2008-12
2008-12-31
El café, ¡peor que el cigarro!
- Publicado por: jzavalaz el 2008-12-31 mié 13:34:15
- Categoría : idiosincracias Visto: 2145 veces
Me dijo una joven mujer bastante obesa en una comida donde coincidimos. No sé qué me pudo sorprender más, si su ignorancia o su falsa seguridad; he aquí esa curiosa anécdota (y como última entrada en este año 2008).
Me la encontré en una comida a la que fui invitado de último momento apenas un par de horas antes (y justo cuando yo me preparaba a comer algo). Para colmo, una vez en dicha reunión en cuya hora de inicio apenas estábamos dos comensales. A las 4:30 llegó ella. La verdad no la reconocí –ni ella a mí para hacer justicia en el comentario-. Habían pasado más de tres años desde que ella y acompañando a un conocido mío solían pasar eventualmente alguna tarde del sábado en mi casa, y en ese tiempo bebíamos café y fumábamos mientras charlábamos.

En ese lapso sin vernos tuvieron que pasar varios eventos en nuestras vidas. Si bien ambos subimos de peso, ella de plano a un extremo digno de ser tratado por un especialista. Durante la comida vi que abrió su bolso y sacó una gama de pastillas las cuales ingirió; dijo que tenía prohibida la gaseosa por sufrir de gastro-colitis. Yo por mi parte tuve una de las experiencias de enfermedad más amargas casi dos años antes, cuando me dio una gastritis como nunca experimentada; y entonces, un excelente médico peruano me leyó mis nuevos mandamientos “si es que quería seguir con una vida sana”: Dejas de fumar inmediatamente, Te olvidas de tu ají (chile) por más mexicano que seas, Beberás un único café por día después de tu comida y, Cuando vayas a beber come algo antes.
La verdad, como esa experiencia de enfermedad me fue tan intensa y tuve miedo, dejé de fumar inmediatamente. El chile tampoco me costó ningún trabajo, lo complejo es una vez en México encontrar ¡comida que no lo tenga! La bebida no fue mayor problema ya que soy de trago corto pero carrera de cien metros libres y ya. De hecho, ya no padezco gastritis –si bien un par de veces tuve recaídas-.
El café, el café; sin embargo el café
Cuando muy mal me porto bebo dos al día, pero siempre con algo en mi estómago para paliar su acidez. Pero volviendo a la anécdota, si bien llegué a esa reunión comensal a las 3 ya eran las 6:30 y decidí partir aunque se me ocurrió argumentar que dada la cercanía de mi cafetería favorita iría precisamente allí por un americano.
La gordita al escucharme –ella ya tenía su paquete de cigarros mentolados en sus manos (porque esos son inofensivos)- me reprochó mi falta de carácter en no renunciar a semejante vicio destructivo; y mientras aspiraba tremenda bocanada de humo cancerígeno para laringe, garganta y pulmones, y me dijo que “el café es un irritante, ¿cómo puedes tomarlo?”.
(¿A qué le puede llamar irritante una simple persona? No es lo mismo un trago de ácido, un vaso de gaseosa y una taza de café. El cigarro con su humo es un irritante per se para el estómago.)
No le respondí nada, me despedí de todos y fui a la cafetería. Si pude dejar de fumar fue porque entendí por madurez y preparación que era una práctica con severos efectos en la salud, en su subconsciente ella me reprochaba mi voluntad y dirigió sus críticas hacia mi café; el cual, como mi médico me indicó, uno después de la comida no puede ser malo.

Me la encontré en una comida a la que fui invitado de último momento apenas un par de horas antes (y justo cuando yo me preparaba a comer algo). Para colmo, una vez en dicha reunión en cuya hora de inicio apenas estábamos dos comensales. A las 4:30 llegó ella. La verdad no la reconocí –ni ella a mí para hacer justicia en el comentario-. Habían pasado más de tres años desde que ella y acompañando a un conocido mío solían pasar eventualmente alguna tarde del sábado en mi casa, y en ese tiempo bebíamos café y fumábamos mientras charlábamos.

En ese lapso sin vernos tuvieron que pasar varios eventos en nuestras vidas. Si bien ambos subimos de peso, ella de plano a un extremo digno de ser tratado por un especialista. Durante la comida vi que abrió su bolso y sacó una gama de pastillas las cuales ingirió; dijo que tenía prohibida la gaseosa por sufrir de gastro-colitis. Yo por mi parte tuve una de las experiencias de enfermedad más amargas casi dos años antes, cuando me dio una gastritis como nunca experimentada; y entonces, un excelente médico peruano me leyó mis nuevos mandamientos “si es que quería seguir con una vida sana”: Dejas de fumar inmediatamente, Te olvidas de tu ají (chile) por más mexicano que seas, Beberás un único café por día después de tu comida y, Cuando vayas a beber come algo antes.
La verdad, como esa experiencia de enfermedad me fue tan intensa y tuve miedo, dejé de fumar inmediatamente. El chile tampoco me costó ningún trabajo, lo complejo es una vez en México encontrar ¡comida que no lo tenga! La bebida no fue mayor problema ya que soy de trago corto pero carrera de cien metros libres y ya. De hecho, ya no padezco gastritis –si bien un par de veces tuve recaídas-.
El café, el café; sin embargo el café
Cuando muy mal me porto bebo dos al día, pero siempre con algo en mi estómago para paliar su acidez. Pero volviendo a la anécdota, si bien llegué a esa reunión comensal a las 3 ya eran las 6:30 y decidí partir aunque se me ocurrió argumentar que dada la cercanía de mi cafetería favorita iría precisamente allí por un americano.
La gordita al escucharme –ella ya tenía su paquete de cigarros mentolados en sus manos (porque esos son inofensivos)- me reprochó mi falta de carácter en no renunciar a semejante vicio destructivo; y mientras aspiraba tremenda bocanada de humo cancerígeno para laringe, garganta y pulmones, y me dijo que “el café es un irritante, ¿cómo puedes tomarlo?”.
(¿A qué le puede llamar irritante una simple persona? No es lo mismo un trago de ácido, un vaso de gaseosa y una taza de café. El cigarro con su humo es un irritante per se para el estómago.)
No le respondí nada, me despedí de todos y fui a la cafetería. Si pude dejar de fumar fue porque entendí por madurez y preparación que era una práctica con severos efectos en la salud, en su subconsciente ella me reprochaba mi voluntad y dirigió sus críticas hacia mi café; el cual, como mi médico me indicó, uno después de la comida no puede ser malo.








