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Archivo de abril 2011
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Estimados blogueros:

Murió Ernesto Sabato, nuestro gran inspirador literario. El de los textos profundos, el de los infranqueables compromisos con la Democracia y los Derechos Humanos. El físico que se volvió en el mejor ensayista argentino. A continuación, una nota del diario El Clarín de Argentina, del día de hoy 30.04.2011.

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Por: Diario El Clarín

El fallecimiento se produjo en su casa de Santos Lugares. Notable autor y ensayista, escribió "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas", entre otras obras clave. Fue titular de la Conadep tras el regreso de la democracia. En 1984 había recibido el Premio Cervantes, el más importante de la literatura en español. La literatura argentina despide a uno de sus íconos populares. El escritor Ernesto Sábado murió esta mañana a los 99 años.
El fallecimiento fue confirmado por su colaboradora, Elvira González Fraga. "Hace quince días tuvo una bronquitis y a la edad de él esto es terrible", contó en diálogo con Radio Mitre.
Testigo y paradigma de su tiempo, con el fallecimiento de Ernesto Sábato a los 99 años se extinguió -en su casa de Santos Lugares- la vida de un escritor emblemático de la literatura argentina, pero también una figura que adquirió una dimensión diferente luego de la dictadura militar con su labor al frente de la Conadep (Comisión Nacional de Desaparición de Personas).
Lejos de asumir un rol incontrastable, el autor de la trilogía de novelas "El Túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abbadón el exterminador" (1974) fue un escritor y un ser humano polémico, cruzado por sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus personajes literarios.
"Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año. Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana", declaró una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura.
Sus escritos finales, que incluyen memorias y crónicas de la vejez, constituyen su postrera y desvaída despedida con la escritura, más allá de algún destello vital como la conmovedora confesión de amor a su colaboradora Elvira Fernández Fraga, hoy al frente de la fundación que lleva su nombre.
Su figura recobró fuerza como portavoz de valores añorados por una sociedad lacerada primero por la dictadura militar y luego por el neoliberalismo imperante en los años 90. Su mensaje se concentró en los jóvenes: "Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía -dijo- serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido".
Días antes de su nacimiento, el 24 de junio de 1911, falleció un hermano suyo de 2 años llamado también Ernesto, un hecho que lo marcaría de por vida.
De origen calabrés, su padre tenía un molino harinero en la localidad bonaerense de Rojas y con su hermano Arturo salían a comprar frutas en una volanta. En ese pueblo donde expresó su deseo de ser enterrado pasó su niñez.
El ideario de Sábato se va delineando a partir de su adhesión al Partido Comunista, en tiempos del general Augusto Sandino, los mártires de Chicago y la terrible dictadura de José Evaristo Uriburu, que lo lleva a la clandestinidad.
Con dudas acerca de la infalibilidad del materialismo dialéctico y en pareja con Matilde Kusminsky, joven de 19 años que se va de su casa para unirse al escritor, Sábato viaja a Moscú pero en el camino escapa a París, ante el inicio de las purgas de Stalin.
A su regreso obtiene su doctorado en el Instituto de Físico-Matemática. Bernardo Houssay le da una beca en 1938 para trabajar con el matrimonio Curie en París. Allí conoce al pintor cubano Wilfredo Lamm y a integrantes del grupo surrealista.
En esos días escribe "La Fuente Muda", una novela de la que sólo publicó algunos capítulos en la revista Sur.
A principios de los 40, Sábato junto a su mujer y su pequeño hijo viaja a las sierras cordobesas a vivir en un rancho precario: "Deseaba vivir en la meditación, afrontar los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía para enseñarme...".
Pero consigue un puesto en la Unesco y regresa a París: "hundido en una profunda depresión, frente a las aguas del Sena, me subyugó la tentación del suicidio", confiesa en sus memorias.
En esa época afianza sus vínculos literarios: conoce a Victoria Ocampo y a Borges ("interminables fueron las conversaciones sobre Platón y Heráclito de Efeso, lamentablemente, en 1956 nos separaron ásperas discrepancias políticas").
Según el propio Sabato, "`El túnel` fue la única novela que quiso publicar, y para hacerlo debí sufrir amargas humillaciones. A nadie le parecía posible que yo me dedicara a la literatura".
Entre su obra ensayística figuran "Uno y el universo"; "Hombres y engranajes", "El escritor y sus fantasmas", "Apologías y rechazos" y "La robotización del hombre". Además, el "Romance de la muerte de Juan Lavalle", cantata que compuso junto a Eduardo Falú.
Fue nombrado Caballero de las Letras y las Artes, distinción instituida por André Malraux y la Cruz de la Orden de la Legión de Honor (Francia, 1980). Entre otros galardones, recibió el Premio Cervantes, el Menéndez Pelayo, el Premio Jerusalén y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Luego de la dictadura militar, Sábato asumió la dirección de la Conadep, organismo que por primera vez puso al descubierto los crímenes de lesa humanidad ocurridos en la Argentina. Un compromiso que continuó hasta el final, como lo testimonian sus diversas intervenciones sobre el horror perpetrado en esos años.
Al finalizar los años 90, apareció su libro de memorias "Antes del fin"; al filo del siglo XXI publicó "La resistencia" y en junio de 2004, "España en los diarios de mi vejez". Para ese entonces ya habían muerto su mujer Matilde y uno de sus dos hijos.
El homenaje que le ofreció el Premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago durante el III Congreso de la Lengua Española realizado en 2004 en Rosario (Santa Fe) mostró -una vez más- el enorme cariño de la gente común por el escritor. Hasta se dio el lujo en esos días de cumplir uno de sus sueños y se fotografió junto a todo el equipo de Rosario Central.
Para entonces sus apariciones públicas eran cada vez más esporádicas; refugiado en Santo Lugares, su casa se convirtió en un lugar de peregrinación constante, sobre todo el día de su cumpleaños.
Allí, en su biblioteca, con los libros apilados en orden, entre sus cuadros y el sonido del viento colándose por la vieja arboleda, Sábato recibía a familiares, vecinos y amigos e invitaba a pasar a los jóvenes que, como parte de un ritual, tímidamente lo atisbaban por la ventana.
Cuando tuvo que restringir este rito, fue todo el pueblo de Santos Lugares el encargado de organizar una gran fiesta para celebrar, sin duda, la vida de su habitante más ilustre.
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A continuación el artículo de Raúl Tola aparecido en el Diario La República el 24 de abril pasado, en torno al caso de Patricia Montero y CANAL N.

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Por Raúl Tola

Patricia Montero es una profesional seria, responsable y talentosa, que hasta hace muy pocos días cumplía funciones como productora general de Canal N. Junto con su equipo de trabajo, fue la principal responsable de sacar adelante en el último tiempo a este pequeño pero significativo canal de noticias por cable, crucial en el desvelamiento de los excesos dictatoriales y cleptómanos del gobierno de Alberto Fujimori. Para compensar la falta de recursos económicos y logísticos a su disposición, supo aplicar un sistema de trabajo que combinaba mucha creatividad y una dosis heroica de sacrificio y mística grupal. En el mundo del periodismo peruano, nadie ha hecho tanto con tan poco.
En contra de cualquier lógica, el miércoles de la semana que se va, Patricia, a quien conozco desde que formábamos parte de la hornada de jóvenes que dio vida a las primeras transmisiones de Canal N, fue despedida. En vez de un premio por todos estos años de lucha contra la adversidad, ejerciendo un periodismo limpio y plural, los directivos del diario El Comercio, dueño de la mayoría accionaria de América Televisión y Canal N, decidieron retribuirle con un portazo en la cara.
¿Por qué actuaron de esta manera? Según la explicación oficial, porque han decidido contar con periodistas de su confianza en puestos claves. Difícil creerlo justo ahora, en plena segunda vuelta electoral, luego de que Patricia se desempeñara por ocho largos años como productora general. Yo me inclino más bien por aquello que le sugirió el funcionario que formalizó su despido: que era «por el bien del país». Dicho sea de otro modo, y en palabras del Instituto Prensa y Sociedad: «por la decisión del Grupo El Comercio de disciplinar a sus medios para apoyar informativamente la campaña de Keiko Fujimori».
¿Cómo debemos interpretar este despido quienes todavía trabajamos en Canal N o América Televisión? ¿A partir de ahora, cada vez que propalemos una noticia deberemos hacerlo tomando en cuenta lo que los propietarios consideran «el bien del país», es decir la candidatura de Fuerza 2011? ¿Acaso no es nuestra obligación informar sin consideraciones de esta naturaleza, respondiendo solo a nuestras conciencias, a los principios rectores de la profesión, a los lectores y televidentes, y no a intereses subordinados? ¿Qué autoridad tiene el periodismo para escardar el trigo de la paja, distinguir el remedio de la enfermedad, decidir qué conviene mostrar y qué no? Ninguna, está claro. Decir lo contrario sería un acto de soberbia colosal o, lo que es peor, asumir un papel penoso: el de publicista de una alternativa política conveniente, que deja el periodismo para tiempos más amables.
Todo lo dicho hasta aquí es alarmante y no puede ser tolerado. Cuando un periodista informa debe propender a la objetividad, a presentar, dentro de las limitaciones del ser humano, el retrato más fiel de la realidad. ¿Qué habría pasado si el director y la dueña del Washington Post, Ben Bradlee y Katherine Graham, hubieran manejado la misma concepción instrumental del periodismo que ocasionó la salida de Patricia Montero? ¿Habrían autorizado que Bob Woodward y Carl Bernstein hurgaran en el escándalo de Watergate hasta generar la tremenda crisis política que siguió a la renuncia de Richard Nixon a la presidencia de los Estados Unidos, en 1974? ¿Se habría animado Canal N en el 2000 a publicar el video donde se veía a Vladimiro Montesinos sobornando a Alberto Kouri por encargo del presidente Fujimori, para hacerlo cambiar de bancada y obtener la mayoría en el Congreso?
Trabajo como periodista hace 18 años, 12 de ellos en televisión. En todo este tiempo he aprendido que para un hombre de prensa no hay peor infección que la autocensura, y que las amenazas más difíciles de capear provienen del interior de los propios medios, y no de afuera. También que en los momentos cruciales de la historia, cuando la continuidad democrática se ve amenazada por tentaciones autoritarias, el simple ejercicio de la información, transparente y sin adjetivos, es una apuesta radical.
La propuesta sobre medios de comunicación del plan de gobierno de Ollanta Humala, que he criticado y criticaré cuantas veces haga falta, parte de un error: asume que la libertad de expresión debe subordinarse a los intereses de la nación. Es un contrasentido bastante evidente: ¿cómo podemos hablar de libertad si a veces, en nombre de un bien superior −la patria− conviene callar y hasta manipular la noticia? Ningún periodista serio y honesto podría suscribir esta ideología, que tanto ha servido a autócratas como Hugo Chávez en la domesticación de ese incómodo fiscalizador que es la prensa independiente.
Por eso hacen muy mal quienes, preocupados por las amenazas de turno, callan y hacen callar. Porque para protegerse incurren en los mismos abusos que tanto temen. ¿Con qué autoridad podrán luego criticar a Ollanta Humala, si este efectivamente sale elegido, y opta por el camino de la censura y el amedrentamiento? ¿Y si la elegida es más bien Keiko Fujimori? ¿Habrá espacio para la crítica, o solo para la amable convivencia? ¿Qué pensará la ciudadanía de un medio que juega y esconde la carta de la libertad de expresión de acuerdo a los devaneos de la coyuntura, y no muestra una línea de conducta proba y coherente?
Como muchos colegas de Canal N y América Televisión, pienso que el silencio no es una alternativa. Hay que seguir hablando claro, mientras se pueda. Para eso somos periodistas, y no veletas.
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Este es un sentido texto que escribií Henry Pease García, antiguo Presidente del Congreso de la República, el 19 de abril pasado en el Diario El Comerico.

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Por: Henry Pease García

Pocos creyeron en la famosa frase de Vargas Llosa. Tras el 10 de abril esa es la realidad. Demasiado temprano Toledo comenzó a subir hasta pasar el 30%. Comenzó el ‘palo encebado’: todos le dan palo al que está arriba hasta tumbarlo. Fue imposible no contestar agravios cuando usaron hasta las tácticas de Montesinos en aspectos de vida privada, que ninguna persona honorable puede dejar de responder. Ese fue un error pero no explica todo lo ocurrido.
La derecha peruana ha vuelto a desdeñar a un candidato de centro liberal confirmando su raigambre conservadora que la lleva a estrellarse con la pared como ocurrió cuando Fernando Belaunde planteaba en los años 60 una reforma agraria en democracia y con ponderación. Al tirársela abajo con ayuda del PAP, abrieron curso al gobierno militar y su reforma agraria vertical y burocrática. Hoy una derecha conservadora creyó que un gringo desabrido, aunque buen flautista, conocido gestor de intereses privados y públicos, que no defendió la democracia ante el fujimorato, podía ser presidente. El PAP estuvo detrás y el apoyo mediático fue impresionante. A Toledo se lo bajaron mientras Humala subía inconteniblemente y el gringo desabrido no pasó a segunda vuelta, solo sirvió para impedir que pasara Toledo.
La subida de Humala tiene elementos objetivos que Toledo ha reconocido en su derrota. Diez años de democracia fueron para la mayoría de los peruanos tiempo de estrechez en los salarios, en el empleo, en la salud y en la educación.
Sostengo que ningún demócrata puede optar por la dinastía Fujimori. Ya no funcionan los miedos de los 90. Quienes lo apoyen hoy mostrarán una desviación ideológica antidemocrática. No se apoya a quien tiene antecedentes de ejercicio autocrático y corrupto y eso es el fujimorismo. Keiko es una figura joven y bonita pero en su trayectoria personal reproduce las características del régimen. Fue la hija más comprometida, pues reemplazó a su madre en el rol de primera dama, aceptándolo por resolución suprema. No ha podido demostrar cómo financió sus estudios en EE.UU., pagados en efectivo y a todas luces con indebidos fondos públicos. Ha hecho evidente su identificación con todo lo hecho por su padre y eso es suficiente.
Nadie que apoye a Fujimori y su continuación dinástica puede luego defender la democracia y sus valores. Por mucho tiempo se ha tolerado que prime el liberalismo económico arrasando con el liberalismo político algo que no es aceptado ni en el liberalismo clásico ni en ninguna forma moderna de democracia. Sostuve, en un debate, que había menos distancia entre el liberalismo y el socialismo democrático que entre en liberalismo y el neoconservadurismo que es este liberalismo económico sin liberalismo político. Mi interlocutor no me entendió. La cancha la rayó el propio Vargas Llosa enfrentando el exabrupto legal del entonces ministro Rey. ¿Se imaginan lo que hará de vicepresidente ahora que –¡por fin¡– se proclamó fujimorista? Llegó la hora de estas definiciones aunque Humala no es propiamente un socialista y tiene que demostrar su opción democrática. Ya hay dos del famoso sancochado que han dicho que no votarán por Fujimori. Simon y Beingolea. Este último tiene importancia porque implicaría una efectiva renovación en un partido que tiene cada vez más rasgos conservadores que liberales.
La salida es política. En el Parlamento, Humala necesita los votos de otras fuerzas para cualquier decisión importante. Debe tender puentes y los demás deben ser generosos pero cautos. Claro que para ello falta la votación en segunda vuelta y eso no será fácil. Los puentes deberían plantearse antes. Eso sí, a la autocracia se le enfrenta en las calles y los jóvenes lo saben. Ellos iniciaron la protesta contra la autocracia y hoy se preparan para reanudarla. Yo he ofrecido a los estudiantes de la PUCP, angustiados adicionalmente por razones que todos conocen, en un acto enorme y generoso que me hicieron por mis 40 años de profesor, que saldré con ellos a pesar de mi bastón, aunque me fallen las fuerzas.
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A continuación un interesantisimo artículo escrito por Francisco Miró Quesada Rada, Director del Diario El Comercio, publicado bajo el título "El usurpador" el 5 de abril pasado (fecha de recuerdo del Golpe de Estado de Fujimori). Lo escribió a título individual, lo que creo que mostraba ya las tensiones del Grupo Editorial sobre la línea editorial que tomarían.

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Por: Francisco Miró Quesada Rada Director

“Aquel que pide un voto para algo y luego hace lo contrario, lo único que está haciendo es pervertir la democracia”. Palabras de Beatriz Merino que nunca deben olvidarse porque resumen la figura de los usurpadores, de aquellos gobernantes que se agarran de cualquier pretexto para poner en marcha su siniestro proyecto de quedarse en el poder, usurpando lo más valioso en el ser humano: su libertad.
Hay dos tipos de usurpación. El típico golpe de Estado y la denominada usurpación por abuso de confianza. En este segundo caso, el dictador de turno poco a poco va cercenando las libertades ciudadanas, los derechos democráticos y las instituciones que le dan sustento a la democracia. Estos dictadores fueron elegidos para gobernar democráticamente, juraron cumplir los mandatos de la Constitución ante el Congreso y respetar la libertad de prensa, pero traicionan su juramento y por la fuerza imponen una dictadura cívico-militar.
Al usurpar el poder han pervertido la democracia. Son autocracias que se revisten de formalidades democráticas, pero lo primero que hacen es una “nueva Constitución” para perpetuarse en el poder.
Como toda dictadura, son excluyentes, persiguen a sus adversarios, carecen de total tolerancia frente a las ideas de quienes se les oponen. No importa qué ideología profesan, pueden ser neoliberales como Pinochet y Fujimori, o nacionalistas populistas estatistas como Chávez. No creen en los derechos humanos, justifican sus delitos como “males menores necesarios para salvar a la nación”. Hitler fue de esta calaña, fue la perversión de la democracia en Alemania.
No creen en la democracia, pero la utilizan. Cuántos dictadores, cuántos seguidores de estos dictadores la utilizan para retornar al poder, tapando con una mano lo que hicieron con la otra, presentándose ante la opinión pública como si ellos no tuvieran nada que ver con lo anterior, pero en el fondo quedan atrapados por su discurso contradictorio, que entra en conflicto con la realidad, con la historia.
Por eso, quienes siguen al usurpador deben deslindar para que el electorado tenga una visión clara a la hora de emitir su voto. Mientras no exista un deslinde puntual, mientras su discurso sea ambiguo, potencialmente la democracia estará en peligro. No son garantía de un buen gobierno, porque en la práctica confunden autoridad con autoritarismo.
Quien no renuncia y denuncia, como lo hizo Alfonso de los Heros, a un golpe de Estado y a la corrupción que fue su secuela, es cómplice. Imposición de la voluntad sobre el verdadero orden establecido en la ley.
No han cambiado, son los mismos que justificaron el golpe, son los mismos que callaron o defendieron el abuso del poder y los delitos que cometió Fujimori. No merecen estar en el poder. Son aquellos que “justifican los costos inevitables”, para “disolver, disolver, disolver” un día como hoy 5 de abril de 1992
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A continuación las reflexiones de Mario Vargas Llosa sobre la candidatura de Keiko Fujimori. Un elemento más para pensar por quien votar en la segunda vuelta. Apareció en el Diario El País.

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Por: Mario Vargas Llosa*

Cuando los tres candidatos que representan la defensa del sistema democrático y liberal se dedican a destrozarse unos a otros, como ocurrió en las recientes elecciones peruanas –me refiero a Luis Castañeda, Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski–, el resultado es previsible: los tres se autodestruyen y abren el paso de la segunda vuelta electoral a dos candidatos que, desde los extremos, representan una amenaza potencial para la supervivencia de la democracia y el desarrollo económico que, desde hace diez años, había convertido al Perú en el país que progresaba más rápido en toda América Latina. El poeta César Moro no exageraba demasiado cuando escribió: “En todas partes se cuecen habas, pero en el Perú solo se cuecen habas”.

Bien, no es cuestión de suicidarse, porque el suicidio no resuelve los problemas para los que se quedan vivos, de modo que, ahora, por lo menos la mitad de los peruanos debemos elegir entre dos opciones que habíamos descartado: Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Algunos amigos míos han decidido viciar su voto, pues rechazan a ambos candidatos por igual. Esa es una decisión respetable desde el punto de vista individual y moral, pero nada efectiva en términos colectivos y prácticos, pues no votar equivale siempre a votar por el que gana, ya que se renuncia a hacer algo –aunque sea tan mínimo como lo que representa un solo voto– para impedirlo.

Creo que es preferible elegir, haciendo un esfuerzo de racionalidad y aceptando las tesis del compromiso sartreano, según las cuales siempre hay una opción preferible a las otras, aunque semejante elección implique inevitablemente un riesgo y la posibilidad del error.

No tengo duda alguna de que elegir presidenta del Perú a Keiko Fujimori sería la más grave equivocación que podría cometer el pueblo peruano. Equivaldría a legitimar la peor dictadura que hemos padecido a lo largo de nuestra historia republicana. Alberto Fujimori no solo fue un gobernante asesino y ladrón, tal como estableció el tribunal que, en un proceso modélico, lo condenó a 25 años de cárcel. (Según la procuraduría, solo se han repatriado unos 184 millones de dólares de los 6.000 que por lo menos se birlaron durante su régimen de las arcas públicas). Fue, además, un traidor a la legalidad constitucional que le permitió acceder al poder en unos comicios legítimos, dando el golpe de Estado que acabó con la democracia en el Perú el 5 de abril de 1992. Keiko Fujimori ha reivindicado ese hecho bochornoso y su entorno está plagado de colaboradores de la dictadura. Como han comprobado los medios de comunicación, el propio ex dictador ha coordinado la campaña presidencial de su hija desde su cárcel dorada.

El pueblo peruano no puede haber olvidado lo que significaron esos ocho años en que Fujimori y Vladimiro Montesinos perpetraron un saqueo sistemático de los recursos públicos, la corrupción que cundió por todos los mecanismos e instituciones del poder en la más absoluta impunidad, el tráfico de armas y de drogas, la manera como políticos, empresarios y directores de canales de televisión iban a venderse a la dictadura por bolsas y fajos de billetes, escenas de escándalo que han quedado registradas en los videos que el propio Montesinos grababa, sin duda, para chantajear a sus cómplices.

Tampoco puede olvidar los innumerables crímenes, desapariciones, torturas, ejecuciones extrajudiciales y toda clase de violaciones de derechos humanos de campesinos, estudiantes, sindicalistas, periodistas, que marcaron esos años de horror, y contra los que el pueblo peruano reaccionó, a fines de la década de los noventa, cuando, con movilizaciones como la Marcha de los Cuatro Suyos, consiguió derrotar a la dictadura y devolver la libertad al Perú. No es posible que en tan pocos años en la memoria de los peruanos se haya borrado esta ignominia histórica y una mayoría decida ahora con sus votos que se abran las cárceles y las decenas de ladrones y asesinos de la dictadura salgan de nuevo a gobernar el Perú. Todo lo que queda de digno en el país debe impedir, valiéndose del civilizado recurso de las ánforas, semejante vergüenza para nuestra patria.

Votar por Ollanta Humala implica un riesgo para todos quienes defendemos la cultura de la libertad, lo sé muy bien. Su antigua simpatía por las políticas catastróficas de la dictadura del general Velasco y del dictador venezolano Hugo Chávez justifican los recelos de que su subida al poder pudiera significar una ola de estatizaciones que hundiera nuestras industrias y ahuyentara a las empresas e inversores que, en los últimos diez años, han contribuido de manera decisiva al notable crecimiento de nuestra economía, a la creación de tantos miles de empleos, a la reducción de la pobreza de más de 50% a un tercio de la población y a la buena imagen que se ha ganado el Perú en el extranjero. Asimismo, es lícito el temor de que aquellas antiguas simpatías puedan inducir a su gobierno a desaparecer una vez más en nuestra historia la libertad de prensa en el país.

Sin embargo, la verdad es que en esta campaña Ollanta Humala ha moderado de manera visible su mensaje político, asegurando que se ha separado del modelo autoritario chavista e identificado con el brasileño de Lula. Por lo demás, en esta campaña ha tenido asesores brasileños cercanos al Partido de los Trabajadores. Ahora asegura que respetará la propiedad privada, que no propiciará estatizaciones, que no recortará la independencia de la prensa ni la inversión extranjera y que está dispuesto a renunciar a la idea de una Asamblea Constituyente que (como lo hizo Chávez en Venezuela) reemplace a la actual Constitución que prohíbe la reelección presidencial.

¿Son estas las convicciones genuinas de alguien que ha evolucionado ideológicamente desde el extremismo hasta las posiciones democráticas de la izquierda latinoamericana que encarnan un Ricardo Lagos, en Chile, un José Mujica en el Uruguay, un Lula y una Dilma Rousseff en Brasil, o un Mauricio Funes en El Salvador? ¿O es una mera postura táctica para ganar una elección, ya que Ollanta Humala sabe muy bien que solo vencerá en esta segunda vuelta si un importante sector de la clase media peruana vota por él? Creo que la respuesta a esta pregunta que se hacen hoy día tantos peruanos que votaron por Castañeda, Toledo y Kuczynski no depende tanto de las secretas intenciones que pueda tener el candidato en el fondo de su conciencia, sino de los propios electores que decidan apoyarlo y de la manera en que lo hagan.

Este apoyo no puede ser una abdicación sino un apoyo exigente y crítico, a fin de que Ollanta Humala nos dé pruebas fehacientes de su identificación con la democracia y con una política económica de mercado sin la cual el Perú entraría en una crisis y un empobrecimiento que condenaría al fracaso todos los programas de redistribución y de combate a la pobreza que figuran en el plan de gobierno de Gana Perú. Para que aquellos programas sean exitosos es indispensable que el Perú siga creciendo como lo ha hecho estos últimos años, ya que si no hay riqueza no hay nada que redistribuir. Eso lo han entendido los socialistas chilenos, brasileños, uruguayos y salvadoreños y, por eso, aunque se sigan llamando socialistas, aplican o han aplicado en el gobierno políticas socialdemócratas (no digo liberales para no espantar a nadie, pero si dejara esa palabra no mentiría). Si Ollanta Humala persevera en esta dirección que parece haber emprendido, la democracia peruana estará a salvo y continuará el progreso económico, acompañado de una política social inteligente que devolverá la confianza en el sistema a quienes, por sentirse marginados y frustrados de ese desarrollo que no los alcanzaba, optaron por los extremos.

Cuando escribo este artículo, buena parte de votantes por el partido de Alejandro Toledo, Perú Posible, parece haber optado por ese apoyo exigente y crítico a Ollanta Humala que yo propongo. Mi esperanza es que los otros partidos democráticos del Perú, como Acción Popular, el Partido Popular Cristiano y el APRA, que, con tantos miles de independientes, combatieron con gallardía a la dictadura fujimorista y ayudaron a derrotarla, se sumen a este empeño, para evitar el retorno de un régimen que envileció la política y sembró de violencia, delito y sufrimiento nuestro país y para asegurarnos que la llegada de Ollanta Humala al poder fortalezca y no destruya la democracia que recobramos hace apenas diez años.
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A continuación una muy interesante reflexión de Juan De la Puente sobre el itinerario ideologico que pone Mario Vargas Llosa a los "pseudoliberales" peruanos. Sinceramente, cada vez más crece mi admiración por la solidez argumentativa y cnceptual de don Mario. Las líneas de De la Puente salieron en el Diario La República el 21.04.2011.

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Por: Juan de la Puente

Mario Vargas Llosa ha deconstruido el dilema electoral del sida vs. el cáncer que acuñó para simbolizar el centro político que naufragó el 10 de abril. Lo hace quizás porque siempre fue una figura que asumía la idea del mal irreversible que un libertario como él rechaza, un falso dilema que paraliza la acción política. Lo ha reemplazado por otro dilema, resoluble, ético y terrenal, entre un mal absoluto, la dictadura, y un mal relativo, el cambio plagado de sospechas y tentaciones, incluida la deriva autoritaria.
MVLL pone en apuros, por segunda vez en 20 años, a aquella elite política y empresarial que navegó la década democrática con la bandera liberal. Con ella les fue muy fácil apoyar a Toledo contra García el 2001 y a García contra Humala el 2006. Sin embargo, en estas elecciones, con opciones ideológicas más nítidas, estaban usando el mismo emblema para decantarse contra Humala en nombre de la libertad. Vargas Llosa les ha cortado esa ruta.
La referencia de MVLL a Sartre en su intervención en Buenos Aires no es gratuita. En Sartre, el hombre es consciente de su libertad como un valor propio y no concedido. En relación a ello no en vano el francés diferenciaba la angustia del miedo; para él, el miedo es individual y paraliza, en tanto que la angustia es creadora, colectiva y obliga a elegir.
Todo indica que como hace 20 años esas elites abandonarán a Vargas Llosa y a su liberalismo inoportuno, quizás porque son menos liberales de lo que pensaban o porque nunca dejaron de ser, con excepciones, esa derecha peruana conservadora, patrimonialista y generalmente mercantilista, que disfruta de la libertad económica pero desdeña la libertad política o la sacrifica sin contemplaciones.
Como hace 20 años, perderán la oportunidad de generar un movimiento propio emancipado del poder económico, ubicado en la sociedad y no solo en las gerencias. En aquel momento, un pequeño y digno grupo liberal se puso al lado de la libertad y de MVLL mientras la mayoría se enrolaba en el autoritarismo y la antipolítica. Algunos náufragos de esa generación se reliberalizaron, pero el resto continuó su camino.
Ahora, MVLL con su liberalismo ético, el único liberalismo posible, dispara una nueva diáspora. Es triste que, así como no deja de ser extraño que la década democrática no haya producido partidos sino antipartidos, nuestro pujante mercado produzca tan escasos liberales.

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Como sabemos, la “Ñ” nos distingue como símbolo del idioma. A poco tiempo del día en que celebramos el CASTELLANO, les posteo esta interesante reflexión de MAruja´Muñoz, aparecida en el Dominical de El Comercio del 17.04.2011.


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Por: Maruja Muñoz *

Toda la personalidad de España está en su ‘ñ’ y todo el misterio de México en su ‘x’”, ha escrito Carlos Fuentes. La eñe, pues, distingue al castellano como ninguna otra letra. Este idioma compartido por cerca de 500 millones de personas será pronto el segundo más importante del mundo.
Ya en Europa es el segundo más usado para concretar negocios, mientras que en Estados Unidos 32 millones de hispanoparlantes son el quinto grupo en densidad poblacional (para el 2050, será el primero).
“La cantidad no reemplaza a la calidad” –comenta el escritor Fernando Iwasaki, premio COPE 1998–. “Nuestra lengua es maravillosa, pero solo sirve para hablar entre nosotros. Un ruso y un coreano jamás hablarán entre sí en español. No es un idioma que sirva como vehículo de conocimiento, como el inglés, el francés o el alemán; y es lengua de negocios solo para hacer negocios con hispanohablantes”.

TODOS QUIEREN HABLARLA
Sea como fuere es un hecho que después del inglés, es la lengua más estudiada del planeta y la segunda más utilizada en el buscador Google. En Alemania, el español gana cada vez más popularidad entre los estudiantes universitarios germanos, según reporta la prensa de ese país.
“El español es una lengua en ascenso con proyección al futuro. Todo hace pensar que no va a decaer porque tiene mucha fuerza. Mientras que otras, como el francés, han ido perdiendo presencia, el español será cada vez más importante”, afirma el crítico literario y académico Ricardo González Vigil. Además, como remarca Humberto López Morales, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua: “El 6% de la población mundial habla español y hacia el 2030 solo será superado por el chino”.
El autor de “La paz de los vencidos”, Jorge Eduardo Benavides, afirma que “por cuestiones de orden sociológico y económico, el español aparecía relegado, detrás del inglés, del francés, incluso del alemán. Pero la migración hispanoparlante de las últimas décadas está cambiando ese panorama. Es imperioso que organismos como el Instituto Cervantes promuevan su aprendizaje y difundan su riqueza cultural. No solo se trata de que se hable más sino de que se lo conozca mejor”.

LUCHA EN LA WEB
Como el inglés no tiene eñe, los creadores de dominios de Internet ignoraron esta letra. Así de simple. Palabras como año, sueño, ñandú y cariño circulan por la web con ene en vez de eñe. Pero como bien dicen los defensores de la ‘ñ’: “No es lo mismo mono que moño”. La campaña impulsada por el diario “Clarín”, de Argentina, armó tal revolución en la web que logró que al menos 7% de los 1.700 millones de dominios existentes incluyan la letra que nos distingue.

LA DEL SOMBRERITO
“En la antigüedad la ‘ñ’ era una doble ‘n’, como el dígrafo ‘ll’ (lle)”, explica González Vigil. “En el medioevo todo era manuscrito y, para hacer más rápida la escritura, la doble ‘n’ se escribía poniendo la otra pequeñita, como sombrerito. El sonido de la eñe existe en otros idiomas, pero solo en el español devino en letra. Es parte de nuestra cultura; excluirla es una falta de respeto”.
Hijo del latín y del griego, el español está en su mejor momento. Lo confirman cinco millones de estudiantes en Brasil, alrededor de medio millón en el África subsahariana y veinte mil en Rusia, quienes han elegido nuestro idioma como segunda lengua.

SONIDO CULTURAL
“La importancia de una lengua se mide por su capacidad de extenderse a mayores zonas del mundo y por su dimensión de crear. Cuando se inició el modernismo con sus conocimientos científicos y apertura cosmopolita, la lengua española no participó del proceso de manera importante, porque durante la Edad Media y el Siglo de Oro de la Literatura seguía usándose el griego, el latín y en algunos campos, como en la música, el italiano; pero eso no relativiza su importancia. Tiene que ver con la historia”, sostiene el académico González Vigil.

INSPIRACIÓN
Rodrigo Díaz Pino, editor y propietario de la librería Albatros, en Suiza, publica obras de autores hispanoamericanos, que luego traduce al francés.
Dice que hay escritores que “podrán vivir 30 y 40 años en Europa, usando cotidianamente el francés, inglés o alemán, pero a la hora de escribir, lo hacen en su lengua materna”.
Los emigrantes de lengua española son más aferrados al uso de su idioma, comparados con emigrantes de otras hablas, quienes se incorporan más rápido al uso del idioma del país de acogida.
“Hay una mayor permanencia del idioma en el hispanoparlante porque está más unido a su cultura”, explica Ricardo González Vigil, para quien la madurez de nuestra lengua llega con Rubén Darío, aunque por centurias fue alimentada con la inspiración literaria de grandes como Cervantes o Vallejo, en tiempo y sitios distantes.
Pero es “a partir de Darío que los escritores latinoamericanos son más universales: Borges, Cortázar, Paz, Neruda, García Márquez, Vargas Llosa. El escritor hispanohablante americano se siente más libre que el de España para impregnarse de autores del mundo”.

“¡Oh, lengua de los cantares! La más rica, la más bella”.

Aporte de muchos
España trajo a América su idioma y las culturas indígenas aportaron cientos de vocablos: tabaco, chocolate, canoa, cacique, tiburón, huracán, kiosko, tambo, papa y coca son algunos.
Los árabes legaron más de cuatro mil palabras: ojalá, alférez, alcalde, alcachofa, zanahoria, albahaca, almohada, alfajor, aceituna, azahar, alhelí y alféizar forman una pequeña muestra.
El investigador peruano Fernando Romero coincide con el cronista español del siglo XVI Gonzalo Fernández de Oviedo en que la diáspora africana legó más de 500 vocablos: mondongo, malanga, banana, bongó, conga, samba, mambo, chévere, marimba, cumbia, tanga, dengue, bemba y muchas más.
Del francés vienen homenaje, mensaje, fraile, manjar, vinagre, jardín, sargento, bufanda, gabinete, funcionario, broche y banquete, entre otras.
Los germanos contribuyeron con feudo, guardia, espuela, botín, guante, estoque, guisar o brasa.
Del italiano provienen, entre otras, diseño, fachada, bizarro, campeón, novela, soneto, escopeta y toda la terminología musical.
De inglés: vagón, bistec, tranvía, sánguche, implementar, cóctel, club, cheque, túnel, guachimán, CD, chat, clóset y todas las palabras usadas en electrónica y sistemas de Internet.
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Estimados blogeros:

El día de ayer se publicó en el Diario El Peruano unas líneas mías sobre la Interpretación Tributaria. A continuación las transcribo y, si lo desean, pueden bajar el PDF correspondiente al final del texto.

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Por: Luis Alberto Durán Rojo

En una reciente reunión de especialistas en Derecho Comparado ocurrida en el seno de la Unión Europea, se analizó y discutió intensamente sobre el uso indiscriminado de fuentes doctrinales extranjeras para desarrollar argumentos de interpretación de las normas nacionales.
Esa temática puede ser imperceptible para muchos de los intérpretes jurídico-tributario latinoamericanos, pues en nuestra región se mantiene una vieja idea originada en el pensamiento legal europeo (el modelo “Europeo Continental”) que consiste en entender que la Ley tiene una interpretación unívoca. Así, suele entenderse que las leyes y sus reglamentos deben moldearse y adecuarse a la “institución jurídica” de la que derivan originariamente, la misma que permanece unívoca a lo largo del tiempo y en todos los sistemas jurídicos comunes.
Así, en materia tributaria, es posible entender al tributo como la única institución jurídica predicable en los mismos términos (o cuanto menos en términos similares) en Francia, España, Italia, Argentina y Perú (ordenamientos todos ellos adscritos en líneas generales al modelo Europeo Continental), sin que importe el contexto temporal y territorial en el que se encuentre.
Sin embargo, como es consenso entre los especialistas más destacados, esta lógica jurídica ha empezado a cambiar, y mucho, no sólo por la impronta del modelo del “Common law” en nuestros países latinoamericanos, sino también por un replanteamiento en los propios países herederos del modelo Europeo Continental sobre el papel de la jurisprudencia y de los principios constitucionales como fuentes dinámicas del ordenamiento jurídico. También, por cierto, por el reconocimiento en la Teoría del Derecho de los elementos contextuales del tiempo y el lugar, que hacen posible que las “instituciones jurídicas” se presenten con ciertas –y a veces importantes– diferencias según el contexto jurídico en el que se desarrollen.
Por eso, sin duda hay que aplaudir aquellas reflexiones sobre el fenómeno tributario qe contienen una visión claramente latinoamericana, que valora y critica las adecuaciones, mutaciones y perspectivas propias que se han ido tomando, especialmente en los veinte últimos años, pero que las somete a verificación en el marco del Estado Constitucional, en los términos indicados por nuestra jurisprudencia y doctrina nacional en materia tributaria.
Sin duda, es bueno reconocer –siguiendo a López Medina y otros juristas extranjeros– que la legislación, la jurisprudencia y la reflexión doctrinal latinoamericana se han ido desarrollando sobre la captación de lo mejor del pensamiento de los países prestigiosos en materia de producción de teoría jurídica (sitios de producción). Pero, como señala él, es bueno saber que los teóricos jurídicos de esos sitios de producción mantienen una forma de escribir y debatir con conciencia de sus interlocutores (los otros participantes con quienes se dialoga), sin tomar en cuenta que pueden tener una audiencia de juristas en otros países (sitios de recepción).
Ello contribuye a que éstos últimos acaben leyendo y estudiando el texto de las teorías jurídicas sin lograr captar el “contexto” de las mismas, con lo que pierden un elemento central de entendimiento, y pueden acabar reconociendo conclusiones teóricas y prácticas que en realidad no corresponden a tales reflexiones.
Luego, cuando a su vez estos teóricos de los sitios de recepción produzcan teoría jurídica de alcance nacional o regional, pensarán en sus interlocutores correspondientes (que pueden ir desde otros juristas, jueces, abogados, contadores, estudiantes de universidad, etc.), al punto que originarán una “transformación” o “trasmutación” de la teoría jurídica de los sitios de producción, la que es adecuada al lenguaje, parámetros culturales y particularidades institucionales de los sitios de recepción.
De ello ocurrirá que en los sitios de recepción, al cabo de cierto tiempo y por la propia realidad, se recrean y producen nuevas teorías jurídicas que pese a utilizar los mismos términos de las teorías jurídicas de los sitios de producción podrían estar refiriéndose a nociones parcial o totalmente diferentes. Ello se potencia exponencialmente cuando esos sitios de recepción trasuntan a convertirse en sitios de producción (como por ejemplo, ocurrió con los Estados Unidos de Norteamérica en la filosofía jurídica en el mundo Anglosajón, o la Argentina en materia tributaria en el mundo latinoamericano), puesto que los juristas de otros espacios jurídicos que empiezan a conocer y estudiar las teorías jurídicas de estos sitios utilizarán los conceptos y el entendimiento de las mismas, pero sin captar el contexto correspondiente, lo que a la larga significará un incorrecto entendimiento de los alcances de las mismas y una posterior “transformación” en los nuevos sitios de recepción correspondientes.
Que no se piense que estamos defendiendo un relativismo cultural o una incomunicación entre los distintos espacios jurídicos de los Estados nacionales; más bien queremos reconocer un elemento que explica mucho de lo ocurrido en el Perú y América Latina en los últimos años y que debe tomarse en cuenta cuando se desee realizar un análisis de investigación y/o crítica que quiera incluir espacios jurídicos nacionales como el nuestro.
En buena cuenta, amable lector, cuando lea alguna reflexión teórica o la utilice en sus actividades cotidianas de interpretación de la norma tributaria, no sólo conozca al autor (y su historia académica o profesional) sino intente también conocer cuáles son los marcos de referencia, parámetros culturales, temporales y de lugar, y las perspectivas jurídicas del sitio de producción desde el que nos habla. Si no lo hace, puede ocurrir que se aplique el conocido refrán “le vendieron gato por liebre”.

VERSION DEL DIARIO EL PERUANO[194clicks]
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Estimados blogeros:

Este es un artículo que preparé y se publicó antes de la elección del día domingo pasado. Puede ser útil para plantear un consenso tributario en el marco de la situación política actual. Disfrútenlo.

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Por: Luis Alberto Durán Rojo

Es claro que la forma menos dañina de financiar el presupuesto público es por vía del pago de tributos. Quizás por eso, como no ocurrió en anteriores procesos electorales peruanos, casi todos los candidatos presidenciales han tocado el tema tributario.
Lamentablemente, en lo expuesto hay mucho sentido común, superficialidad y pobreza conceptual. Sin embargo, hay una interesante –aunque insuficiente- confluencia sobre tres temas, lo que podría ser base del marco tributario a aplicarse en el próximo quinquenio.
En primer lugar, hay concordancia en que la tributación tiene un componente redistributivo, pues además de financiar el gasto estatal puede permitir una adecuada distribución del ingreso. Para ello, debe equilibrarse el porcentaje de recaudación según su fuente, de modo que el sostén fundamental sean los impuestos directos (por lo general progresivos) y no los impuestos indirectos (básicamente regresivos).
No hay aún consenso sobre cómo lograr este cambio relacional. Algunos consideran que es un tema de tasas impositivas (“menos IGV por más Impuesto a la Renta (IR)”). Incluso hasta tres candidatos ven asequible plantear y/o aceptar un “IR a las Sobreganancias Mineras”. Otros entienden que hay que recuperar la recaudación del IR sin aumentar su tasa, por la vía de ampliar la base tributaria con más formalización y combatiendo de manera efectiva la evasión (“que no sólo paguen los formales”).
Ningún candidato ha planteado el destino de los regímenes de beneficios territoriales, especialmente los de Amazonía y de Zonas Altoandinas, que de seguir pueden generar más pérdida que ganancia, especialmente en materia de gestión por parte de la SUNAT. En segundo lugar, hay cierto consenso en respetar los Convenios de Estabilidad Tributaria (CET) ya firmados hasta que venzan, pero no se renovarían ni se firmarían otros en nuevos supuestos. Los candidatos reconocen que en la situación actual del país, los CET no sirven como instrumento central para la atracción de capitales, siendo entonces innecesarios.
Sin embargo, no hemos escuchado afirmaciones de compromisos con la seguridad jurídica en materia tributaria, entre otros, estableciendo que cualquier reforma normativa se haga con la debida antelación, dentro de los parámetros de lo razonable y permitiendo la deliberación pública, o que se requiera mayor fluidez en el sistema de resolución de conflictos tributarios.
En tercer lugar, habría consenso en que la SUNAT tiene que mejorar su actuación, de modo que su eficiencia y eficacia crezcan, lográndose de esta manera ampliar la base tributaria de contribuyentes. Para eso, debe entenderse que el problema no es sólo de administración de impuestos, sino que además es necesario tener instrumentos que permitan una mayor institucionalización de la SUNAT, lo que incluye su verdadera independencia funcional.
Más allá de esas tres líneas consensuales, nos hubiera gustado escuchar compromisos más elaborados, de mejora del régimen tributario, donde se cuide el trato al contribuyente, no solo con una adecuada y legal actuación de las Administraciones Tributarias, sino además con una mejora técnica a la hora de elaborar las normas tributarias, de forma que el dispositivo (ley o reglamento) no sea ambiguo o no se preste a posteriores discusiones.
Habría sido ideal que esos compromisos más elaborados partieran de seis ejes de acción: (i) lograr una clara distinción, en cuanto a su naturaleza, entre los ingresos tributarios y no tributarios, (ii) definir los alcances de la descentralización fiscal y, en ese marco, reformar el régimen tributario regional y municipal, (iii) establecer las razones para crear o mantener impuestos especiales garantizando su eliminación al más corto plazo una vez cumplidos los objetivos iniciales, o incluso las razones para no incorporarlos o mantenerlos, (iv) lograr una mayor eficiencia del IR, promoviendo su progresividad y simplicidad, especialmente respecto de personas naturales, (v) disminuir el carácter regresivo del IGV, y, (vi) eliminar exoneraciones y beneficios tributarios que no estén justificados.
Finalmente, le proponemos leer bien los planes de gobierno de los principales candidatos. Desconfíe usted de quienes hablan de reformas tributarias desde el empirismo, la demagogia o la improvisación. Dude usted de aquellos que nos ofrecen bajar los impuestos, pero no nos dicen cómo, así como de los que quieren aumentar impuestos por el solo hecho de ver que las empresas ganan más, sin justificar los beneficios para la comunidad nacional. Recuerde, ese tipo de posturas no son aceptables ni son saludables para la nación, ya lo hemos vivido antes.