; esto, gracias a una cómoda labor de ver el medio con esa esquiva tolerancia de querer llevarse bien con todos y en el entorno más cercano posible. Así por ejemplo, tenemos la romántica crítica especializada, que —sin recursos culturales y propuestas—, últimamente, apela al refrito; la muy extendida condescendiente “de familia”; y la daltónica periodística, poco entendida, o mejor dicho, desentendida en este campo; de ahí que, aparte de la absurda «sinonimia», han establecido títulos al mismísimo estilo yanqui , como “Literatura Peruana” que enmarca a todo lo que se hace en Lima, y “Literatura Regional”, a todo lo que está exenta de ella, o lo que se hace —citando al brutalizante mass media y por culpa de Basadre—, en el llamado “interior del país” .
Y si además a esto le sumamos la migración y el poco esfuerzo o la ceguera —invalidez estaría mejor— de la misma institución letrada, tenemos como resultado la existencia de poetas “peruanos” y poetas que aún no son considerados dentro de lo que se llama “poesía peruana” —mucho menos los que, con “propia voz”, hablamos o escribimos en este “interior”—, y siendo así, los más jóvenes tendríamos que emigrar al “centro” para ser considerados, más adelante, dentro de un panorama nacional; cosa que no hicieron, por ejemplo, poetas como José Gabriel Valdivia, Lolo Palza, y Luzgardo Medina Egoavil, que han alcanzado niveles que sobresalen en un panorama casi uniforme, y que sólo han sido opacados por su menguada producción, ataviada en un silencio inexplicable (¿la falta de crítica?) en cuanto a creación constante y actual se refiere.
TRES
Es en este contexto que este cliché setentista —basado en «una antigua y renovada modalidad de convivencia: el grupo» (Luque Mogrovejo, 1990: 9)—, ha traído posteriores réplicas cargadas de tonalidades divergentes; y así, en los 80, inmersos en el decadente pop y con una juventud despreocupada, tenemos a Kloaka —lo más conocido de Lima—, mientras que en Arequipa —que no se vio ajena a este tipo de agrupaciones—, tenemos a Ómnibus y Eclosión, en medio de una efervescencia de movimientos , cenáculos e insularidades, todas inconclusas, empeñados en editar una diversidad de revistas de corta duración (aproximadamente 20), quizá, como dice Mogrovejo (Ibíd.), sólo por ese «gustito indefinible por ingresar en la historia».
Pero, a decir verdad, para el caso local, esta generación —postergada una década después (de Hora Zero)—, si bien fue disímil en el panorama nacional, también es cierto que no fue más que un «remedo con tonalidades y características propias de lo que fue […] [Lima] del 70» (Cáceres C.: 2003: 198), y que, como en otros lugares del país y en diferentes contextos, surgió cargada de una “avalancha” de revistas, manifiestos, y todo tipo de instrumentos que sirvieron para difundir el quehacer poético de sus congregados: trifoliados, boletines, fanzines, plaquetas, además de los clásicos recitales, etc.; siendo válido también, los «escupitajos y puñetes verbales […] [surgidos, entre] revistas» , debido a discusiones acerca de quién era mejor, qué era verdadera poesía y qué no era, o qué estaba bien para publicarse y qué no, acusándose finalmente, de hacer “remedos” o en el peor de los casos, “adefesios” de poesía.
Sin embargo, pese a ello, hoy son muy reconocidos en el país nombres como Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Odi Gonzáles o Alfredo Herrera Flores, poetas que cuentan con varias producciones y premios nacionales, así como incursiones en otros géneros o realizaciones experimentales como es el caso de Oswaldo Chanove.
Posteriormente, para la época del meneito y la macarena, mientras en Lima aparece Neón, aquí todavía ebrios de la fuerte movida ochentera, sólo quedarán algunos remilgos individuales, a los que Ablaciones ha llamado «fumarolas de los 90» , cuya difusión estará a cargo de dos importantes revistas que silenciaron rápidamente: “Claraboya” y “Escritos (plegado de pensamiento, poesía y prosa)”. Eso es lo poco que se sabe de esta época, donde destacan claramente Carlos Tapia Delgado que publicó Música para afeitarse (Arequipa, Gente por la cultura, 1998) y Jimmy Marroquín Lazo con Dinámica del fuego (Arequipa, Lago Sagrado Editores, 2000), quien además obtuvo con Teoría Angélica el COPE de plata en el 2001; pero ya iniciado el nuevo siglo, y con la perspectiva que apuntaba Orgios, emerge nuevamente una movida, y esta vez, trascendental para la poesía actual que lentamente discurre en el país.
CUATRO
Esta nueva irrupción aparece sin discursos panfletarios ni pronunciamientos de polémica vergonzante. Al principio son colectividades que sin la clásica afinidad de congregación identitaria, sólo tendrán el simple interés de difundir su poesía , y que observándola, transcurridos varios años, finalmente viene a ser la suma de individualidades en una mixtura —o heterogeneidad— que, con propósitos distintos, ve las cosas desde otro ángulo: la acostumbrada persistencia por la búsqueda sin ser totalmente ajenos a ninguna voz ni al contexto mismo, tanto inmediato como tradicional, ni al insular y universal que en toda época se presenta.
Así tenemos el caso de Triángulo: Juan Yufra, Álvaro Fischer, Luis Rodríguez —hoy Filonilo Catalina— y Rubén Soto, quienes, paradójicamente disímiles, han logrados a través de exploraciones resaltantes una producción regular y equilibrada. Aparecidos al finalizar el XX, este grupo ha estado alejado del yoismo provocador y sólo se les ha visto esporádicamente, publicar en algunas revistas o leer su poesía en distintos recitales. A mediados de 2003, dieron un recital como agrupación en el Centro Cultural Chávez de la Rosa; posteriormente, Soto, en la docencia preuniversitaria, regresó a su natal Puno ; Filonilo, ganador del COPE de bronce 2005, difunde su creación a través de plaquetas y trifoliados; Yufra, reconocido también con un premio de poesía organizado por la municipalidad de Yanahuara en el 2004, se dedica a la docencia escolar; mientras que Fischer, en un retiro extravagante pero momentáneo, apuesta por la música vernácula ayacuchana. Sólo ha quedado como referencia el sello editorial Triángulo y 5 textos editados.
Luego en el 2000, surge una de las más herméticas agrupaciones: el Círculo poético Enroque y más versos, cuya intención se expuso en la captación de poetas jóvenes de la Escuela de Literatura y cuyo fundador, Orlando Bedoya, destaca al lado del cuzqueño Martín Zúñiga, quienes realizaron una edición, quizá, la más extensa en cuanto a números (más de 21 publicaciones que fueron una mezcolanza de trifoliados, fanzines, plaquetas y boletines), pero empeñados en una invariable producción, su labor fue quedando en una mera intención de dar a conocer las voces más jóvenes y disparejas de su entorno. Actualmente algunos de sus adherentes publican la revista Mítica, mientras que Zúñiga desde el Cuzco, es uno de los impulsadores del Bloog de poesía peruana contemporánea Urbanotopía.
Pero es a mediados de 2001 que aparece una agrupación dispuesta a remover el panorama emergente: Orgios, y abriendo los brazos hacia todos los rincones posibles, se aprestó al bullicio pero con una hiperacción que apenas duró medio año. La intencionalidad afín de esta agrupación fue la de congregar a todos los poetas jóvenes en recitales a tribuna abierta para luego antologarlos en 3 revistas que sirvieron de palestra para explorar, reconocer y cavilar sobre el nuevo panorama, y, como ya mencioné, marcaron el inicio de lo que ahora se expone y que, sin duda, considero como objeto de merecida atención. Aquí aparece Oscar Saldívar, que publicó a fines de 2002 Hemiplexia (Arequipa, edición del autor) y más recientemente Hábitat trashumante (Arequipa, Grita Ediciones, 2005). Posteriormente en el 2003, algunos de sus adherentes fundaron la revista Cártel, que hasta ahora tiene apenas 2 números, y uno de ellos, Luis Ormachea, publicó Índice (Arequipa, edición del autor, 2004) y Bóveda (Arequipa, Grita Ediciones, 2005).
Lo que seguirá más adelante, es la aparición de revistas, —siempre de corte universitario y desde el campus de San Agustín—, impulsadas por individualidades y con propuestas abiertas de difusión. Así tenemos a la desaparecida Caleidoscopio de la Escuela de Derecho, que sacó a la luz a Ignacio Infantas; Cara de camión (cuya vigencia llegó a 9 números) a cargo de Jimmy Barrios, quien, además, editó desde mayo de 2004, otra revista bi-regional (Lima-Arequipa): Grita, (interrumpida al año siguiente ¿?), con un proyecto editorial interesante, el cual consistía en auspiciar publicaciones de jóvenes a través de la ONG que llevaba el mismo nombre (lamentablemente, también dejó de existir el año pasado).
Luego, a inicios del 2002, aparece Ablaciones, movilizada por 2 estudiantes de ingeniería: José Córdova, que publicó Pre-textos (Arequipa, Editorial UNSA, 2002) y Lenin Velarde Paredes quien ya cuenta con 2 publicaciones: Carol (Arequipa, 9no Granizo, 2003) y Hocrelugural (Arequipa, 9no Granizo y Wawasara editores, 2006). Aquí se comenzó a destacar una labor interesante que va desde difusiones locales, nacionales y del continente, hasta trabajos de crítica literaria, narrativa, entrevistas y artículos, entre otros. A fines de ese mismo año, aparece Lego que tuvo una vigencia de sólo 5 números, a cargo de Ana María Florez; aquí también se intentó publicar diversos géneros y algunos intentos filosóficos.
Y casi recientemente (fines de 2005) han aparecido Dragostea con un tratamiento no muy selectivo pero sí provocador (por ejemplo, el primer número salió con una recopilación de literatura no heterosexual) y una propuesta editorial que hasta la fecha ha publicado 3 libros: Cuentos del cuzqueño Jorge A. Vargas Prado (2006), Ideograma de Robert Baca Oviedo (2006) y la traducción del manifiesto SCUM de Valerie Solanas (2007); Bastardía los que también han surgido con la propuesta editorial de auto publicarse; y el colectivo Demetrio Caicho cuya revista lleva el nombre de El pasto verde.
CINCO
Ahora bien, observando este panorama y el contexto en el que se desenvuelve, puedo decir que esto es algo más que alentador. Las nuevas voces, cuyos textos marcan nuevos proyectos de asumir poesía contemporánea, se levantan frescamente sin trompetas, histrionismos o esfuerzos apurados por apretujarse en la combi literaria. Y para dar algunos ejemplos, citaré a Álvaro Fischer, quizá uno de los jóvenes más interesantes dentro del discurso nacional, que con Tzolquin (Ayacucho, Triángulo editores, 2001), un conjunto de poemas, en su mayoría, de largo aliento , despertó interés por ese solo tono casi vernacular y audaz (como en la narrativa arguediana): «Dime, piedra negra-este río nomás por qué a mi corazón no ha volado/ Bésame tú, maíz negro, en este anochecimiento con este sol hielando mis huesos/ Escucha piedra escupida, nomás en mi oído el halcón está hablando con las serpientes […] Ya Kantuta, desde la muerte cóndor ardiente que vuela/ Y piedra viva que retorna/ con esta entristecida lluvia/ ya no reír Ya tierra de la noche», y de sesgos indo-americanos, precolombinos y occidentales, que conviven casi de manera conciliadora y que dista mucho del remedo snob; así, este sincretismo es llevado a la universalidad, en torno a un paisaje urbano profundamente pincelado: «Un corazón se desangra en un pozo de agua/ Tu cadáver deambula/ con mis ojos», «Las horas con lepra, se-envejecen/ Paralíticos mirando el mar […] y en su ventana,/ orejosas, fuma la noche/ marigüana»; «Los semáforos […] se deshielan intro l e n t a m e n t e/ hasta reventar esa carne de ciudad// Año tras año las horas repletas en tráileres/ entran al sueño hasta pudrirse»; «Tus ojos-son dos autos chocando en plena pista/ A toda velocidad», y eso no es todo «Esta madrugada te suplica y te hace/ el amor con treinta céntimos en la combi […] la carne de rodillas/ grita desiertos Envejece abortada en padrenuestros».
Otro ejemplo es el caso de Filonilo Catalina, que, con tonos sencillos y directos, explora una metaforización del lenguaje coloquial, así, en Memorias de un degollador (Arequipa, Triángulo editores, 2000) lo urbano marginal, como tema principal, se aproxima en un tono casi de reclamo: «Yo también fui un señor de lentes/ que […] regresaba con hambre a casa […] caminando entre señales de tránsito/ con el semáforo indicándonos el tiempo reglamentario de nostalgia […] columpiándome los viernes por las noches/ en las piernas de una mujer que gime y dice/ que me ama», «Cada vez que amanece/ despierto con un extraño remordimiento/ y otra vez le hablo a mis zapatos […] A veces escribo un poema/ y lo envuelvo en una flor/ entonces me da vergüenza/ porque siento cómo se agrandan mis ojos// Ahora sé que el hombre crece cuando está solo —a diferencia de la mujer que sólo crece/ cuando está desnuda— y se hace terriblemente pesado»; posteriormente, en La canción de la cucaracha (Arequipa, Triángulo editores, 2003) consolida su estilo sobre un espacio más limpio y provocador, aunque lleno de efectismos, donde lo cotidiano, a través de una coloquialidad extrema y un acercamiento tangencial a Escribano, se mezcla con una alta «dosis de humor» usando un lenguaje directo y cargado de ironía: «Un poeta jamás llevara un reloj/ porque el reloj marca el tiempo pero no el sentimiento»; le dice a Juan Cristóbal: «De qué te sirve Juan/ ser la antorcha en una ciudad perdida y poblada por tanto verso malo […] si el mundo está poblado de hijoeputas que gobiernan el planeta y que no saben de tu pecho abierto como el tajo más hermoso de una cesárea […], Te escribo Juan y es cierto que todavía falta mucho para que estés muerto/ pero te escribo para […] que vengas y algún día agarremos a esos hijoeputas de los pelos y […] terminemos/ tatuándoles un verso de Carlos Oquendo a fuego lento/ Para que nunca olviden que ellos también salieron de la misma/ grieta por la que respira el planeta».
Otro caso interesante y a la vez distinto es el de Nacho Infantas Moscoso, que con Piel de arcano (Arequipa, Lago Sagrado Editores, 2003) hace una introspección alegórica a la palabra, como ente creadora y totalitaria: «Este cuerpo,/ no destruye, no contamina, resbala ígneo entre los átomos […] NO ES/ un territorio conquistado, […] es solamente la piel aún desierta/ de la palabra que te encierra», pues el lenguaje, en sí, es el génesis de todo lo que existe: «escribo en el silencio de la página/ “Amanecer”/ y amanece…», «ERAS/ Ese improvisado Dios/ Que se llenaba sus días/ Haciendo frágiles hombrecitos/ A su imagen y semejanza…», lo demás «reposa,/ se abandona a la marcha de la noche/ como la marcha fúnebre de millones de insectos alados», por ello «Sería conveniente/ morir/ como mueren las plantas, como muere/ el musgo […] Desaparecer/ o transformarse», para descubrir «que todo este paisaje/ es sólo una palabra/ siempre fue una palabra» y que, si de pronto, todo despareciera, persistiría como dice Infantas, lo que más nos identifica: «AL FINAL» quedaría «LA OSAMENTA/ OBSCURA […] DE UNA/ PALABRA».
SEIS
Sin embargo, hace falta revisar otros textos para poder sacar algunas conclusiones de lo que hasta ahora los jóvenes han venido haciendo en Arequipa durante los últimos 7 u 8 años. Libros básicos de esta época son Graffiti de Zoo (Arequipa, Triángulo editores, 2003) de Juan Yufra, donde se percibe una exploración culturalista —la antropología por ejemplo—, lo que hace de Graffiti…una búsqueda entre lo oral, lo urbano y lo marginal en medio de un mundo casi prehistórico: los dibujos del aerosol con que se hace el graffiti concluyen en alguna verdad o una mera interpretación de la evolución del ser humano; Bóveda de Luis Ormachea, donde las representaciones cósmicas del texto surgen a partir del enfrentamiento cultural entre lo foráneo y cosmopolita y lo aborigen de ahí que las alucinaciones fantásticas de los elementos naturales (peces, mares, viento, vegetales, piedras, astros, el espacio y finalmente la palabra) pueden estar tanto en una terrible armonía o quietud, o sino, en un tremendo caos; Carol de Lenin Velarde Paredes donde la ingenuidad hacia el amor a través de lo sexual o de las represiones sexuales y los recuerdos (familiares, escolares, y el lugar urbano-rural donde el poeta ha vivido o vive) de la infancia son, finalmente, parte de la construcción del ser; Istalla (Arequipa, edición del autor, 2006) de Rubén Soto donde «nos atrevemos a percibir […] una actitud culturalista —neoindigenista— para interpretar […] [a través de] los elementos lingüísticos vernáculos y temáticos que nos plantean una pertinente reflexión acerca de los códigos y las relaciones con los conceptos de transculturación, heterogeneidad o hibridismo» ; y Hábitat trashumante de Oscar Saldívar donde la solitariedad del ser, el tránsito sin rumbo, así como el cansancio y la cotidianidad del vivir, hacen del hombre un ser construido con un consumante esplín agotador y tormentoso
Todos estos textos nos hacen percibir algunas características novedosas de la nueva poesía en Arequipa, la que bien puede contextualizarse en el Perú actual, pero desde este lado donde la institucionalidad representativa está en proceso de construcción: primero, hay una resemantización del discurso coloquial-confesional llevado hasta un extremo singular mediante la indagación y la apropiación del contexto suburbano, marginal y hasta periférico, en algunos casos por pertenecer a él, a través de la relectura de la vanguardia de inicios del XX: Oquendo, Churata, Vallejo, entre otros; segundo, hay un enfrentamiento y un des-encuentro con la realidad poética actual por eso a través de un bien intencionado discurso culturalista, se trata de reconstruir otro más denso y significativo, explorando a veces los orígenes o la tribualidad del hombre, y tercero, la inserción dentro de una posmodernidad desparadigmizante que se da a través de discursos de corto aliento, con características pop, sobre todo por el efectismo, la temporalidad y utilizando, en algunos casos, máscaras poéticas, es decir, el cuestionamiento al «canon establecido», la existencia de voces y personalidades poéticas dentro de lo heterogéneo, palpables dentro de una búsqueda de la identidad así como la inclinación a la individualización, pero esta vez, universal.
SIETE
La vanguardia en las primeras décadas del siglo pasado, apertura una gran diversidad de ismos que hicieron que estuviera en constante cambio, y sin embargo, no todos éstos encontraron recepción, hubo diversos estancamientos y sólo unos cuántos alcanzaron progresar y quedar consolidadas como escuelas. Surrealismo, indigenismo (para el caso latinoamericano) y vanguardismo —posteriormente llamado por algunos como ultramodernismo— son sólo los ejemplos más claros, los mismos que a la vez nos hacen ver que la poesía es, aunque no padezca, también sectaria o divisoria.
De ahí también que sólo una minoría deguste de ella. (Pues hay que recordar que la cultura no es democrática, es decir, desde el punto de vista opuesto, el hombre es el único que decide finalmente de qué manera cultivarse, y de ahí que la poesía como parte de ella, definitivamente, no tiene porqué gustar a todos). Por ello, es absurdo el pronóstico de una posible extinción de la poesía, sobre todo por tratarse de un ejercicio individual que sólo a través de una colectividad logra construirse, consolidarse y salir a la luz a través del papel escrito o impreso.
Alguna vez el joven Heraud dijo que la poesía es «un trabajo difícil, que se pierde o se gana en los años», y que, así «conforme pasa el tiempo», ésta, finalmente, «se va haciendo trabajo de alfarero». Bueno, aún lo sigue siendo, y es además, muchas veces, un camino interminable de incertidumbres. Por eso, aquí, donde todavía nos encontramos libres de saturaciones, donde se vislumbra un panorama emergente y muy interesante, su revitalización se encuentra en marcha; sólo hay que afirmarla, no como un mero caldo teórico de posibilidades como se percibe en otros lados, sino, buscando su sentido, como alguna vez me dijera José Ruiz Rosas, con «sus porqués, sus cómos y sus cuándos». Y sin recurrir a los amanerados agrandamientos y las irónicas dalilaciones, o cayendo en especificaciones apresuradas de vuelo de pájaro, hay que ponerle mayor atención, pero en un nivel diferenciado y más amplio; porque claro, cabe también la posibilidad —aunque remota— de que esto sea un probable infortunio. Pero ¡diablos!, eso lo dejamos al mejor juzgado posterior de la historia.
BIBLIOGRAFIA
Además de haber revisado los poemarios mencionados y la mayoría de revistas de los últimos 8 años, también he recurrido a:
CÁCERES CUADROS, Tito: Literatura Arequipeña. Arequipa, Editorial UNSA, 2003.
FILONILO CATALINA: Memorias de un Degollador. Arequipa, Triángulo editores, 2000.
____________________: La canción de la cucaracha. Arequipa, Triángulo editores, 2003.
FISCHER HEREDIA, Álvaro: Tzolkin. Ayacucho, Triángulo editores, 2001.
INFANTAS M., Nacho: Piel de arcano. Arequipa, Lago Sagrado Editores, 2003.
LUQUE MOGROVEJO, Rolando: Viva Voz. Antología de la poesía en Arequipa, generación ‘80. Arequipa, Edición auspiciada por CONCYTEC, 1990.
MEDO, Maurizio: “El origen de lo diverso en la generación del 80”, En Revista peruana de Literatura, Nº 1, mayo-junio del 2004






