José Zavala se ha ido

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2008-09

2008-09-08

Comprar una película pirata es como robar

En una familia clase media baja, están reunidos en el comedor la madre (quien acaba de llegar de trabajar agotada), la abuela y un par de hijos (niño y niña). La madre saca de sus cosas una película pirata y les anuncia que la compró, y se justifica diciendo que “además se ve buenísima”.

Su madre, o sea la otra señora que aparece en escena le pregunta “¿que comprar pirata no es como robar?”. “¡Cómo crees! Además yo la compré” responde. En eso, el único varón en esta bella y cotidiana familiar, que es un niño de unos 11 años anuncia que se va a jugar con sus amigos, pero entonces su cansada madre compra pirata le dice “Mañana tienes examen, tienes que estudiar”. Pero el pequeño responde que “no hace falta, porque ya compré el examen”.

La abuela y la hija voltean a ver a la abnegada madre cansada compradora de películas piratas que se ven buenísimas, y su hija (unos 12 años) le dice “ya ves lo que pasa por comprar pirata”.

Como tú película y en eso entra una música de piano con una melodía bien depre (pero mucho más ridícula) no sé si de cuerdas o un teclado para cerrar el aterrador mensaje de:

“¿Qué Le Estás Enseñando A Tus Hijos”

Esta maldita escena aburridora, descontextualizada, moralista, de ultraderecha, católica y opus dei tengo que verla cada vez que quiero ver mis películas originales (que ahora puedo comprar seminuevas a un precio de 6 dólares –me niego a pagar más de eso, además que si compro 2 me llevo 3-).

Y en serio, tengo que soportarla cada vez que introduzco un DVD a mi reproductor, porque no permite ir al menú sin antes haber recibido el ejemplo del castigo divino que tuvo que pagar una mala mujer pecadora compradora de películas pirata.

Pero como siempre, tengo la extraña costumbre de cuestionarme qué hay más allá del simple anuncio comercial; o sea, el metacomercial.

Veamos:

La criminal es una mujer. México país machista. Aunque en Perú la historia se da en una familia de clase bastante alta para ser Perú, donde “el inteligente de un padre” llega con la película a su casa.

Ni creo que una super trabajadora madre de familia sea cinéfila, ni creo que un super inteligente padre de clase A+++ le vacile comprar bamba.

Me sorprende lo informada que esté la mamá sobre el desempeño escolar del hijo (y más cuando denota que hasta a escuela pública va… o sea, me sorprende la formalidad y predictibilidad de un sistema tan informal e impredecible).

El muchacho claro está, no heredó “la mediocridad” de la madre y le da un ejemplo de cómo evitar esforzarse en el mundo real. Me pregunto dónde está el padre, que debe ser policía judicial, o policía antisecuestros que secuestran gente o político. Pero narco no es, la locación escogida es muy low class, al menos el mensaje tiene un público objetivo bien definido.

Reflexiones personales:

Paga dos y llévate tres originales mejor, lástima del comercial que hay que soportar ver OBLIGATORIAMENTE.

Las películas piratas son mucho más baratas que las originales. Si bajaran de precio un poco nadie se inclinaría por las bamba, porque las originales no sólo se ven mejor; ¡se escuchan excelente!.

Con anuncios así hacen que me solidarice con la compra de pirata. Son anuncios dignos de un cardenal eclesiástico o de las mentalidades anacrónicas de rancio abolengo.

Son, además, anuncios discriminatorios porque se dirigen a ciertas clases sociales solamente (en Perú a los high y en México a los middle close to low), por lo tanto, si no me identifico con el anuncio me repugna:

Me imagino un comercial donde un universitario llega presumiendo a su grupo intelectual de amigos un repertorio alucinante de películas pirata (Solaris de Tarkovsky, The Blade de Tsui Hark, DOA Trilogy de Takashi Miike, El desayuno desnudo de Cronenberg, Antes que anochezca de Julian Schnabel) y todos sus colegas pregunten neuróticamente “¿Dónde las compraste?”.

Y entonces, en el grupo, un flaquito de lentes redondos y suéter amarillito con cara de ángel diga “comprar pirata es como traición a la patria”, y todos respondan: “¡Nos vale madre güey!

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