Archivo de marzo 2010
27/03/10: SOBRE LA MERITOCRACIA Y LA EDUCACIÓN
Va un comentario de Richard Webbb denominado "Mérito al por mayor", respecto a la adecuada ligación entre meritocracia y educación, a propósito del inicio de clases en el Colegio Mayor Secundario Presidente del Perú. El comentario aparecio en el diario El Comercio del 22 de marzo pasado.
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Por: Richard Webb
Más que la desigualdad en sí, el mal del Perú es la desigualdad no merecida.
El mérito es el vigor de una sociedad y también un pacificador porque reemplaza las razones menos tolerables para la desigualdad, como son la fuerza y el apoderamiento, el robo y la corrupción, y el racismo. El camino hacia un Perú más fuerte y más sano requiere una revaloración y una mayor incorporación del mérito en la vida del país.
Por eso sentí una enorme satisfacción la semana pasada cuando asistí a la inauguración del Colegio Mayor Secundario Presidente del Perú. Sus 863 alumnos, de tercero a quinto de secundaria, han sido seleccionados mediante un examen de admisión como los mejores alumnos de las escuelas públicas en todo el país, y completarán su secundaria como alumnos becados en el internado del nuevo Colegio Mayor.
Cuenta además con profesores destacados, como el que me atendió durante la visita, quien había obtenido el primer puesto en la evaluación de más de 180 mil docentes, llevada a cabo hace dos años.
Departir con algunos de esos alumnos y profesores fue, para mí, un baño de alegría y optimismo. Mi reacción tuvo algo de personal, primero porque también fui colegial en un internado, pero sobre todo porque luego tuve la oportunidad de crear en el Banco Central de Reserva un programa de selección y formación de jóvenes economistas basado en el mérito, concepto análogo al del Colegio Mayor, y que a través de las décadas ha sido un semillero de excelentes funcionarios públicos.
Creo que el Perú ha tocado fondo en cuanto a la valoración del mérito. Durante medio siglo hemos vivido un proceso de democratización que, con frecuencia, ha significado la nivelación para abajo, a costa de la efectividad, olvidando experiencias anteriores como los colegios jesuitas de la Colonia.
La evidencia más clara de la nivelación hacia abajo se observa en la trágica situación de las universidades públicas.
Hace poco más de una década que el Gobierno Peruano se negó a publicar los resultados de la evaluación comparativa internacional, llamada PISA, en la que el Perú se ubicaba en el suelo. Desde entonces viene aumentando la frecuencia y la publicación de las evaluaciones, tanto del aprendizaje de los alumnos como de las capacidades de los maestros.
Aumenta también la práctica de los nombramientos por concurso. Y ahora tenemos el auspicioso avance del Colegio Mayor que desparrama mérito al por mayor.
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Por: Richard Webb
Más que la desigualdad en sí, el mal del Perú es la desigualdad no merecida.
El mérito es el vigor de una sociedad y también un pacificador porque reemplaza las razones menos tolerables para la desigualdad, como son la fuerza y el apoderamiento, el robo y la corrupción, y el racismo. El camino hacia un Perú más fuerte y más sano requiere una revaloración y una mayor incorporación del mérito en la vida del país.
Por eso sentí una enorme satisfacción la semana pasada cuando asistí a la inauguración del Colegio Mayor Secundario Presidente del Perú. Sus 863 alumnos, de tercero a quinto de secundaria, han sido seleccionados mediante un examen de admisión como los mejores alumnos de las escuelas públicas en todo el país, y completarán su secundaria como alumnos becados en el internado del nuevo Colegio Mayor.
Cuenta además con profesores destacados, como el que me atendió durante la visita, quien había obtenido el primer puesto en la evaluación de más de 180 mil docentes, llevada a cabo hace dos años.
Departir con algunos de esos alumnos y profesores fue, para mí, un baño de alegría y optimismo. Mi reacción tuvo algo de personal, primero porque también fui colegial en un internado, pero sobre todo porque luego tuve la oportunidad de crear en el Banco Central de Reserva un programa de selección y formación de jóvenes economistas basado en el mérito, concepto análogo al del Colegio Mayor, y que a través de las décadas ha sido un semillero de excelentes funcionarios públicos.
Creo que el Perú ha tocado fondo en cuanto a la valoración del mérito. Durante medio siglo hemos vivido un proceso de democratización que, con frecuencia, ha significado la nivelación para abajo, a costa de la efectividad, olvidando experiencias anteriores como los colegios jesuitas de la Colonia.
La evidencia más clara de la nivelación hacia abajo se observa en la trágica situación de las universidades públicas.
Hace poco más de una década que el Gobierno Peruano se negó a publicar los resultados de la evaluación comparativa internacional, llamada PISA, en la que el Perú se ubicaba en el suelo. Desde entonces viene aumentando la frecuencia y la publicación de las evaluaciones, tanto del aprendizaje de los alumnos como de las capacidades de los maestros.
Aumenta también la práctica de los nombramientos por concurso. Y ahora tenemos el auspicioso avance del Colegio Mayor que desparrama mérito al por mayor.
Muy buenas reflexiones de Mario Vargas Llosa, ilustre escritor peruano, aparecidas en el Diario El Comercio (Perú) el 21 de Marzo del 2010
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Por: Mario Vargas Llosa
Hace algún tiempo hubo un pequeño alboroto mediático en España al descubrirse que la Junta de Gobierno de Extremadura, en manos de los socialistas, había organizado, dentro de su plan de educación sexual de los escolares, unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los 14 años, campaña a la que bautizó, no sin picardía, El Placer Está en tus Manos.
Ante las protestas de algunos contribuyentes de que se invirtiera de este modo el dinero de los impuestos, los voceros de la junta alegaron que la educación sexual de los niños era indispensable para “prevenir embarazos no deseados” y que, por lo tanto, las clases de masturbación servirían para “evitar males mayores”. En la polémica que el asunto provocó, la Junta de Extremadura recibió las felicitaciones y el apoyo de la Junta de Andalucía, cuya consejera de Igualdad y Bienestar, Micaela Navarro, anunció que aquella iniciativa era importante y que en Andalucía comenzará en breve el lanzamiento de una campaña similar a la extremeña. De otro lado, un intento de acabar con los talleres de masturbación mediante una acción judicial que intentó una organización afín al Partido Popular y bautizada —con no menos chispa— Manos Limpias fracasó estrepitosamente, pues la Fiscalía del Tribunal de Justicia de Extremadura no dio curso a la denuncia y la archivó.
¡A masturbarse, pues, niños y niñas del mundo! Cuánta agua ha corrido en este viejísimo planeta que todavía nos soporta a los humanos, desde que, en mi niñez, los padres salesianos y los hermanos de La Salle —dos colegios en los que estudié la primaria— nos asustaban con el espantajo de que los “malos tocamientos” producían la ceguera, la tuberculosis y la imbecilidad. Ahora, seis décadas después, ¡clases de paja en las escuelas! Eso se llama progreso, señores. ¿Lo es, de veras?
La curiosidad, no la maledicencia, me acribilla el cerebro de preguntas. ¿Pondrán notas? ¿Tomarán exámenes? ¿Los talleres serán solo teóricos o también prácticos? ¿Qué proezas tendrán que realizar el alumno y la alumna para sacar la nota de excelencia y qué fiascos para ser desaprobados? ¿Dependerá de la cantidad de conocimientos que su memoria retenga o de la velocidad, cantidad y consistencia de los orgasmos que produzca la destreza táctil de chicos y chicas? No son bromas. Si se tiene la audacia de abrir talleres para iluminar a la puericia en las artes y técnicas de la masturbación, todas ellas son perfectamente pertinentes.
Diré de entrada que no tengo el menor reparo moral que oponer a la iniciativa El Placer Está en tus Manos de la Junta de Extremadura. Reconozco las buenas intenciones que la animan y admito, incluso, que, mediante campañas de esta índole no es imposible que disminuyan los embarazos no queridos. Mi crítica es de índole sensual y sexual. Me temo que en vez de liberar a los niños de las supersticiones, mentiras y prejuicios que tradicionalmente han rodeado al sexo, iniciativas como la de los talleres de masturbación lo trivialicen de tal modo que acaben por convertirlo en un ejercicio sin misterio, disociado del sentimiento y la pasión, privando de este modo a las futuras generaciones de una fuente de placer que ha irrigado hasta ahora de manera fecunda la imaginación y la creatividad de los seres humanos.
La masturbación no necesita ser enseñada, ella se descubre en la intimidad y es uno de los quehaceres humanos que funda la vida privada y va desgajando al niño, a la niña, de su entorno familiar, individualizándolos y sensibilizándolos gracias al mundo secreto de los deseos, e instruyéndolos sobre asuntos capitales como lo sagrado, el mito, el tabú, el cuerpo y el placer. Por eso, destruir los ritos privados y acabar con la discreción y el pudor que han acompañado al sexo no es combatir un prejuicio sino amputar de la vida sexual aquella dimensión que fue surgiendo en torno a ella a medida que la cultura y el desarrollo de las artes y las letras iban enriqueciéndola y convirtiéndola a ella misma en obra de arte. Sacar al sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública es, paradójicamente, no liberalizarlo sino regresarlo a los tiempos de la caverna, cuando las parejas no habían aprendido todavía a hacer el amor, solo a copular y ayuntarse, como los monos y los perros. La supuesta liberación del sexo, uno de los rasgos más acusados de la modernidad en las sociedades occidentales, dentro de la cual se inscribe esta idea de dar clases de masturbación en las escuelas, quizá consiga abolir ciertas ideas falsas y estúpidas sobre el onanismo. En buena hora. Pero también contribuirá a asestar otra puñalada al erotismo y, acaso, a abolirlo. ¿Quién saldrá ganando? No los libertarios ni los libertinos, sino los puritanos y las iglesias. Y continuará el empobrecimiento y banalización del amor que caracteriza a nuestra época.
La idea de los talleres de masturbación es un nuevo eslabón en el movimiento que, para ponerle una fecha de nacimiento, comenzó en París, en mayo de 1968, y pretende poner fin a todos los obstáculos y prevenciones, de carácter religioso e ideológico, que, desde tiempos inveterados, han reprimido la vida sexual provocando innumerables sufrimientos, sobre todo a las mujeres y a las minorías sexuales, así como frustración, neurosis y desequilibrios psíquicos de todo orden en quienes, debido a la rigidez de la moral reinante, se han visto discriminados, censurados y condenados a una insegura clandestinidad.
Este movimiento ha tenido muy saludables consecuencias, desde luego, en los países occidentales, aunque en otras culturas ha exacerbado las prohibiciones y represiones. El mito y culto de la virginidad que pesaban como una lápida sobre la mujer se han evaporado por fortuna y gracias a ello y a la generalización del uso de la píldora las mujeres gozan hoy, si no exactamente de la misma libertad que los hombres, al menos de un margen de libertad sexual infinitamente más ancho que sus abuelas y bisabuelas y que sus congéneres de los países musulmanes y tercermundistas. De otro lado, aunque sin desaparecer del todo, han ido reduciéndose los prejuicios y anatemas y las disposiciones legales que hasta hace pocos años penaban la homosexualidad y la consideraban una “práctica perversa”. Poco a poco va admitiéndose en los países occidentales el matrimonio entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que los de las parejas heterosexuales, incluido el de adoptar niños. Y, también, de manera paulatina, va extendiéndose la idea de que, en materia sexual, lo que hagan o dejen de hacer entre ellos los adultos en uso de razón y decisión, es prerrogativa suya y nadie, empezando por el Estado, debe inmiscuirse en el asunto.
Todo esto constituye un progreso, por supuesto. Pero es un error creer, como los promotores de este movimiento liberador, que, desacralizándolo, desvistiéndolo de las veladuras y rituales que lo acompañan desde hace siglos, desapareciendo de su práctica toda forma de transgresión, el sexo pasará a ser una práctica sana y normal en la ciudad.
El sexo solo es sano y normal entre los animales y las plantas. Lo fue entre nosotros, los bípedos, cuando aún no eramos humanos del todo, es decir, cuando el sexo era en nosotros desfogue del instinto y poco más que eso, una descarga física de energía que garantizaba la reproducción. La desanimalización de la especie fue un largo y complicado proceso y en él tuvo un papel decisivo la lenta aparición del individuo soberano, su emancipación de la tribu, con tendencias, disposiciones, designios, anhelos, deseos que lo diferenciaban de los demás y lo constituían como ser único e intransferible. El sexo desempeñó un papel protagónico en la creación del individuo soberano y, como mostró con más lucidez que nadie el genio de Freud, en ese dominio, el más íntimo y privado de la soberanía individual, es donde se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad, lo que nos pertenece como propio y nos hace diferentes de los otros. Ese es un dominio privado y secreto y debería seguir siéndolo si no queremos cegar una de las fuentes más intensas del placer y de la creatividad, es decir, de la civilización.
George Bataille no se equivocaba cuando alertó contra los riesgos de una permisividad desenfrenada en materia sexual. La desaparición de los prejuicios no puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó. Con sexo público, sano y normal la vida podría volverse infinitamente más aburrida, mediocre y violenta de lo que es.
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Por: Mario Vargas Llosa
Hace algún tiempo hubo un pequeño alboroto mediático en España al descubrirse que la Junta de Gobierno de Extremadura, en manos de los socialistas, había organizado, dentro de su plan de educación sexual de los escolares, unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los 14 años, campaña a la que bautizó, no sin picardía, El Placer Está en tus Manos.
Ante las protestas de algunos contribuyentes de que se invirtiera de este modo el dinero de los impuestos, los voceros de la junta alegaron que la educación sexual de los niños era indispensable para “prevenir embarazos no deseados” y que, por lo tanto, las clases de masturbación servirían para “evitar males mayores”. En la polémica que el asunto provocó, la Junta de Extremadura recibió las felicitaciones y el apoyo de la Junta de Andalucía, cuya consejera de Igualdad y Bienestar, Micaela Navarro, anunció que aquella iniciativa era importante y que en Andalucía comenzará en breve el lanzamiento de una campaña similar a la extremeña. De otro lado, un intento de acabar con los talleres de masturbación mediante una acción judicial que intentó una organización afín al Partido Popular y bautizada —con no menos chispa— Manos Limpias fracasó estrepitosamente, pues la Fiscalía del Tribunal de Justicia de Extremadura no dio curso a la denuncia y la archivó.
¡A masturbarse, pues, niños y niñas del mundo! Cuánta agua ha corrido en este viejísimo planeta que todavía nos soporta a los humanos, desde que, en mi niñez, los padres salesianos y los hermanos de La Salle —dos colegios en los que estudié la primaria— nos asustaban con el espantajo de que los “malos tocamientos” producían la ceguera, la tuberculosis y la imbecilidad. Ahora, seis décadas después, ¡clases de paja en las escuelas! Eso se llama progreso, señores. ¿Lo es, de veras?
La curiosidad, no la maledicencia, me acribilla el cerebro de preguntas. ¿Pondrán notas? ¿Tomarán exámenes? ¿Los talleres serán solo teóricos o también prácticos? ¿Qué proezas tendrán que realizar el alumno y la alumna para sacar la nota de excelencia y qué fiascos para ser desaprobados? ¿Dependerá de la cantidad de conocimientos que su memoria retenga o de la velocidad, cantidad y consistencia de los orgasmos que produzca la destreza táctil de chicos y chicas? No son bromas. Si se tiene la audacia de abrir talleres para iluminar a la puericia en las artes y técnicas de la masturbación, todas ellas son perfectamente pertinentes.
Diré de entrada que no tengo el menor reparo moral que oponer a la iniciativa El Placer Está en tus Manos de la Junta de Extremadura. Reconozco las buenas intenciones que la animan y admito, incluso, que, mediante campañas de esta índole no es imposible que disminuyan los embarazos no queridos. Mi crítica es de índole sensual y sexual. Me temo que en vez de liberar a los niños de las supersticiones, mentiras y prejuicios que tradicionalmente han rodeado al sexo, iniciativas como la de los talleres de masturbación lo trivialicen de tal modo que acaben por convertirlo en un ejercicio sin misterio, disociado del sentimiento y la pasión, privando de este modo a las futuras generaciones de una fuente de placer que ha irrigado hasta ahora de manera fecunda la imaginación y la creatividad de los seres humanos.
La masturbación no necesita ser enseñada, ella se descubre en la intimidad y es uno de los quehaceres humanos que funda la vida privada y va desgajando al niño, a la niña, de su entorno familiar, individualizándolos y sensibilizándolos gracias al mundo secreto de los deseos, e instruyéndolos sobre asuntos capitales como lo sagrado, el mito, el tabú, el cuerpo y el placer. Por eso, destruir los ritos privados y acabar con la discreción y el pudor que han acompañado al sexo no es combatir un prejuicio sino amputar de la vida sexual aquella dimensión que fue surgiendo en torno a ella a medida que la cultura y el desarrollo de las artes y las letras iban enriqueciéndola y convirtiéndola a ella misma en obra de arte. Sacar al sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública es, paradójicamente, no liberalizarlo sino regresarlo a los tiempos de la caverna, cuando las parejas no habían aprendido todavía a hacer el amor, solo a copular y ayuntarse, como los monos y los perros. La supuesta liberación del sexo, uno de los rasgos más acusados de la modernidad en las sociedades occidentales, dentro de la cual se inscribe esta idea de dar clases de masturbación en las escuelas, quizá consiga abolir ciertas ideas falsas y estúpidas sobre el onanismo. En buena hora. Pero también contribuirá a asestar otra puñalada al erotismo y, acaso, a abolirlo. ¿Quién saldrá ganando? No los libertarios ni los libertinos, sino los puritanos y las iglesias. Y continuará el empobrecimiento y banalización del amor que caracteriza a nuestra época.
La idea de los talleres de masturbación es un nuevo eslabón en el movimiento que, para ponerle una fecha de nacimiento, comenzó en París, en mayo de 1968, y pretende poner fin a todos los obstáculos y prevenciones, de carácter religioso e ideológico, que, desde tiempos inveterados, han reprimido la vida sexual provocando innumerables sufrimientos, sobre todo a las mujeres y a las minorías sexuales, así como frustración, neurosis y desequilibrios psíquicos de todo orden en quienes, debido a la rigidez de la moral reinante, se han visto discriminados, censurados y condenados a una insegura clandestinidad.
Este movimiento ha tenido muy saludables consecuencias, desde luego, en los países occidentales, aunque en otras culturas ha exacerbado las prohibiciones y represiones. El mito y culto de la virginidad que pesaban como una lápida sobre la mujer se han evaporado por fortuna y gracias a ello y a la generalización del uso de la píldora las mujeres gozan hoy, si no exactamente de la misma libertad que los hombres, al menos de un margen de libertad sexual infinitamente más ancho que sus abuelas y bisabuelas y que sus congéneres de los países musulmanes y tercermundistas. De otro lado, aunque sin desaparecer del todo, han ido reduciéndose los prejuicios y anatemas y las disposiciones legales que hasta hace pocos años penaban la homosexualidad y la consideraban una “práctica perversa”. Poco a poco va admitiéndose en los países occidentales el matrimonio entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que los de las parejas heterosexuales, incluido el de adoptar niños. Y, también, de manera paulatina, va extendiéndose la idea de que, en materia sexual, lo que hagan o dejen de hacer entre ellos los adultos en uso de razón y decisión, es prerrogativa suya y nadie, empezando por el Estado, debe inmiscuirse en el asunto.
Todo esto constituye un progreso, por supuesto. Pero es un error creer, como los promotores de este movimiento liberador, que, desacralizándolo, desvistiéndolo de las veladuras y rituales que lo acompañan desde hace siglos, desapareciendo de su práctica toda forma de transgresión, el sexo pasará a ser una práctica sana y normal en la ciudad.
El sexo solo es sano y normal entre los animales y las plantas. Lo fue entre nosotros, los bípedos, cuando aún no eramos humanos del todo, es decir, cuando el sexo era en nosotros desfogue del instinto y poco más que eso, una descarga física de energía que garantizaba la reproducción. La desanimalización de la especie fue un largo y complicado proceso y en él tuvo un papel decisivo la lenta aparición del individuo soberano, su emancipación de la tribu, con tendencias, disposiciones, designios, anhelos, deseos que lo diferenciaban de los demás y lo constituían como ser único e intransferible. El sexo desempeñó un papel protagónico en la creación del individuo soberano y, como mostró con más lucidez que nadie el genio de Freud, en ese dominio, el más íntimo y privado de la soberanía individual, es donde se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad, lo que nos pertenece como propio y nos hace diferentes de los otros. Ese es un dominio privado y secreto y debería seguir siéndolo si no queremos cegar una de las fuentes más intensas del placer y de la creatividad, es decir, de la civilización.
George Bataille no se equivocaba cuando alertó contra los riesgos de una permisividad desenfrenada en materia sexual. La desaparición de los prejuicios no puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó. Con sexo público, sano y normal la vida podría volverse infinitamente más aburrida, mediocre y violenta de lo que es.
Interesante editorial de EL PAIS (España) del 24 de marzo de 2010 en torno a la decisión de Google de no seguir censurando sus búsquedas en China.
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Por: Diario EL PAIS
La decisión de Google de no seguir censurando sus búsquedas en China va a tener imprevisibles consecuencias. De entrada, compromete al Gobierno de Pekín. En lugar de conseguir, como hasta ahora, que sea la empresa la que haga el trabajo sucio en un ejercicio de autocensura, serán las propias autoridades chinas las que deberán tomarse la molestia de censurar todo lo que no quieren que circule a través de Google. No hay duda de que no se les van a caer los anillos por hacerlo.
Pero en Estados Unidos este conflicto no se contempla sólo como un atentado más a la libertad de expresión, sino, también, como un entorpecimiento a la actividad comercial de sus compañías. Washington ya ha advertido que puede llevar el caso a la Organización Mundial del Comercio. La Cámara de Comercio Americana en Pekín detectó en una encuesta que las compañías norteamericanas temen una erosión de sus ventas en China debido a nuevos protocolos en la compra pública de material tecnológico. Pekín los defiende alegando que son para proteger a la industria local, pero puede sonar a represalia.
China ha desplegado una trasnochada artillería anticolonialista para combatir a Google. Dudando de que su decisión sea sólida, ha recordado que el fabricante de tejanos Levi-Strauss abandonó el país alegando violaciones de los Derechos Humanos pero regresó en 2008.
Google sigue teniendo intereses comerciales en aquel país y puede ser castigada por lo sucedido. Algunos analistas, contemplando sólo el aspecto comercial y empresarial del conflicto, consideran que se trata de una decisión poco arriesgada en el corto plazo -Google en China representa como máximo el 2% de los ingresos de la compañía-, pero "sin sentido" en el largo plazo y en un mercado de búsquedas que crece el 40% anual.
Con su decisión, Google logra varios objetivos. Además de ganar el aprecio de los internautas que defienden una Red libre y dejar en pésimo lugar a sus colegas, que siguen sumisos los dictados del Gobierno local, envía un mensaje positivo: la fortaleza de las grandes corporaciones no sirve únicamente para adueñarse del mercado. Pero Google, a la vez, abandona parcialmente China porque necesita un Internet seguro para defender la nube de la Red. Se trata de que los internautas, personas o corporaciones, en lugar de guardar sus archivos en el ordenador, lo hagan en servicios albergados en Internet. Así, sus documentos siempre están accesibles desde cualquier máquina. Y el último ciberataque que sufrió en aquel país y que afectó a una treintena de empresas daba una imagen demasiado frágil y vulnerable de esta nube.
Internet, para ser plenamente provechoso tanto para la ciudadanía como para las empresas, debe ser libre. Es preocupante que haya dictaduras que puedan seguir prescindiendo de esta Red tal y como fue concebida. Este conflicto demuestra, tristemente, que hay países empeñados en conseguirlo.
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Por: Diario EL PAIS
La decisión de Google de no seguir censurando sus búsquedas en China va a tener imprevisibles consecuencias. De entrada, compromete al Gobierno de Pekín. En lugar de conseguir, como hasta ahora, que sea la empresa la que haga el trabajo sucio en un ejercicio de autocensura, serán las propias autoridades chinas las que deberán tomarse la molestia de censurar todo lo que no quieren que circule a través de Google. No hay duda de que no se les van a caer los anillos por hacerlo.
Pero en Estados Unidos este conflicto no se contempla sólo como un atentado más a la libertad de expresión, sino, también, como un entorpecimiento a la actividad comercial de sus compañías. Washington ya ha advertido que puede llevar el caso a la Organización Mundial del Comercio. La Cámara de Comercio Americana en Pekín detectó en una encuesta que las compañías norteamericanas temen una erosión de sus ventas en China debido a nuevos protocolos en la compra pública de material tecnológico. Pekín los defiende alegando que son para proteger a la industria local, pero puede sonar a represalia.
China ha desplegado una trasnochada artillería anticolonialista para combatir a Google. Dudando de que su decisión sea sólida, ha recordado que el fabricante de tejanos Levi-Strauss abandonó el país alegando violaciones de los Derechos Humanos pero regresó en 2008.
Google sigue teniendo intereses comerciales en aquel país y puede ser castigada por lo sucedido. Algunos analistas, contemplando sólo el aspecto comercial y empresarial del conflicto, consideran que se trata de una decisión poco arriesgada en el corto plazo -Google en China representa como máximo el 2% de los ingresos de la compañía-, pero "sin sentido" en el largo plazo y en un mercado de búsquedas que crece el 40% anual.
Con su decisión, Google logra varios objetivos. Además de ganar el aprecio de los internautas que defienden una Red libre y dejar en pésimo lugar a sus colegas, que siguen sumisos los dictados del Gobierno local, envía un mensaje positivo: la fortaleza de las grandes corporaciones no sirve únicamente para adueñarse del mercado. Pero Google, a la vez, abandona parcialmente China porque necesita un Internet seguro para defender la nube de la Red. Se trata de que los internautas, personas o corporaciones, en lugar de guardar sus archivos en el ordenador, lo hagan en servicios albergados en Internet. Así, sus documentos siempre están accesibles desde cualquier máquina. Y el último ciberataque que sufrió en aquel país y que afectó a una treintena de empresas daba una imagen demasiado frágil y vulnerable de esta nube.
Internet, para ser plenamente provechoso tanto para la ciudadanía como para las empresas, debe ser libre. Es preocupante que haya dictaduras que puedan seguir prescindiendo de esta Red tal y como fue concebida. Este conflicto demuestra, tristemente, que hay países empeñados en conseguirlo.
Comentario de Paul Krugman, aparecido en el Diario El País el 21 de marzo de 2010 sobre China y su infravaloración de su moneda.
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Por: Paul Krugman
Las tensiones respecto a la política económica china están aumentando, y con razón: la política de China de mantener infravalorada su divisa, el renminbi, se ha convertido en un lastre considerable para la recuperación económica global. Hay que hacer algo.
La política de mantener infravalorado el renminbi es un lastre para la recuperación global
Para que se hagan una idea de la magnitud del problema: las quejas generalizadas de que China manipula su divisa (vendiendo renminbis y comprando divisas extranjeras para mantener el renminbi débil y las exportaciones chinas artificialmente competitivas) comenzaron en 2003. En aquel momento, China añadía unos 10.000 millones de dólares mensuales a sus reservas, y en 2003 tenía un superávit por cuenta corriente de 46.000 millones de dólares.
Actualmente, China añade más de 30.000 millones de dólares al mes a sus reservas de 2,4 billones de dólares. El Fondo Monetario Internacional calcula que China tendrá un superávit en 2010 de más de 450.000 millones de dólares, 10 veces la cifra de 2003. Ésta es la política de tipo de cambio más distorsionadora que cualquier país importante ha llevado a cabo jamás.
Y es una política que perjudica gravemente al resto del mundo. La mayoría de las grandes economías del mundo están atrapadas en una trampa de liquidez: profundamente deprimidas, pero incapaces de generar una recuperación mediante el recorte de los tipos de interés porque los tipos relevantes ya están casi en cero. China, al haber maquinado un superávit comercial injustificado, está en realidad aplicando un antiestímulo a estas economías que no pueden compensar.
Entonces, ¿cómo deberíamos reaccionar? En primer lugar, el Departamento del Tesoro de EE UU tiene que dejar de escurrir el bulto y de confundir.
De acuerdo con la ley, el Tesoro debe emitir dos veces al año un informe que identifique a las naciones que "manipulan el tipo de cambio entre su divisa y el dólar estadounidense con objeto de impedir ajustes efectivos de la balanza de pagos u obtener una ventaja competitiva injusta en el comercio internacional". El objetivo de la ley es claro: el informe debería ser una determinación de los hechos, no una declaración política. En la práctica, sin embargo, el Tesoro no se ha mostrado dispuesto a tomar medidas respecto al renminbi ni a hacer lo que la ley exige, es decir, explicar al Congreso por qué no está tomando medidas. En cambio, se ha pasado los últimos seis o siete años haciendo como que no veía lo obvio.
¿Continuará esta tradición el próximo informe, previsto para el 15 de abril? Permanezcan atentos a sus pantallas.
Si el Tesoro concluye que China ha manipulado la divisa, ¿qué pasará entonces? En cuanto a esto, tenemos que dejar atrás un error de apreciación común: la opinión de que China nos tiene cogidos por donde más duele, porque no nos atrevemos a provocar a China para que se deshaga de sus activos en dólares.
Lo que se debe uno preguntar es qué ocurriría si China intentara vender una gran cantidad de sus activos en dólares. ¿Se dispararían los tipos de interés? A corto plazo, los tipos de interés de EE UU no cambiarían: la Reserva Federal los mantiene a un nivel cercano a cero y no los aumentará hasta que la tasa de paro disminuya. Es posible que los tipos a largo plazo suban ligeramente, pero éstos vienen determinados en gran medida por las expectativas del mercado respecto a los futuros tipos a corto plazo. Además, la Reserva Federal podría compensar cualquier efecto que una retirada china pudiera tener sobre los tipos de interés mediante un aumento de sus compras de bonos a largo plazo.
Es cierto que si China se deshiciera de sus activos en dólares, el valor del dólar caería respecto al de otras divisas importantes, como el euro. Pero eso sería bueno para EE UU, dado que haría que nuestros productos se volvieran más competitivos y reduciría nuestro déficit comercial. Por otro lado, sería malo para China, que sufriría grandes pérdidas en sus reservas de dólares. En resumen, en estos momentos es EE UU quien tiene a China cogida por donde más duele, y no al revés.
Así que no tenemos ninguna razón para temer a China. Pero ¿qué deberíamos hacer?
Hay quien insiste en sostener que debemos razonar con tacto con China, no enfrentarnos a ella. Pero llevamos años razonando con China, mientras su excedente se hinchaba, y no nos ha llevado a ningún sitio: el domingo, Wen Jiabao, primer ministro chino, declaró (absurdamente) que la divisa de su nación no está infravalorada (el Instituto de Economía Internacional Peterson calcula que el renminbi está infravalorado entre un 20% y un 40%). Y Wen acusó a otras naciones de hacer lo que en realidad hace China: intentar debilitar sus divisas "con el único fin de aumentar sus exportaciones".
Sin embargo, si la lógica pura no funciona, ¿cuál es la alternativa? En 1971, EE UU lidió con un problema similar, pero mucho menos grave, de infravaloración mediante la imposición de un recargo temporal del 10% a las importaciones, que se eliminó unos meses más tarde después de que Alemania, Japón y otras naciones aumentaran el valor en dólares de sus divisas. A estas alturas resulta difícil imaginar que China vaya a cambiar sus políticas a menos que se enfrente a la amenaza de una medida similar, excepto por el hecho de que esta vez el recargo tendría que ser mucho mayor, digamos del 25%.
No estoy proponiendo a la ligera este giro a la política dura. Pero la política de divisas de China está agravando considerablemente los problemas económicos del mundo en un momento en el que esos problemas son ya muy graves de por sí. Es hora de hacerle frente. -
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Por: Paul Krugman
Las tensiones respecto a la política económica china están aumentando, y con razón: la política de China de mantener infravalorada su divisa, el renminbi, se ha convertido en un lastre considerable para la recuperación económica global. Hay que hacer algo.
La política de mantener infravalorado el renminbi es un lastre para la recuperación global
Para que se hagan una idea de la magnitud del problema: las quejas generalizadas de que China manipula su divisa (vendiendo renminbis y comprando divisas extranjeras para mantener el renminbi débil y las exportaciones chinas artificialmente competitivas) comenzaron en 2003. En aquel momento, China añadía unos 10.000 millones de dólares mensuales a sus reservas, y en 2003 tenía un superávit por cuenta corriente de 46.000 millones de dólares.
Actualmente, China añade más de 30.000 millones de dólares al mes a sus reservas de 2,4 billones de dólares. El Fondo Monetario Internacional calcula que China tendrá un superávit en 2010 de más de 450.000 millones de dólares, 10 veces la cifra de 2003. Ésta es la política de tipo de cambio más distorsionadora que cualquier país importante ha llevado a cabo jamás.
Y es una política que perjudica gravemente al resto del mundo. La mayoría de las grandes economías del mundo están atrapadas en una trampa de liquidez: profundamente deprimidas, pero incapaces de generar una recuperación mediante el recorte de los tipos de interés porque los tipos relevantes ya están casi en cero. China, al haber maquinado un superávit comercial injustificado, está en realidad aplicando un antiestímulo a estas economías que no pueden compensar.
Entonces, ¿cómo deberíamos reaccionar? En primer lugar, el Departamento del Tesoro de EE UU tiene que dejar de escurrir el bulto y de confundir.
De acuerdo con la ley, el Tesoro debe emitir dos veces al año un informe que identifique a las naciones que "manipulan el tipo de cambio entre su divisa y el dólar estadounidense con objeto de impedir ajustes efectivos de la balanza de pagos u obtener una ventaja competitiva injusta en el comercio internacional". El objetivo de la ley es claro: el informe debería ser una determinación de los hechos, no una declaración política. En la práctica, sin embargo, el Tesoro no se ha mostrado dispuesto a tomar medidas respecto al renminbi ni a hacer lo que la ley exige, es decir, explicar al Congreso por qué no está tomando medidas. En cambio, se ha pasado los últimos seis o siete años haciendo como que no veía lo obvio.
¿Continuará esta tradición el próximo informe, previsto para el 15 de abril? Permanezcan atentos a sus pantallas.
Si el Tesoro concluye que China ha manipulado la divisa, ¿qué pasará entonces? En cuanto a esto, tenemos que dejar atrás un error de apreciación común: la opinión de que China nos tiene cogidos por donde más duele, porque no nos atrevemos a provocar a China para que se deshaga de sus activos en dólares.
Lo que se debe uno preguntar es qué ocurriría si China intentara vender una gran cantidad de sus activos en dólares. ¿Se dispararían los tipos de interés? A corto plazo, los tipos de interés de EE UU no cambiarían: la Reserva Federal los mantiene a un nivel cercano a cero y no los aumentará hasta que la tasa de paro disminuya. Es posible que los tipos a largo plazo suban ligeramente, pero éstos vienen determinados en gran medida por las expectativas del mercado respecto a los futuros tipos a corto plazo. Además, la Reserva Federal podría compensar cualquier efecto que una retirada china pudiera tener sobre los tipos de interés mediante un aumento de sus compras de bonos a largo plazo.
Es cierto que si China se deshiciera de sus activos en dólares, el valor del dólar caería respecto al de otras divisas importantes, como el euro. Pero eso sería bueno para EE UU, dado que haría que nuestros productos se volvieran más competitivos y reduciría nuestro déficit comercial. Por otro lado, sería malo para China, que sufriría grandes pérdidas en sus reservas de dólares. En resumen, en estos momentos es EE UU quien tiene a China cogida por donde más duele, y no al revés.
Así que no tenemos ninguna razón para temer a China. Pero ¿qué deberíamos hacer?
Hay quien insiste en sostener que debemos razonar con tacto con China, no enfrentarnos a ella. Pero llevamos años razonando con China, mientras su excedente se hinchaba, y no nos ha llevado a ningún sitio: el domingo, Wen Jiabao, primer ministro chino, declaró (absurdamente) que la divisa de su nación no está infravalorada (el Instituto de Economía Internacional Peterson calcula que el renminbi está infravalorado entre un 20% y un 40%). Y Wen acusó a otras naciones de hacer lo que en realidad hace China: intentar debilitar sus divisas "con el único fin de aumentar sus exportaciones".
Sin embargo, si la lógica pura no funciona, ¿cuál es la alternativa? En 1971, EE UU lidió con un problema similar, pero mucho menos grave, de infravaloración mediante la imposición de un recargo temporal del 10% a las importaciones, que se eliminó unos meses más tarde después de que Alemania, Japón y otras naciones aumentaran el valor en dólares de sus divisas. A estas alturas resulta difícil imaginar que China vaya a cambiar sus políticas a menos que se enfrente a la amenaza de una medida similar, excepto por el hecho de que esta vez el recargo tendría que ser mucho mayor, digamos del 25%.
No estoy proponiendo a la ligera este giro a la política dura. Pero la política de divisas de China está agravando considerablemente los problemas económicos del mundo en un momento en el que esos problemas son ya muy graves de por sí. Es hora de hacerle frente. -
Va una interesante entrevista realizada a Rosemary Thorpe (catedrática de Economía de América Latina en la Universidad de Oxford-Inglaterra) por Luis Davelouis Lengua, para el Diario EL COMERCIO del sábado 20 de Marzo del 2010
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Por: Luis Davelois
De todos los economistas que han visitado y se han maravillado con el Perú, , ha sido de las primeras en interpretar la realidad económica del Perú dentro de un contexto político, cultural y social rara vez visto.
La situación económica del Perú es bastante buena comparada con la de otros países tras la crisis. ¿Cómo explicar entonces que se mantengan estas tremendas diferencias sociales y económicas tras un ciclo económico tan favorable?
El problema, precisamente, es que hay muchas más aristas que solo la económica para explicar estas diferencias que persisten. También las hay de tipo político, social y cultural. Además, si miramos el largo plazo y cómo se han desenvuelto los ciclos económicos, entonces no tenemos por qué estar tan entusiastas.
Nos está yendo bastante bien, según la gran mayoría de analistas…
Pero todavía hay una muy fuerte dependencia del sector externo debido principalmente a que la economía está basada en la exportación de materias primas; como ha venido siendo en los últimos 50 o 100 años. Y eso configura un escenario peligroso…
¿Peligroso…?
Así es. Porque genera expectativas no muy realistas y una euforia basada en que eso se puede mantener y genera una ceguera frente a los aspectos no tan favorables. En inglés decimos “cuando hay sol no necesitas el techo, para cuando llueve ya no puedes arreglarlo”.
¿Y a qué se debe?
¡Uy! [risas] son muchos factores, pero quizá hay dos que lo explican mejor: la inestabilidad política y social, y la mala distribución de los ingresos, que también es fuente de esa inestabilidad. Es el problema de economías con modelos de exportación primaria, algo que se conoce como la “maldición de los recursos” [resource curse] y que se repite en todos los países con este modelo.
¿Me lo puede explicar?
La mala distribución de los ingresos en el Perú está dada, en parte, por la gran incapacidad de muchas instancias de gobierno de absorber y utilizar los recursos que le reporta el canon minero, por ejemplo. Eso genera descontento entre la población, que no ve sus expectativas satisfechas y ello, a su vez, crea inestabilidad política y social. Con eso también tiene que ver la calidad del crecimiento basado en la exportación de minerales y que las grandes actividades económicas estén en la costa. Las minas son enclaves en la sierra que se relacionan muy poco con su entorno y entonces la riqueza que generan no se distribuye. Es más, parece lógico que dado que extraer minerales es más fácil y genera ingresos…
¿Se desincentivan otras actividades económicas?
Sí, eso es parte de la maldición de los recursos, se desincentivan otras actividades y el Estado mismo no invierte en cambiarlo. Pero hay otras aristas que se entretejen en este tema y una de ellas es la exclusión doble [la sierra y la selva y, dentro de ellas, las poblaciones rurales más pobres] que tiene condiciones múltiples: política, cultural, social y económica. Así, la situación se reproduce a sí misma y las brechas económicas y de todo tipo se van haciendo más y más grandes. Es una tendencia perversa que vemos por el manejo de los recursos en algunos casos porque es más fácil que crear un mercado interno, por ejemplo…
Eso genera una gran desigualdad…
Así es y, según estudios, en más de 55 países la desigualdad entre grupos y la violencia tiene una correlación muy alta…
¿Y cómo hacemos?
Ese es el problema de las economías basadas en el modelo extractivo. Por eso el canon minero, por ejemplo, sirve para comprar paz más que para atender los problemas estructurales de falta de capacidades o de oportunidades. No soluciona nada porque lo que es realmente necesario atender no se toca.
¿Y eso es un vicio del modelo económico mismo o de las personas o instituciones que lo gestionan?
Yo creo que hay muy buenas intenciones, pero sí, creo que es el problema de un modelo que no se ocupa de atender la exclusión de la que hablábamos en un principio. Y eso viene desde hace mucho tiempo, desde la Colonia, en que se consideraba a los indígenas casi no humanos porque no eran cristianos. La discriminación racial ha terminado por internalizar complejos de inferioridad y una gran contradicción: muchos quieren salir de sus pueblos para ascender a una cultura blanca y al mismo tiempo anhelan su lugar de origen. La minería genera un problema de distribución muy difícil de solucionar.
Aquí solemos culpar al régimen del general Velasco Alvarado por los años que perdimos en materia económica. Usted ha estudiado la economía peruana desde antes de 1900. ¿Es correcto afirmar aquello?
Es muy complicado de comentar… [risas] Yo creo que a la luz de la historia, el período del general Velasco es una gran oportunidad perdida, pues intentó cambiar las estructuras pero sin entendimiento ni capacidad adecuadas para conseguir las metas. Pero no es justo tampoco querer atribuir el comienzo de los problemas a Velasco. De hecho, los problemas en las instituciones y en la sociedad que él quiso solucionar ya existían entonces. Y siguen existiendo
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Por: Luis Davelois
De todos los economistas que han visitado y se han maravillado con el Perú, , ha sido de las primeras en interpretar la realidad económica del Perú dentro de un contexto político, cultural y social rara vez visto.
La situación económica del Perú es bastante buena comparada con la de otros países tras la crisis. ¿Cómo explicar entonces que se mantengan estas tremendas diferencias sociales y económicas tras un ciclo económico tan favorable?
El problema, precisamente, es que hay muchas más aristas que solo la económica para explicar estas diferencias que persisten. También las hay de tipo político, social y cultural. Además, si miramos el largo plazo y cómo se han desenvuelto los ciclos económicos, entonces no tenemos por qué estar tan entusiastas.
Nos está yendo bastante bien, según la gran mayoría de analistas…
Pero todavía hay una muy fuerte dependencia del sector externo debido principalmente a que la economía está basada en la exportación de materias primas; como ha venido siendo en los últimos 50 o 100 años. Y eso configura un escenario peligroso…
¿Peligroso…?
Así es. Porque genera expectativas no muy realistas y una euforia basada en que eso se puede mantener y genera una ceguera frente a los aspectos no tan favorables. En inglés decimos “cuando hay sol no necesitas el techo, para cuando llueve ya no puedes arreglarlo”.
¿Y a qué se debe?
¡Uy! [risas] son muchos factores, pero quizá hay dos que lo explican mejor: la inestabilidad política y social, y la mala distribución de los ingresos, que también es fuente de esa inestabilidad. Es el problema de economías con modelos de exportación primaria, algo que se conoce como la “maldición de los recursos” [resource curse] y que se repite en todos los países con este modelo.
¿Me lo puede explicar?
La mala distribución de los ingresos en el Perú está dada, en parte, por la gran incapacidad de muchas instancias de gobierno de absorber y utilizar los recursos que le reporta el canon minero, por ejemplo. Eso genera descontento entre la población, que no ve sus expectativas satisfechas y ello, a su vez, crea inestabilidad política y social. Con eso también tiene que ver la calidad del crecimiento basado en la exportación de minerales y que las grandes actividades económicas estén en la costa. Las minas son enclaves en la sierra que se relacionan muy poco con su entorno y entonces la riqueza que generan no se distribuye. Es más, parece lógico que dado que extraer minerales es más fácil y genera ingresos…
¿Se desincentivan otras actividades económicas?
Sí, eso es parte de la maldición de los recursos, se desincentivan otras actividades y el Estado mismo no invierte en cambiarlo. Pero hay otras aristas que se entretejen en este tema y una de ellas es la exclusión doble [la sierra y la selva y, dentro de ellas, las poblaciones rurales más pobres] que tiene condiciones múltiples: política, cultural, social y económica. Así, la situación se reproduce a sí misma y las brechas económicas y de todo tipo se van haciendo más y más grandes. Es una tendencia perversa que vemos por el manejo de los recursos en algunos casos porque es más fácil que crear un mercado interno, por ejemplo…
Eso genera una gran desigualdad…
Así es y, según estudios, en más de 55 países la desigualdad entre grupos y la violencia tiene una correlación muy alta…
¿Y cómo hacemos?
Ese es el problema de las economías basadas en el modelo extractivo. Por eso el canon minero, por ejemplo, sirve para comprar paz más que para atender los problemas estructurales de falta de capacidades o de oportunidades. No soluciona nada porque lo que es realmente necesario atender no se toca.
¿Y eso es un vicio del modelo económico mismo o de las personas o instituciones que lo gestionan?
Yo creo que hay muy buenas intenciones, pero sí, creo que es el problema de un modelo que no se ocupa de atender la exclusión de la que hablábamos en un principio. Y eso viene desde hace mucho tiempo, desde la Colonia, en que se consideraba a los indígenas casi no humanos porque no eran cristianos. La discriminación racial ha terminado por internalizar complejos de inferioridad y una gran contradicción: muchos quieren salir de sus pueblos para ascender a una cultura blanca y al mismo tiempo anhelan su lugar de origen. La minería genera un problema de distribución muy difícil de solucionar.
Aquí solemos culpar al régimen del general Velasco Alvarado por los años que perdimos en materia económica. Usted ha estudiado la economía peruana desde antes de 1900. ¿Es correcto afirmar aquello?
Es muy complicado de comentar… [risas] Yo creo que a la luz de la historia, el período del general Velasco es una gran oportunidad perdida, pues intentó cambiar las estructuras pero sin entendimiento ni capacidad adecuadas para conseguir las metas. Pero no es justo tampoco querer atribuir el comienzo de los problemas a Velasco. De hecho, los problemas en las instituciones y en la sociedad que él quiso solucionar ya existían entonces. Y siguen existiendo
10/03/10: LA NECESIDAD DE CORAJE Y LEALTAD
Estimados amigos:
Hace unos días Jaime Bayly ha escrito una columna en el Diario Perú 21 que me parece brillante, se llamó "Coraje y Lealtad". Comparto lo que señala respecto a la necesidad humana de engrandecer el coraje y la lealtad. Lo publico en este blog en homenaje a mis amigos, los que me han demostrado coraje y lealtad.
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Por: Jaime Bayly
Con los años aprendes que las virtudes más elevadas, y tal vez por eso mismo infrecuentes, son el coraje y la lealtad.
Con los años comprendes que la inteligencia o la astucia es una virtud peligrosa de la que es preciso desconfiar. Por lo general, la gente inteligente y astuta no sabe ser leal y carece de coraje o cree ser prudente cuando, en realidad, es sólo cobarde, pusilánime, asustadiza...
No me interesa ya la gente inteligente, aun si posee una inteligencia superior, una mente brillante, si sé que esa persona me es desleal, que es pérfida porque no puede evitarlo, que no puedo confiar en ella porque me ha traicionado y, con toda probabilidad, volverá a hacerlo.
La gran virtud, la virtud por excelencia, la más noble y admirable de las virtudes humanas, es el coraje, si por coraje entendemos no la temeridad del idiota que ignora los riesgos que corre y decide correrlos sin advertirlos y cegado por su imbecilidad, sino el valor consciente y calculado del que, a sabiendas de los riesgos que enfrenta, no se deja intimidar por ellos y lo arriesga todo, aun la vida, por una causa noble, por una causa justa, por unos ideales.
No hay coraje, desde luego, en la fría ambición, en la ambición mezquina y egoísta. Sólo hay verdadero coraje cuando la empresa humana que se acomete está preñada de peligros no menores y es de una naturaleza noble y altruista. Sólo hay coraje cuando el que lo arriesga todo sabe que lo más probable es que lo pierda todo y, sin embargo, percibe la vida como una aventura que sólo tiene sentido si se la dota de una dimensión épica, de una textura poética no exenta de cierto arrojo torero.
Tengo para mí que la gloria personal sólo se alcanza cuando se posee coraje. La sabiduría, o cierta cuota de sabiduría o de comprensión de la naturaleza humana, es un triunfo reservado a los que, sintiendo miedo, se sobreponen al miedo y libran la batalla con menos miedo que coraje, o con tanto coraje que el miedo se nos olvida por un momento porque nos recuerda que es el lastre y el baldón que hunde y condena a los pusilánimes, a los mediocres, a los serviles y lambiscones, a esos sujetos que despreciamos y que jamás quisiéramos ser.
Siendo el coraje la gran virtud humana, aquella virtud que resulta indispensable para alcanzar el éxito cualquiera que sea la empresa que uno se proponga acometer (pues sólo triunfan los que son valientes en las buenas y en las malas, y son numerosos, incontables los que, siendo inteligentes e incluso muy inteligentes, se quedan a la mitad del camino por falta de garra, de firmeza, de determinación y espíritu combativo), no debemos menoscabar el magnífico valor de la lealtad, que es, en cierto modo, una forma de coraje, una forma no menor de coraje.
Todos hemos perdido amigos, y muchos de esos amigos eran inteligentes, brillantes, astutos, seguramente más inteligentes que muchos de nosotros, pero los hemos perdido porque tal o cual circunstancia adversa propició que esos amigos nos revelaran que no sabían ser leales, que no podían ser leales, que la lealtad era una noción que les resultaba ajena, extranjera. Desde luego, lamentamos haber perdido a esos amigos inteligentes y en ciertos casos brillantes, pero comprendemos que estaba escrito en el destino que esas amistades fuesen sólo pasajeras porque estaban envenenadas por el espíritu pérfido, felón, desleal que habitaba en aquellos amigos que nos traicionaron no porque nos quisieran menos, sino porque tal era su naturaleza, porque no sabían o no podían sernos leales, porque la lealtad es una virtud que resume o comprende una suma de no pocas cualidades: la humildad, la tolerancia, la grandeza de espíritu y el coraje para ser leales aun si el ejercicio de la lealtad nos pone en grave riesgo o nos resulta del todo inconveniente.
Sólo los sabios son en verdad humildes y sólo los leales son en verdad humildes y, en ambos casos, la humildad es entonces, y aunque no lo parezca, una forma asolapada del coraje, pues hay que tener coraje para entender que uno es bien poca cosa y siempre será más lo que se ignora que lo que se sabe y, también, hay que tener coraje para ser leal a sabiendas de que la lealtad es una forma de subordinarnos al amigo, de perdonarle sus defectos, sus miserias e imperfecciones, y de elegir un camino arduo, peligroso, al borde del despeñadero, sabiendo que es empinado y que, al recorrerlo, tal vez perderemos más de lo que ganaremos, pero que nos quedará, exhaustos al final, la sensación de grandeza o de gloria o la dimensión épica de que uno no vive para ganar siempre, sino para pelear por una causa noble (por ejemplo, la lealtad a un amigo) aun sabiendo que dicha pelea nos enredará en una maraña de problemas.
Digo todo esto porque con los años tiendo a desconfiar de los inteligentes y los taimados y los calculadores y los codiciosos; tiendo a desconfiar de los que convierten la vida en un negocio en el que todo debe someterse a un frío examen del costo y el beneficio; tiendo a desconfiar de los que sólo pelean las batallas que saben que con seguridad van a ganar y esquivan aquellas en las que reconocen que hay un alto riesgo de perder.
Digo todo esto porque con los años he aprendido a admirar a los nobles, a los valientes, a los soñadores, a los arrojados, a los altruistas, a los lunáticos, a los quijotescos, a los que pelean no las batallas que saben que van a ganar, sino las batallas que su sentido de la justicia les dicta que deben librar, no importa si en ellas se les va la vida, que nada es más glorioso que entregar la vida por una causa noble e incomprendida.
Digo todo esto porque los pocos amigos que me van quedando o los pocos amigos a los que ahora me aferro son aquellos que me han educado en el coraje y la lealtad, dos virtudes que sobrepasan largamente a todas las demás cualidades del espíritu y que algún día me gustaría que impregnasen los actos más importantes que animen lo que queda de mi existencia.
No sé si poseo todavía algo de coraje, no sé si he aprendido de mis buenos amigos el valor supremo de la lealtad, pero los que en las circunstancias más contrariadas me han demostrado coraje y lealtad, lealtad y coraje, son sin duda las personas que más admiro, las personas que necesito cerca de mí para aprender de ellas, de su sabiduría, de su grandeza de espíritu, y para, con suerte, aprehender de ellas un poco de coraje y otro de lealtad.
No guardo rencor a los traidores ni a los cobardes: tal es su naturaleza, tal su destino menor. Tal vez el coraje consiste también en comprender y perdonar a los cobardes y a los desleales, en mirarlos con la compasión que sólo poseen quienes son de verdad sabios; es decir, quienes son de verdad leales y valientes incluso con quienes no lo merecen.
Que el poco tiempo que me quede por vivir (siempre es minúsculo el tiempo que nos queda por vivir, si comprendemos la inmensidad de la historia que nos antecede, sólo que rara vez lo advertimos a tiempo) me permita demostrarles a mis hijas, las dos causas más nobles y justas de mi existencia, que las grandes pulsiones que animan las batallas que elijo librar o que me resigno a librar, aun sabiendo que las perderé o que perderé en ellas la vida, son el coraje y la lealtad, la lealtad y el coraje, dos maneras de entender la vida como una batalla que sabes de antemano que vas a perder, pero que, sin embargo, quieres pelear limpiamente, con arrojo, con dignidad, con el aplomo del torero que comprende que está en su destino morir en la arena y espera la muerte con la serena resignación del que reconoce que no por saber perdida la batalla no ha de pelearla con coraje y lealtad y con un cierto desplante torero que no es ajeno al miedo, pero que derrota al miedo o lo empequeñece porque lo que prevalece en aquel momento crucial es la certeza de que una vida vivida sin coraje es una vida ínfima, menor.
Que no me tiemblen las piernas cuando venga la bestia a cogerme, revolcarme y matarme. Y que sólo me acompañen los que me educaron en la lealtad y el coraje. Y que sean ellos los que me vean morir, y que sean ellos los que, con suerte, consigan reconocer que mi muerte es un testimonio tardío e insuficiente de coraje y lealtad hacia ellos, los que me quisieron en las buenas y en las malas, pero sobre todo en las malas, y los que pusieron el pecho cuando llovían las balas, y los que hubieran preferido dar la vida por mí, pero entendieron que era sólo justo que fuese yo quien la entregase por ellos.
Sólo aspiro a la modesta gloria humana de que un puñado de personas, y entre ellas, ciertamente, mis hijas y su madre, me recuerden como un hombre que en sus años finales aprendió, nunca es tarde, a demostrar algo de coraje y lealtad, y que sea así como más fielmente me recuerden: como un loco, como un soñador, como un demente que, sin embargo, aprendió a no ser un cobarde ni un traidor, y que supo demostrar que, cuando fue llamado a la batalla desigual, no careció de coraje ni fue extranjero a la lealtad.
Hace unos días Jaime Bayly ha escrito una columna en el Diario Perú 21 que me parece brillante, se llamó "Coraje y Lealtad". Comparto lo que señala respecto a la necesidad humana de engrandecer el coraje y la lealtad. Lo publico en este blog en homenaje a mis amigos, los que me han demostrado coraje y lealtad.
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Por: Jaime Bayly
Con los años aprendes que las virtudes más elevadas, y tal vez por eso mismo infrecuentes, son el coraje y la lealtad.
Con los años comprendes que la inteligencia o la astucia es una virtud peligrosa de la que es preciso desconfiar. Por lo general, la gente inteligente y astuta no sabe ser leal y carece de coraje o cree ser prudente cuando, en realidad, es sólo cobarde, pusilánime, asustadiza...
No me interesa ya la gente inteligente, aun si posee una inteligencia superior, una mente brillante, si sé que esa persona me es desleal, que es pérfida porque no puede evitarlo, que no puedo confiar en ella porque me ha traicionado y, con toda probabilidad, volverá a hacerlo.
La gran virtud, la virtud por excelencia, la más noble y admirable de las virtudes humanas, es el coraje, si por coraje entendemos no la temeridad del idiota que ignora los riesgos que corre y decide correrlos sin advertirlos y cegado por su imbecilidad, sino el valor consciente y calculado del que, a sabiendas de los riesgos que enfrenta, no se deja intimidar por ellos y lo arriesga todo, aun la vida, por una causa noble, por una causa justa, por unos ideales.
No hay coraje, desde luego, en la fría ambición, en la ambición mezquina y egoísta. Sólo hay verdadero coraje cuando la empresa humana que se acomete está preñada de peligros no menores y es de una naturaleza noble y altruista. Sólo hay coraje cuando el que lo arriesga todo sabe que lo más probable es que lo pierda todo y, sin embargo, percibe la vida como una aventura que sólo tiene sentido si se la dota de una dimensión épica, de una textura poética no exenta de cierto arrojo torero.
Tengo para mí que la gloria personal sólo se alcanza cuando se posee coraje. La sabiduría, o cierta cuota de sabiduría o de comprensión de la naturaleza humana, es un triunfo reservado a los que, sintiendo miedo, se sobreponen al miedo y libran la batalla con menos miedo que coraje, o con tanto coraje que el miedo se nos olvida por un momento porque nos recuerda que es el lastre y el baldón que hunde y condena a los pusilánimes, a los mediocres, a los serviles y lambiscones, a esos sujetos que despreciamos y que jamás quisiéramos ser.
Siendo el coraje la gran virtud humana, aquella virtud que resulta indispensable para alcanzar el éxito cualquiera que sea la empresa que uno se proponga acometer (pues sólo triunfan los que son valientes en las buenas y en las malas, y son numerosos, incontables los que, siendo inteligentes e incluso muy inteligentes, se quedan a la mitad del camino por falta de garra, de firmeza, de determinación y espíritu combativo), no debemos menoscabar el magnífico valor de la lealtad, que es, en cierto modo, una forma de coraje, una forma no menor de coraje.
Todos hemos perdido amigos, y muchos de esos amigos eran inteligentes, brillantes, astutos, seguramente más inteligentes que muchos de nosotros, pero los hemos perdido porque tal o cual circunstancia adversa propició que esos amigos nos revelaran que no sabían ser leales, que no podían ser leales, que la lealtad era una noción que les resultaba ajena, extranjera. Desde luego, lamentamos haber perdido a esos amigos inteligentes y en ciertos casos brillantes, pero comprendemos que estaba escrito en el destino que esas amistades fuesen sólo pasajeras porque estaban envenenadas por el espíritu pérfido, felón, desleal que habitaba en aquellos amigos que nos traicionaron no porque nos quisieran menos, sino porque tal era su naturaleza, porque no sabían o no podían sernos leales, porque la lealtad es una virtud que resume o comprende una suma de no pocas cualidades: la humildad, la tolerancia, la grandeza de espíritu y el coraje para ser leales aun si el ejercicio de la lealtad nos pone en grave riesgo o nos resulta del todo inconveniente.
Sólo los sabios son en verdad humildes y sólo los leales son en verdad humildes y, en ambos casos, la humildad es entonces, y aunque no lo parezca, una forma asolapada del coraje, pues hay que tener coraje para entender que uno es bien poca cosa y siempre será más lo que se ignora que lo que se sabe y, también, hay que tener coraje para ser leal a sabiendas de que la lealtad es una forma de subordinarnos al amigo, de perdonarle sus defectos, sus miserias e imperfecciones, y de elegir un camino arduo, peligroso, al borde del despeñadero, sabiendo que es empinado y que, al recorrerlo, tal vez perderemos más de lo que ganaremos, pero que nos quedará, exhaustos al final, la sensación de grandeza o de gloria o la dimensión épica de que uno no vive para ganar siempre, sino para pelear por una causa noble (por ejemplo, la lealtad a un amigo) aun sabiendo que dicha pelea nos enredará en una maraña de problemas.
Digo todo esto porque con los años tiendo a desconfiar de los inteligentes y los taimados y los calculadores y los codiciosos; tiendo a desconfiar de los que convierten la vida en un negocio en el que todo debe someterse a un frío examen del costo y el beneficio; tiendo a desconfiar de los que sólo pelean las batallas que saben que con seguridad van a ganar y esquivan aquellas en las que reconocen que hay un alto riesgo de perder.
Digo todo esto porque con los años he aprendido a admirar a los nobles, a los valientes, a los soñadores, a los arrojados, a los altruistas, a los lunáticos, a los quijotescos, a los que pelean no las batallas que saben que van a ganar, sino las batallas que su sentido de la justicia les dicta que deben librar, no importa si en ellas se les va la vida, que nada es más glorioso que entregar la vida por una causa noble e incomprendida.
Digo todo esto porque los pocos amigos que me van quedando o los pocos amigos a los que ahora me aferro son aquellos que me han educado en el coraje y la lealtad, dos virtudes que sobrepasan largamente a todas las demás cualidades del espíritu y que algún día me gustaría que impregnasen los actos más importantes que animen lo que queda de mi existencia.
No sé si poseo todavía algo de coraje, no sé si he aprendido de mis buenos amigos el valor supremo de la lealtad, pero los que en las circunstancias más contrariadas me han demostrado coraje y lealtad, lealtad y coraje, son sin duda las personas que más admiro, las personas que necesito cerca de mí para aprender de ellas, de su sabiduría, de su grandeza de espíritu, y para, con suerte, aprehender de ellas un poco de coraje y otro de lealtad.
No guardo rencor a los traidores ni a los cobardes: tal es su naturaleza, tal su destino menor. Tal vez el coraje consiste también en comprender y perdonar a los cobardes y a los desleales, en mirarlos con la compasión que sólo poseen quienes son de verdad sabios; es decir, quienes son de verdad leales y valientes incluso con quienes no lo merecen.
Que el poco tiempo que me quede por vivir (siempre es minúsculo el tiempo que nos queda por vivir, si comprendemos la inmensidad de la historia que nos antecede, sólo que rara vez lo advertimos a tiempo) me permita demostrarles a mis hijas, las dos causas más nobles y justas de mi existencia, que las grandes pulsiones que animan las batallas que elijo librar o que me resigno a librar, aun sabiendo que las perderé o que perderé en ellas la vida, son el coraje y la lealtad, la lealtad y el coraje, dos maneras de entender la vida como una batalla que sabes de antemano que vas a perder, pero que, sin embargo, quieres pelear limpiamente, con arrojo, con dignidad, con el aplomo del torero que comprende que está en su destino morir en la arena y espera la muerte con la serena resignación del que reconoce que no por saber perdida la batalla no ha de pelearla con coraje y lealtad y con un cierto desplante torero que no es ajeno al miedo, pero que derrota al miedo o lo empequeñece porque lo que prevalece en aquel momento crucial es la certeza de que una vida vivida sin coraje es una vida ínfima, menor.
Que no me tiemblen las piernas cuando venga la bestia a cogerme, revolcarme y matarme. Y que sólo me acompañen los que me educaron en la lealtad y el coraje. Y que sean ellos los que me vean morir, y que sean ellos los que, con suerte, consigan reconocer que mi muerte es un testimonio tardío e insuficiente de coraje y lealtad hacia ellos, los que me quisieron en las buenas y en las malas, pero sobre todo en las malas, y los que pusieron el pecho cuando llovían las balas, y los que hubieran preferido dar la vida por mí, pero entendieron que era sólo justo que fuese yo quien la entregase por ellos.
Sólo aspiro a la modesta gloria humana de que un puñado de personas, y entre ellas, ciertamente, mis hijas y su madre, me recuerden como un hombre que en sus años finales aprendió, nunca es tarde, a demostrar algo de coraje y lealtad, y que sea así como más fielmente me recuerden: como un loco, como un soñador, como un demente que, sin embargo, aprendió a no ser un cobarde ni un traidor, y que supo demostrar que, cuando fue llamado a la batalla desigual, no careció de coraje ni fue extranjero a la lealtad.
Estimados Blogeros:
Pedro Francke, profesor de Economía de la PUCP, ha escrito unas interesantes y polémicas reflexiones sobre los TLCs, en el sentido que pueden haber mejores instrumentos para apoyar a las exportaciones. El artículo se titula "TLCs: Hay mejores formas de apoyar a nuestras exportaciones" y fue publicado el 04.03.2010 en el Diario La República de Lima.
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Por: Pedro Francke
En las últimas semanas hemos asistido a la entrada en vigencia del TLC con China y al cierre de negociaciones del TLC con la Unión Europea. Han sido aprobados sin pasar por el Congreso y sin debate nacional. En el colmo, ¡ya cerraron el trato y aún no conocemos lo aprobado con la Unión Europea! Estos TLCs tienen medidas que afectan negativamente a amplios sectores económicos y sociales, e insisten en priorizar la extracción de minerales y materias primas, por lo que NO son el camino al desarrollo.
Siendo de fundamental importancia el promover nuestras exportaciones no tradicionales, agrícolas e industriales, estos TLCs NO son la mejor manera de hacerlo. Ya sin los TLCs, el Perú ha tenido acceso al mercado estadounidense y europeo, con muchas oportunidades desaprovechadas. La clave para exportar más productos con valor agregado es tener un tipo de cambio más elevado que rentabilice las exportaciones, contar con misiones comerciales en el exterior que sean efectivas, promover la asociatividad de las pymes y agricultores, y el apoyo a la innovación y desarrollo de nuevos productos basados en nuestra biodiversidad, son las medidas adecuadas. En la base, debe haber un aumento de la productividad con mejor educación y mayor capital humano.
La experiencia del TLC con Estados Unidos es aleccionadora: No se crearon el millón de empleos que anunciaron sus defensores. Por el contrario, el TLC NO defendió a nuestras exportaciones textiles de la crisis internacional ni la competencia china en ese mercado. El TLC no amplió el acceso al Mercado Norteamericano que ya teníamos desde 1994 con el ATPDEA.
Por su parte, la producción china ya ha venido afectando gravemente nuestra industria textil y de calzado, debido a que inunda nuestro mercado a precio dumping, frente a lo cual el gobierno no hace nada y el TLC nos dificulta actuar. ¿Acaso con una industria golpeada por esta competencia desleal, vamos a poder competir mejor en el exterior?
Al mismo tiempo, el TLC con Estados Unidos ha afectado negativamente el agro por la importación de productos subsidiados a precio dumping, problemas que se repiten en el TLC con la Unión Europea.
Por las cláusulas de protección de inversiones, el TLC con EEUU ha dificultado hacer frente a la contaminadora Doe Run, expulsada de la Sociedad de Minería. La historia puede repetirse con empresas chinas, ya que el TLC con ese país incluso tiene cláusulas especiales orientadas a defender a la minera Majaz.
Necesitamos exportaciones modernas, con trabajo decente y respeto a los derechos sociales y ambientales. Nada de eso viene con estos TLCs, que promueven el “cholo barato” y desprotegen el medio ambiente.
Buscar nuevos mercados en el exterior es necesario, pero no a los elevados costos que traen estos TLCs. Es necesario revisar estos tratados y someterlos a consulta popular, al mismo tiempo que promover exportaciones no tradicionales de manera sostenible y justa.
Pedro Francke, profesor de Economía de la PUCP, ha escrito unas interesantes y polémicas reflexiones sobre los TLCs, en el sentido que pueden haber mejores instrumentos para apoyar a las exportaciones. El artículo se titula "TLCs: Hay mejores formas de apoyar a nuestras exportaciones" y fue publicado el 04.03.2010 en el Diario La República de Lima.
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Por: Pedro Francke
En las últimas semanas hemos asistido a la entrada en vigencia del TLC con China y al cierre de negociaciones del TLC con la Unión Europea. Han sido aprobados sin pasar por el Congreso y sin debate nacional. En el colmo, ¡ya cerraron el trato y aún no conocemos lo aprobado con la Unión Europea! Estos TLCs tienen medidas que afectan negativamente a amplios sectores económicos y sociales, e insisten en priorizar la extracción de minerales y materias primas, por lo que NO son el camino al desarrollo.
Siendo de fundamental importancia el promover nuestras exportaciones no tradicionales, agrícolas e industriales, estos TLCs NO son la mejor manera de hacerlo. Ya sin los TLCs, el Perú ha tenido acceso al mercado estadounidense y europeo, con muchas oportunidades desaprovechadas. La clave para exportar más productos con valor agregado es tener un tipo de cambio más elevado que rentabilice las exportaciones, contar con misiones comerciales en el exterior que sean efectivas, promover la asociatividad de las pymes y agricultores, y el apoyo a la innovación y desarrollo de nuevos productos basados en nuestra biodiversidad, son las medidas adecuadas. En la base, debe haber un aumento de la productividad con mejor educación y mayor capital humano.
La experiencia del TLC con Estados Unidos es aleccionadora: No se crearon el millón de empleos que anunciaron sus defensores. Por el contrario, el TLC NO defendió a nuestras exportaciones textiles de la crisis internacional ni la competencia china en ese mercado. El TLC no amplió el acceso al Mercado Norteamericano que ya teníamos desde 1994 con el ATPDEA.
Por su parte, la producción china ya ha venido afectando gravemente nuestra industria textil y de calzado, debido a que inunda nuestro mercado a precio dumping, frente a lo cual el gobierno no hace nada y el TLC nos dificulta actuar. ¿Acaso con una industria golpeada por esta competencia desleal, vamos a poder competir mejor en el exterior?
Al mismo tiempo, el TLC con Estados Unidos ha afectado negativamente el agro por la importación de productos subsidiados a precio dumping, problemas que se repiten en el TLC con la Unión Europea.
Por las cláusulas de protección de inversiones, el TLC con EEUU ha dificultado hacer frente a la contaminadora Doe Run, expulsada de la Sociedad de Minería. La historia puede repetirse con empresas chinas, ya que el TLC con ese país incluso tiene cláusulas especiales orientadas a defender a la minera Majaz.
Necesitamos exportaciones modernas, con trabajo decente y respeto a los derechos sociales y ambientales. Nada de eso viene con estos TLCs, que promueven el “cholo barato” y desprotegen el medio ambiente.
Buscar nuevos mercados en el exterior es necesario, pero no a los elevados costos que traen estos TLCs. Es necesario revisar estos tratados y someterlos a consulta popular, al mismo tiempo que promover exportaciones no tradicionales de manera sostenible y justa.
Estimados amigos:
Mirko Lauer ha planteado algunas muy interesantes reflexiones sobre la relación entre el Estado Peruano y los ciudadanos peruanos que viven fuera del territorio nacional, a propósito del anuncio presidencial de entregar un bono de US$ 300 para los compatriotas damnificados en Chile. El artículo apareció el día 04.03.2010 en el diario La República.
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Por: Mirko Lauer
El anuncio de un bono de US$ 300 para cada peruano damnificado en Chile es una noticia positiva, que habla de un Estado que extiende su socorro al ciudadano más allá de sus fronteras. El gesto apunta además a aliviar en algo la carga de los chilenos en este momento, y lleva al tema del estatus de los compatriotas emigrados en estos tiempos.
El anterior incidente de peruanos en apuros fuera fue menos dramático: personas varadas en Madrid por la súbita quiebra de una aerolínea. También allí el Estado interpuso sus buenos oficios para satisfacer el reclamo de sus ciudadanos. Es un tipo de situación que se da con creciente frecuencia.
Es norma habitual que los Estados se interesen por y protejan a sus nacionales, dentro del respeto a las leyes del país anfitrión. Los consulados peruanos se dedican a eso, con distintos grados de éxito, y la Cancillería tiene un departamento llamado Derechos de los peruanos en el exterior, que se concretó bajo Alejandro Toledo.
Los peruanos del exterior son una comunidad importante. Propagan peruanidad, envían remesas de vuelta al país (entre US$ 3,000 y US$ 4,000 millones), y en conjunto tienen acceso a recursos modernizadores por encima de los disponibles aquí. Muchos de ellos votan en elecciones peruanas, y algunos reclaman uno o más congresistas propios, a la francesa.
No todos aquí tienen una visión tan optimista de la emigración. Alguna vez en Nueva York el mismo Toledo les ofreció a todos los peruanos del exterior empleos en el Perú si volvían, incluso en el avión presidencial. Las mediciones de esa época, y de esta, indican que son muy raros los peruanos que están afuera porque no pueden regresar.
El sentimiento local frente a los emigrados suele mezclar orgullo con culpa. Las historias de éxito son muchas, y siempre son citadas. Pero rara vez se menciona que muchas de esas personas emigraron en busca de las oportunidades que un país como el Perú no puede ofrecer, ni que no todas triunfan, como quiere la leyenda urbana.
Para los fines que lo que se comenta aquí, Chile no es los Estados Unidos. Las historias de éxito son muchas menos, y el porcentaje de peruanos dedicados a tareas muy modestas es considerable. Es poco probable que el número de quienes la van a pasar bastante mal sea más de los mil que mencionan las primeras versiones.
Es posible que a algún damnificado de casa le resienta el buen trato al compatriota en el extranjero. Aunque con más de dos millones de peruanos emigrados, es posible que también muchos de ellos tengan parientes fuera. Me dirán que eso en sí mismo no alivia la desgracia, y tendrán razón. Se necesitan más gestos y concreciones también fronteras adentro.
Mirko Lauer ha planteado algunas muy interesantes reflexiones sobre la relación entre el Estado Peruano y los ciudadanos peruanos que viven fuera del territorio nacional, a propósito del anuncio presidencial de entregar un bono de US$ 300 para los compatriotas damnificados en Chile. El artículo apareció el día 04.03.2010 en el diario La República.
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Por: Mirko Lauer
El anuncio de un bono de US$ 300 para cada peruano damnificado en Chile es una noticia positiva, que habla de un Estado que extiende su socorro al ciudadano más allá de sus fronteras. El gesto apunta además a aliviar en algo la carga de los chilenos en este momento, y lleva al tema del estatus de los compatriotas emigrados en estos tiempos.
El anterior incidente de peruanos en apuros fuera fue menos dramático: personas varadas en Madrid por la súbita quiebra de una aerolínea. También allí el Estado interpuso sus buenos oficios para satisfacer el reclamo de sus ciudadanos. Es un tipo de situación que se da con creciente frecuencia.
Es norma habitual que los Estados se interesen por y protejan a sus nacionales, dentro del respeto a las leyes del país anfitrión. Los consulados peruanos se dedican a eso, con distintos grados de éxito, y la Cancillería tiene un departamento llamado Derechos de los peruanos en el exterior, que se concretó bajo Alejandro Toledo.
Los peruanos del exterior son una comunidad importante. Propagan peruanidad, envían remesas de vuelta al país (entre US$ 3,000 y US$ 4,000 millones), y en conjunto tienen acceso a recursos modernizadores por encima de los disponibles aquí. Muchos de ellos votan en elecciones peruanas, y algunos reclaman uno o más congresistas propios, a la francesa.
No todos aquí tienen una visión tan optimista de la emigración. Alguna vez en Nueva York el mismo Toledo les ofreció a todos los peruanos del exterior empleos en el Perú si volvían, incluso en el avión presidencial. Las mediciones de esa época, y de esta, indican que son muy raros los peruanos que están afuera porque no pueden regresar.
El sentimiento local frente a los emigrados suele mezclar orgullo con culpa. Las historias de éxito son muchas, y siempre son citadas. Pero rara vez se menciona que muchas de esas personas emigraron en busca de las oportunidades que un país como el Perú no puede ofrecer, ni que no todas triunfan, como quiere la leyenda urbana.
Para los fines que lo que se comenta aquí, Chile no es los Estados Unidos. Las historias de éxito son muchas menos, y el porcentaje de peruanos dedicados a tareas muy modestas es considerable. Es poco probable que el número de quienes la van a pasar bastante mal sea más de los mil que mencionan las primeras versiones.
Es posible que a algún damnificado de casa le resienta el buen trato al compatriota en el extranjero. Aunque con más de dos millones de peruanos emigrados, es posible que también muchos de ellos tengan parientes fuera. Me dirán que eso en sí mismo no alivia la desgracia, y tendrán razón. Se necesitan más gestos y concreciones también fronteras adentro.
Estimados amigos:
Muy interesante el dato que plantea Oswaldo de Rivero en su artículo "Se legaliza la plutocracia", publicado el día de ayer 02.03.2010. Señala que la Corte Suprema Norteamericana ha legalizado que las grandes compañías y corporaciones donen fondos sin límite a candidatos para publicidad política durante los procesos electorales. Eso, desde su particular punto de vista, es un gran daño a la democracia norteamericana y puede tener importantes consecuencias en las políticas de cabildeo en esa nación.
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Por: Oswaldo de Rivero Embajador
Aunque es una decisión que afecta profundamente la democracia estadounidense, es una noticia que ha pasado casi desapercibida en la prensa internacional. Se trata nada menos de que la Corte Suprema de Estados Unidos, como resultado del voto de cinco jueces conservadores contra cuatro moderados, ha declarado inconstitucional la McCain-Feingold Act y docenas de disposiciones legales que prohibían que las grandes compañías y corporaciones, incluidas las extranjeras, donen fondos sin ningún límite a candidatos para publicidad política televisada durante los procesos electorales.
Con esta nueva legalidad, si un candidato plantea una iniciativa contra las emisiones de CO2, que afecta a las grandes corporaciones del carbón o del petróleo, se verá confrontado con un tsunami de “advertising” de sus rivales. Lo mismo harán los poderosos bancos si se intenta regular el casino de Wall Street. Y también, las ricas compañías de seguros contra cualquier programa de salud que afecte sus beneficios.
Los demócratas con Obama a la cabeza y la gran mayoría de los republicanos, incluido el autor de la legislación derogada, el ex candidato republicano, senador McCain, apoyados por juristas prestigiosos han calificado de deplorable esta actitud de la Corte Suprema y expresado su preocupación por el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos.
Las corporaciones siempre han tenido influencia en las decisiones políticas, a través de discretos lobbies, pero ahora con este fallo se han convertido en actores políticos legales que pueden usar sin límite sus grandes recursos para influir en las elecciones. Las grandes corporaciones transnacionales han secuestrado así el espacio político que tenían los ciudadanos. Ahora pueden legalmente combatir toda propuesta política que afecte sus intereses. El lobby se ha constitucionalizado y el sistema electoral estadounidense está, ahora más que nunca, influido por la plutocracia corporativa.
Los cinco jueces conservadores que votaron a favor se defienden diciendo que su decisión es conforme al First Amendment, que protege la libertad de opinión. Este razonamiento ha sido rechazado por profesores de derecho de las mejores universidades estadounidenses. Según ellos, las corporaciones no pueden ser tratadas como si fueran ciudadanos y tener opinión política propia para votar con sus dólares en las elecciones a favor de candidatos que favorecen sus intereses. Inclusive, pueden darse casos en que sus propios accionistas, que sí son ciudadanos, no estén de acuerdo con el apoyo financiero que los ejecutivos de la corporación dan a ciertos candidatos.
Muchos juristas consideran que la decisión de la Corte Suprema no impide que el Congreso apruebe una ley requiriendo a los candidatos que revelen qué apoyo corporativo están recibiendo, y luego de saberlo, declare públicamente que este apoyo representa tan solo la opinión de los ejecutivos de la corporación y no la de los accionistas y de otros ciudadanos.
Recién comienza la batalla contra esta legalidad plutocrática. En todo caso, una reciente encuesta de “The Washington Post” encontró que el 80% de los estadounidenses se opone totalmente a esta decisión de la Corte Suprema.
Muy interesante el dato que plantea Oswaldo de Rivero en su artículo "Se legaliza la plutocracia", publicado el día de ayer 02.03.2010. Señala que la Corte Suprema Norteamericana ha legalizado que las grandes compañías y corporaciones donen fondos sin límite a candidatos para publicidad política durante los procesos electorales. Eso, desde su particular punto de vista, es un gran daño a la democracia norteamericana y puede tener importantes consecuencias en las políticas de cabildeo en esa nación.
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Por: Oswaldo de Rivero Embajador
Aunque es una decisión que afecta profundamente la democracia estadounidense, es una noticia que ha pasado casi desapercibida en la prensa internacional. Se trata nada menos de que la Corte Suprema de Estados Unidos, como resultado del voto de cinco jueces conservadores contra cuatro moderados, ha declarado inconstitucional la McCain-Feingold Act y docenas de disposiciones legales que prohibían que las grandes compañías y corporaciones, incluidas las extranjeras, donen fondos sin ningún límite a candidatos para publicidad política televisada durante los procesos electorales.
Con esta nueva legalidad, si un candidato plantea una iniciativa contra las emisiones de CO2, que afecta a las grandes corporaciones del carbón o del petróleo, se verá confrontado con un tsunami de “advertising” de sus rivales. Lo mismo harán los poderosos bancos si se intenta regular el casino de Wall Street. Y también, las ricas compañías de seguros contra cualquier programa de salud que afecte sus beneficios.
Los demócratas con Obama a la cabeza y la gran mayoría de los republicanos, incluido el autor de la legislación derogada, el ex candidato republicano, senador McCain, apoyados por juristas prestigiosos han calificado de deplorable esta actitud de la Corte Suprema y expresado su preocupación por el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos.
Las corporaciones siempre han tenido influencia en las decisiones políticas, a través de discretos lobbies, pero ahora con este fallo se han convertido en actores políticos legales que pueden usar sin límite sus grandes recursos para influir en las elecciones. Las grandes corporaciones transnacionales han secuestrado así el espacio político que tenían los ciudadanos. Ahora pueden legalmente combatir toda propuesta política que afecte sus intereses. El lobby se ha constitucionalizado y el sistema electoral estadounidense está, ahora más que nunca, influido por la plutocracia corporativa.
Los cinco jueces conservadores que votaron a favor se defienden diciendo que su decisión es conforme al First Amendment, que protege la libertad de opinión. Este razonamiento ha sido rechazado por profesores de derecho de las mejores universidades estadounidenses. Según ellos, las corporaciones no pueden ser tratadas como si fueran ciudadanos y tener opinión política propia para votar con sus dólares en las elecciones a favor de candidatos que favorecen sus intereses. Inclusive, pueden darse casos en que sus propios accionistas, que sí son ciudadanos, no estén de acuerdo con el apoyo financiero que los ejecutivos de la corporación dan a ciertos candidatos.
Muchos juristas consideran que la decisión de la Corte Suprema no impide que el Congreso apruebe una ley requiriendo a los candidatos que revelen qué apoyo corporativo están recibiendo, y luego de saberlo, declare públicamente que este apoyo representa tan solo la opinión de los ejecutivos de la corporación y no la de los accionistas y de otros ciudadanos.
Recién comienza la batalla contra esta legalidad plutocrática. En todo caso, una reciente encuesta de “The Washington Post” encontró que el 80% de los estadounidenses se opone totalmente a esta decisión de la Corte Suprema.
Estimados amigos, a continuación una entrevista a Ronald Woodman, especialista en terremotos y presidente del Instituto Geofísico del Perú. Fue realizada por Milagros Leiva y publicada en el Diario El Comercio del 28.02.2010.
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Por: Milagros Leiva
Dormía en Paracas cuando ocurrió el terremoto en Chile. Leal a su vocación científica se pasó el sábado analizando el tsunami en la costa peruana. Preocupado. Ronald Woodman atiende a nuestro llamado a la distancia y pide a los peruanos ser conscientes de nuestra vulnerabilidad.
Usted ha dicho varias veces que los tsunamis sí se pueden predecir, pero los terremotos no.
Los terremotos nos sorprenden siempre. El tsunami es el trueno después del relámpago. Cuando ocurre un sismo las ondas se propagan a miles de metros por segundo y casi de forma inmediata los sismógrafos detectan la magnitud, profundidad y epicentro. Si está en el fondo marino y tiene suficiente magnitud podemos dar una alerta.
¿Y cómo va nuestro sistema de alerta de tsunamis?
No funciona. Cuando ocurre un sismo como el que acaba de suceder en Chile o en Pisco las comunicaciones telefónicas colapsan y nuestro sistema sismográfico depende de la red telefónica. Esa fue la lección de Pisco.
Pero usted pidió un millón de dólares para renovar el sistema. ¿Por qué no le dan el dinero?
Pregúntele al Gobierno. Esa es mi queja constante. Nunca nos dicen por qué. Hemos presentado el famoso SNIP que nos exigieron y eso llevó tiempo; se demoraron cinco meses en respondernos que sí era viable, pero hasta ahora no vemos el dinero. En el 2009 la Comisión de Presupuesto del Congreso entendió la importancia de este sistema de alerta y autorizó al Ministerio de Economía y Finanzas a transferir los fondos que requería el Instituto Geofísico del Perú para implementar la alarma del tsunami, pasó todo el 2009 y no dieron el dinero y no sé por qué. No dan razones.
El presidente García ha pedido a los peruanos saber el estado de la residencia en la que viven para evitar desgracias. ¿No debería preocuparse también de instalar este sistema de alerta?
Pienso lo mismo. Si el tsunami que ocurrió en Pisco hubiera ocurrido en el Callao habrían muerto miles de personas y estas se podrían salvar con una alerta temprana. Lima ya tuvo tsunami y puede volver a ocurrir. Cuando ocurre un tsunami en Pisco y los que viven en el Callao se preguntan si pasará lo mismo es cuando entra a tallar el sistema de alarma satelital que no tenemos.
En 1746 hubo un terremoto que destruyó Lima y originó un tsunami que arrasó La Punta y el Callao. ¿Volverá a suceder?
Es una regla: todo lo que sucede geológicamente vuelve a suceder. Vamos a tener un tsunami con la misma intensidad que tuvimos en el pasado, lo único que nos favorece es que cuanto más grave es la situación, menos frecuente es. Sismos como los que acaban de suceder en Chile ocurren una vez cada doscientos años.
Pero la gente relaciona. Primero Haití, luego Chile, ¿qué viene?
Uno debe pensar en la misma zona. En Haití hacía doscientos años que no ocurría y no tuvieron cultura sísmica para prevenir.
¿Usted diría que el sismo de Pisco fue un terremotito?
Sí. La magnitud fue de 7,9 y compárelo con el 9 de Sumatra o con el 8,8 de Chile. Pasar de ocho a nueve no es un 10% más fuerte, es una escala logarítmica decir: 9 significa treinta veces más fuertes que 8.
¿El terremoto de 1746 en qué escala estuvo?
No tengo el mapa frente a mí, pero debió ser un 8,5. Ya pasaron 264 años y podría ocurrir uno más fuerte o igual de fuerte. Todavía no ha sucedido lo peor.
Los limeños viven con esa idea en la cabeza incluso mencionan a Santa Rosa y que el mar llegará a la Plaza de Armas.
No hablemos de religión, por favor; pero sí le digo que no hay razones para que el tsunami llegue a la Plaza de Armas. Pasará por La Punta y el Callao, de todas maneras. El tsunami que ocurrió en el 2007 al sur de Paracas fue muy similar al que sufrió el Callao en 1746. El mar llegó diez metros más arriba de su nivel normal, imagínese diez metros encima de las casas de La Punta, seis metros son dos pisos. Imagine todo el Callao bajo ese nivel de agua que llega en quince minutos…
¿Intenta atemorizarnos?
Es que es horrible, sería demasiado terrible. Debemos estar preparados para lo peor. En Sumatra murieron 250 mil personas por el tsunami y esas muertes se produjeron porque las autoridades locales no quisieron escuchar a los científicos que pedían un sistema de alarma. Miles de personas se hubieran podido salvar, pero no fue así. Lo que sucedió en Sumatra está pasando en el Perú. No nos hacen caso, no escuchan.
¿Qué le genera esa actitud?
Mucha frustración. Imagino que tres millones de soles no son suficientes para que la ministra Aráoz esté enterada y tome la decisión. Lo único que le pido al señor presidente es que vea que quien está tomando la decisión de no dar el dinero tenga un argumento contundente. El Instituto Geofísico del Perú orienta al Estado y al Gobierno sobre la toma de decisiones en términos de fenómenos geofísicos y debe ser escuchado. Si no quieren creernos que consulten a otra instancia, pero hagan algo. Chile tuvo un sismo el año pasado y por eso incrementó su presupuesto en 60 millones de dólares para mejorar su sistema de alerta; nosotros rogamos por un millón.
¿Tendremos más problemas por el terremoto de Chile?
Tuvimos un tsunami débil. El peligro ya pasó. Siempre que se produzca un sismo hay que pensar que las dos primeras horas siempre son las críticas y hay que estar alerta. Mi recomendación es siempre la misma: si se produce un terremoto y el mar se retira, hay que ganar altura.
¿Y cómo sabemos cuándo es terremoto y no temblor?
Si puedes correr es temblor, si no puedes caminar es terremoto.
Conclusión: los peruanos vivimos en una tierra que tiembla en cualquier momento.
Así es. Y mejor asumirlo que negarlo. Ha temblado en el pasado y en el futuro pasará lo mismo.
¿Y cuándo podrán los científicos predecir los terremotos?
Con lo que acabo de decir están todos alertados. Si construye su casa con la tecnología antisísmica puede estar seguro de que la casa no se caerá. Uno tiene que tomar decisiones sin necesidad de fechas. Tenemos que prevenir en todo el territorio peruano.
En California se espera un gran terremoto en los próximos treinta años. ¿En ese tiempo qué pasará en el Perú?
No tenemos la precisión de los californianos, pero sí puedo decirle que usted y sus hijos estarán sometidos en Lima a un sismo muy grande, definitivamente. Eso va a suceder. Y lo que tiene que hacer es vivir en una casa segura. Ojalá y toda la población entienda esto.
¿Lima va a desaparecer?
Se necesita un estudio de vulnerabilidad. ¿Cuántas casas y edificios se han construido de manera antisísmica? Si hoy sucediera en Lima un terremoto como el que acaba de producirse en Chile sería desastroso. En Pisco hubo un sismo de menor intensidad. ¿Con un terremoto de 8,8 cuántas casas se vendrían abajo? ¿Los hospitales se mantendrían en pie? ¿Se darían abasto? ¿Y los colegios? En el Congreso hay preocupación, pero falta acción.
Hablando del Congreso, me enteré de que usted estuvo el viernes en la Comisión de Defensa para hablar justamente de tsunamis. ¿Es verdad que todos los congresistas participantes al final desaparecieron?
Lamentablemente es verdad. Él último que quedó presidía la mesa, pero estaba leyendo otras cosas que no tenían nada que ver. Necesitamos más apoyo
¿Pero no estuvo presente el vicepresidente Giampietri?
Estuvo, hizo su discurso de inauguración, pero se tuvo que ir porque tenía cosas más importantes que hacer. Cuando terminé mi charla ya nadie prestaba atención. Fue una pena.
En el Ministerio de Economía no le hacen caso, en el Congreso se duermen y desaparecen, ¿quién nos salvará?
La prensa, si ustedes insisten quizá nos hagan caso a los científicos. Los peruanos tenemos que presionar. No nos queda otra.
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Por: Milagros Leiva
Dormía en Paracas cuando ocurrió el terremoto en Chile. Leal a su vocación científica se pasó el sábado analizando el tsunami en la costa peruana. Preocupado. Ronald Woodman atiende a nuestro llamado a la distancia y pide a los peruanos ser conscientes de nuestra vulnerabilidad.
Usted ha dicho varias veces que los tsunamis sí se pueden predecir, pero los terremotos no.
Los terremotos nos sorprenden siempre. El tsunami es el trueno después del relámpago. Cuando ocurre un sismo las ondas se propagan a miles de metros por segundo y casi de forma inmediata los sismógrafos detectan la magnitud, profundidad y epicentro. Si está en el fondo marino y tiene suficiente magnitud podemos dar una alerta.
¿Y cómo va nuestro sistema de alerta de tsunamis?
No funciona. Cuando ocurre un sismo como el que acaba de suceder en Chile o en Pisco las comunicaciones telefónicas colapsan y nuestro sistema sismográfico depende de la red telefónica. Esa fue la lección de Pisco.
Pero usted pidió un millón de dólares para renovar el sistema. ¿Por qué no le dan el dinero?
Pregúntele al Gobierno. Esa es mi queja constante. Nunca nos dicen por qué. Hemos presentado el famoso SNIP que nos exigieron y eso llevó tiempo; se demoraron cinco meses en respondernos que sí era viable, pero hasta ahora no vemos el dinero. En el 2009 la Comisión de Presupuesto del Congreso entendió la importancia de este sistema de alerta y autorizó al Ministerio de Economía y Finanzas a transferir los fondos que requería el Instituto Geofísico del Perú para implementar la alarma del tsunami, pasó todo el 2009 y no dieron el dinero y no sé por qué. No dan razones.
El presidente García ha pedido a los peruanos saber el estado de la residencia en la que viven para evitar desgracias. ¿No debería preocuparse también de instalar este sistema de alerta?
Pienso lo mismo. Si el tsunami que ocurrió en Pisco hubiera ocurrido en el Callao habrían muerto miles de personas y estas se podrían salvar con una alerta temprana. Lima ya tuvo tsunami y puede volver a ocurrir. Cuando ocurre un tsunami en Pisco y los que viven en el Callao se preguntan si pasará lo mismo es cuando entra a tallar el sistema de alarma satelital que no tenemos.
En 1746 hubo un terremoto que destruyó Lima y originó un tsunami que arrasó La Punta y el Callao. ¿Volverá a suceder?
Es una regla: todo lo que sucede geológicamente vuelve a suceder. Vamos a tener un tsunami con la misma intensidad que tuvimos en el pasado, lo único que nos favorece es que cuanto más grave es la situación, menos frecuente es. Sismos como los que acaban de suceder en Chile ocurren una vez cada doscientos años.
Pero la gente relaciona. Primero Haití, luego Chile, ¿qué viene?
Uno debe pensar en la misma zona. En Haití hacía doscientos años que no ocurría y no tuvieron cultura sísmica para prevenir.
¿Usted diría que el sismo de Pisco fue un terremotito?
Sí. La magnitud fue de 7,9 y compárelo con el 9 de Sumatra o con el 8,8 de Chile. Pasar de ocho a nueve no es un 10% más fuerte, es una escala logarítmica decir: 9 significa treinta veces más fuertes que 8.
¿El terremoto de 1746 en qué escala estuvo?
No tengo el mapa frente a mí, pero debió ser un 8,5. Ya pasaron 264 años y podría ocurrir uno más fuerte o igual de fuerte. Todavía no ha sucedido lo peor.
Los limeños viven con esa idea en la cabeza incluso mencionan a Santa Rosa y que el mar llegará a la Plaza de Armas.
No hablemos de religión, por favor; pero sí le digo que no hay razones para que el tsunami llegue a la Plaza de Armas. Pasará por La Punta y el Callao, de todas maneras. El tsunami que ocurrió en el 2007 al sur de Paracas fue muy similar al que sufrió el Callao en 1746. El mar llegó diez metros más arriba de su nivel normal, imagínese diez metros encima de las casas de La Punta, seis metros son dos pisos. Imagine todo el Callao bajo ese nivel de agua que llega en quince minutos…
¿Intenta atemorizarnos?
Es que es horrible, sería demasiado terrible. Debemos estar preparados para lo peor. En Sumatra murieron 250 mil personas por el tsunami y esas muertes se produjeron porque las autoridades locales no quisieron escuchar a los científicos que pedían un sistema de alarma. Miles de personas se hubieran podido salvar, pero no fue así. Lo que sucedió en Sumatra está pasando en el Perú. No nos hacen caso, no escuchan.
¿Qué le genera esa actitud?
Mucha frustración. Imagino que tres millones de soles no son suficientes para que la ministra Aráoz esté enterada y tome la decisión. Lo único que le pido al señor presidente es que vea que quien está tomando la decisión de no dar el dinero tenga un argumento contundente. El Instituto Geofísico del Perú orienta al Estado y al Gobierno sobre la toma de decisiones en términos de fenómenos geofísicos y debe ser escuchado. Si no quieren creernos que consulten a otra instancia, pero hagan algo. Chile tuvo un sismo el año pasado y por eso incrementó su presupuesto en 60 millones de dólares para mejorar su sistema de alerta; nosotros rogamos por un millón.
¿Tendremos más problemas por el terremoto de Chile?
Tuvimos un tsunami débil. El peligro ya pasó. Siempre que se produzca un sismo hay que pensar que las dos primeras horas siempre son las críticas y hay que estar alerta. Mi recomendación es siempre la misma: si se produce un terremoto y el mar se retira, hay que ganar altura.
¿Y cómo sabemos cuándo es terremoto y no temblor?
Si puedes correr es temblor, si no puedes caminar es terremoto.
Conclusión: los peruanos vivimos en una tierra que tiembla en cualquier momento.
Así es. Y mejor asumirlo que negarlo. Ha temblado en el pasado y en el futuro pasará lo mismo.
¿Y cuándo podrán los científicos predecir los terremotos?
Con lo que acabo de decir están todos alertados. Si construye su casa con la tecnología antisísmica puede estar seguro de que la casa no se caerá. Uno tiene que tomar decisiones sin necesidad de fechas. Tenemos que prevenir en todo el territorio peruano.
En California se espera un gran terremoto en los próximos treinta años. ¿En ese tiempo qué pasará en el Perú?
No tenemos la precisión de los californianos, pero sí puedo decirle que usted y sus hijos estarán sometidos en Lima a un sismo muy grande, definitivamente. Eso va a suceder. Y lo que tiene que hacer es vivir en una casa segura. Ojalá y toda la población entienda esto.
¿Lima va a desaparecer?
Se necesita un estudio de vulnerabilidad. ¿Cuántas casas y edificios se han construido de manera antisísmica? Si hoy sucediera en Lima un terremoto como el que acaba de producirse en Chile sería desastroso. En Pisco hubo un sismo de menor intensidad. ¿Con un terremoto de 8,8 cuántas casas se vendrían abajo? ¿Los hospitales se mantendrían en pie? ¿Se darían abasto? ¿Y los colegios? En el Congreso hay preocupación, pero falta acción.
Hablando del Congreso, me enteré de que usted estuvo el viernes en la Comisión de Defensa para hablar justamente de tsunamis. ¿Es verdad que todos los congresistas participantes al final desaparecieron?
Lamentablemente es verdad. Él último que quedó presidía la mesa, pero estaba leyendo otras cosas que no tenían nada que ver. Necesitamos más apoyo
¿Pero no estuvo presente el vicepresidente Giampietri?
Estuvo, hizo su discurso de inauguración, pero se tuvo que ir porque tenía cosas más importantes que hacer. Cuando terminé mi charla ya nadie prestaba atención. Fue una pena.
En el Ministerio de Economía no le hacen caso, en el Congreso se duermen y desaparecen, ¿quién nos salvará?
La prensa, si ustedes insisten quizá nos hagan caso a los científicos. Los peruanos tenemos que presionar. No nos queda otra.






