2008-02
2008-02-19
Batida en Centro de Lima
- Publicado por: jzavalaz el 2008-02-19 mar 07:09:52
- Categoría : Peruanidades Visto: 1491 veces
Quiero hacer una declaración que me define de manera bien amplia: Mi sentido de libertad es tal, tan grande y ambicioso que me permite ir adonde yo quiera y con quien desee (sin molestar a nadie).
El sábado 16 de febrero, en la madrugada a la 1:30 fui “levantado” (justo cuando salía de mi pub favorito en pleno centro Lima) por la PNP quienes me subieron a un camión –junto con otra “cantidad de criminales” quienes estábamos allí- y fuimos llevados a la comisaría Alfonso Ugarte.
Encerrado en un área custodiada por policías me tocó presenciar gran parte de ciudadanos peruanos con enorme miedo de estar allí. Yo, por estar ebrio y por desconocer este “tipo de prácticas” anticiviles tan comunes en este país, no entendía la razón por la que un grupo de uniformados me robaban unas horas de mi vida y me llevaron a un lugar el cual no pedí estar.
El motivo: supuestamente en dicho local mataron a un parroquiano la semana pasada, por lo tanto, la batida (que viene a ser una redada sorpresiva que implica el cierre total de la calle justo a los lados de la puerta del local para evitar la huída de algún facineroso) era para atrapar in-fraganti a:
Gente sin documentos
Gente con documentos
Menores de edad
Mayores de edad
Gente que vende drogas
Gente que no vende drogas
Asesinos
Asesinados
Peruanos
(y aquí vino mi problema, me confundieron por tal)
En mi parecer y en mi formación cívica no concibo el hecho de ser detenido por ir a un local donde –supuestamente- asesinan a sus clientes. Si esto es cierto, ¿por qué no cerraron/clausuraron el local de manera definitiva?
Porque es mejor dejar a un local asesino abierto. De esa manera las posibilidades de chantaje al dueño y de atemorizar a los clientes (y por lo tanto de recibir coimas a cambio de libertad condicional) son excelentes. Además otro asunto que me provoca mis ideas tanto; mi pub frecuentado es precisamente un lugar donde la gente más autóctona va. Esa clase social que en Perú tanto se rechaza y se niega (aunque existen clientes excepcionales a los cuales me referiré más adelante).
Sí, tuve que esperar una hora para gestionar mi libertad por dos razones estratégicas:
Razón primera, la cantidad de desfogues emocionales (emotional outbursts) de parte de los detenidos era excesiva. Los policías estaban seriamente nerviosos ante las actitudes de histeria de algunos de los detenidos (curiosamente, la mayoría jóvenes varones y alguna mujer).
Es decir, todo mundo les reclamaba. Ellos intentaron dar su explicación a tal acto, pero claro, un policía no es un buen “explicador”, es un mero “ejecutor” de órdenes (opinión personal). El oficio o profesión de policía es una de las más vulnerables al estrés laboral. Esa noche lo pude comprobar como bajo su postura de dureza y soberbia había seres angustiados y nerviosos. Uno de ellos le dijo muy malhumorado al cautivo que “yo no sé por qué los detuvieron, a mí me llamaron a la casa, estaba durmiendo… ¿qué no ves que ni me pude peinar siquiera?”.
Imposible dialogar bajo ese contexto de histeria colectiva. (Anécdota ridícula: la gente quería llamar a sus casas o amigos desesperadamente pero pocos tenían saldo en sus celulares, presté mi celular a un par de ansiosas personas)
Razón segunda, tenía en mi ingestión dos cubas bien “rough” de Appleton y un par de vasos de la malsaborizada Cristal. Hablar con aliento etílico no es de caballeros.
Una vez calmados los nervios de los desafortunados, pude llamar a uno de los oficiales (o el rango que sea que tengan) y le pregunté seriamente:
“Señor oficial, dígame si estoy detenido para entonces llamar a mi embajada a que vengan por mí”.
Ni el “abracadabra” o el “hocus pocus diplodocus” tienen más impacto que esta frase que dije en una incidencia así y fui liberado ipso facto.
Afuera en la avenida Ugarte la gente indignada y humillada planeaba sus venganzas imaginarias que iban desde regresar al local a pedir que se les devolviera el dinero de esas cervezas de diez soles que no pudieron beber, ir a una ONG a expresar su indignación del atropello del minisecuestro hasta llamar a radioprogramas para que enviaran reporteros a encender más lo ánimos en la comisaría.
A manera de reflexión:
De que existió una muerte desafortunada en ese sitio al parecer es algo cierto; varios conocidos me comentaron que vieron el cuerpo. Otro conocido dijo que lo vio llegar al local en muy malas condiciones (posiblemente drogado) al desafortunado unos momentos antes de morir. Aunque bien, las razones de ese deceso nadie las conoce con exactitud. Acusar a una persona o lugar es algo indebido por el momento.
Detener a una persona sin tener un motivo claro y explícito es un atropello. Detener a un ciento es un atropello masivo.
¿Qué se genera con esto? Un sentimiento antinacional, antimunicipal, antisocial.
¿Vale la pena dar más ingredientes para tener (más) descontenta a una población que necesita de espacios para disolver sus frustraciones existenciales?
Pienso que antes de ejercer acciones de ese tipo debieran ser reflexionadas por gente conciente de la psicología y sociología (o sea, políticos, policías y militares fuera de esto, su capacidad es otra y muy ajena –también es mi humilde opinión que supongo nadie la apoyará-) además de ver que realmente se logra algo con ello. Es decir, ¿atraparon menores, narcodealers y sicarios en el local? Lo dudo, yo mismo presencié como todos fuimos saliendo poco a poco… mientras afuera alguien aguardaba para filmar y crear paranoias… ¿filmar a los infortunados es una ejecutiva intimidatoria?
Otra interrogante muy intensa que tengo y relativa al “local de la muerte”.
Entre sus clientes van hermanos de personalidades de la milicia y política, ejecutivos de ONG (así de hipócritas somos pues), modelos y actores de televisión (dicen, yo no los conozco aunque me los señalen) así como algunos trasvestis que aparentan ser de posición social muy alta. Yo los vi este sábado pasado en el bar… pero ellos nunca llegaron a la comisaría.
¿Serán tan reconocidas sus bondades por la PNP que les perdonaron la visita a la comisaría? ¿O el generoso dueño del local a ellos sí los defendió por significar prestigio o lo contrario en caso de vergüenza pública?
Porque la verdad lo que más me molestó de todo esto, es comprobar cada día hasta el hastío que en este país las cosas no son equitativas en ningún aspecto.
Y quedan fuera las frases moralinas que precisamente un policía le dijo a un desesperado cliente detenido: “eso te pasa por ir a lugares indebidos”… porque como dije al principio, en mi sentido de libertad lo indebido o no lo decido yo mismo.
El sábado 16 de febrero, en la madrugada a la 1:30 fui “levantado” (justo cuando salía de mi pub favorito en pleno centro Lima) por la PNP quienes me subieron a un camión –junto con otra “cantidad de criminales” quienes estábamos allí- y fuimos llevados a la comisaría Alfonso Ugarte.
Encerrado en un área custodiada por policías me tocó presenciar gran parte de ciudadanos peruanos con enorme miedo de estar allí. Yo, por estar ebrio y por desconocer este “tipo de prácticas” anticiviles tan comunes en este país, no entendía la razón por la que un grupo de uniformados me robaban unas horas de mi vida y me llevaron a un lugar el cual no pedí estar.
El motivo: supuestamente en dicho local mataron a un parroquiano la semana pasada, por lo tanto, la batida (que viene a ser una redada sorpresiva que implica el cierre total de la calle justo a los lados de la puerta del local para evitar la huída de algún facineroso) era para atrapar in-fraganti a:
Gente sin documentos
Gente con documentos
Menores de edad
Mayores de edad
Gente que vende drogas
Gente que no vende drogas
Asesinos
Asesinados
Peruanos
(y aquí vino mi problema, me confundieron por tal)
En mi parecer y en mi formación cívica no concibo el hecho de ser detenido por ir a un local donde –supuestamente- asesinan a sus clientes. Si esto es cierto, ¿por qué no cerraron/clausuraron el local de manera definitiva?
Porque es mejor dejar a un local asesino abierto. De esa manera las posibilidades de chantaje al dueño y de atemorizar a los clientes (y por lo tanto de recibir coimas a cambio de libertad condicional) son excelentes. Además otro asunto que me provoca mis ideas tanto; mi pub frecuentado es precisamente un lugar donde la gente más autóctona va. Esa clase social que en Perú tanto se rechaza y se niega (aunque existen clientes excepcionales a los cuales me referiré más adelante).
Sí, tuve que esperar una hora para gestionar mi libertad por dos razones estratégicas:
Razón primera, la cantidad de desfogues emocionales (emotional outbursts) de parte de los detenidos era excesiva. Los policías estaban seriamente nerviosos ante las actitudes de histeria de algunos de los detenidos (curiosamente, la mayoría jóvenes varones y alguna mujer).
Es decir, todo mundo les reclamaba. Ellos intentaron dar su explicación a tal acto, pero claro, un policía no es un buen “explicador”, es un mero “ejecutor” de órdenes (opinión personal). El oficio o profesión de policía es una de las más vulnerables al estrés laboral. Esa noche lo pude comprobar como bajo su postura de dureza y soberbia había seres angustiados y nerviosos. Uno de ellos le dijo muy malhumorado al cautivo que “yo no sé por qué los detuvieron, a mí me llamaron a la casa, estaba durmiendo… ¿qué no ves que ni me pude peinar siquiera?”.
Imposible dialogar bajo ese contexto de histeria colectiva. (Anécdota ridícula: la gente quería llamar a sus casas o amigos desesperadamente pero pocos tenían saldo en sus celulares, presté mi celular a un par de ansiosas personas)
Razón segunda, tenía en mi ingestión dos cubas bien “rough” de Appleton y un par de vasos de la malsaborizada Cristal. Hablar con aliento etílico no es de caballeros.
Una vez calmados los nervios de los desafortunados, pude llamar a uno de los oficiales (o el rango que sea que tengan) y le pregunté seriamente:
“Señor oficial, dígame si estoy detenido para entonces llamar a mi embajada a que vengan por mí”.
Ni el “abracadabra” o el “hocus pocus diplodocus” tienen más impacto que esta frase que dije en una incidencia así y fui liberado ipso facto.
Afuera en la avenida Ugarte la gente indignada y humillada planeaba sus venganzas imaginarias que iban desde regresar al local a pedir que se les devolviera el dinero de esas cervezas de diez soles que no pudieron beber, ir a una ONG a expresar su indignación del atropello del minisecuestro hasta llamar a radioprogramas para que enviaran reporteros a encender más lo ánimos en la comisaría.
A manera de reflexión:
De que existió una muerte desafortunada en ese sitio al parecer es algo cierto; varios conocidos me comentaron que vieron el cuerpo. Otro conocido dijo que lo vio llegar al local en muy malas condiciones (posiblemente drogado) al desafortunado unos momentos antes de morir. Aunque bien, las razones de ese deceso nadie las conoce con exactitud. Acusar a una persona o lugar es algo indebido por el momento.
Detener a una persona sin tener un motivo claro y explícito es un atropello. Detener a un ciento es un atropello masivo.
¿Qué se genera con esto? Un sentimiento antinacional, antimunicipal, antisocial.
¿Vale la pena dar más ingredientes para tener (más) descontenta a una población que necesita de espacios para disolver sus frustraciones existenciales?
Pienso que antes de ejercer acciones de ese tipo debieran ser reflexionadas por gente conciente de la psicología y sociología (o sea, políticos, policías y militares fuera de esto, su capacidad es otra y muy ajena –también es mi humilde opinión que supongo nadie la apoyará-) además de ver que realmente se logra algo con ello. Es decir, ¿atraparon menores, narcodealers y sicarios en el local? Lo dudo, yo mismo presencié como todos fuimos saliendo poco a poco… mientras afuera alguien aguardaba para filmar y crear paranoias… ¿filmar a los infortunados es una ejecutiva intimidatoria?
Otra interrogante muy intensa que tengo y relativa al “local de la muerte”.
Entre sus clientes van hermanos de personalidades de la milicia y política, ejecutivos de ONG (así de hipócritas somos pues), modelos y actores de televisión (dicen, yo no los conozco aunque me los señalen) así como algunos trasvestis que aparentan ser de posición social muy alta. Yo los vi este sábado pasado en el bar… pero ellos nunca llegaron a la comisaría.
¿Serán tan reconocidas sus bondades por la PNP que les perdonaron la visita a la comisaría? ¿O el generoso dueño del local a ellos sí los defendió por significar prestigio o lo contrario en caso de vergüenza pública?
Porque la verdad lo que más me molestó de todo esto, es comprobar cada día hasta el hastío que en este país las cosas no son equitativas en ningún aspecto.
Y quedan fuera las frases moralinas que precisamente un policía le dijo a un desesperado cliente detenido: “eso te pasa por ir a lugares indebidos”… porque como dije al principio, en mi sentido de libertad lo indebido o no lo decido yo mismo.







