José Zavala se ha ido

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2008-09

2008-09-02

Iluminando México: Una crisis que no es nueva

No voy a negar que la reciente marcha organizada este pasado 30 de agosto tuviera una noble y loable razón. Los secuestros en México han devenido una calamidad infernal.

Imagen del diario Milenio
Imagen tomada del Diario Milenio (www.milenio.com) sobre la marcha de Iluminemos México del 30 de agosto de 2008

Pero se debe aclarar que si bien el panorama criminal en México ha alcanzado un punto realmente álgido; es decir, muy intenso, cabe recordar que esto no se puede tomar como la gran sorpresa siquiera.

Hace 10 años hubo un personaje que acaparó la atención mediática por su saña, crueldad y sistematicidad en sus crímenes. Daniel Arizmendi, el famoso “mochaorejas”; autor de 20 secuestros a cuyas víctimas les cercenaba su oreja con una tijera para cortar pollos y se las hacía llegar a los familiares para “apresurar el pago del rescate”. Este personaje no mostró nunca compasión, e inclusive llegó a afirmar que más que el dinero era el reto y emoción de abusar de sus víctimas.

Pero hace 10 años fue un solo personaje en el que cierto momento ganó su fama mediática.

¿Se hizo algo al respecto? Es decir, OK, lo capturaron a él y a su banda. Ahora vive recluido en una cárcel, esperando que tarde o temprano sea liberado… porque tarde o temprano algún juez corrupto decidirá que ha pagado su sentencia, que se ha reformado y que ya merece quedar en libertad.

Pero aparte de los jueces y los políticos corruptos, ¿quién cree que un individuo que termina cometiendo secuestros, torturas y crímenes puede convertirse, regenerarse o siquiera arrepentirse?

Porque los ejecutores de la justicia misma se han convertido en criaturas de la misma talla humana (si es que este adjetivo aplicara).

Los secuestros en México son una fiebre ahora. Y así como hablo de secuestradores y de jueces, también se deben analizar dimensiones más profundas. ¿Qué tanto han influido los “partidismos” en esta desintegración moral mexicana?

Por mencionar un ejemplo, este sábado pasado acaba de llevarse a cabo una multitudinaria marcha en el DF donde miles de personas se declararon cansadas de tanta delincuencia (entiéndase secuestros y asesinatos); ahora exigieron un país tranquilo para vivir.

Insisto, esta petición parece muy justa.

Pero hay que ver las (otras) razones de este mismo evento. El frenesí viene primeramente porque un tycoon o personaje mexicano de peso sufrió una lamentable pérdida. Alejandro Martí, dueño de una de las cadenas de equipo deportivo más importantes de México (y con casi 30 años de existencia), le secuestraron y mataron a su hijo adolescente a pesar de haber pagado un millonario rescate.

Este ciudadano, por su talla de empresario, encaró a las autoridades y las desafió con su lema “Si no pueden renuncien”. O sea, emplazó a una bola de funcionarios corruptos, inútiles, mediocres, imbéciles sin voluntad política ni vocación de servidores públicos a que fueran sinceros y renunciaran a sus cargos populares (y perdieran sus magníficos ingresos económicos y todo ese poder. Todo ese poder que han usado para favorecer al mismo crimen, a personajes cuestionables en beneficio personal y de sus partidos políticos).

El carisma que ganó el señor Martí fue uno de los motivadores de esta marcha de protesta.

Pero una marcha de protesta muy matizada. ¿Realmente era una marcha popular para todos o fue solamente una respuesta de las clases sociales media-altas y altas de México?

Unos días antes del asesinato de Martí Jr. fue asesinada toda una familia completa en otra parte de México. Un grupo de secuestradores extorsionadores liderado por un policía especial antisecuestro fue el autor intelectual y ejecutor de este macabro incidente. ¿Qué reacciones generó esto? Nada más. Quizá las víctimas no tenían el carisma suficiente o simpatizaban con algún grande para darle más seguimiento… ¡una pena!

México viene todavía (se huele aún la resaca) de una de las divisiones ideológicas más grandes que yo haya percibido en mi vida; “la sombra del fraude presidencial”. Un partido representante de grupos económicos altos (y con evidentes tendencias de derecha conservadora) logró una de las prendas más deseadas de la política: repetir el poder en otro sexenio (regalo y venganza de un humillado Fox). El gran perdedor fue un partido que se caracteriza por lo contrario; un izquierda escandalosa, beligerante e igual de intolerante.

Curioso que esta marcha parece que fue de gente de derecha-rica-conservadora reclamándole a su presidente “electo en duda”.

¿Y dónde quedó la izquierda herida del presidente “que no fue”? ¿Acaso no le parecía una causa justa que se exigiera un alto a la violencia?

Toda la política mexicana es un juego de falsedades e hipocresías. México vivirá mientras viva PEMEX y seamos vecinos de los USA (parece una contradicción… pero no lo es tanto: si se acabara PEMEX habría que mandar la mitad de la población con los yankees). De estas dos fuentes se maman mayoritariamente los recursos económicos para seguir con las farsas democráticas.

Pondré otro ejemplo: las muertas de Juárez.

Más de 10 años de crímenes de mujeres jóvenes en la ciudad fronteriza. Crímenes sexuales, torturas, se dice que hasta satánicos; crímenes en exceso y que pocas veces y por intensidades medidas e intermitentes ganaron espacios en los medios y la política nacional.

Crímenes que pocos se han atrevido a manifestar de una manera crítica y que el Gobierno se haya comprometido a (ya ni siquiera a resolver) aplacar.

Me sorprende ver lo difícil que es encontrar el libro de Sergio González Rodríguez “Huesos en el desierto” donde hace una investigación muy metódica del fenónemo, o que la película de Bordertown de Gregory Nava (con Jennifer Lopez y Antonio Banderas) no sea comercial en este país, siendo obviamente algo meramente comercial. El porqué de esta poca popularidad a estos dos productos de crítica social sólo me lo puedo explicar como un mero acto de censura gubernamental y autocensura cobarde de los mass media.

¿Por qué no ha habido una megamarcha Iluminando México por estas mujeres? Bueno, hasta el más ciego puede ver que siendo ellas maquiladoras, clase baja y mujeres… y obviamente no activistas del partido de derecha conservadora de los ricos, no se merecen tanta atención. Claro que tampoco estas pobres víctimas han sido gritonas, mitineras, manifestantes, defensoras del petróleo “del pueblo” ni huelguistas descaradas; por lo tanto la izquierda popular no las avala (no cumplen los requisitos).

¿Cómo se desea acabar una enfermedad social en un país dividido con intereses tan ajenos a la calidad de vida y dignidad de la ciudadanía?

Pero, quisiera saber, ¿desde cuándo los políticos se descararon al extremo de valerles madre todo y la ciudadanía se resignó a esto? Una posible respuesta tendría que ver con el papel de la televisión y los partidos políticos que tenemos en México.

Solamente por dar ejemplos: ¿Quién en México puede creer en un gobernador pederasta, en otro gobernador que asesina indígenas, en otro que tiene vínculos con el narco que son precisamente los gobernadores actuales? ¿No han visto los mensajes que en mantas aparecen que le dicen al Presidente que ya no proteja a ciertos capos?

Bueno, ahora México “está iluminado”… ¿pero por quién?

Veamos qué ocurre en los siguientes meses, antes que la frustración y fatalidad nos abrume a todos, y entonces las reacciones pasen de las veladoras y las marchas de la gente nice.

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