2007-12
2007-12-07
¿Qué clase de música es ésa?
Para mi causaza César Honorio, con quien a veces vago por Lima simplemente por amistad.
Una noche mientras comía con mi amigo César en un chifa-pollería en la Av. Colón –justo por donde se ubican los travestis a media cuadra de la Plaza Bolognesi, para ser bien exactos-; en la televisión del local pasaba un desfile de videos musicales de diversos géneros.
Así que mientras platicábamos de temas bien banales (César no es, digamos, un intelectual; pero es de lo más natural que puede ser una persona sin complejos) por el programa –que era mexicano- salieron videos de Celia Cruz, Maná, algo de merengue si bien recuerdo hasta que de pronto salió un set eterno de música de banda…
César -no sé si sorprendido o asustado- exclamó:
-“¿Qué clase de música es ésa?”
Respondí tratando de mostrar algo de paciencia y frialdad, “es música de banda... grupera”.
Así, con ese nombre genérico se le conoce a un género demasiado híbrido de una música que en México es realmente lo popular. Ningún otro tipo de música vende tanto, ningún grupo de otro género mueve más gente. Aclararé estos dos puntos con más detalle a continuación:
La música de banda o grupera es una fusión de cumbias con sabor colombiano, polkas y corridos norteños. Puede ser interpretada con instrumentos de viento y tambora, pero han surgido nuevos grupos más modernizados que utilizan hasta poderosas guitarras eléctricas y baterías enormes. A veces el sonido de esta música se parece demasiado a ciertos vallenatos colombianos que se escuchan en la selva peruana –y no recuerdo quiénes eran sus intérpretes- y hasta algunas piezas de Privados Internacional –aquéllas que hablan de contrabando de drogas- parecen réplicas de este género.
Pero el público de estos géneros no cuestiona de qué está compuesta cada pieza que escuchan. De hecho, es música para bailar agarradito. Y los grupos no hacen conciertos (como si fueran de rock o pop), sino interpretan para populosos bailes.
A su vez, los discos de estos grupos no pertenecen a las grandes compañías discográficas internacionales, sino son sellos nacionales con mercados y grupos bien definidos. O sea, si un disco original (recuerden que no somos tan bamba aún en México) de Luis Miguel cuesta 200 pesos ($18 USD), uno de Maná 140 pesos ($ 12 USD); uno de los Tucanes de Tijuana o de Kpaz de la Sierra debe andar alrededor de los 120 pesos ($ 11 USD). Aclaro que hace un par de años que no estoy en mi país y los precios pueden haber variado.
Este tipo de música tiene una serie de temáticas en contenido de letras muy peculiar; habla de las hazañas de los narcotraficantes… o de los héroes de la policía que luchan contra ellos. O relatan crónicas de hechos que ocurrieron en algún pueblo. O quizá comenten la vida de la provincia mexicana, de pueblos dedicados al agro; o bien de la gente que tiene que emigrar para trabajar en los Estados Unidos.
Lo que sí me parece totalmente claro es que quien consume esta música es gente nacida en pueblo, que si bien la puede estar escuchando en ciudad.
César entonces, quiso que comparara esta música con el huayno pero no lo creí semejante. Es decir, el huayno debe tener su historia… y no debe ser “tan reciente”. El fenómeno del narco en México comienza en los años ochenta pero apenas es la década pasada cuando se fortalece y de manera profunda. Si bien recuerdo en mi infancia un corrido llamado “Contrabando y traición” (la historia de Camelia, la Texana a cargo de los Tigres del Norte) que bien es el antecedente más remoto que reconozco, y hablaba de un carro con llantas repletas de marihuana (¡qué prehistoria!).
O sea, la narco música es un fenómeno nuevo, creciente y que evoluciona (si es que estas palabras son las más adecuadas para definirlo). Es un asunto cultural marginal que está al pendiente de las estéticas que el narco define. Un grupo musical de esta tendencia se caracteriza por vestimentas, alhajas, automóviles y hasta locaciones para sus videos muy determinados. Las botas, gabardinas, sombreros, cinturones con enormes hebillas y gruesos torsales de oro o plata. Además, la presencia de celulares visibles debe estar presente; alguna foto con un helicóptero por allí detrás y un auto Cadillac o Lincoln son elementos que potenciarán su impacto de consumo. Si además el clip es filmado en alguna calle de L.A. o de Chicago pues la combinación ya está completa.
Por eso el huayno no cabe en la comparación; Silverio Urbina con una Gibson en una mano y una AK-47 en la otra…o Sonia Morales con botas vaqueras a la rodilla y una enorme gabardina negra tapando su pollera… no son imágenes que puedan ser concebidas en esta vida todavía.
Pero lo fascinante de este género musical es la cultura de la muerte que gira a su alrededor.
Si un grupo canta una elegía a un personaje del narco, en terreno equivocado; perderá la vida. No solamente asesinado. Será secuestrado y torturado. Justo después de un concierto.
Sólo en esta primera semana de diciembre ha habido tres muertos en las diferentes latitudes de México. Pero ya hubo antes y gente de más fama y poder económico… nada resuelto aún.
En México, el narco penetró en la política y policía durante décadas. Ahora sólo queda contemplar los macabros espectáculos que puedan suceder… y que quizá generen nuevas canciones y corridos donde se relataran dichos crímenes.
Como César me dijo en la Av. Colón justo donde se ponen los trasvestis:
¿Qué clase de música es ésa?
Una noche mientras comía con mi amigo César en un chifa-pollería en la Av. Colón –justo por donde se ubican los travestis a media cuadra de la Plaza Bolognesi, para ser bien exactos-; en la televisión del local pasaba un desfile de videos musicales de diversos géneros.
Así que mientras platicábamos de temas bien banales (César no es, digamos, un intelectual; pero es de lo más natural que puede ser una persona sin complejos) por el programa –que era mexicano- salieron videos de Celia Cruz, Maná, algo de merengue si bien recuerdo hasta que de pronto salió un set eterno de música de banda…
César -no sé si sorprendido o asustado- exclamó:
-“¿Qué clase de música es ésa?”
Respondí tratando de mostrar algo de paciencia y frialdad, “es música de banda... grupera”.
Así, con ese nombre genérico se le conoce a un género demasiado híbrido de una música que en México es realmente lo popular. Ningún otro tipo de música vende tanto, ningún grupo de otro género mueve más gente. Aclararé estos dos puntos con más detalle a continuación:
La música de banda o grupera es una fusión de cumbias con sabor colombiano, polkas y corridos norteños. Puede ser interpretada con instrumentos de viento y tambora, pero han surgido nuevos grupos más modernizados que utilizan hasta poderosas guitarras eléctricas y baterías enormes. A veces el sonido de esta música se parece demasiado a ciertos vallenatos colombianos que se escuchan en la selva peruana –y no recuerdo quiénes eran sus intérpretes- y hasta algunas piezas de Privados Internacional –aquéllas que hablan de contrabando de drogas- parecen réplicas de este género.
Pero el público de estos géneros no cuestiona de qué está compuesta cada pieza que escuchan. De hecho, es música para bailar agarradito. Y los grupos no hacen conciertos (como si fueran de rock o pop), sino interpretan para populosos bailes.
A su vez, los discos de estos grupos no pertenecen a las grandes compañías discográficas internacionales, sino son sellos nacionales con mercados y grupos bien definidos. O sea, si un disco original (recuerden que no somos tan bamba aún en México) de Luis Miguel cuesta 200 pesos ($18 USD), uno de Maná 140 pesos ($ 12 USD); uno de los Tucanes de Tijuana o de Kpaz de la Sierra debe andar alrededor de los 120 pesos ($ 11 USD). Aclaro que hace un par de años que no estoy en mi país y los precios pueden haber variado.
Este tipo de música tiene una serie de temáticas en contenido de letras muy peculiar; habla de las hazañas de los narcotraficantes… o de los héroes de la policía que luchan contra ellos. O relatan crónicas de hechos que ocurrieron en algún pueblo. O quizá comenten la vida de la provincia mexicana, de pueblos dedicados al agro; o bien de la gente que tiene que emigrar para trabajar en los Estados Unidos.
Lo que sí me parece totalmente claro es que quien consume esta música es gente nacida en pueblo, que si bien la puede estar escuchando en ciudad.
César entonces, quiso que comparara esta música con el huayno pero no lo creí semejante. Es decir, el huayno debe tener su historia… y no debe ser “tan reciente”. El fenómeno del narco en México comienza en los años ochenta pero apenas es la década pasada cuando se fortalece y de manera profunda. Si bien recuerdo en mi infancia un corrido llamado “Contrabando y traición” (la historia de Camelia, la Texana a cargo de los Tigres del Norte) que bien es el antecedente más remoto que reconozco, y hablaba de un carro con llantas repletas de marihuana (¡qué prehistoria!).
O sea, la narco música es un fenómeno nuevo, creciente y que evoluciona (si es que estas palabras son las más adecuadas para definirlo). Es un asunto cultural marginal que está al pendiente de las estéticas que el narco define. Un grupo musical de esta tendencia se caracteriza por vestimentas, alhajas, automóviles y hasta locaciones para sus videos muy determinados. Las botas, gabardinas, sombreros, cinturones con enormes hebillas y gruesos torsales de oro o plata. Además, la presencia de celulares visibles debe estar presente; alguna foto con un helicóptero por allí detrás y un auto Cadillac o Lincoln son elementos que potenciarán su impacto de consumo. Si además el clip es filmado en alguna calle de L.A. o de Chicago pues la combinación ya está completa.
Por eso el huayno no cabe en la comparación; Silverio Urbina con una Gibson en una mano y una AK-47 en la otra…o Sonia Morales con botas vaqueras a la rodilla y una enorme gabardina negra tapando su pollera… no son imágenes que puedan ser concebidas en esta vida todavía.
Pero lo fascinante de este género musical es la cultura de la muerte que gira a su alrededor.
Si un grupo canta una elegía a un personaje del narco, en terreno equivocado; perderá la vida. No solamente asesinado. Será secuestrado y torturado. Justo después de un concierto.
Sólo en esta primera semana de diciembre ha habido tres muertos en las diferentes latitudes de México. Pero ya hubo antes y gente de más fama y poder económico… nada resuelto aún.
En México, el narco penetró en la política y policía durante décadas. Ahora sólo queda contemplar los macabros espectáculos que puedan suceder… y que quizá generen nuevas canciones y corridos donde se relataran dichos crímenes.
Como César me dijo en la Av. Colón justo donde se ponen los trasvestis:
¿Qué clase de música es ésa?







