19/03/08: El hijo (ideológico) de Chávez
(Los Andes 20 de marzo 2008)
Quizá lo que ha logrado el presidente de la región Puno, Hernán Fuentes Guzmán, con sus disparatadas declaraciones, ha sido desviar la atención de las razones de su viaje a Lima. Fuentes Guzmán fue citado por la bancada puneña para aclarar por qué gastó 122 mil soles en una camioneta para su uso personal, por qué utilizó 5 millones de soles en carreteras y puentes cuando ese dinero debía ser destinado a la Zona Franca Industrial, entre otras cosas. Sus respuestas no fueron satisfactorias y, sin embargo, lo que ha generado desazón fueron sus declaraciones al terminar la reunión con los parlamentarios.
Que el presidente de la región Puno diga que se está en el camino hacia la construcción de un altiplano autónomo y federal es el típico “dile a Ana para que escuche Juana”. Su intención es ser escuchado por los personajes de su preferencia: Hugo Chávez, el revoltoso y deslenguado de América latina por un lado, y Antauro Humala por otro, hoy preso hasta no se sabe cuando, por el Andahuaylazo.
Pretender quebrar la unidad del Estado sólo puede venir de una mente ávida de dar declaraciones provocadoras. Sediciosas según el premier, Jorge del Castillo. Ignorante según el presidente del Congreso, Luis Posada. Impertinentes y absurdas, según la ministra de Justicia, Rosario Fernández. Pero más allá de estos adjetivos, las declaraciones de Hernán Fuentes tienen que ser tomadas con pinzas puesto que vienen del presidente de una región que ha llamado la atención casi siempre por los conflictos que en ella se presentan, y que a veces él mismo provoca. El panorama en el altiplano es complicado.
Puno tiene sus particularidades. Su ubicación geográfica que limita con la continuamente convulsionada Bolivia, ya es un problema. Que sea ruta del narcotráfico y del millonario e ilegal negocio del contrabando, también es otra perla para tener en cuenta. Y si además de ello ponemos sus declaraciones en el contexto de la tan manoseada “construcción de la nación aymara”, que lleva la bandera de la autonomía como fin, tendríamos todos los ingredientes necesarios para estar más que atentos a cualquier declaración que vayan en esa dirección, por más descabellada que sea. Para algunos, con quienes intercambiamos opiniones sobre la actuación del presidente de la región, sus declaraciones no deben preocupar, argumentan que lo que escribe Fuentes con una mano lo borra con la otra, que dice y se desdice casi al mismo tiempo, pero este no parece ser el caso.
Lo dicho por Fuentes para la política local puneña también tiene sus implicancias. Su principal adversario y que quedó segundo en las elecciones para la presidencia regional, Alberto Quintanilla, no logra aún posicionarse como el líder de una oposición pensante y articuladora de propuestas alternativas. Los demás no cuentan.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la región no cuenta con una sociedad civil, por lo menos, medianamente organizada. Sin contar al Servicios Educativos Rurales (SER) -una ONG de Lima con una oficina en la capital de la región-, todo el resto de sociedad civil hace gala de su silencio ante la cambiante política en el altiplano. En la misma línea, hoy con mucha más fuerza se siente la ausencia que dejaron las obras sociales de la iglesia católica (como las vicarías), desde que los Obispos decidieron solamente salvar almas. Todo esto suma a que la sociedad civil en Puno es altamente desorganizada e incapaz de señalar los temas importantes que deben ser discutidos, y como nadie pone la agenda, el presidente de la región dice cualquier cosa.
Por ello, las declaraciones de Hernán Fuentes deben llamar la atención. La pobreza del departamento, el resentimiento que se siente en el aire, y la clara convicción anti-Lima pueden funcionar como los detonantes de procesos que nadie en sus cabales espera ni desea, pero que alguien con un poco de poder y con ganas de jugar a la autonomía, puede desencadenar.
Quizá lo que ha logrado el presidente de la región Puno, Hernán Fuentes Guzmán, con sus disparatadas declaraciones, ha sido desviar la atención de las razones de su viaje a Lima. Fuentes Guzmán fue citado por la bancada puneña para aclarar por qué gastó 122 mil soles en una camioneta para su uso personal, por qué utilizó 5 millones de soles en carreteras y puentes cuando ese dinero debía ser destinado a la Zona Franca Industrial, entre otras cosas. Sus respuestas no fueron satisfactorias y, sin embargo, lo que ha generado desazón fueron sus declaraciones al terminar la reunión con los parlamentarios.
Que el presidente de la región Puno diga que se está en el camino hacia la construcción de un altiplano autónomo y federal es el típico “dile a Ana para que escuche Juana”. Su intención es ser escuchado por los personajes de su preferencia: Hugo Chávez, el revoltoso y deslenguado de América latina por un lado, y Antauro Humala por otro, hoy preso hasta no se sabe cuando, por el Andahuaylazo.
Pretender quebrar la unidad del Estado sólo puede venir de una mente ávida de dar declaraciones provocadoras. Sediciosas según el premier, Jorge del Castillo. Ignorante según el presidente del Congreso, Luis Posada. Impertinentes y absurdas, según la ministra de Justicia, Rosario Fernández. Pero más allá de estos adjetivos, las declaraciones de Hernán Fuentes tienen que ser tomadas con pinzas puesto que vienen del presidente de una región que ha llamado la atención casi siempre por los conflictos que en ella se presentan, y que a veces él mismo provoca. El panorama en el altiplano es complicado.
Puno tiene sus particularidades. Su ubicación geográfica que limita con la continuamente convulsionada Bolivia, ya es un problema. Que sea ruta del narcotráfico y del millonario e ilegal negocio del contrabando, también es otra perla para tener en cuenta. Y si además de ello ponemos sus declaraciones en el contexto de la tan manoseada “construcción de la nación aymara”, que lleva la bandera de la autonomía como fin, tendríamos todos los ingredientes necesarios para estar más que atentos a cualquier declaración que vayan en esa dirección, por más descabellada que sea. Para algunos, con quienes intercambiamos opiniones sobre la actuación del presidente de la región, sus declaraciones no deben preocupar, argumentan que lo que escribe Fuentes con una mano lo borra con la otra, que dice y se desdice casi al mismo tiempo, pero este no parece ser el caso.
Lo dicho por Fuentes para la política local puneña también tiene sus implicancias. Su principal adversario y que quedó segundo en las elecciones para la presidencia regional, Alberto Quintanilla, no logra aún posicionarse como el líder de una oposición pensante y articuladora de propuestas alternativas. Los demás no cuentan.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la región no cuenta con una sociedad civil, por lo menos, medianamente organizada. Sin contar al Servicios Educativos Rurales (SER) -una ONG de Lima con una oficina en la capital de la región-, todo el resto de sociedad civil hace gala de su silencio ante la cambiante política en el altiplano. En la misma línea, hoy con mucha más fuerza se siente la ausencia que dejaron las obras sociales de la iglesia católica (como las vicarías), desde que los Obispos decidieron solamente salvar almas. Todo esto suma a que la sociedad civil en Puno es altamente desorganizada e incapaz de señalar los temas importantes que deben ser discutidos, y como nadie pone la agenda, el presidente de la región dice cualquier cosa.
Por ello, las declaraciones de Hernán Fuentes deben llamar la atención. La pobreza del departamento, el resentimiento que se siente en el aire, y la clara convicción anti-Lima pueden funcionar como los detonantes de procesos que nadie en sus cabales espera ni desea, pero que alguien con un poco de poder y con ganas de jugar a la autonomía, puede desencadenar.









