Archivos

Archivo de agosto 2009
Categoría: Anécdotas
Publicado por: jzavalaz
Visto: 661 veces
La blogósfera cada día es enorme. Querer ser blogger se ha vuelto en algo tan común para miles –si no es que millones- de humanos que quieren “hacerse sentir” en este mundo, aunque sea escribiendo sus opiniones que quién sabe si serán leídas por alguien más. Pero ya con intentar esto –creen- que hacen algo por su “trascendencia”.

Ser un blogger de cierto perfil; o sea, llegar a tener un nivel constante de “audiencia” (me es difícil definir este término) no es ciertamente muy sencillo. No sé realmente el contador de visitas en mi blog qué represente… si efectivamente esos números vienen a constituir una misma cantidad de lectores que al parecer encontraron “cierta sincronía” con aquello que expuse y que siempre he definido como mi opinión, por algo mi espacio se llama como se llama y no de alguna manera estrafalaria, ostentosa o rimbombante (me abstengo de dar ejemplos).

Con casi dos años blogueando he llegado a conocer varios patrones. Desde el país de origen de los “comentaristas” hasta las enormes sorpresas de descubrir lo significativo que pudo resultar algún post o entrada –que a veces nacen como meras ocurrencias-… o la satisfacción de que otra idea bien trabajada precisamente para ser “pop” y cotizar alto en número de visitas (que en algunas otras veces estoy seguro que fueron detenidas lecturas por parte de los visitantes)… o en el más patético de los casos -por no dejar de mencionarlo-; aquello que es capaz de herir y lastimar a los idiotas, pero bueno.

He hecho amistad con muy pero muy pocos de mis lectores. De hecho sólo me viene a mente el nombre de Renato Lovewrecker (que así se hace llamar un uruguayo dentro de su neurosis, y que suele llamarme hijo de p… pero que es una manera demasiado coloquial de decirme “amigo”), y si bien llegué a intercambiar un par de correos con alguien más, no se dieron ni por accidente las condiciones para que ese algo sublime como es la amistad se diera (meros intereses funcionalistas y curiosidades relativos a mis tópicos de reflexión, y eso no es –tan- malo).

Pero los intentos de “acercarse” a mí siempre han estado presentes.

Justo en mi periodo de “vacaciones de verano” (del verano mexicano que solía ser equivalente a época de lluvia, pero que ahora resultó una indeseable e inesperada sequía) dos singulares individuos trataron de conmoverme.

El observador acrítico (elobservador@gmail.com)

Pero a veces eres incongruente y mentiroso, tu perfil como maestro es bien conocido. Te vas con el mejor postor no el mejor amigo, tus intereses hacen de que hablar. ¡¡¡Sólo te ven en el sindicato cuando ocupas préstamos!! ¡¡No se equilibra tu forma de pensar y de actuar la balanza se inclina más hacia un lado!! ¡Así que abusado!

Bueno, este “observador” al parecer no es sino un simple mirón, cuyo ojo clínico requiere de ayuda oftalmológica urgente. Retomaré sus “críticas” (si es que pueden considerarse tales) para un breve análisis:

Soy maestro, nunca le he negado, así que si mi perfil es bien conocido pues qué bueno. En varios de mis artículos hago mención precisamente a mi profesión, que si bien me sigue ofreciendo algunas satisfacciones, en otros aspectos comienzo ya no tanto.

¿Mejor postor? ¿Mejor amigo? ¿Intereses? Vaya, esto sí que es una afirmación bastante oscurantista (y estúpida). No me queda nada claro qué me quiere decir, porque es evidente que el ciego observador no tiene argumentos ni sabe ser eficaz en comunicarme algo. No tengo idea a qué postores se refiere. Amigos dentro del magisterio todo mundo sabe que a nadie de esta zona lo considero como tal, por no tener alguien siquiera el capital cultural suficiente para serme desafiante. Ahora bien, que pueda haber docentes que me a mí consideren uno no es algo que me vaya llenar de vergüenza. Mi sociabilidad es famosa también. Tengo arraigo en esta ciudad, he hecho cosas que han trascendido, soy egresado de una prestigiosa universidad en el extranjero y ahora cotiza fuerte mi blog… ¿qué puedo hacer para negar esto?

Si sólo voy al sindicato por préstamos, entonces he ido dos veces en catorce años, lo cual no es cierto de ninguna manera. Durante unos cuatro años fui un férreo activista aunque ahora ya no simpatizo con esa causa. No tengo por qué seguir una ideología por años y años, ya que creo en el constante cambio; y menos si no me siento convencido o contento en ciertas manifestaciones sociales a las que se incurre frecuentemente, si proponer otras más responsables. Pero si algún día requiero de algún préstamo, no dudaría ni un segundo en ir por él. ¿Hay algo de incongruencia en esto? Son prestaciones relativas a mi trabajo, y son para todos.

La balanza se inclina, pero por encima de mi peso normal, sólo esto es cierto. Pero ya me estoy cuidando para ser congruente con mi artículo super-top (espero, mediocre mirón que sepas siquiera cuál es).

¿Abusado?” No me gusta tu uso del español (yo prefiero el aguzado). El abusado en tu niñez y por tus maestros fuiste tú, y no pasaste por una terapia sanadora que te haga menos infeliz. Y como te lo dije en mi respuesta que nunca respondiste por cierto; si quieres decir algo más, dímelo de frente (o al menos dame tu nombre, y yo te busco)… pero sé que no lo harías, sólo te gusta mirar.

Los mensajes de Acuario (acuario811@hotmail.com)

Su primer mensaje fue algo tan simple y bonito como:

Felicitaciones por tu blog, soy un lector tuyo, sigue adelante.”

Pero su sencillez pecó en lo escueto y nunca, siquiera, me pasó la posibilidad de responderle a manera de agradecimiento por sus palabras de aliento. Breves y anónimas. Un lector mío de tantos. No peco de modesto pero, si entrara a una dinámica así pudiera cansarme después.

Pero quizá Acuario se desesperó de no recibir una respuesta personalizada con mi nombre y cuenta de correo electrónica y, apenas cuatro días después, me soltó esto:

A tus lectores nos encantaría que salgas del closet y nos cuentes tus experiencias.”

Una risa suave, muy interna comenzó a brotarme desde muy adentro hasta terminar en sonora carcajada. Pensé entonces que Acuario quería jugar al “yo te conozco” y obligarme a una nerviosa respuesta del tipo: “¿Quién eres? ¿Me conoces? (Y enciendo un cigarrillo, a pesar que ya no fumo) No pienses mal, si me viste en el lugar equivocado en el momento inoportuno fue mera casualidad, ¡te lo juro!

Pero tampoco esta vez ningún correo me nació enviarle. ¡Mira que ni grosero es ni nada! Sólo quiere un poco de mi atención, lo sé… pero no me provoca...

Bueno, Acuario, por este medio, totalmente público y desclosetado te respondo:

Te agradezco que me leas, y que me escribas. Me siento halagado que inclusive hables en plural, o sea no estás solo. Y si a “ustedes” les gusta leerme qué bueno que hallen temas que les agraden. No se deber ser exclusivo a una nación, clase social, grupo étnico o de sexualidades tradicionales. Y si alguna vez me viste “en ese lugar”, te diste cuenta de las atenciones especiales que suelo recibir y no nomás allí. Esto lo logro no por fama; quizá por mi buena disposición o por propinas debo admitirlo. Si bien me hubiera gustado saber tu nombre, al menos para no meterte en la misma categoría del Mirón… pero bueno, gracias a ustedes ahora se sabe más de mí… que no quepo en closet alguno.

Autoimagen de José Zavala
Categoría: Anécdotas
Publicado por: jzavalaz
Visto: 1584 veces
Me creí ajeno a cualquier colapso de mi sistema de cómputo por dos razones: Primeramente, según yo, creí que no visitaba sitios “peligrosos” como ese porno barato tan disponible por allí, ni sitios misteriosos de nombres bizarros y bajo algún dominio cuestionable. Además, por más de un año me hicieron creer que los antivirus gratuitos, o esas copias piratas que todo mundo trae, eran los suficientemente efectivos. Las únicas directivas que me habían recomendado eran simples; no descargues del Ares y menos del Kazaa (por mencionar dos solamente) ni porno ilegal (you know what I mean) ni mucho menos programas. Así, que bajo estas creencias, me sentía protegido, seguro… y parcialmente feliz.

Y recuerdo bien a tantas caras tontas, asegurando todos los antivirus que adquirieron sin pagar nada eran buenos, y de lo “limpias” que tenían sus computadoras… Fácil asegurar esto cuando no se conocen otras opciones; cuando se vive alienado en la ignorancia. Total, cada uno sabe en lo que usa su compu, que haciendo una burda metáfora viene a ser una enorme nariz de can –entiéndase, perro- que uno va y mete donde se le antoje.

Así que mi “grandioso antivirus gratuito” se actualizaba día con día, pero después de un breve tiempo comenzó a mostrarme un afiche publicitario (o de advertencia): La versión free me protegía de los resfriados virtuales… y ya. Las versiones de paga, en cambio, podrían mantenerse sano de la hepatitis SO y DC (sistema operativo y disco C), del cáncer terminal (de computadora) y del VIH (virus informático horroroso). Pero, ¿para qué iba gastar esa cantidad de dólares –o euros- si yo sólo podría contagiarme de una gripita estacional?

Comencé a ignorar la publicidad que aparecía como macabro fantasma cada vez que encendía mi equipo. Es más, siento que esta publicidad fue aumentando de dramatismo. “Compra la versión real y deja de vivir en la estupidez” o algo así. Pero claro, para esto no había dinero, en cambio para una botella de ron añejo o de vino tinto NUNCA puede faltar.

Un día, porque en las historias humanas siempre llega el día, cada vez que encendía mi sistema comenzó a salir la advertencia que un par de indeseables troyanos andaban queriendo entrar a mi fiesta continua, y el ilógico mensaje preguntaba qué deseaba hacer; si eliminarlos, o bloquearlos, o definitivamente dejarlos pasar a beber mi ron y bailar mi acid jazz.

Otro día después parecía que se había corrido la voz que en mi compu las cosas eran muy agradables. Ya eran demasiados anuncios, y por supuesto –no soy tan ilógico como esos anuncios e hice de inmediato un scan completo-. Pero no había nada de qué temer… según el motor inmunológico de mi free anti-virus.

Al otro siguiente día ya era un caos la cantidad de advertencias y realmente los anticuerpos regalados nomás parecían no querer hacer nada en mi bien y a favor de mi computadora. Así que comprendí entonces que por allí no había una solución visible, y descargué “otro gratis”. Creo que era el Doctor Spyware o una onda así. Lo instalé de inmediato y, antes de activarlo, desinstalé el Avira para el pueblo. De inmediato actualicé a la otra esperanza y procedí a un escaneo total de mi sistema…

356 virus encontrados, de los cuáles, solamente 150 eran de alta peligrosidad… “Se recomienda proceder a revisar y desinfectar el equipo”.

(Y yo que quería seguir trabajando despreocupadamente seis meses más así, en estas condiciones.)

Sobra decir que unos minutos después de eso mi compu se apagó y ya no pudo despertar más… hasta que un ingeniero en sistemas llegara con un beso mágico y me cobrara el servicio de esa alquimia sanadora…

La discusión se dio en torno a la necesidad de proteger mi compu como protejo mi cuerpo… por ridículo que suene. Así que pedimos (mi asesor et moi) asesoría a profesionales expertos en esto, gente que sabe de antivirus…

Para mi molestia (o mi sorpresa) el experto dijo que el mejor antivirus según su experiencia era el Avira (de paga, claro está). Y para mi doble molestia o triple sorpresa era además –y por mucho- el más barato.

Logo del Avira


Cuando menos compré tres licencias y le pasé una al ingeniero sanador de mi sistema. La otra nadie me la compra, pero bueno, al menos mi compu ya volvió a su rendimiento atlético de alto rendimiento.

Moraleja: Si valoras tu compu… es decir, si la conoces, si sabes lo que es capaz de seguir haciendo, si tu vida se ha hecho más agradable y si tienes calculado cuánto más va durarte… haz algo por ella... Avira te hará creer que es mejor pagar por la verdad.

Tip a considerar
: Las páginas donde más advertencias mi nuevo Avira me da son las de los torrent… y que ni siquiera sospechaba de esto.