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Archivo de septiembre 2009
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Va un artículo polémico, pero siempre interesante de Oswaldo de Rivero sobre la situación del rearme en la región sudamericana y el poder militar del Perú. Apareción en el Diario El Comerico el 17 de setiembre de 2009.

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Por: Oswaldo de Rivero Embajador

Brasil se ha convertido oficialmente en el hegemón de Sudamérica con la gran alianza estratégica que ha anunciado Lula con Francia.

Este acuerdo incluye una estrecha cooperación tecnológica militar y el insólito acontecimiento estratégico de la compra de un casco de un submarino nuclear y su reactor para ser terminado en Brasil, a lo que se añaden otros submarinos de nueva generación, 36 aviones Rafale y la construcción de 100 más en el país sudamericano.

La hegemonía de Brasil en esta parte del continente no es absoluta, se encuentra afectada por las bases aéreas estadounidenses en Colombia y la IV flota que pasea las barras y las estrellas por el Atlántico Sur, del que se dijo que era: “O maior lago do Brasil”.

Sin embargo, el rearme de Brasil muestra que por fin se ha dado cuenta de que para ser el hegemón tenía que ser, por lo menos, más poderoso que Chile, que lo supera todavía en poder militar, no con mayor número de unidades de combate y hombres, sino con la calidad y modernidad de su sistema de armas.

Nadie puede negar que hoy existe una carrera armamentista en Sudamérica. La comenzó Chile con las adquisiciones que lo convierten ahora, con Brasil, en la más moderna potencia militar regional. Siguió Venezuela con grandiosas adquisiciones en Rusia como una respuesta a las compras de Colombia y a su alianza militar con Estados Unidos que le otorga a esta una considerable renta estratégica militar.

Lo cierto es que esta carrera está configurando en países fronterizos del Perú la presencia de aviones de caza Rafale, F16, helicópteros Cougar, tanques Leopard 2, submarinos Scorpene, misiles navales Harpoon, aviones Awacs, drones, sistemas de radar avanzados y satélites para uso militar, como consecuencia del moderno rearme de Brasil y Chile. El Perú no va a competir con Brasil; al contrario, debe ser nuestro socio estratégico, pero no debemos aceptar resignados la hegemonía ahora militar de Chile.

Hasta fines de los 80, el Perú tenía superioridad aérea, submarina y blindada en Sudamérica. Hoy la hemos perdido; no es culpa de Chile, sino de nosotros. Y, ante esta decadencia estratégica, hay que dejar de consolarse con el sofisma del “núcleo básico de defensa”, que de disuasivo no tiene nada, frente a las armas de nueva generación de Chile. Pongamos de inmediato en marcha una política de Estado para devolver al Perú el poder militar que tenía, porque sin armas de nueva generación, no tendremos capacidad para negociarle a Chile su hegemonía en el Pacífico así ganemos en La Haya.

Sin poder militar moderno nunca seremos verdaderos socios estratégicos de Brasil porque este tendrá a Chile. Pero lo más peligroso es que sin este poder militar moderno tampoco podremos evitar un conflicto armado con Chile, porque nada nos acerca más a ello que nuestra propia debilidad. Nada evitará mejor un conflicto, que nadie quiere, que recuperar el poder que teníamos; y que Pinochet respetaba, con rabia.
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Interesante comentario del Ministro de Economía actual, aparecido en el Diario El Comercio bajo el título "La tercera panadería"


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Por: Luis Carranza Ministro de economía

Juana es una empresaria peruana que hace un par de años abrió su segunda panadería. En el 2008, sin embargo, estuvo muy preocupada: la harina subió en 20% y no pudo aumentar el precio del pan al público, pues tenía fuerte competencia. A pesar de ello, y gracias a las ofertas que introdujo y a la estabilidad que existía, consiguió duplicar sus ventas y también sus ganancias. “El 2008 se ha ganado como pocos años en el pasado”, acostumbraba a decirles a sus allegados. Pensó entonces que el 2009 sería un buen año para arriesgar.

Con sus ahorros y algo de plata que consiguió fácilmente de una entidad financiera, Juana compró a comienzos de este año —en apenas dos semanas— nuevos hornos, mobiliario y todo lo necesario para atender otra panadería en el extremo de su distrito. Paralelamente, inició los trámites para construir la tercera panadería en un terrenito muy bien ubicado de su hermano. Pero ya van casi seis meses de engorrosos e inútiles trámites para obtener el permiso de construcción y nada. Ante la maraña infranqueable de papeleos sin visos de solución, está pensando en alquilar un local y operar ahí. Pero tampoco obtiene la licencia municipal de funcionamiento. Los trámites, el costo financiero y la clientela que ha dejado de atender le hacen calcular una pérdida equivalente al 100% del capital invertido en el equipamiento.

Pero Juana es optimista. Sigue pensando en la tercera panadería. Solo espera que las licencias, permisos y autorizaciones no demoren tanto.

Así como Juana, en los últimos años, decenas de miles de pequeños y grandes empresarios del país han invertido y creado empleo como pocas veces en nuestra historia. Ellos, con su esfuerzo y trabajo, explican por qué el Perú en los últimos siete años ha crecido en promedio 6,8%, la tasa más alta de crecimiento en toda América Latina, solo superada por un puñado de países en el mundo. Ellos, con su espíritu competitivo, explican por qué en los últimos siete años la tasa de inflación promedio ha sido 3%, la más baja de América Latina.

La prudencia macroeconómica que se viene aplicando en el país desde hace casi 20 años es el terreno fértil para que florezcan las iniciativas empresariales. Porque al mantenerse estables los niveles de precios se evita la especulación; porque al no tener miedo de un colapso financiero del Gobierno, se invierte en el país y no afuera; y porque en este ambiente de seguridad macroeconómica el crédito crece para los empresarios, grandes y pequeños, que tienen menores tasas de interés y plazos más largos.

La apertura de la economía nos ha llevado a ser más competitivos. Los empresarios pueden importar sus insumos y bienes de capital a un costo mucho menor (con lo que producen más y a menor costo). Los consumidores pueden comprar a menores precios (aumentando su capacidad de adquisición y, por tanto, su bienestar). Esto nos lleva a un proceso de especialización que es fundamental para el crecimiento de largo plazo: producimos más en lo que somos competitivos y lo vendemos al resto del mundo. Y en lo que no lo somos, nuestros consumidores compran productos importados de mejor calidad y a menor precio, sin tener que pagar un sobrecosto a la ineficiencia local.

Igual, la infraestructura ha venido creciendo de manera significativa en los últimos tres años. La falta de caminos, de puertos, de electricidad genera que los productos no lleguen a los mercados o lleguen caros o en mal estado. Por eso, entre el 2006 y 2009, el gasto en inversión pública es de 57 mil millones de soles; esto es, ha crecido en 120% con respecto al período 2002-2005.

En el tema tributario se han hecho importantes reformas para ampliar la base tributaria, reduciendo el sesgo antiinversión en el IGV y mejorando el código tributario para que Juana y cientos de miles de empresarios como ella tengan un mejor marco tributario, más predecible y menos arbitrario. Además, se han reducido los impuestos al comercio exterior y se han racionalizado los impuestos selectivos (si la gasolina de 90 octanos cuesta menos ahora que en el 2006, mientras que el diésel sube, es por esa racionalización de los selectivos). De esta forma, la base de la tributación descansa en el IGV y en el Impuesto a la Renta.

Además, se ha emprendido una serie de reformas económicas y sociales, como la mejora en la calidad del gasto público (creación de fondos concursables, descentralización del SNIP, inicio del presupuesto por resultados, etc.), la reforma educativa, la Ley del Aseguramiento Universal, cambios en el mercado de capitales y en la Ley de Bancos, Ley de Formalización de las Pymes, un nuevo modelo aduanero, entre otras.

Con estas reformas, Juana y decenas de miles de empresarios han armado juntos este rompecabezas que en algunas revistas internacionales ya han empezado a llamar “el milagro peruano”. Pero a pesar de que el PBI per cápita, medido en dólares corrientes del 2008, es más del doble de lo que era en el 2002 y que la pobreza en ese mismo período ha bajado de 54,3% a 36,2% (¡18,1% de la población ha dejado de ser pobre!) esto no basta. Todavía tenemos 10,4 millones de peruanos que viven en la pobreza y 3,6 millones en pobreza extrema. El gran reto es entonces seguir disminuyendo las cifras de pobreza en el país. En esas estamos.

Para reducir la pobreza la única receta efectiva es la generación de empleo y eso solo se logra si hay inversión. No hay otra fórmula que funcione de manera consistente. Para que la inversión no deje de llegar a nuestro país lo que requerimos, entonces, es que los empresarios como Juana no se demoren tanto en conseguir la licencia de apertura de su negocio, que los permisos de construcción no le sean tan difíciles de obtener, que el pago de sus impuestos sea más simple, que el despacho aduanero sea en 48 horas o menos, que existan más juzgados comerciales, que los certificados de propiedad sean obtenidos de manera rápida, entre otras muchas reformas que harán del Perú un país más competitivo.

Lo que necesitamos para que Juana y los inversionistas que, como ella, apuestan por el Perú lo sigan haciendo es mejorar dramáticamente en el ránking de negocios del Banco Mundial. En términos cuantitativos quiere decir que tenemos que pasar —en los próximos tres años— del puesto 62 en el que actualmente estamos entre 180 países, al 25 (y convertirnos así en el primer país de la región en dar facilidades de inversión).

En términos prácticos, esto significa que el 2012 decenas de miles de empresarios como Juana podrán gozar en nuestro país de un marco legal que les permitirá abrir negocios y dar empleo a cientos de miles de peruanos sin tanto sobrecosto. No obstante ello, creemos que Juana podrá abrir con éxito su tercera panadería mucho antes.
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Va el importante artículo de Rafael Argullol (Periodista) aparecido en el Diario El Pais (España) denominado como "Disparad contra la Ilustración", que hace un análisis de la salida de los viejos profesores de la Universidad española. Creo que sus reflexiones son apropiadas para el Perú.

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Por: Rafael Argullol

En los últimos tiempos, algunos de los mejores profesores abandonan precipitadamente la Universidad acogiéndose a jubilaciones anticipadas. Con pocas excepciones, las causas acaban concretándose en dos: el desinterés intelectual de los estudiantes y la progresiva asfixia burocrática de la vida universitaria. La mayoría de los profesores aludidos son gentes que en su juventud apostaron por aquel ideal humanista e ilustrado que aconsejaba recurrir a la educación para mejorar a la sociedad y que ahora se baten en retirada, abatidos algunos y otros aparentemente aliviados ante la perspectiva de buscar refugio en opciones menos utópicas.

Los alumnos no saben cosas básicas y eso no les preocupa lo más mínimo
El primero de los factores es objeto de numerosos comentarios desde hace dos o tres lustros. Un amigo lo resumía con contundencia al considerar que los estudiantes universitarios eran el grupo con menos interés cultural de nuestra sociedad, y eso explicaba que no leyeran la prensa escrita, a no ser que fuera gratuita, que no acudieran a libros ajenos a las bibliografías obligatorias o que no asistieran a conferencias si no eran premiadas con créditos útiles para aprobar cursos. Aunque podría matizarse la afirmación de mi amigo, en términos generales responde a una realidad antipática pero cierta, por más que todos los implicados en el circuito de la enseñanza reconozcan que no se trata de la mayor o menor inteligencia o sensibilidad de los universitarios actuales con respecto a generaciones precedentes, sino de otra cosa.

Esta "otra cosa" es lo que ha desgastado irreparablemente a los profesores que optan por marcharse a casa. Éstos no se han sentido ofendidos tanto por la ignorancia como por el desinterés. Es decir, lo degradante no ha sido comprobar que la mayoría de estudiantes desconocen el teorema de Pitágoras -como sucede- o ignoran si Cristo pertenece al Nuevo o al Antiguo Testamento -como también sucede-, sino advertir que esos desconocimientos no representaban problema alguno para los ignorantes, los cuales, adiestrados en la impunidad ante la ignorancia, no creían en absoluto en el peso favorable que el conocimiento podía aportar a sus futuras existencias.

Naturalmente, esto es lo descorazonador para los veteranos ilustrados, quienes, tras los ojos ausentes -más soñolientos que soñadores- de sus jóvenes pupilos, advierten la abulia general de la sociedad frente a las antiguas promesas de la sabiduría. Los cachorros se limitan a poner provocativamente en escena lo que les han transmitido sus mayores, y si éstos, arrodillados en el altar del novorriquismo y la codicia, han proclamado que lo importante es la utilidad, y no la verdad, ¿para qué preferir el conocimiento, que es un camino largo y complejo, al utilitarismo de laposesión inmediata? Sería pedir milagros creer que la generación estudiantil actual no estuviera contagiada del clima antiilustrado que domina nuestra época, bien perceptible en los foros públicos, sobre todo los políticos. Ni bien ni verdad ni belleza, las antiguallas ilustradas, sino únicamente uso: la vida es uso de lo que uno tiene a su alrededor.

Esta atmósfera antiilustrada ha penetrado con fuerza también en el organismo supuestamente ilustrado y, con frecuencia, anacrónico de la Universidad. Ahí podríamos identificar la otra causa del descontento de algunos de los profesores que optan por el retiro, originando, en el caso de los mejores, una auténtica sangría intelectual para la Universidad pública, cuyo coste social nadie está evaluando. A este respecto, la renovación universitaria ha sido sumamente contradictoria en estos últimos decenios. De un lado ha existido una notable voluntad de adaptación a las nuevas circunstancias históricas, con particular énfasis en ciertas tecnologías e investigaciones de vanguardia como la biogenética; de otro lado, sin embargo, las viejas castas universitarias, rancios restos feudales del pasado, han sido sustituidos por nuevas castas burocráticas, que predican una hipotética eficacia que muchas veces roza peligrosamente el desprecio por la vertiente científica y cultural de la Universidad. En los mejores casos, por consiguiente, los centros universitarios se aproximan al funcionamiento empresarial eficaz, y en los peores, a una suerte de academia de tramposos.

Lógicamente, ni unos ni otros resultan satisfactorios para el profesor que quería adaptar el credo ilustrado al presente. Si la Universidad pública se articula sólo con intereses empresariales, está condenada a aceptar la ley de la oferta y la demanda hasta extremos insoportables desde el punto de vista científico. Los estudios clásicos o las matemáticas nunca suscitarán demandas masivas ni estarán en condiciones de competir con las carreras más utilitarias. Pero el día en que el consumo de tecnología no suscite ya ninguna curiosidad por los principios teóricos que posibilitaron el desarrollo de la técnica y la Universidad se pliegue a esa evidencia, lo más coherente será rendirse definitivamente y olvidarse de que en algún momento existió algo parecido a un deseo de verdad.

Mientras esto no suceda, al menos definitivamente, el riesgo de una Universidad excesivamente burocratizada es el triunfo de los tramposos. No me refiero, desde luego, a los tramposos ventajistas que siempre ha habido, sino a los tramposos que caen en su propia trampa. La Universidad actual, con sus mecanismos de promoción y selectividad, parece invitar a la caída. En consecuencia, los jóvenes profesores, sin duda los mejor preparados de la historia reciente y los que hubiesen podido dar un giro prometedor a nuestra Universidad, se ven atrapados en una telaraña burocrática que ofrece pocas escapatorias. Los más honestos observan con desesperanza la superioridad de la astucia administrativa sobre la calidad científica e intentan hacer sus investigaciones y escribir sus libros a contracorriente, a espaldas casi del medio académico. Los oportunistas, en cambio, lo tienen más fácil: saben que su futura estabilidad depende de una buena lectura de los boletines oficiales, de una buena selección de revistas de impacto donde escribir artículos que casi nadie leerá y de un buen criterio para asumir los cargos adecuados en los momentos adecuados. Todo eso puntúa, aun a costa de alejar de la creación intelectual y de la búsqueda científica. Pero, ¿verdaderamente tiene alguna importancia esto último en la Universidad antiilustrada que muchos se empeñan en proclamar como moderna y eficaz?

Los veteranos profesores de formación humanista que últimamente abandonan las aulas creen que sí. Por eso se retiran. No obstante, es dudoso que su gesto tenga repercusión alguna. Para tenerla debería encontrar alguna resonancia en el entorno en que se produce. No es así. Nuestra Universidad, como nuestra escuela, es un mero reflejo. La sociedad en la que vivimos no sólo no tiene intención de compartir los ideales ilustrados, juzgados ilusorios e inservibles, sino que dispara contra ellos siempre que puede. Desde el escaño, desde la pantalla, desde el estudio, desde donde sea. El pensamiento ilustrado no ha demostrado que proporcionara la felicidad. Y esto se paga.

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A continuación presentamos un artículo publicado en el Diario El Clarin (Argentina) el 06.09.2009, de Ricardo Lagos (ex-presidente de Chile) denominado "Respuestas para este siglo, no para el anterior", en el que hace un análisis de la situación de América Latina doscientos años desde que se inició el proceso de independencia de España.

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Por: Ricardo Lagos

Antes del encuentro de Unasur en Bariloche -cuyos alcances aún están muy próximos para tener una evaluación adecuada-, las miradas del continente se colocaron en Quito. Aquella cita de la entidad regional tuvo lugar el 10 de agosto, en un aniversario cuya trascendencia debió hacernos meditar si estamos entendiendo los tiempos que vive el mundo y el papel de América latina en ellos.
Ese día se cumplieron 200 años del llamado Primer Grito de Independencia Hispanoamericana. Una gesta de autonomía que, más allá de su derrota inicial, fue una alerta a los demás países del continente. Otros lo siguieron y ahora se aprestan también a tener su conmemoración bicentenaria.
Ese Bicentenario en Quito no estuvo marcado, precisamente, por signos claros de integración, de proyectos comunes y de afán por construir una plataforma compartida para entrar al escenario internacional del momento. Por el contrario, se hizo una reunión de Unasur cargada de ruidos subyacentes. Las visiones enfrentadas en la región frente a diversos temas, en especial la discusión sobre las bases norteamericanas en Colombia, hicieron densa la atmósfera. Y ahí estamos y esa agenda nos traba, nos impide ver por dónde va el siglo XXI.
¿Qué entendemos hoy por independencia en este continente? ¿Qué sienten nuestros ciudadanos cuando escuchan la palabra independencia y ven cómo su realidad se cruza con una globalización ineludible? ¿Hemos asumido que el mundo vive en una creciente interdependencia y que debemos prepararnos para ello?
Independencia e interdependencia no son términos contrapuestos. Son complementarios, donde el primero tiene una historia larga en nuestros países, pero el segundo aún no terminamos de entender. La independencia fue y será siempre una tarea nacional, de metas y luchas por lograr, con un horizonte de identidad cultural como corazón para ser país. Un espacio de soberanía clara, para el desarrollo de sus pueblos.
Pero con ello está la ineludible relación con los otros. Ahora, en el siglo XXI, esa relación nos lleva a una interdependencia donde crisis económica, carencia de alimentos, planeta amenazado por el cambio climático, pandemias, nuevas demandas ciudadanas, valores universales configuran una agenda que se instala en el escenario nacional. A ratos se siente que nos estamos quedando atrás, enredados en retóricas y sin levantar la vista ante los nuevos desafíos. Hace 20 años fue un grito de independencia mirar el mapa latinoamericano y ver cómo la democracia se imponía. Veinte años después, las transformaciones son tan inmensas que la democracia no basta para la satisfacción de los ciudadanos.

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Continuando con el tema de los últimos sucesos del VRAE, presentamos las reflexiones de Jorge Bruce, aparecidas en el Diario La República el 06.09.2009 bajo el título de "Ataques al pensamiento".

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Por Jorge Bruce

Los ataques narcoterroristas en el VRAE han tenido varias consecuencias nefastas. La más dolorosa, sin duda, es la pérdida de quienes cayeron cumpliendo su deber en defensa de nuestra democracia. Esas muertes nos enlutan a todos y deberían obligarnos a encontrar sistemas eficientes de procesamiento de lo ocurrido, a fin de articular respuestas adecuadas a la amenaza. No obstante, ese no es el único daño que se ha producido en nuestro tejido social. Al escuchar o leer una serie de discursos estos días, es evidente que el narcotráfico y sus sicarios senderistas han logrado un objetivo que para ellos podría ser más estratégico que los atroces asesinatos cometidos: impedir que, autoridades y algunos medios, piensen.

Así, el ministro Rey parece más concernido por tergiversar burdamente la opinión de los organismos de DDHH o el Informe de la CVR, que por diseñar una estrategia político-militar que hoy no se advierte. Este mecanismo es típico de personas cuyas emociones, asociadas con una ideología rígida o fanática, impiden tolerar el dolor y la frustración. De inmediato buscan chivos expiatorios para aliviar, proyectivamente, sensaciones tan penosas. Esto fue visible en su intervención en el Pleno del Congreso.

Carlín ha captado, con su habitual maestría, esa dramática confusión promovida por una vivencia insoportable que lo llena de rabia y le arranca lágrimas. El problema es que esa obnubilación les hace el juego a nuestros enemigos comunes, ministro.

El Vicepresidente, en un homenaje involuntario a la barbarie de la simplificación de Morin, mencionada la semana pasada en esta columna, ha propuesto declarar al VRAE zona de combate, y a los civiles, oficialmente, estorbo. Nuevamente, los únicos beneficiados serían los narcos y los terroristas, al renunciar a una política de alianza con los habitantes de la región, a los que se trata, más bien, como aliados del narcotráfico. Lo cual probablemente sea en muchos casos por el abandono del Estado.

Ni qué decir del ya tristemente célebre plan “napalm” (con sus siniestras evocaciones de la guerra de Vietnam), en donde la simplificación llega a extremos dignos de Bush: todo es cuestión de hacer un círculo con un compás en el mapa, cargar los aviones y listo el pollo. ¿A nadie se le había ocurrido algo tan genial? O es también culpa de las ONGs caviar, que no permiten arreglar la situación a punta de ¡Paf! y sobre todo de ¡Bum! Obvio.

Hay en el Estado mentes que resisten a esos ataques al pensamiento. La fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, es una de ellas: “Esas personas movidas por las emociones no meditan sus expresiones; que la calma llegue a todos y entonces se puede hablar del tema de manera más reflexiva”. Luego: “Nuestra respuesta como Estado no tiene que ser de la misma naturaleza delincuencial”.

Así es. Si en vez de pensar, actuamos cegados por la rabia, el dolor y la ideología, arrasando de nuevo con los derechos de nuestros compatriotas más desprotegidos (¿nada hemos aprendido de la tragedia?), nuestros enemigos –y el narcotráfico con su inmenso poder de corrupción es más peligroso que Sendero– seguirán teniendo las de ganar.
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Estimados Blogeros:

El Ministro de Economía del Perú ha señalado recientemente que no se modificará la decisión de que entre en vigencia el Impuesto a la Renta a las Ganancias de Capital a partir del 1 de enero de 2010, que hoy se encuentra exonerado. Ante dicha noticia han surgido varias y diversas opiniones de especialistas peruanos y extranjeros, que han atizado los pro y los contras de tal decisión.
A continuación transcribimos la posición de Eduardo Morón (economista peruano, catedrático de la Universidad del Pacífico) al respecto, aparecida en el Diario El Comerico el 02.09.2009 bajo el título "Impuesto a los gordos (capitales).

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Por: Eduardo Morón

Debo reconocer que estoy perdiendo la batalla contra la balanza y cada intento nuevo se estrella contra la imparable aguja que tercamente insiste en señalar que esta semana peso más que la anterior. Pero esa no es la razón para pensar en un impuesto a los gordos. En una de las últimas ediciones del semanario “The Economist” se discute la idea de los impuestos inspirados en A.C. Pigou. Este célebre economista inglés del siglo pasado se hizo famoso por proponer que los problemas que la presencia de externalidades ocasionan en la sociedad se pueden corregir a través de impuestos. A esos impuestos los economistas los llamamos impuestos pigovianos.
Pongamos un ejemplo sencillo para entender esto. Fumar mata, no solo al que lo hace, sino que el humo del cigarrillo mata a los que están cerca de quien fuma. Los mata en el sentido de que les eleva la probabilidad de morir por cáncer de pulmón. El tipo que prende un cigarrillo no está pensando en los demás y por eso en todo el mundo hay impuestos selectivos a los cigarrillos para intentar disminuir su consumo. El costo de la externalidad (el humo de segunda mano) debería ser asumido (internalizarse, diríamos los economistas) por la persona que fuma a través de hacerle más caro fumar.
Como eso no ha funcionado, se ha optado en muchos lugares por simplemente prohibir el consumo en lugares públicos, lo cual, sin duda, es una restricción mucho mayor que apunta a evitar el consumo de algo que se considera malo.
Digamos que la tasa del impuesto se ha hecho prohibitiva-mente alta en los lugares públicos y casi todos (aunque siempre hay frescos) cumplen dicha disposición.
En muchos países se está empezando a discutir formas alternativas de ponerle un impuesto a los gordos, mejor dicho a la obesidad mórbida. La razón es que los problemas de salud que acarrea este tipo de personas representan un costo muy alto para la sociedad. Esto era pasable cuando unos pocos pesaban más de 100 kilos, pero ahora un tercio de los estadounidenses es obeso.
Pero dejemos en paz a los gordos y sus problemas, porque en realidad quería hablar del impuesto a los (gordos) retornos de los capitales, que ha regresado al debate nacional.
Al inicio del Gobierno se legisló, sin reglamento, con la justificación de que todo tipo de ingreso debe ser gravado sin importar la fuente. Es decir, rentas del trabajo y del capital deberían ambas pagar impuestos. Pero no se tomó en cuenta que un impuesto desalienta la actividad financiera, y que es una externalidad, en este caso positiva, para aquellos que no necesariamente pueden ahorrar, pero que sí necesitan recursos para sus decisiones de inversión y consumo.
Es decir, estaríamos desincentivando una actividad que, a diferencia del humo del cigarro o la obesidad mórbida, sí es buena para la sociedad. ¿Usted qué opina? ¿Promovemos o desincentivamos el crecimiento de nuestro sistema financiero?
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Va el interesante comentario de Fernando Rospigliosi aparecido en el Diario La República el 06.09.2009 bajo el título de "Incompetentes e irresponsables", en el que analiza la situación del VRAE, el reciente derribo de un helicoptero de la FF.AA. por narcoterrorista y algunos aspectos de la historia pasada que pueden hilar la circunstancia actual.

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Por: Fernando Rospigliosi

El gobierno sigue fracasando en el VRAE y en lugar de asumir su responsabilidad y rectificar los errores persiste en los desaciertos y echa la culpa a otros.
Lo ocurrido esta semana en Santo Domingo de Acobamba no debería sorprender a nadie. Se veía venir. Es el resultado inevitable de una estrategia equivocada, diseñada y ejecutada por militares ineptos. Y amparada por un gobierno que carece por completo de una política antisubversiva, que ha dejado todo en manos de los mandos militares que supuestamente son “técnicos” y que deberían saber lo que hacen.
¡Como si nuestra historia no estuviera plagada de ejemplos de la incompetencia militar! Naturalmente, hay militares capaces y honestos. Por desgracia, no son precisamente ellos los que han sido nombrados por el gobierno para dirigir las Fuerzas Armadas.

EL MITO DE LAS BASES
Como se ha advertido repetidamente en esta columna desde el inicio de la ocupación militar del VRAE, la estrategia trazada por los mandos es completamente errónea. Esencialmente, consiste en ocupar territorialmente la zona con bases del Ejército y patrullar entre esas bases.
Eso es un absurdo total. Esas bases no controlan nada, salvo la pequeñísima porción de terreno que ocupan y unos cuantos metros más. No sirven para nada.
Y se convierten en blancos fijos para los senderistas, que las atacan y hostigan cuando les da la gana. Peor aún, esas bases tienen que ser abastecidas de pertrechos por tierra o aire. Otro blanco más para los senderistas.
Pretender dominar una vastísima extensión de un territorio intrincado con decenas de bases es una ridiculez que solo puede ocurrírseles a mandos militares indiferentes a lo que suceda con sus tropas.
Por supuesto que se requieren unas pocas bases en lugares adecuados para ser usadas como punto de partida para incursiones de fuerzas especiales, pero no con el concepto erróneo de ocupar el territorio e impedir el pase de los senderistas. Cualquiera que conozca la zona se da cuenta de inmediato que los terroristas pueden circular por las inmediaciones de una base sin que las tropas se percaten que están allí.

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Publicado por: lduran

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Blogeros:

Charly Garcia ha vuelto y recientemente estrenó el videoclip de su nuevo tema "Deberías saber por que". El video es provocador y creo que es un reclamo de Charly a los que somos sus seguidores, pero es también una reflexión sobre algunos sentidos.

Creo que hay que decir ¡Bienvenido Charly¡.. y a disfrutar de su musica: