2008-03
2008-03-02
Postales de México
- Publicado por: jzavalaz el 2008-03-02 dom 00:15:32
- Categoría : idiosincracias Visto: 3669 veces
Bueno, era hora de darle una actualizada al blog… pero realmente he estado tan ocupado e inmerso en mi mudanza de regreso, que no he tenido el tiempo, o mejor dicho, la calma para desarrollar ideas complejas y claras.
A continuación algunas impresiones.
• México tiene como referentes totalizadores la cultura musical de charros y marichis (que no es lo mismo, aunque los consideren iguales en el Perú). Y realmente los charros ya no son populares; ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que vi una charreada (¿unos treinta años atrás?). Los mariachis… bueno, por allí existen pero no como se piensa, que en cada esquina, en cada parque, y en cada domingo brotan como musgo. Además, contratar un show de este grupo de músicos es un lujo que sólo narcos y políticos pueden darse…

Pero para los que no tenemos dicho poder adquisitivo existen lugares donde vas y consumes y puedes mirar un show… de dudosa calidad musical… porque la verdad no me parecen tan buenas las voces; pero si es gratis, no debo ser ácido.
• Los peruanos alaban su comida como pocos. Pero la verdad, para mí regresar a comer los platillos de mi país ha sido todo un placer; y si tuviera que decidir cuál cocina es mejor ya saben mi respuesta.

Ahora bien, desgraciadamente no hay cocina mexicana sin ají (chile), y me parece increíble que en el plato más ligero del desayuno, ¡ya me arde la boca!

• Algo más curioso que también tiene que ver con el paladar; yo siempre había tenido el concepto de las bondades de la cerveza mexicana. Ahora de regreso no la encuentro ni siquiera tan buena… o mi paladar evolucionó a estadíos superiores como el vino tinto sudamericano, el pisco peruano… pero la cerveza ya no.
• En mi regreso a México he encontrado algunas (o más que algunas) actitudes muy fatalistas. Se habla de problemas de seguridad y relacionados con droga y corrupción de políticos. Si bien esto puede ser generalizable a varias realidades latinoamericanas me sorprende la manera como la gente me hizo saber sus quejas. Al parecer este par de años que estuve fuera la cosa se agravó… y yo recuerdo haber leído algo en mis visitas a los diarios en línea.
Pero que los mexicanos quieran devenir fatalistas me aterra (porque para mí los peruanos lo son, y eso les afecta terriblemente su carácter y personalidad volviéndolos pasivos… y un mexicano pasivo no puede ser mexicano).
• Una sorpresa mayor para mí fue ver que, a pesar que ciertos productos de consumo alimentario han subido de precio, existen otros bienes que han bajado bastante; como los muebles. Y mejor aún, como la gente compra poco por una aparente recesión, los almacenes ofrecen grandes facilidades. Bueno, como retornante al país pues ya me equipé lo suficiente.
• Otra sorpresa pero desagradable ver la cantidad de influencias yankis que se dejan ver en la ciudad donde ahora vivo: exhibiciones de carros arreglados que lanzan fuego por los escapes y los corren en las calles, tribus que se autoidentifican por tener automóviles y motos equipadas y de ciertas marcas; o sea, la era del vación de Lipovetsky está alcanzando finalmente a México.
Pero bueno, qué más se puede hacer en una ciudad que no ofrece espacios de crecimiento personal, espiritual y existencial que una educación (pública y privada) muy cuestionable y cero alternativas de arte, deporte y encuentro social para diversas edades y grupos e intereses.
En fin, esto es el México que yo vivo… y la verdad cuando pueda regresar al Sur lo haré, porque Sur o No Sur es mi cuestión (Mr. Johansen, lo saludo a vos).

A continuación algunas impresiones.
• México tiene como referentes totalizadores la cultura musical de charros y marichis (que no es lo mismo, aunque los consideren iguales en el Perú). Y realmente los charros ya no son populares; ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que vi una charreada (¿unos treinta años atrás?). Los mariachis… bueno, por allí existen pero no como se piensa, que en cada esquina, en cada parque, y en cada domingo brotan como musgo. Además, contratar un show de este grupo de músicos es un lujo que sólo narcos y políticos pueden darse…

Pero para los que no tenemos dicho poder adquisitivo existen lugares donde vas y consumes y puedes mirar un show… de dudosa calidad musical… porque la verdad no me parecen tan buenas las voces; pero si es gratis, no debo ser ácido.
• Los peruanos alaban su comida como pocos. Pero la verdad, para mí regresar a comer los platillos de mi país ha sido todo un placer; y si tuviera que decidir cuál cocina es mejor ya saben mi respuesta.

Ahora bien, desgraciadamente no hay cocina mexicana sin ají (chile), y me parece increíble que en el plato más ligero del desayuno, ¡ya me arde la boca!

• Algo más curioso que también tiene que ver con el paladar; yo siempre había tenido el concepto de las bondades de la cerveza mexicana. Ahora de regreso no la encuentro ni siquiera tan buena… o mi paladar evolucionó a estadíos superiores como el vino tinto sudamericano, el pisco peruano… pero la cerveza ya no.
• En mi regreso a México he encontrado algunas (o más que algunas) actitudes muy fatalistas. Se habla de problemas de seguridad y relacionados con droga y corrupción de políticos. Si bien esto puede ser generalizable a varias realidades latinoamericanas me sorprende la manera como la gente me hizo saber sus quejas. Al parecer este par de años que estuve fuera la cosa se agravó… y yo recuerdo haber leído algo en mis visitas a los diarios en línea.
Pero que los mexicanos quieran devenir fatalistas me aterra (porque para mí los peruanos lo son, y eso les afecta terriblemente su carácter y personalidad volviéndolos pasivos… y un mexicano pasivo no puede ser mexicano).
• Una sorpresa mayor para mí fue ver que, a pesar que ciertos productos de consumo alimentario han subido de precio, existen otros bienes que han bajado bastante; como los muebles. Y mejor aún, como la gente compra poco por una aparente recesión, los almacenes ofrecen grandes facilidades. Bueno, como retornante al país pues ya me equipé lo suficiente.
• Otra sorpresa pero desagradable ver la cantidad de influencias yankis que se dejan ver en la ciudad donde ahora vivo: exhibiciones de carros arreglados que lanzan fuego por los escapes y los corren en las calles, tribus que se autoidentifican por tener automóviles y motos equipadas y de ciertas marcas; o sea, la era del vación de Lipovetsky está alcanzando finalmente a México.
Pero bueno, qué más se puede hacer en una ciudad que no ofrece espacios de crecimiento personal, espiritual y existencial que una educación (pública y privada) muy cuestionable y cero alternativas de arte, deporte y encuentro social para diversas edades y grupos e intereses.
En fin, esto es el México que yo vivo… y la verdad cuando pueda regresar al Sur lo haré, porque Sur o No Sur es mi cuestión (Mr. Johansen, lo saludo a vos).








