José Zavala se ha ido

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2007-09

2007-09-29

Discriminaciones y exclusiones

Insistiré sobre los aspectos más tácitos de la calidad de vida refiriéndome de nuevo a un tema bosquejado en mi entrada anterior; las prácticas de negación y rechazo tan aciagas que percibo en Lima.

Un caso.
Estaba sentado en un modesto bar y frente de mí había un joven en sus 20 años. Tenía unos ojos que destacaban por su tamaño y rasgos achinados, además su nariz era grande. Definitivamente “Perú profundo”, adjetivo no sé si descalificativo que he escuchado usar a conocidos míos cuando se refieren a rasgos, actividades o aspectos culturales de personas de provincias bien alejadas de la capital o de estándares aculturados. O sea, este joven para mí destacaba por unos innegables rasgos de origen selvático puro; sin embargo, además era su muy sencillo vestuario lo que enmarcaba más su aura propia.
Me tocó ver como la gente lo “desconsideraba”. Difícilmente lo atendían y hasta sentía que las personas lo empujaban o se recargaban en él más de lo necesario para poder pasar por el concurrido pasillo.
Él, en cierto momento, levantó la cabeza y la mirada con cierta gallardía para tratar de parar esas situaciones. Un momento después, volvió a su postura más bien pasiva; parecía que así era la costumbre.
La verdad me sentí incomodado por la descortesía de la gente del lugar. Bueno, quizá ya era tarde y mejor abandoné el sitio.

Otro caso.
Eduard Mamani era un conocido mío. Era un sereno en el centro de Lima. Es decir -para quienes me lean y no sean peruanos- un auxiliar de vigilancia, que apenas tienen una preparación para servir como auxiliar del orden o como guía turístico, generalmente armados de un palo. Pero Eduard, era canino. O sea, él ejercía la vigilancia con un tremendo Rottweiler entrenado para defender… o atacar según la situación.
Él era –por usar un tiempo ocurrido- puneño. Un joven de 27 años, corpulento, fuerte y realmente oscuro de piel. Cotizado por sus amigas y orgulloso de su entrenamientos deseaba ingresar al cuerpo de bomberos; sin embargo, era un homofóbico.
Cierta vez lo encontré todo nervioso en el Jirón de la Unión. Me sorprendió verlo así y me contó qué le había pasado.
Le había solicitado a un muchacho gay se retirara de la plaza ya que no podía estar allí “en defensa de las buenas costumbres de la ciudadanía”. El chico, en todo su derecho se negó a irse de la banca del parque donde seguramente se vería con otros amigos de su misma identidad sexual no hegemónica (el término nuevo y más adecuado a las sexualidades alternativas), y entonces… el tremendo can de Eduard se le soltó y le brincó encima al gay dándole una tremenda revolcada a pesar de tener bozal.
El escándalo debió haber sido bueno, la supervisión se presentó a ver el asunto, me dicen que el muchachito hasta lloró y Eduard, el oscurazo serrano devino pálido.
Yo le dije y te voy a creer que se te soltó el perro por accidente, Mamani. Si sé que eres re contra homofóbico. Seguro le diste una señal mental al perro que lo agrediera por no obedecerte… pero el chico tenía su derecho de estar allí”.

Bueno, Eduard sólo proyectaba maneras de pensar y de ser ya establecidas. Él obedecía ciegamente las órdenes del alcalde de Lima, Castañeda Lossio por cierto; aparte de obedecer los mandatos morales y discriminatorios transmitidos tanto por generaciones acríticas, la misma iglesia católica así como los medios de comunicación.
Total, él ya no trabaja allí. En esta ciudad la administración municipal no permite que sus trabajadores se arraiguen para hacerse merecedoras de incentivos laborales que no se quieren pagar. Y si Mamani en su momento abusó de un joven por ser gay, él ya pagó el precio por ser también de origen humilde… y provinciano.

Lima representa todas las sangres del Perú, la mayor parte de la población de este país acá vive. Me parece muy cruel que estos patrones -que sólo mencioné dos y muy banales por cierto- se vean precisamente en la capital; una magnífica megaciudad la cual debiera dar el ejemplo de tolerancia y respeto entre sus habitantes.


La verdad no sé qué sean las buenas costumbres pero en realidad deseo que Eduard tenga trabajo ahora… que al chico gay agredido no lo agredan más… y al joven del bar lo respeten el par de horas que busque un poco de distracción en la noche de un viernes.

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Imagen Plaza San Martín, Cercado, Lima. Tomada por José Zavala

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