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Experiencias del Año Nuevo en Lima, Perú
- Publicado por: jzavalaz el 2008-01-02 mié 08:21:05
- Categoría : Peruanidades Visto: 3186 veces

Imagen libre, tomada de internet (no es Lima)
Me sorprendió el Año Nuevo, o sea, las doce de la noche en el micro hacia la casa donde me habían invitado a pasar el Año Nuevo.
Pude ver un espectáculo increíble de fuegos artificiales donde cada limeño exhibía en el cielo el producto que había comprado (sin considerar el peligro o la contaminación generada). El cielo limeño de la media noche era más colorido que un campo de flores en primavera.
En México en cambio, no recuerdo la pasión por lo “piro” de esta manera. Es decir; los municipios pueden organizar un espectáculo de este tipo y en determinados sitios de arraigo histórico popular, pero no se ve a lo largo y ancho de la ciudad. En cambio, hay cohetes, algo de ruido, pero Lima es ruidosa e impertinente. Me tocaba ver a los chibolos de mi calle que andaban tronando sus cohetones haciendo ruido desde temprano desde la mañana; pude distinguir a dos grupos de muchachitos, ellos hijos de familias disfuncionales (según escucho sus cotidianas peleas familiares a grito pelado que me las sé de memoria). Es decir; me atrevo a pensar que les dan sus pirotécnicos por kilos para alejarlos de la casa y que los menores de edad hagan con sus juegos lo que quieran. Así que si alguien resulta con dedos volados o quemando una casa es algo natural.
La influencia (que sospecho es china) de esta bienvenida de año me sorprendió en verdad, y no era el primer Año Nuevo que pasaba en Lima, sino el tercero. Durante el trayecto además vi como quemaban los famosos muñecos de trapo (¿y el impacto ambiental dónde queda?). En México se solía acostumbrar algo tan salvaje como sacar las armas de fuego y disparar al cielo (bullet the black sky) para luego estar a la expectativa de las balas perdidas que acudían al llamado de la única ley inviolable en esta vida; la de gravedad.
Ya con la familia que me acogió para esta celebración, tuve más sorpresas que experimentar. El uso de atuendos festivos para dicha fiesta, como usar un gorrito y una enorme corbata de cartón (sólo me faltó comprar mi horrenda trusa amarilla Made in China para asegurar mi suerte en el 2008, pero como nunca he creído en ella, pues esperaré una semana más para renovar mi sexy underwear).
Como invitado que era y respondiendo a mis costumbres (que no analicé si eran prudentes) me presenté con dicha familia con una botella de brandy (VSOP por sus siglas en inglés aunque sea francés, al no poder hallar un solo brandy español… ¡Oh, Torres 10 años, cómo te extraño!). Había olvidado por completo que en Perú se bebe cerveza y ya. Así que me tocó beber cerveza, cerveza, más cerveza, cañazo con 7 raíces y miel de abeja emperatriz, cerveza, cerveza, más cerveza, tequila para dar mi opinión de lo malo que era, cerveza, ¡¡¡chocolate!!!, cerveza, más cerveza, panetón y más cerveza. Mi vientre se hinchó horrendamente mientras mis enormes eructos daban la bienvenida al 2008 y todas sus sorpresas.
Si bien pude haber disfrutado la fiesta hasta que un fantochito (seguro el hijo descarriado con pretensiones de ser el macho alfa de la familia) se encargó de querer motivarnos a todos subiéndole al máximo volumen al estéreo y sin modular la gama de tonos para no lastimar los oídos. Si bien ni la mitad de los invitados bailaba logró inhibir cualquier intento de charla… No dance, no talk!!! Y para colmo él mismo destapaba más de una cerveza al mismo tiempo…
Pues extrañé mucho beber con mi vaso propio y mi trago fuerte, sin tener que atenerme al ritmo de algún insolente dispuesto a perderse en su mediocridad cervecera… así que me encontraba allí recibiendo la botella mientras esperaba el vaso para a su vez seleccionar a la siguiente víctima…
Me pone de nervios beber así. Tengo el extraño don de percibir las frustraciones de cada persona y sé a qué hora colapsarán las débiles personalidades… compartir las salivas de medio Perú me tiene sin cuidado, pero no así compartir sueños frustrados, soy intolerante a ello… esa es mi mayor debilidad.
Ni modo. Mi asertividad nunca está en juego y decidí abandonar la reunión por las razones que de nuevo expreso: mi vientre irritado por tanta combinación, el excesivo ruido y alfas-omegas con riesgo latente de crisis emocional.
Ni hablar, mi apellido que acá no es bien visto (“Zavala, el que come y embala” –que no sé de dónde sacaron ese significado- pero significa que huimos después de comer algo… un especie de “comió y se fue”). Bueno, yo me mantuve un par de horas y mi botella de brandy nunca se abrió (¡qué tontería de mi parte haber olvidado que sólo la cerveza se consume en los sectores no privilegiados de Lima y del Perú!).
Debo reconocer por otra parte que en Lima veo algo muy sui generis; gran parte de la población aprovecha esta fecha para salir a pasear y visitar amigos toda la noche. Sí, como se oye, el Año Nuevo es de visitas (cosa rara el resto del año, mientras que Navidad es familiar y encierro en casa); así que debí haber hecho tour de amistades… pero sólo es válido esto para amistades del mismo distrito o más aún; urbanización… o pasar el riesgo de navegar largamente la enorme ciudad en sus galas de fiesta.

Imagen libre, tomada de internet (no es Lima)







