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Archivo de diciembre 2008
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El 24 de noviembre pasado, la Santa Sede publicó una nota sobre finanzas y desarrollo con ocasión de la preparación de la vigilia de la Conferencia promovida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en Doha (realizada los primeros días de diciembre), elaborada por el Consejo Pontificio "Justicia y Paz" y aprobada por la Secretaría de Estado de la Santa Sede.
La nota cuestiona clara e inteligentemente la situación de crisis financiera que actualmente vivimos en el mundo entero, razón por la cual la hemos querido presentar, en una traducción no oficial del original italiano, realizada por Inma Álvarez para Zenit.org. Tomese cuenta de lo referido a los Paraisos Fiscales.

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La presente Nota, elaborada por el Consejo Pontificio "Justicia y Paz", aprobada por la Secretaría de Estado, quiere ofrecer algunos puntos de reflexión sobre la actual crisis financiera mundial y sobre sus repercusiones en la financiación al desarrollo. La Santa Sede es consciente de que muchas de las cuestiones aquí señaladas son susceptibles de ser afrontadas por medios técnicos muy diversos. El documento, por tanto, quiere sobre todo promover y animar a los Gobiernos y al resto de agentes económicos a buscar soluciones duraderas y solidarias.
Financiación y Desarrollo. Importancia de la Conferencia
1. La próxima conferencia internacional sobre "Financing for Development to review the Implementation of the Monterrey Consensus", que tendrá lugar en Doha del 29 de noviembre al 2 de diciembre de 2008, representa el punto de llegada de un proceso de revisión, promovido por la Asamblea General de las Naciones Unidas y con la participación de la sociedad civil, de los contenidos y de la actualización del Documento sobre Financiación al Desarrollo, aprobado en 2002 en Monterrey -el llamado "Monterrey Consensus". Aquel documento incluía seis capítulos sobre las grandes cuestiones esenciales para financiar el desarrollo: la movilización de los recursos internos; los flujos de capitales privados; el comercio internacional; la cuestión de la deuda externa; y última pero no menos importante, la cuestión sistémica sobre los modos de dar fuerza y coherencia al sistema monetario, financiero y comercial global en apoyo del desarrollo.
Según los procedimientos de las Naciones Unidas, los trabajos de revisión han llevado, durante los primeros años del 2008, a la redacción del esbozo de un nuevo documento (el "Doha Draft Outcome Document"), que ha sido poco a poco discutido y enmendado, con el objetivo de poder concluir la Conferencia de Doha con un texto que recoja el consenso de todos los participantes.
A este laborioso proceso negociador se ha superpuesto, en los últimos meses, la precipitación de la crisis financiera global que se ha originado en el mercado de las hipotecas "subprime" en Estados Unidos. A pesar de su larga gestación, a principios de septiembre la crisis se ha extendido hasta afectar a otros sectores del sistema financiero y a poner en dificultad un número creciente de países, cuya situación financiera, en ausencia del choque externo, no parecía presentar problemas de sostenibilidad.
A la subida de los precios agrícolas y energéticos que tuvo lugar en los primeros meses del 2008, por tanto, se ha añadido una crisis financiera en ciertos aspectos dramática, con consecuencias muy negativas: sobre todo, el tema de la financiación al desarrollo corre el riesgo de ser puesto en segundo lugar.
2. En esta situación, resulta indispensable que los Gobiernos y las instituciones financieras actúen para contrastar la ulterior difusión de la crisis financiera actual: de hecho, muchos países han introducido decisiones radicalmente opuestas a la tendencia, preferida hasta un pasado reciente, de confiar el funcionamiento del mercado financiero a su capacidad de autorregulación. Sustancialmente, los Gobiernos de los países afectados por al crisis han adoptado una variedad de disposiciones que comportan un retorno masivo del sector público en los mismos mercados financieros que, en las últimas décadas, habían sido desregularizados, privatizados y liberalizados.
Dado que una acción política de este género tiene mayores probabilidades de éxito si los países no proceden de forma dispersa, sino que se coordinan sus iniciativas, para el 15 de noviembre se convocó una cumbre de urgencia de los grandes países, el llamado G-20, con la participación de significativos países emergentes. Desde el momento en que el G-20 ha tenido lugar dos semanas antes de la Conferencia de Doha promovida por las Naciones Unidas, los muchísimos países que no han participado en la cumbre temen, no sin cierta razón, que el primer acontecimiento, que ha implicado solo a un número restringido de países, pero que ha atraído la atención de la opinión pública internacional, prive de impacto político a la Conferencia de Doha.
Hay por tanto dos grandes citas mundiales, muy cercanas, con un objeto similar -las finanzas y su crisis, las finanzas y el desarrollo-, aunque caracterizadas por significados políticos y funciones muy distintas. Ambos encuentros tienen importancia.
El deseo de todos es que con todo los países que se han reunido en Washington el 15 de noviembre tengan en debida cuenta la Conferencia de Doha y favorezcan su éxito. Esta tiene, de hecho, no solo el objetivo de llegar a un consenso formal intergubernamental sobre los seis grandes temas ya presentes en el "Monterrey Consensus", sino también el de madurar progresivamente un sentimiento común, una valoración compartida sobre aquellas que se identifican como cuestiones emergentes en materia de financiación al desarrollo.
Si es indispensable hacer frente, también en el plano político, a las emergencias financieras que se presentan, es también importante mirar con atención al cuadro en su conjunto y a las conexiones entre los problemas, no sólo desde el punto de vista de los países económicamente importantes, sino dentro de una perspectiva tendencialmente global. No siempre lo más urgente es también lo más importante. Al contrario, reordenar las prioridades es más necesario en cuanto la situación se ha hecho difícil.
No hay duda de que se ha llegado a la emergencia financiera de hoy tras un largo periodo en el cual, presionados por el objetivo inmediato de perseguir resultados en breve, se han dejado de lado las dimensiones propias de las finanzas: su "verdadera" naturaleza, en efecto, consiste en favorecer el empleo de los recursos ahorrados allí donde favorecen la economía real, el bienestar, el desarrollo de todo hombre y de todos los hombres (Pablo VI, "Populorum progressio", 14). La Conferencia de Doha es por tanto una ocasión que la comunidad internacional no debe perder para volver a poner en el centro cuestiones de fondo importantísimas para el bien común de la humanidad: la financiación al desarrollo es una de estas.
Las grandes cuestiones abordadas por el "Draft Document"
3. En referencia al "Draft Document", parece oportuno considerarlo teniendo en cuenta las dos caras de la crisis financiera actual, es decir, la emergencia que se ha originado en los mercados por una parte, y la situación de crónica inadecuación de los recursos destinados a apoyar el desarrollo por otro: ambas ponen de manifiesto una ineludible cuestión moral.
En un momento de crisis, como el actual, es apropiado hacerse preguntas que, cuando las cosas van bien, habrían sido dejadas de lado u obviadas. ¿Cómo se ha llegado a esta desastrosa situación, tras un decenio en que se han multiplicado los discursos sobre la ética de los negocios y de la finanza, y en el que se ha difundido la adopción de códigos éticos? ¿Cómo no se ha dado suficiente peso a la verificación de episodios que deberían haber hecho reflexionar?
La respuesta a estas preguntas no puede no poner en evidencia que la dimensión ética de la economía y la finanza no es algo accesorio, sino esencial y debe ser constantemente tenido en consideración e incidir realmente si se quieren llevar a cabo dinámicas económicas y financieras correctas, a largo plazo y fecundas en progreso.
En esta perspectiva, la doctrina social de la Iglesia, con la rica variedad de sus principios morales, puede y debe dar una contribución de realismo y esperanza tanto a las cuestiones que hoy se discuten, como la crisis financiera, sea a las cuestiones que, aun siendo de importancia vital para gran parte del mundo, no reciben la atención que merecen. Se trata de la necesidad de un nuevo pacto para refundar el sistema financiero internacional; de la cuestión de los centros financieros "offshore" y del nexo entre financiación al desarrollo y fiscalidad; del mercado financiero y de las normas; del papel de la sociedad civil en la financiación al desarrollo.
Un nuevo pacto financiero internacional
3. La actual crisis financiera es esencialmente una crisis de confianza. Hoy se reconocen entre las causas de la crisis tanto el excesivo uso de la "leva" financiera por parte de los operadores, sea la inadecuada consideración de los elementos de riesgo que ésta comporta. Sobre todo, se reconoce la relación entre la necesidad de que las finanzas cumplan su función "real" de puente entre el presente y el futuro, y el horizonte temporal de referencia de los operadores, sustancialmente empequeñecido en el presente. En otras palabras, la crisis financiera global ha hecho urgente la reflexión y la acción sobre el 6 punto del "Draft Document", es decir, sobre las cuestiones de sistema.
¿Estamos ante la necesidad de una simple revisión, o de una verdadera y propia refundación del sistema de las instituciones económicas y financieras internacionales? Muchos sujetos, públicos y privados, nacionales e internacionales, piden una especie de Bretton Woods. Más allá de la expresión utilizada, la crisis ha traído indudablemente a primer plano la urgencia de encontrar nuevas formas de coordinación internacional en materia monetaria, financiera y comercial.
Hoy parece claro que la soberanía nacional es insuficiente, incluso los grandes países son conscientes del hecho de que no es posible alcanzar los objetivos nacionales contando únicamente con las políticas internas: acuerdos, reglas e instituciones internacionales son absolutamente necesarias. Es necesario evitar que se comience la cadena del proteccionismo recíproco; más bien se deben reforzar las prácticas de cooperación en materia de transparencia y de vigilancia del sistema financiero. Es incluso posible alcanzar soluciones de "soberanía compartida", como demuestra la historia de la integración europea, a partir de problemas concretos, dentro de una visión de paz y prosperidad, enraizada en los valores compartidos.
También en el rediseño de las políticas y las instituciones internacionales se abre por tanto una cuestión moral de gran relevancia. En particular, es importante que el incluso necesario contraste político entre los países "más ricos" no lleve a soluciones basadas en acuerdos exclusivos, sino que relanza un espacio de cooperación abierto y tendencialmente inclusivo. Este espacio es especialmente relevante en materia de financiación al desarrollo.

Los flujos financieros que conectan a los países desarrollados con los países de renta baja presentan al menos dos elementos paradójicos, el primero lo representa el hecho de que en el sistema global, son los países pobres los que financian a los países ricos, que reciben recursos procedentes sea de las fugas de capital privado, sea de las decisiones gubernamentales de arrinconar reservas financieras bajo la forma de actividades financieras "seguras" colocadas en los mercados financieramente evolucionados o en los mercados "offshore". La segunda paradoja es que la remesas de los emigrados -es decir, de la componente menos "liberalizada" de los procesos de globalización- comportan una afluencia de recursos que, a nivel macro, superan grandemente los flujos de ayuda públcia al desarrollo. Es como decir que los pobres del Sur financian a los ricos del Norte, y los mismos pobres del Sur tienen que emigrar y trabajar en el Norte para sostener a sus familias en el Sur.
Los centros financieros "offshore"
3.b. Para llevar a cabo este nuevo pacto financiero internacional, un primer paso necesario es el de considerar atentamente el papel, oculto pero crucial, del sistema financiero "offshore" en las dos caras de la problemática financiera global antes descrita: la emergencia de la crisis global y la inadecuación de las finanzas al desarrollo.
Los mercados "offshore" han sido un nudo importante, tanto en la transmisión de la actual crisis financiera, como en haber mantenido una trama de prácticas económicas y financieras alocadas: fugas de capitales de proporciones gigantescas, flujos "legales" motivados por objetivos de evasión fiscal y canalizados también a través de la sobre o infrafacturación de los flujos comerciales internacionales, reciclaje de los procedentes de actividades ilegales. La estimación de la cantidad de riqueza detenida en los centros "offshore" son difícilmente evaluables, pero bastante impresionantes si se confirmaran las informaciones en circulación: se dice que una amplia gama de grupos e individuos detentarían aplicaciones financieras en los centros "offshore" que podrían rendir cerca de 860.000 millones de dólares al año, y que corresponderían a una falta de entrada fiscal de casi 255.000 millones de dólares: más de tres veces el monto entero de la ayuda pública al desarrollo por parte de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Dado que la financiación pública al desarrollo sólo puede proceder de las detracciones fiscales, esto se convierte como mínimo en crítico en la época de la globalización. De hecho, los procesos de globalización han cambiado el tipo de composición de la tasación, no sólo de directo a indirecto (con la probable consecuencia de una menor "progresividad" d ellos impuestos, es decir, de una menor capacidad de pesar porcentualmente más sobre aquellos que disponen de rentas más elevadas), sino sobre todo han comportado una traslación de la tasación del capital a la tasación del trabajo.
Se erosiona la detracción fiscal sobre las actividades empresariales más grandes y más móviles en el campo internacional, o que pueden fácilmente recurrir a los centros "offshore". Se tasan en cambio mayormente los factores productivos menos "móviles" y que difícilmente pueden escapar al gravamen fiscal, es decir, a los trabajadores y las pequeñas empresas.
Estos puntos son políticamente muy complejos. Afrontarlos significa incidir directamente en la esfera de la soberanía fiscal nacional. El "Draft Document" habla de ello y, en el punto 10, propone reforzar la cooperación internacional en materia fiscal, sobre todo en vista de una drástica redimensión de las prácticas financieras "offshore".
Reglamentación del mercado financiero
3.c. La crisis actual ha madurado en un contexto de toma de decisiones en el que el horizonte temporal de los operadores financieros era extremadamente breve y en el que la confianza -ingrediente esencial del crédito- se ponía más en los mecanismos del mercado que en las relaciones entre socios. No por casualidad, la confianza ha descendido en el intercambio que era "seguro" por antonomasia, es decir, las transacciones interbancarias; pero sin esta confianza se bloquea todo, incluida la posibilidad del normal funcionamiento de las empresas productivas. Las crisis financieras y sus consecuencias tiene, de hecho, como componente la expectativa de que el clima financiero empeore. Todo esto induce a los operadores a comportarse de forma que hace más probable el efectivo empeoramiento de la situación con un previsible efecto acumulativo. Con la crisis, ha caído la confianza fideísta puesta en el mercado, entendido como mecanismo capaz de autorregularse y de generar desarrollo para todos.
La situación actual es de emergencia, porque se ha evitado afrontar algunas cuestiones importantes: la trazabilidad de los movimientos financieros, el rendir cuentas adecuadamente de las operaciones en los nuevos instrumentos financieros, la cuidadosa valoración del riesgo. Muchas autoridades, especialmente en los países financieramente más evolucionados, han pospuesto elecciones puntuales, movidos por los beneficios económicos que derivan de hospedar una fuerte industria financiera, beneficios que duran lo que dura la fase de euforia financiera.
Las mismas instituciones financieras internacionales no están dotadas del mandato y de los instrumentos necesarios para afrontar con decisión estas cuestiones. En general se pensaba que el mercado bastaba para dar precio justo al riesgo.
Los mercados financieros no pueden operar sin confianza; y sin transparencia y sin reglas no puede haber confianza. El buen funcionamiento del mercado requiere por tanto un importante papel del Estado y, donde es apropiado, de la comunidad internacional para fijar y hacer respetar reglas de transparencia y de prudencia. Debe recordarse, sin embargo, que ninguna intervención de regulación puede "garantizar" su eficacia prescindiendo de la conciencia moral bien formada y de la responsabilidad cotidiana de los operadores del mercado, especialmente d ellos empresarios y de los grandes operadores financieros.
Las reglas de hoy, diseñadas sobre la experiencia de ayer, no necesariamente preservan de los riesgos del mañana, Así, aunque existan buenas estructuras y buenas reglas que ayuden, es necesario recordar que por sí solas no bastan. El hombre nunca puede ser cambiado o redimido sencillamente desde el exterior.
Es necesario llegar al ser moral más profundo de las personas, es necesaria una educación real en el ejercicio de la responsabilidad hacia el bien de todos, de parte de todos los sujetos, a todos los niveles: operadores financieros, familias, empresas, instituciones financieras, autoridades públicas, sociedad civil.
Esta educación a la responsabilidad puede encontrar un fundamento sólido en algunos principios indicados por la doctrina social, que son patrimonio de todos y base de toda la vida social: el bien común universal, el destino universal de los bienes, la prioridad del trabajo sobre el capital.
En el fondo, la crisis financiera es e resultado de una praxis cotidiana que tenía como punto de referencia la absoluta "prioridad del capital" respecto al trabajo -incluso del trabajo, alienado, de los mismos operadores financieros (horas de trabajo larguísimas y estresantes, horizonte temporal cortísimo de referencia para las decisiones). Es también el resultado de una praxis errónea por la que se presta con más facilidad a quien "es demasiado grande para fallar" que a quien asume el riesgo de crear ocasiones reales de desarrollo.
Papel de la sociedad civil en la financiación al desarrollo
3.d. La financiación al desarrollo requiere poner en discusión sea la ayuda pública al desarrollo, sea el papel de los demás actores: personas, empresas, organizaciones. En particular, la sociedad civil no solo lleva a cabo un importante papel activo en la cooperación al desarrollo, sino que también reviste un papel significativo en la financiación al desarrollo. Lo hace, ante todo, a través de la contribución voluntaria de persona a persona, como las remesas de los inmigrantes, o a través de formas organizativas relativamente sencillas (piénsese en la adopción a distancia). Después están los recursos para el desarrollo puestos en marcha por las empresas, en el ejercicio activo de su propia responsabilidad social; y aquellas a veces demasiados conspicuas, que proporcionan importantes Fundaciones.
También la adopción de comportamientos responsables en materia de consumo y de inversión constituye un importante recurso para el desarrollo. La difusión de estos comportamientos responsables, desde el punto de vista de los efectos materiales, puede dar la diferencia entre el funcionamiento de ciertos mercados particulares; pero su importancia reside sobre todo en el hecho que expresan una participación concreta por parte de las personas -en cuanto consumidoras, en cuanto inversoras del ahorro familiar o en cuanto decisivas para las estrategias empresariales- a la posibilidad de que los más pobres salgan de su condición de pobreza.
Crisis financiera y ayudas públicas al desarrollo
4. La preocupación por la emergencia financiera que se ha originado en los mercados maduros efectivamente puede ofuscar la necesidad de financiar el desarrollo. Es razonable pensar que la ayuda pública al desarrollo, que procede de asignaciones del presupuesto que cada país establece de año en año, sufrirá a causa de los ingentes recursos públicos necesarios para tapar la emergencia de la crisis financiera. Y esto es un mal, indiscutiblemente. Una financiación al desarrollo adecuada requiere un horizonte de largo plazo: es necesario que los recursos afluyan de modo previsible, en condiciones favorables, para financiar obras que quizás requieren mucho tiempo antes de producir beneficios a la población local.
Sin embargo, la emergencia financiera ligada al periodo breve y la "normalidad" de la financiación a largo plazo están estrechamente conectadas, en negativo, pero también en positivo: existe, y debe buscarse tenazmente, la posibilidad de contribuir a una salida sostenible de la crisis financiera, también construyendo las condiciones para que los ahorros que se generan se dediquen verdaderamente al desarrollo, es decir, a la creación de ocasiones de trabajo. Basta pensar en cuantas necesidades insatisfechas existen, especialmente en los países de renta baja: esas necesidades son la otra cara de las ocasiones de trabajo que es posible, y por tanto obligado, crear.
Para dar otros elementos que pueden sostener la razonabilidad de esta vía "real" de salida de la crisis financiera, podemos recordar que las tres crisis del 2008 -la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis financiera- están estrechamente unidas entre sí. La expectativa de precios crecientes de los productos agrícolas y energéticos (expectativa en cierto sentido fisiológica, piénsese en la mayor demanda de alimentos y carburante en países como China e India) ha producido una carrera al aprovisionamiento y a la compra de "futuros", es decir, de promesas de entrega futura a un precio determinado. Este comportamiento a su vez ha alimentado una subida de los precios que ha atraído no solo a los futuros utilizadores de los productos primarios, sino también a los operadores financieros que, desde una óptica puramente especulativa, han apostado sobre la posibilidad de una subida ulterior de los precios.
Ahora, estos comportamientos arriesgados tienden a florecer sin control cuando en los mercados financieros existe mucha -demasiada- disponibilidad de crédito. No es casual que la crisis financiera actual, que se manifiesta sobre todo en la extrema dificultad de obtener un crédito, haya traído consigo una bajada de los precios de los productos primarios, y sobre todo del petróleo. Se entiende que, si es necesario afrontar los problemas "uno a uno", es peligroso hacerlo sin mirar con lucidez al cuadro completo y a las conexiones entre los propios problemas. La crisis financiera probablemente "quitará" recursos a la ayuda pública al desarrollo; sin embargo, sólo destinando recursos -públicos pero también privados- al desarrollo "real" se podrá reconstruir un sisteema financiero sano, capaz de rendir de verdad, porque los recursos han sostenido realmente el trabajo y la economía.
Las actuales inversiones directas en los países pobres
5. En general, la gran parte de las inversiones extranjeras directas sigue afectando a los países avanzados, tanto como procedencia como destino, aunque en los últimos años se han observado dos fenómenos decididamente nuevos. El primero es la afirmación de inversiones extranjeras directas surgidas de los países "emergentes", a menudo motivadas por el objetivo de reforzar la presencia de la empresa investigadora en su misma macrorregión -y por tanto, son inversiones Sur-Sur, destinadas a países de renta media y baja. El segundo tiene que ver con el crecimiento significativo de los flujos de inversión transcontinentales destinados a ciertos países de renta baja, normalmente dotados de importantes recursos mineros o energéticos; algunos de estos se efectúan de los llamados "fondos soberanos", y por tanto presentan en doble valor de inversión económica y de importante vínculo sociopolítico.
Cómo actuar para incrementar las inversiones extranjeras directas es el objeto del segundo capítulo del "Draft Document", que muy oportunamente subraya que es necesario considerar atentamente también los aspectos cualitativos de la inversión. Es necesaria de hecho cautela antes de interpretar los flujos de capital hacia los países como una señal inequívocamente positiva, y por tanto incrementar sencillamente la cantidad. En muchos casos, se trata efectivamente de importantes ocasiones de crecimiento económico y de desarrollo social; en otros, no es así. Hay, de hecho, inversiones que comportan la implicación y la formación de los trabajadores locales, la transferencia de tecnología, la difusión de prácticas de management responsable; pero hay también inversiones que se limitan a valorar los recursos mineros en beneficio de pocos -de la élite política o económica local- además, naturalmente, del inversor extranjero.
Cooperación financiera al desarrollo
6. A continuación de la Conferencia de Monterrey, se han dado algunos pasos adelante significativos, en la dirección indicada por el "Monterrey consensus". En la "Action against Hunger and Poverty", inicialmente promovida por algunos países desarrollados y países en vías de desarrollo y sucesivamente hecha propia por otros muchos Estados, se han identificado distintas posibles fuentes innovadoras de financiación: un impuesto solidario sobre las tarifas aéreas; la reducción de la evasión fiscal hecha posible por la existencia de paraísos fiscales; la movilización de las remesas de los emigrantes para el desarrollo local de los países de destino con iniciativas, por ejemplo, de microcrédito; la tasación de las transacciones en valor y /o del comercio de armas; la creación de instrumentos innovadores de préstamo como la "International Financial Facility"; la emisión por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) de derechos especiales de retiro; la contribución voluntaria asociada al uso de tarjetas de crédito; la inversión financiera en "fondos éticos"; la recogida a través de loterías solidarias.
Algunas de estas propuestas se han llevado a cabo parcialmente. Es el caso del proyecto piloto de la tasa solidaria en las tarifas aéreas, ya en ejecución en algunos Estados y destinada a un fondo para la compra de fármacos contra la malaria, tuberculosis y Hiv/Aids, gestionado directamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS). También en el 2006, la propuesta de cear una International Financial Facility se tradujo en la activación de la Iffi (Iff for immunization) a la que se ha adherido cierto número de países. Sustancialmente, se trataba de la emisión de títulos públicos internacionales que se han colocado en los mercados financieros y que han permitido recoger recursos privados para la financiación de programas de vacunación. Los países que han emitido los títulos se hacen cargo de los recargos por intereses y para la restitución futura de los fondos recibidos, empeñándose recíprocamente en proporcionar recursos al desarrollo; este empeño es efectivamente creíble, en cuanto que su eventual disminución expondría a los países a una pérdida de reputación en los mercados financieros internacionales de los que dependen para la financiación de sus desequilibrios en las cuentas. Todas estas iniciativas tienen en común el hecho de desvincular la recogida de los recursos financieros al desarrollo mediante impuestos, de las decisiones de presupuesto público de cada país.
7. A pesar de los progresos, sin embargo, la cooperación financiera al desarrollo sigue siendo un problema. Además, muchos otros ámbitos de acción incluidos en el "Monterrey consensus" no han visto progresos; esto vale sobre todo a propósito de las cuestiones de sistema y en particular, de la coherencia de las políticas económicas internacionales. Piénsese por ejemplo en el nexo entre las políticas de ayuda al desarrollo y las políticas comerciales de los países avanzados: las diversas formas de proteccionismo manifiesto o escondido, así como als persistentes limitaciones al acceso de las exportaciones de los países pobres en los mercados de los países ricos, son un obstáculo enorme al desarrollo. Las políticas nacionales siguen siendo fuertemente incoherentes: con una mano se da y con otra se quita.
Una última pero importante cautela: es necesario estar atentos a no confundir los medios (los recursos financieros) y el fin, es decir, el desarrollo. No basta predisponer una cantidad adecuada de financiación para pensar en obtener, de forma mecánica, el desarrollo. Éste no es tanto el "resultado" que se encontrará al final, sino el camino que día a día es trazado por las elecciones concretas de múltiples actores: Gobiernos donadores y receptores, organizaciones no gubernamentales, comunidades locales. Por lo que respecta a la ayuda pública al desarrollo -el objeto principal de la Conferencia de Doha, que implicará en primer lugar a los Estados- se debe recordar que la comunidad internacional ha afrontado recientemente, en la Conferencia de Accra, la cuestión de la eficacia de la ayuda ("aid effectiveness").
Hoy la tendencia preponderante es la de considerar el canal "de Estado a Estado", el llamado "budget support", como la vía más eficaz para hacer llegar los recursos a países de renta baja. Esta tendencia es vista con cierta preocupación, porque lleva consigo el riesgo de una "burocratización" de las políticas nacionales de lucha contra la pobreza y de un redimensionamiento de los recursos disponibles por las diversas formas de iniciativa social local, tanto por parte de las organizaciones de la sociedad civil, como por parte de realidades locales radicadas en el territorio como las "faith based organizations". Si embargo, estas realidades son las verdaderas protagonistas del desarrollo entendido como recorrido que llevar a cabo día a día.
África y financiación al desarrollo
8. Una atención particular al Continente africano, en el que el mapa del desarrollo registra fuertes disparidades, es necesaria. En áfrica la situación es distinta en cada país; es más, se nota una tendencia a la polarización entre las situaciones de éxito al conseguir recursos y hacerlos fructificar, y situaciones de total marginalidad. Por ejemplo, sólo pocos países africanos atraen inversiones extranjeras directas no interesadas exclusivamente en explotar los recursos minerales o energéticos. Depende mucho de la situación interna de cada país; en los términos del "Monterrey Consensus": por la capacidad de movilizar recursos internos y de luchar contra las fugas de capitales, evasión fiscal y corrupción.
Además, es evidente que en situaciones de conflicto armado -numerosas, por desgracia, en África- la dimensión económica del desarrollo se convierte sencillamente en improponible.
En cuanto a la condonación de la deuda externa, ha habido progresos; sin embargo, los recursos para la cancelación de la deuda raramente han sido adicionales respecto a los flujos de ayuda y esto ha comportado efectos de recomposición de los presupuestos públicos sin un incremento real de los recursos disponibles para las acciones de lucha contra la pobreza.
Dos puntos deben subrayarse oportunamente. Uno tiene que ver con las elecciones en política internacional de los Gobiernos africanos: debe apoyarse la creciente voluntad de cooperación internacional Sur-Sur, en un continente donde adquirir una cierta costumbre a la cooperación internacional podría contribuir a canalizar preventivamente los conflictos en un espacio de negociación incruento. La segunda tiene que ver con las elecciones en política interna, en materia de lucha contra la pobreza y el desarrollo: es necesario apoyar con convicción la solución subsidiaria, que valore y refuerce las formas de respuesta a las necesidades que nacen "desde dentro" de la sociedad africana, la cual posee un gran patrimonio de cultura solidaria que sabe expresarse con una extraordinaria fuerza testimonial.
La experiencia de cooperación internacional al desarrollo es hoy suficientemente amplia para permitir concluir que las políticas y los recursos "llegados de lo alto" pueden producir efectos benéficos inmediatos, pero por sí solos no proporcionan respuestas adecuadas a cómo salir, de forma sostenible, de la pobreza. Los principios de subsidiariedad y solidaridad, tan queridos a la doctrina social de la Iglesia, pueden inspirar un auténtico desarrollo en el signo de un humanismo integral y solidario.
Vaticano, 18 de noviembre de 2008
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Por: Luis Durán Rojo (Opinión de COYUNTURA de la Revista Análisis Tributario de octubre de 2008)

Al cierre de esta edición, la crisis financiera empezaba a hacer sentir sus efectos en la economía mundial, especialmente en los países más desarrollados, al punto que varios especialistas hablan ya de la culminación de un ciclo económico mundial expansivo.
En América Latina volvía a hablarse de recesión económica y generación (o aumento) del déficit fiscal; evidentemente con ciertas diferencias, pues el efecto no es parejo y está afectando con mayor incidencia a las economías más grandes, menos diversificadas y muy dependientes del mercado norteamericano.
En el caso del Perú, el Ministro de Economía ha estimado que el efecto se hará sentir pero no al punto de provocar una crisis económica de grandes dimensiones, especialmente porque entiende que existen cerca de tres mil millones de dólares ahorrados que podrían destinarse al mercado local para financiar egresos extraordinarios del Estado.

...PENSANDO EL FENÓMENO TRIBUTARIO
En ese marco, varios especialistas en la materia de diversos países del mundo están hablando de la necesidad de revisar los regímenes tributarios actuales, de modo que se pueda preparar al conjunto mundial a las necesidades del nuevo tiempo.
En el debate no se ha considerado la realidad de que –principalmente en el mundo occidental– los regímenes tributarios actuales responden por lo menos a dos modelos distintos, los mismos que se han ido estableciendo respectivamente en los países centrales (como EE.UU., o los conformantes de la Unión Europea) y en los países latinoamericanos.
Efectivamente, en los principales países del mundo –siguiendo el esquema europeo– se ha mantenido un modelo dogmático de tributación, que los economistas denominan como “sistema tributario ortodoxo”, porque se basa en dos tipos de impuestos directos (el impuesto sobre la renta y el impuesto sobre el patrimonio) y dos tipos de impuestos indirectos (impuestos al consumo general tipo valor agregado e impuestos a los consumos específicos).

UN MODELO TRIBUTARIO PARA AMÉRICA LATINA
A diferencia de ello, a lo largo de esta década –y luego del ajuste de la estructura impositiva que se realizó en la década anterior–, en América Latina se ha ido configurando un modelo flexible de tributación, denominado también como “sistema tributario heterodoxo”, que a los impuestos señalados se le han ido sumando nuevos tipos de impuestos (entre los que se encuentran los Impuestos sobre Transacciones Financieras, los Impuestos a los Activos Empresariales, Impuestos Presuntivos a la Renta, Regímenes especiales en determinados sectores extractivos y Regímenes simplificados para pequeños contribuyentes) y nuevos instrumentos de recaudación (entre los que se encuentran los modelos de retención en el IR e IVA, los modelos de percepción en IVA y los regímenes de detracción impositiva).
Este modelo “latinoamericano” se ha ido estableciendo sobre la base de un tira y afloja con los contribuyentes de la región y con el evidente apoyo de la clase política, los órganos judiciales y los grupos de la tecnocracia de opinión, bajo la apuesta de poder financiar a los Estados nacionales para que afronten la tarea de la inserción en el mundo globalizado (que al principio siempre trae una disminución de ingresos tributarios) generando mayores posibilidades para el conjunto de la población.
Pero también ha jugado un importante rol el hecho que en América Latina se han identificado varios tipos de trabas que no permiten una recaudación armónica bajo un modelo dogmático de tributación, como: (i) los altos niveles de evasión existentes, (ii) la limitada capacidad de control por parte de las Administraciones Tributarias de la gestión del tributo, y, (iii) la existencia de un elevado gasto fiscal (esto es la existencia de múltiples mecanismos de exenciones o de regímenes fiscales preferenciales a sectores económicos con significativa manifestación de capacidad contributiva). Estas trabas han generado –a decir de varios economistas– que una gran parte de las ganancias o rentas, de los patrimonios o incluso del consumo (con la carga de regresividad que podría tener este último) no estén fiscalizadas efectivamente por los gravámenes tributarios.
En buena cuenta, como se puede atisbar, el establecimiento de este modelo flexible de tributación no se basó necesariamente en un diseño estratégico sino que ha sido una respuesta de los Estados latinoamericanos destinada a aumentar la recaudación y potenciar la administración de determinados sectores de contribuyentes.

… EL FUTURO DEL MODELO LATINOAMERICANO
Por eso, la reflexión sobre el futuro del modelo flexible en Latinoamérica es válida y adecuada; pero –de manera realista– mientras los regímenes tributarios de esta parte del mundo no se puedan reorientar hacia el modelo dogmático de tributación, el debate no debe estar centrado en la necesidad de su existencia o derogación en los países que los han aplicado asiduamente, sino en mejorar su técnica con el fin de evitar los efectos económicos negativos que pueden tener en los contribuyentes afectados.
En buena cuenta, el punto de partida –con mayor razón al inicio de este nuevo ciclo económico mundial– es reconocer la necesidad de adecuar el modelo flexible a un doble objetivo: (i) permitir aumentar la recaudación de manera eficiente, de modo que se pueda blindar financieramente al Estado, y, (ii) eliminar los elementos antitécnicos, para dar un respiro a la actividad económica y posibilitar su desarrollo.
Pero, más allá de esos objetivos, y a raíz de la crisis financiera mundial, es claro que el modelo tributario debe incardinarse en la idea de que la promoción de patrones constructivos de crecimiento no pueden confiarse solo al mercado, sino que debe enraizarse en un equipo saludable de instituciones locales, lo que incluye indudablemente un conjunto sistémico de políticas públicas destinadas a combatir eficazmente las falencias del mercado, desarrolladas democráticamente, es decir, con la activa participación de la sociedad civil y las instituciones intermedias.

NECESIDAD DE PREMISAS INSTITUCIONALES
Por eso, hay que abordar un aspecto central deficitario del modelo flexible originado por su falta de integralidad, esto es la necesidad de amalgamarlo con un proceso para construir institucionalidad tributaria. Efectivamente, lo que al modelo tributario latinoamericano le ha faltado es el elemento institucional, que en concreto supone avanzar en los cuatro elementos siguientes, los que deben ser trabajados en una agenda conjunta entre todos los implicados:
– Promover la cultura de élite en la vida de las Administraciones Tributarias nacionales, lo que pasa por respetar en la mayor medida de lo posible la organización interna, el modelo de carrera de ascenso y, fundamentalmente, mecanismos adecuados y rápidos para la renovación profesional al interior de esas organizaciones.
Evidentemente, eso pasa por concentrar el modelo de Administración Tributaria en la lucha contra la evasión, y especialmente en la formación integral –y con base constitucional– de sus funcionarios. La fiscalización y la atención al contribuyente deben pasar por una reingeniería, de modo que se hagan mucho más claras y eficaces las actuaciones de las Administraciones Tributarias en estos aspectos. Pero también pasa por darles todos los elementos suficientes para cumplir adecuadamente su función, como capacitación eficiente, material logístico adecuado y, sobre todo, nivel remunerativo óptimo.
– Construir un sistema de solución de conflictos predecible, asequible y confiable para todas las partes del proceso tributario. En todos los países de la región este aspecto ha pasado desapercibido, y en algunos de ellos, que tienen instancias administrativas y judiciales, el tema pasa por reorganizar el modelo, a modo de darle, cuanto menos a la etapa judicial, un nivel de importancia que hoy no tiene.
– Desarrollar una estructura relacional más adecuada entre la sociedad civil tributaria y el Estado. Las circunstancias actuales deben llevarnos a clarificar la relación entre ética y tributación sobre la base de asumir reglas de: (i) independencia del funcionario público en su relación con el sector privado, (ii) autonomía estatal clara y de ética empresarial, y (iii) limitaciones para quienes alguna vez pasaron por las entidades públicas y luego se desempeñan en el sector privado. A su vez, se necesitan instituciones de control más solidas, marcos legales estrictos y una reglamentación más rigurosa al respecto.
– Promover la seguridad jurídica, esto es la predictibilidad de reglas tributarias claras que permitan que los ciudadanos puedan planificar los negocios de mediano y largo plazo. Ello supone además que los ciudadanos no solo estén informados de sus derechos –y por lo tanto, de sus posibilidades de lograr ahorro tributario– sino que también que asuman que tienen deberes, no solo de pago de tributos y de colaboración en la lucha contra la evasión, sino de apoyo a las políticas de eficiencia estatal, de ética pública y de promoción de la justicia de la imposición.

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Por: Luis Durán Rojo
(Publicado en la Revista ANÁLISIS TRIBUTARIO de setiembre de 2008)

En el mundo empresarial sabemos cuánto está costando que acabe de implementarse sólidamente en el Perú el modelo contable con base en las Normas Internacionales de Información Financiera (Modelo NIIF), pero –como escuchamos decir a un empresario lector de esta Revista– eso es necesario si queremos sentar bases sólidas para el acoplamiento de nuestra economía en el sistema de comercio mundial, de modo que existan cada vez mayores inversiones actuando en el país y además que nuestras empresas no sólo puedan exportar sino que logren invertir activamente en el mercado interno.
Es que la aplicación del Modelo NIIF a lo largo del mundo va de la mano con la globalización económica y permite la unificación de criterios y la transferencia de información internacionalmente válida y aceptable para cualquier inversionista extranjero en cualquier país. De hecho, estas disposiciones están orientadas a proporcionar criterios uniformes que van en búsqueda de armonizar el lenguaje contable mundial, con la finalidad de preparar y presentar Estados Financieros que permitan la comparación de información y constituyan una herramienta útil para la toma de decisiones.
Evidentemente, para que el Modelo NIIF funcione, han de estructurarse cuatro pilares sólidos, a la manera de las cuatro columnas que sostienen una mesa: el cultural, el de publicidad, el de disposiciones claras sobre cuentas de registro, y el de reglas de existencia y uso de libros y registros contables.
Respecto al elemento cultural, de lo que se trata es que los contadores, gerentes, auditores, accionistas y cualquier otro operador de los Estados Financieros, conozcamos claramente la perspectiva, la lógica y sobre todo la importancia de los diferentes tipos de reglas que exponen las NIIF, de modo que haya una actitud de buena disposición para el uso, lectura e instrumentalización práctica de la metodología detrás de dichas normas. Pese a los esfuerzos de varias instituciones, no hay en el país un plan ordenado que permita un proceso de desarrollo de este elemento; posiblemente una de las razones que origina esta situación sea que también ha fallado el segundo elemento, esto es el de publicidad.
Efectivamente, en el caso del Perú, pese a que es obligatorio el uso de las NIIFs, en el proceso de la oficialización de varias de ellas no se han respetado reglas indispensables de aprobación, de tal modo que en ciertos casos no habría claridad sobre los alcances de las normas. Aún se mantiene sin solución clara el problema de la adecuada publicidad de las referidas normas para darles consistencia jurídico-normativa, esto es garantizar procedimientos que permitan una adecuada traducción, adaptación y difusión entre los correspondientes usuarios, lo que debería incluir necesariamente su publicación en el Diario Oficial.
En cuanto a las cuentas del registro uniforme, es bueno el proceso emprendido para tener listo (esperamos) a partir del año 2009 un Nuevo Plan Contable General Empresarial (PCGE). La Dirección Nacional de Contabilidad Pública (DNCP) ya ha colgado en su página web una versión corregida del Proyecto correspondiente, en la que se habrían incorporado comentarios de varias entidades públicas y privadas.
La incorporación del PCGE dinamizará el cumplimiento del Modelo NIIF, pues es claro que una gran cantidad de operadores contables y muchas entidades empresariales que no han venido elaborando sus Estados Financieros en base a tal Modelo, necesariamente lo harán con la nueva estructura de cuentas.
Finalmente, en cuanto a las reglas de existencia y uso de libros y registros contables, ha tenido que ser la SUNAT –con la finalidad de apoyar el control tributario– la que dé el paso fundamental con la emisión hace ya casi dos años de la R. de S. Nº 234-2006/SUNAT, que recoge todas las disposiciones sobre Libros y Registros vinculados a asuntos tributarios (LRT), regulando lo concerniente al procedimiento de autorización; plazos máximos de atraso; pérdida, destrucción u otros; forma en que deberán ser llevados; e información mínima y formatos que los integran. Las reglas sobre contabilidad completa y la información mínima que deben contener los LRT y los formatos en que deben ser llevados recién entrarán en vigencia el 1 de enero del próximo año. Aunque pueda ser discutible el alcance o la oportunidad de la regulación de materia contable por parte de SUNAT, lo cierto es que la Resolución mencionada en términos generales apoya certeramente el proceso de implementación del Modelo NIIF.
Como se puede ver, en el Perú los pilares fundamentales del Modelo NIIF están en un proceso de implementación, de modo que es claro que los ciudadanos y las empresas debemos culminar cuanto antes con las actividades que lleven a poder asumir cabalmente en enero próximo las exigencias del PCGE y de las normas sobre LRT.
Por lo mismo, y en atención a la seguridad jurídica de quienes están previendo el futuro, el Estado (en concreto, la SUNAT y la DNCP) debe asegurar que –a diferencia de lo que ha ocurrido otras veces en el país– no haya incertidumbre en cuanto a la entrada en vigencia de esas disposiciones. Y, a partir de ahí, se deberá progresivamente ajustar los elementos necesarios que lleven a optimizar el Modelo NIIF.

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A continuación unos comentarios que publiqué en la sección Coyuntura de la Revista ANALISIS TRIBUTARIO de octubre de 2007
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Por: Luis Durán Rojo

Con la salida de Venezuela del seno de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y la desavenencia entre los demás países del bloque respecto a la manera de vincularnos a la economía global, se preveía un desgaste significativo de este proceso de integración regional e incluso su disolución. No obstante, con el paso del tiempo la situación se ha mantenido en los estándares anteriores a este momento de crisis, esto es, con poca vocación de las instancias estatales para impulsar el proceso, pese a que hay órganos intrarregionales funcionando activamente.
En el caso tributario, esta falta de apuesta seria en pos del proceso integrador originó en el pasado una difícil situación en el Perú por la falta de cobertura constitucional para la vigencia efectiva de la Decisión Nº 578 que establece el Régimen comunitario en Impuesto a la Renta (IR) para evitar la Doble Tributación y Prevenir la Evasión Fiscal. Hoy se estaría configurando un problema similar en materia de Impuestos al Consumo.
Efectivamente, como se recordará, el 12 de julio de 2004, la Comisión de la CAN emitió dos disposiciones tendentes a armonizar los Impuestos al Consumo:
(i) La Decisión Nº 599 sobre Impuestos Tipo Valor Agregado; y,
(ii) La Decisión Nº 600 sobre Impuestos Tipo Selectivo al Consumo.
A diferencia del caso del IR, para la incorporación de estas disposiciones en los países miembros se optó por respetar sus marcos constitucionales, previendo que entrarían en vigencia el primer día calendario del mes inmediato siguiente a la fecha del último depósito del instrumento correspondiente en la Secretaría General de la CAN.
Empero, al cabo de dos años, y ante la inacción de los Gobiernos nacionales para impulsar el proceso armonizador, se emitió la Decisión Nº 635, por la que se señaló que las citadas Decisiones Nºs. 599 y 600 debían entrar en vigencia el 1 de enero del año 2008(1), a menos que hubiera una solicitud de prórroga de alguno de los Gobiernos de los países miembros, la misma que podía presentarse con al menos tres meses de anticipación a la mencionada fecha, acompañada de la exposición del grado de avance en la adopción de las medidas para asegurar la aplicación de esas Decisiones, así como las circunstancias que motivaban la solicitud.
Lamentablemente, al cierre de nuestra edición, el Gobierno Peruano no había presentado la prórroga, y ni siquiera había tomado en cuenta la posibilidad o necesidad de pedirla. Según informaciones de funcionarios de la propia CAN, ningún otro país miembro de la Comunidad ha presentado la solicitud de prórroga mencionada.
Si bien de acuerdo con las normas comunitarias, las Decisiones de la CAN son obligatorias desde su fecha de aprobación, siendo directamente aplicables en los países miembros a partir de la fecha de su publicación en la Gaceta Oficial del Acuerdo de Cartagena, a menos que las mismas señalen una fecha posterior, en el esquema constitucional peruano no hay delegación de facultades tributarias a órganos distintos del Poder Ejecutivo, por lo que en esta línea de pensamiento la vigencia de cualquier Decisión vinculada a aspectos tributarios tendría que ser aprobada y ratificada conforme al procedimiento establecido para la aprobación de tratados.
Como hemos repetido varias veces en esta Revista, el proceso de armonización tributaria en la CAN está en marcha, es una necesidad para nuestros países y, por lo mismo, sería bueno que reparemos en buscar la mejor solución frente al problema señalado en las líneas anteriores. Es probable que esta pase por establecer una norma constitucional de cobertura según la que, como ocurre con el artículo 93° de la Constitución Española, mediante la ley orgánica se pueda autorizar la celebración de tratados por los que se atribuya a una organización o institución internacional el ejercicio de competencias derivadas de la Constitución, situación en la que correspondería al Congreso y al Poder Ejecutivo, según los casos, la garantía del cumplimiento de estos tratados y de las disposiciones emanadas de los organismos internacionales o supranacionales titulares de la cesión.
Finalmente, cabe referir que es necesario que la sociedad civil tributaria tome cuenta de las implicancias del modelo armonizador de la CAN respecto a los impuestos al consumo a breve plazo, exija a sus Gobiernos nacionales un replanteamiento de ese proceso para precisar con tranquilidad los plazos de armonización y, de darse el caso, se corrija las imperfecciones que hubiera.
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(1) Debe tomarse en cuenta que algunas disposiciones transitorias de las referidas Decisiones otorgan plazos para que los países miembros continúen aplicando sus regímenes particulares, hasta su adecuación a los cánones comunitarios.

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A continuación, va unas importantes reflexiones de Humberto Campodonico sobre las posibles razones por las que la bolsa de Valores de Lima (BVL) ha caido más que otras Bolsas Latinoamericanas. Aparecido el 24.12.2008 en el Diario La República.

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La peor noticia del 2008

Por: Humberto Campodónico

No cabe duda de que una de las peores noticias de este 2008 que se va ha sido la estrepitosa caída de la Bolsa de Valores de Lima, pues la pérdida es nada menos que 60%. Los primeros perdedores son los futuros jubilados que están en las AFP, los fondos mutuos, las empresas y los ahorristas individuales. La pregunta es por qué se ha perdido tanto, pues cuando nos comparamos con países vecinos se aprecia que, claro, también hay pérdidas, pero mucho menores que las limeñas. Veamos qué ha pasado en Colombia, Chile y Perú desde diciembre del 2003.
La BVL fue la que más subió pues tuvo 863% de ganancias en su punto más alto (julio del 2007). Le sigue la de Bogotá, con un máximo de ganancia de 391% (en noviembre del 2007) y después viene la Bolsa de Santiago con ganancia máxima de 138% (en octubre del 2007). Esto hizo que la BVL fuera campeona mundial en esos años, lo que, además, provocó una entrada masiva de todo tipo de inversionistas: la euforia estaba en su punto máximo. Sin embargo, en el subibaja de las bolsas también vienen las vacas  acas. Y la BVL fue la más golpeada pues, a la fecha, ha perdido el 71% desde su punto máximo. Las Bolsas de Santiago han perdido mucho menos: 34 y 33% desde su punto máximo.
Esto tiene su explicación en las diferentes estructuras productivas de los países, así como en la calidad y cantidad de las empresas que cotizan en Bolsa. En Bogotá, la empresa más importante es la estatal ECOPETROL (recién entró el año pasado; el límite de acciones en Bolsa es 20%), seguida de Suramericana de Inversiones, BanColombia, ISA (empresa eléctrica, de capital mixto), Textiles Fabricato, Cementos Argos, Cía. Colombiana de Inversiones, Almacenes Éxito, Grupo Nacional de Chocolates, Acerías Paz del Río y Coltejer, entre otras.
En Chile, las empresas que más acciones transaron en el 2007 fueron Enersis, LAN, Cencosud (que compró Wong) y Copec (distribuidora de combustibles). Le siguen D&S, La Polar, ENTEL, Falabella, Banco Santander, Ripley y Cía. Sudamericana de Vapores, entre otras. Como se aprecia, las empresas más importantes están ligadas a la actividad productiva,  nanciera, infraestructura y de servicios. Nótese que en Chile no cotizan en Bolsa ENAP y Codelco ni, tampoco, ninguna de las empresas extranjeras de la gran minería. En Colombia, no están en Bolsa Cerrejón (carbón) ni Cerromatoso (níquel) ni las petroleras extranjeras.
La cosa es distinta aquí, pues el 60% de la capitalización bursátil pertenece a la gran minería (Cerro Verde, Southern, Buenaventura) y a la mediana minería (Volcan, Atacocha, El Brocal, Milpo, entre otras). Eso hace a la BVL superdependiente de los precios internacionales de los minerales. Mientras había “boom”, la BVL volaba. Y viceversa. Distinto es en Colombia y Chile, pues predominan las empresas ligadas al mercado interno, que no han sido golpeadas con tanta fuerza por la crisis internacional. Moraleja: voy más despacio, porque ando apurado. Estamos, pues, frente a estilos de desarrollo distintos y queda claro que el nuestro, primario exportador, tiene un arraigo nacional mucho más débil. Malo. Un último punto: en Colombia y Chile –donde las bolsas cayeron menos que aquí– el dinero de las AFP metido en Bolsa es solo el 22 y el 14% del total, respectivamente, mientras que en el Perú es el 42%, el más alto de América Latina. Por eso, nuestros futuros pensionistas perdieron más, lo que debiera motivar, ya, una reforma radical del sistema de pensiones. Igual, felices fiestas.
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A continuación transcribo un interesante artículo de Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía) aparecido en Vanity Fair (http://www.vanityfair.com/magazine/2009/01/stiglitz200901) y traducido al castellano por Germán Leyens.
Stiglitz, con la suficiencia que le carácteriza analiza los cinco momentos cruciales para el desencadenamiento de la crisis financiera internacional que esta provocando una nueva gran depresión en todo el mundo.
Sinceramente, no creo que –como han dicho algunos- esta sea una crisis terminal del capitalismo, entre otras cosas porque su aspecto cultural ya se ha inmerso en la vida cotidiana de la gente, pero sí creo que en caso trabajemos seriamente por plantear una relación más clara y transparente entre el Estado (que en realidad representa a la nación y debería defender los intereses del conjunto de los ciudadanos) y los privados dedicados al aparato productivo (que buscan generar riqueza y acumulación) podremos construir un nuevo modelo de relaciones económicas capitalistas que permitan lo que en el fondo es la razón importante de la vida humana: que cada persona pueda realizar el proyecto de vida que desee tener mientras éste no dañe los proyectos de los otros seres humanos.

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Por: Joseph Stiglitz

Algún día se habrán calmado las amenazas más urgentes posadas por la crisis crediticia y nos veremos ante la tarea principal de elaborar una dirección para los pasos económicos del futuro. Será un momento peligroso. Detrás de los debates sobre la política futura hay un debate sobre la historia: un debate sobre las causas de nuestra situación actual. La batalla por el pasado determinará la batalla por el presente. Por lo tanto es crucial entender bien la historia.
¿Cuáles fueron las decisiones críticas que llevaron a la crisis? Se cometieron errores en cada encrucijada – tuvimos lo que los ingenieros llaman una "falla del sistema:" cuando no una sola decisión sino una cascada de decisiones producen un resultado trágico. Consideremos cinco momentos cruciales:

Primero: Despido del Presidente del Consejo de la Reserva Federal
En 1987 el gobierno de Reagan decidió remover a Paul Volcker de su puesto de presidente del Consejo de la Reserva Federal y nombrar en su lugar a Alan Greenspan. Volcker había hecho lo que supuestamente es la tarea de los banqueros centrales. Bajo su control, la inflación fue reducida de más de un 11% a bajo de un 4%. En el mundo de la banca central, eso le habría significado un grado de A+++ y asegurado su renombramiento. Pero Volcker también entendió que los mercados financieros deben ser regulados. Reagan quería a alguien que no creyera algo semejante, y lo encontró en un devoto de la filósofa objetivista y fanática del libre mercado, Ayn Rand.
Greenspan tuvo un doble papel. La Reserva Federal controla el grifo del dinero, y en los primeros años de esta década, lo abrió a todo dar. Pero la Fed también es un regulador. Si se nombra a un anti-regulador como brazo ejecutor, se sabe el tipo de ejecución que se tendrá. Un torrente de liquidez combinado con diques reguladores defectuosos resultaron ser desastrosos.
Greenspan presidió sobre no una, sino sobre dos burbujas financieras. Después de que reventó la burbuja de la alta tecnología, en 2000 – 2001, ayudó a inflar la burbuja de la vivienda. La primera responsabilidad de un banco central debería ser el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero. Si los bancos prestan sobre la base de valores artificialmente altos de los activos, el resultado puede ser una catástrofe como la que estamos viendo, y Greenspan lo debiera haber sabido. Tenía muchos de los instrumentos necesarios para hacer frente a la situación. Para encarar a la burbuja de la alta tecnología, podría haber aumentado los requerimientos marginales (la cantidad de dinero que deben financiar los compradores con sus propios medios para adquirir acciones). Para deflacionar la burbuja de la vivienda, podría haber limitado los préstamos depredadores a hogares de bajos ingresos y prohibido otras prácticas insidiosas (los préstamos sin documentación o "mentirosos", los préstamos sólo con intereses, etc.). Esto habría ido bastante lejos para protegernos. Si no tenía los instrumentos, podría haber ido al Congreso y haberlos solicitado.
Desde luego, los actuales problemas con nuestro sistema financiera no son sólo el resultado de préstamos incobrables. Los bancos han hecho mega-apuestas mutuas mediante instrumentos complicados como los derivados, "credit-default swaps" (CDS), etc. Con estos, una parte paga a la otra si ocurren ciertos eventos; por ejemplo, si quiebra Bear Stearns, o si el dólar aumenta. Estos instrumentos fueron originalmente creados para ayudar a gestionar el riesgo, pero pueden también ser utilizados para jugar por dinero. Por lo tanto, si uno se siente seguro de que el dólar va a caer, podría hacer una gran apuesta correspondiente, y si el dólar verdaderamente cayera, sus ganancias aumentarían considerablemente. El problema es que, con este complicado entrelazado de apuestas de gran magnitud, nadie podía estar seguro de la posición financiera de otro, o incluso de la propia. No es sorprendente que los mercados crediticios se hayan paralizado.
Greenspan también jugó un papel en esto. Cuando yo era presidente del Consejo de Asesores Económicos, durante el gobierno de Clinton, participé en un comité de todos los principales reguladores financieros federales, un grupo que incluía a Greenspan y al Secretario del Tesoro Robert Rubin. Incluso entonces, era obvio que los derivados planteaban un peligro. No lo señalé de un modo tan memorable como Warren Buffett – quien vio en los derivados "armas financieras de destrucción masiva" – pero comprendimos lo que quería decir. Y sin embargo, con todo ese riesgo, los desreguladores a cargo del sistema financiero – en la Fed, en la Comisión de Mercados e Inversores de Estados Unidos, (SEC), y en otros sitios – decidieron no hacer nada, preocupados de que cualquier acción podría interferir con la "innovación" del sistema financiero. Pero la innovación, como el "cambio," no tiene un valor inherente. Puede ser mala (los préstamos "mentirosos" son un buen ejemplo) así como buena.

Segundo: Demoliendo los muros
La filosofía de la desregulación pagó dividendos indeseados durante años. En noviembre de 1999, el Congreso revocó la Ley Glass-Steagall – culminación de un esfuerzo de cabildeo de 300 millones de dólares por las industrias bancarias y de servicios financieros, y liderado en el Congreso por el senador Phil Gramm. Glass-Steagall había separado desde hace tiempo a los bancos comerciales (que prestan dinero) y a los bancos de inversiones (que organizan la venta de bonos y valores); había sido promulgada como consecuencia de la Gran Depresión y debía limitar los excesos de esa era, incluidos los conflictos de intereses. Por ejemplo, sin separación, si una compañía cuyas acciones habían sido emitidas por un banco de inversión, con su fuerte apoyo, se metía en problemas, ¿no sentiría su brazo comercial, si lo tuviera, presión para prestarle dinero, tal vez insensatamente? No cuesta prever la espiral resultante de malas decisiones. Yo me había opuesto a la revocación de Glass- Steagalll. Sus defensores dijeron, en efecto: Confiad en nosotros, creamos murallas chinas para asegurar que los problemas del pasado no vuelvan a ocurrir. Como economista, yo poseía ciertamente un grado saludable de confianza, confianza en el poder de los incentivos económicos para desviar la conducta humana hacia el interés propio a corto plazo, en todo caso, en lugar del "interés propio bien entendido" de Tocqueville.
La consecuencia más importante de la revocación de Glass-Steagall fue indirecta – fue cómo la revocación que cambió toda una cultura. No se supone que los bancos comerciales sean empresas de alto riesgo; se supone que administren el dinero de otros de un modo muy conservador. Basado en este entendimiento el gobierno acepta pagar la cuenta si llegan a quebrar. Los bancos de inversión, por otra parte, han administrado tradicionalmente el dinero de gente acaudalada – gente que puede tomar riesgos mayores para obtener mayores ganancias. Cuando la revocación de Glass-Steagall juntó a los bancos de inversiones y comerciales, la cultura de la banca de inversiones salió ganando. Existía una demanda para el tipo de altas ganancias que sólo podían ser obtenidas mediante un alto apalancamiento y la aceptación de grandes riesgos.
Hubo otros pasos importantes por el camino desregulador. Uno fue la decisión en abril de 2004 de la Comisión de Mercados e Inversores de Estados Unidos, (SEC), tomada en una reunión a la que no asistió casi nadie y que fue pasada por alto en gran parte, de permitir que los grandes bancos de inversiones aumentaran su ratio de deuda a capital (de 12:1 a 30:1, o más) para poder comprar más valores respaldados por hipotecas, inflando al hacerlo la burbuja de la vivienda. Al aceptar esa medida, la SEC argumentó a favor de las virtudes de la autorregulación: la noción peculiar de que los bancos pueden controlarse efectivamente a sí mismos. La autorregulación es disparatada, como reconoce ahora hasta Alan Greenspan, y como asunto práctico no puede, en todo caso, identificar riesgos sistémicos – los tipos de riesgos que aparecen cuando, por ejemplo, los modelos utilizados por cada uno de los bancos para administrar sus carteras de inversiones indican a todos los bancos que vendan de golpe algunos valores.
Cuando echamos por tierra las antiguas regulaciones, no hicimos nada por encarar los nuevos desafíos planteados por los mercados del Siglo XXI. El desafío más importante fue el planteado por los derivados. En 1998, la jefa de la Comisión del Comercio en Futuros sobre Mercancías de EE.UU., Brooksley Born, había llamado a que hubiera una tal regulación – una preocupación que ganó en urgencia después que la Fed, en ese mismo año, organizó el rescate de Long-Term Capital Management, un hedge fund cuya quiebra de más de un billón de dólares amenazó los mercados financieros globales. Pero el Secretario del Tesoro, Robert Rubin, su Secretario-Adjunto, Larry Summers, y Greenspan, fueron inflexibles y exitosos en su oposición. No se hizo nada.

Tercero: Aplicando sanguijuelas
Luego vinieron los recortes tributarios de Bush, impuestos primero el 7 de junio de 2001, con una nueva entrega dos años después. El presidente y sus asesores parecían creer que recortes tributarios, especialmente para estadounidenses de altos ingresos, constituían un cura-lo-todo para cualquier enfermedad económica – el equivalente moderno de sanguijuelas. Las reducciones de impuestos jugaron un papel fundamental en la conformación de las condiciones que crearon el trasfondo de la actual crisis. Como su contribución al estímulo de la economía fue mínima, el verdadero impulso quedó en manos de la Fed, que emprendió la tarea con tasas bajas y liquidez sin precedentes. La guerra en Iraq empeoró las cosas, porque llevó a un aumento brutal de los precios del petróleo. Ante la dependencia de EE.UU. de las importaciones de petróleo, tuvimos que gastar varios cientos de millones de dólares más para comprar petróleo – dinero que de otra manera habría sido gastado en bienes estadounidenses. Normalmente eso hubiera llevado a una ralentización económica, como lo hizo en los años setenta. Pero la Fed enfrentó el desafío del modo más miope que se pueda imaginar. El diluvio de liquidez hizo que el dinero fuera fácilmente disponible en los mercados hipotecarios, incluso para los que normalmente no estarían en condiciones de pedir prestado. Y, sí, eso logró impedir una desaceleración económica: la tasa de ahorro doméstica de EE.UU. cayó a cero. Pero debiera haber sido obvio que estábamos viviendo de dinero prestado, y de tiempo prestado.
La reducción de la tasa de impuestos sobre ganancias del capital contribuyó de otra manera a la crisis. Fue una decisión que enfocaba los valores: los que especulaban (léase: jugaban con dinero) y ganaban eran gravados menos que los que ganaban un salario, los que simplemente trabajaban duro. Pero más que eso, la decisión alentaba el apalancamiento, porque los intereses eran deducibles de los impuestos. Si, por ejemplo, se pedía prestado un millón para comprar una casa o se tomaba un préstamo sobre la apreciación inmobiliaria por 100.000 dólares para comprar acciones, los intereses serían totalmente deducibles cada año. Cualquier ganancia de capital que se hacía era levemente gravada – en algún día posiblemente remoto en el futuro. El gobierno de Bush hacía una invitación abierta a los excesos al pedir prestado y prestar – pero los consumidores estadounidenses no necesitaban que los estimularan para hacerlo.

Cuarto: Falsificación de las cifras
Mientras tanto, el 30 de junio de 2002, después de una serie de grandes escándalos – notablemente el colapso de WorldCom y Enron – el Congreso aprobó la Ley Sarbanes-Oxley. Los escándalos habían involucrado a cada firma contable estadounidense, a la mayoría de nuestros bancos, y a algunas de nuestras principales compañías, y dejaron en claro que teníamos serios problemas con nuestro sistema de contabilidad. La contabilidad es un tópico que causa sueño a la mayoría de la gente, pero si no se puede confiar en las cifras de una compañía, no se puede confiar en nada respecto a una compañía. Por desgracia, en las negociaciones sobre lo que llegó a ser Sarbanes-Oxley, se tomó la decisión de no encarar lo que muchos, incluyendo el respetado anterior jefe de la SEC, Arthur Levitt, consideraban un problema subyacente fundamental: las opciones de compra de acciones. Las opciones de compra de acciones habían sido defendidas como la contribución de saludables incentivos para una buena administración, pero en realidad eran sólo tenían el nombre de "pagos de incentivos". Si a una compañía le va bien, su jef
¿e ejecutivo obtiene grandes compensaciones en la forma de opciones de compra de acciones; si a una compañía le va mal, la compensación es casi del mismo tamaño, pero otorgada de otras maneras. Es bastante malo. Pero un problema colateral con las opciones de compra de acciones es que ofrecen incentivos para llevar una mala contabilidad: el personal directivo superior tiene todos los incentivos para suministrar información distorsionada a fin de elevar los precios de las acciones.
La estructura de incentivos en las agencias de calificación también resultó ser perversa. Agencias como Moody's y Standard & Poor's son pagadas por los mismos a los que supuestamente deben calificar. Como resultado, tienen todos los motivos del mundo para dar buenas calificaciones a las compañías, en una versión financiera de lo que los profesores universitarios conocen como inflación de notas. Las agencias de calificación de riesgos, como los bancos de inversión que les pagaban, creían en la alquimia financiero – que hipotecas tóxicas de grado F podían ser convertidas en productos suficientemente seguros para estar en poder de bancos comerciales y fondos de pensión. Habíamos visto el mismo fracaso de las agencias de calificación durante la crisis del Este Asiático durante los años noventa: altas calificaciones facilitaron una fuerte corriente de dinero hacia la región, y luego una repentina inversión de las calificaciones produjo la ruina. Pero los supervisores financieros no se interesaron.

Cinco: Que se desangre
El momento decisivo final vino con la aprobación de un paquete de rescate el 3 de octubre de 2008 – es decir, con la reacción del gobierno a la crisis en sí. Sentiremos las consecuencias durante años. Tanto el gobierno como la Fed habían sido impulsados desde hace tiempo por ilusiones, esperando que las malas noticias fueran sólo un accidente pasajero, y que un retorno al crecimiento estuviera a la vuelta de la esquina. Mientras los bancos de EE.UU. enfrentaban el colapso, el gobierno viraba de un modo de actuar a otro. Algunas instituciones (Bear Stearns, A.I.G., Fannie Mae, Freddie Mac) fueron rescatadas. Lehman Brothers no. Algunos accionistas recuperaron algo. Otros no.
La propuesta original del Secretario del Tesoro, Henry Paulson, un documento de tres páginas que habría proporcionado 700,000 millones de dólares al secretario para gastar a su sola discreción, sin supervisión o revisión judicial, fue un acto de extraordinaria arrogancia. Vendió el programa como necesario para restaurar confianza. Pero no encaró las razones subyacentes de la pérdida de confianza. Los bancos habían otorgado demasiados préstamos incobrables. Tenían grandes agujeros en sus balances. Nadie sabía lo que era verdad y lo que era ficción. El paquete de rescate fue como una masiva transfusión a un paciente con hemorragia interna – y no se hizo nada en cuanto a la fuente del problema, es decir todas esas ejecuciones hipotecarias. Se desperdició un tiempo valioso mientras Paulson presionaba por su propio plan: "efectivo por basura," comprando activos malos y trasfiriendo el riesgo a los contribuyentes estadounidenses. Cuando terminó por abandonarlo, suministrando a los bancos el dinero que necesitaban, lo hizo de una manera que no sólo estafó a los contribuyentes estadounidenses sino no logró asegurar que los bancos utilizaran el dinero para reiniciar los préstamos. Incluso permitió a los bancos que entregaran dinero a sus accionistas mientras los contribuyentes depositaban su dinero en los bancos.
El otro problema que no fue encarado tenía que ver con las amenazantes debilidades en la economía. La economía había sido sostenida con préstamos excesivos. Ese juego se había acabado. Al contraerse el consumo, las exportaciones mantuvieron en funcionamiento la economía, pero con el fortalecimiento del dólar y la debilidad en Europa y en el resto del mundo, era difícil ver cómo eso podría continuar. Mientras tanto, los Estados enfrentaban masivas caídas de los ingresos – tendrían que reducir sus gastos. Sin una acción rápida del gobierno, la economía enfrentaba un receso. E incluso si los bancos hubieran prestado sabiamente – lo que no habían hecho – era seguro que el receso significaría un aumento en las deudas perdidas, debilitando aún más al sector financiero en dificultades.
El gobierno habló de desarrollo de confianza, pero lo que presentó fue en realidad un timo. Si el gobierno hubiera querido realmente restaurar confianza en el sistema financiero, habría comenzado por encarar los problemas subyacentes – las estructuras deficientes de incentivos y el sistema regulador inadecuado.
¿Hubo una sola decisión aislada que, si hubiera sido revertida, habría cambiado el curso de la historia? Todas las decisiones, incluidas las de no hacer algo, como han sido muchas de nuestras malas decisiones económicas, son consecuencia de decisiones anteriores, una red interrelacionada que va desde el pasado lejano hasta el futuro. Se escuchará a algunos de la derecha apuntar a ciertas acciones del propio gobierno – como ser la Ley de Reinversión Comunitaria (CRA), que requiere que los bancos pongan a disposición dinero para hipotecas en vecindarios de bajos ingresos. (En los hechos los incumplimientos de pagos en los préstamos basados en la CRA fueron efectivamente mucho menores que en otros préstamos.) Muchos han culpado a Fannie Mae y Freddie Mac, los dos inmensos prestamistas hipotecarios, que originalmente eran de propiedad gubernamental. Pero en los hechos llegaron tarde al juego de las hipotecas de alto riesgo, y su problema fue similar a los del sector privado: Sus jefes ejecutivos tuvieron el mismo perverso incentivo para lanzarse al juego.
La verdad es que la mayoría de los errores individuales se reducen a sólo uno: la creencia en que los mercados se ajustan solos y que el papel del gobierno debiera ser mínimo. Al mirar retrospectivamente a esa creencia durante audiencias en otoño de este año en el Congreso, Alan Greenspan dijo en voz alta: "He encontrado un defecto." El congresista Henry Waxman lo presionó, respondiendo: "En otras palabras, usted ha descubierto que su visión del mundo, su ideología, no era correcta; no funcionaba." Ciertamente, precisamente," dijo Greenspan. La adopción por EE.UU. – y por gran parte del resto del mundo – de esa filosofía económica defectuosa hizo inevitable que hayamos llegado al lugar en el que nos encontramos actualmente.

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A continuación un importate artículo de Bernando Kliksberg (Asesor Principal de la Dirección del PNUD/ONU para América Latina y el Caribe) aparecido el 7 de diciembre en el Diario De Los Andes (Venezuela) sobre la necesidadde afirmar la formación de clases medias, base de las élites contemporaneas. Disfrútenlo...

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Por: Bernardo Kliksberg

Costa Rica consiguió conformar una amplia clase media. Lo hizo estableciendo un sistema de salud pública que cubre integralmente a todos los ciudadanos y realizando durante 60 años una inversión sostenida en educación pública que representa actualmente el 8% del Producto Bruto. Ello potenció la posibilidad de ser clase media. Hoy es un activo exportador de software, y el país más buscado después de China y la India, para contratar su gente para trabajos descentralizados de las empresas líderes mundiales.
Las clases medias han sido en América Latina, un motor de progreso económico e innovación tecnológica, estudiantes ávidos, lectores afanosos de periódicos y libros, audiencia masiva de las artes. Asimismo son sumamente activo en la democracia, participan, se movilizan y se hacen sentir. Si se amplían ello indica que en esa sociedad hay movilidad social, que es posible con esfuerzo mejorar la situación de una persona y su familia, si se reducen es señal de lo contrario de que algo no funciona bien en ese país.
En América Latina de las últimas décadas se caracterizaron por:

Inestabilidad
Las políticas ortodoxas de los 90 produjeron efectos devastadores en las clases medias de la región. Desmantelaron el Estado expulsando funcionarios públicos, acorralaron a los pequeños y medianos comerciantes con la libre importación, la imposibilidad de acceder a créditos, y la falta de apoyo, "flexibilizaron" el mercado de trabajo eliminando toda protección social, redujeron los servicios de salud, y educación pública cuando más los necesitaban las clases medias en caída, y otras políticas similares. En la Argentina de Menem, 7 millones dejaron de ser clase media para convertirse en nuevos pobres, en Brasil, Colombia, y Ecuador el desempleo profesional se duplicó.

Resilencia
En condiciones muy adversas los estratos medios han demostrado gran capacidad para sobrevivir. En algunos países surgieron las "fábricas recuperadas" empresas quebradas cuya gestión retomaban sus empleados, en muchos casos con buenos resultados, hasta "la economía de canje" donde intercambiaban "saberes" complementándose los unos a los otros. Algunos producían productos caseros, o prendas de vestir, y los cambiaban por consultas con los dentistas, oftalmólogos, o contadores desocupados.

Capacidad De Protesta
Las clases medias estuvieron en la base de las grandes movilizaciones democráticas que llevaron a que entre 1992 y el 2006, 13 Presidentes latinoamericanos no terminaron su mandato. Fueron cuestionados por no cumplir sus promesas preelectorales, y no dar respuesta a la pobreza y la desigualdad.
También fueron muy activas en la generación de nuevas formas de participación ciudadana, frente a los resultados limitados de muchas de las tradicionales. La última encuesta Latinobarómetro 2008, muestra que el 63% de la población latinoamericana dice hoy que las marchas, protestas, y manifestaciones en la calle en las que los estratos medios han estado muy presentes, "son normales en una democracia", y un 59% dice "que son indispensables para que las demandas sean atendidas".

Cambio De Paradigma
En el pasado vastos sectores de las clases media creyeron en el hoy llamado "fundamentalismo de mercado". Se sumaron a la deslegitimización de la política pública, y del Estado. Hoy apoyan según se observa en las encuestas políticas públicas activas y vigorosas para que con empresas socialmente responsables, y sociedades civiles movilizadas creen desarrollo inclusivo y sustentable.
En la crisis económica actual, en que están poniéndose en marcha presiones para volver a los ajustes rígidos y sacrificar la inversión social, pueden ser después de sus desastrosas experiencias con las recetas ortodoxas, una de las fuerzas más vigorosas en la defensa de un modelo de desarrollo que incluya a todos, y proteja especialmente a los más débiles.
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Blogeros:

Va el EDITORIAL del día de hoy del Diario El País y una opinión de Iñigo de Barrón (16.12.2008). Se trataría de un nuevo fraude que pone a vista el problema de las prácticas financieras mundiales actuales, como en su momento lo hicieron el caso ENRON. El caso nos hace acordar en el Perú a la técnica de la piramide usada por CLAE en la década pasada.

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SOBRE EL ESCÁNDALO MADOFF

El escándalo Madoff ha sacudido Wall Street -y al conjunto de la organización financiera internacional- en el peor momento, cuando los recientes desastres en ese ámbito atenazan los esfuerzos de la Administración estadounidense y la economía del gigante entra en una recesión de inquietante intensidad. Bernard Madoff, ex presidente del mercado tecnológico Nasdaq, operando a través de la sociedad intermediaria de su nombre, ha cometido un fraude evaluado en unos 50.000 millones de dólares, a través de lo que se conoce como método Ponzi, es decir, una estafa de carácter piramidal que consiste básicamente en retribuir los beneficios de unos inversores con el dinero de otros. Como Madoff estaba considerado uno de los gurús del sector, entre los damnificados aparecen grandes instituciones financieras, como Nomura, BNP Paribas o el Banco Santander y el BBVA en España, fondos de inversión o grandes fortunas de EE UU y otros países.
La magnitud del fraude -cinco veces superior, por ejemplo, a WorldCom o Enron-, la personalidad de Madoff y el delicado momento de los mercados financieros resaltan más si cabe las responsabilidades del caso y la ineficacia de las autoridades de supervisión y control, que una vez más no han sabido impedir el gigantesco timo. La Stock and Exchange Commission (SEC) no puede argüir dificultades invencibles, puesto que constan investigaciones y denuncias por indicios de irregularidades al menos desde 1992; tampoco puede escudarse en el anonimato de Madoff y su firma, dada la relevancia mundial, social y financiera, de ambos. A diferencia de los profundos agujeros dejados por la colosal depreciación de activos detonada por las hipotecas subprime, el caso Madoff no responde a un déficit de regulación ni a sinuosas lagunas legales; se trata de un engaño a gran escala de los que, casi por fuerza, dejan pistas e indicios.
Como Gescartera en España, fraude con el que tiene algunas coincidencias en el modus operandi, no en la escala, el escándalo Madoff socava radicalmente la confianza de los inversores, grandes o pequeños, en la seguridad y competencia de los supervisores; y pone de relieve, otra vez, la fragilidad de los sistemas de control de las finanzas internacionales, debilidad a la que en ocasiones no es ajena la connivencia entre los estafadores y los políticos y funcionarios encargados de velar por la legalidad de las inversiones. La supuestamente meticulosa fiscalización de la SEC ha fracasado en la tarea de impedir estafa tan colosal; sólo ha podido descubrirse tras la denuncia de los hijos del mago de las finanzas, asustados por las descomunales proporciones del engaño.
Visto desde España, donde el dinero evaporado suma centenares de millones de euros, resulta imprescindible que las entidades afectadas expliquen convincentemente por qué eligieron a Madoff, y que cuenten cómo piensan restaurar la confianza de los inversores.

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ESTAFA EN WALL STREET

Francisco González, presidente del BBVA, ha señalado a los fondos de alto riesgo (hedge funds) como unos de los principales causantes de la crisis financiera por su voracidad y avaricia inversora, que se unía a la ausencia de controles en su actuación.
Francisco González, presidente del BBVA, ha señalado a los fondos de alto riesgo (hedge funds) como unos de los principales causantes de la crisis financiera por su voracidad y avaricia inversora, que se unía a la ausencia de controles en su actuación. Lo que no se sabía es que el BBVA financió a clientes institucionales que invertían en estos fondos de alto riesgo, una actividad con la que el banco lograba una rentabilidad cercana al 8%, pero que la ha convertido en víctima de la mayor estafa financiera de la historia.
El segundo banco español comunicó ayer que podría perder "en torno a 300 millones de euros" por haber prestado esta cuantía a inversores institucionales (bancos, fondos de pensiones, seguros, compañías, etc.) cuya garantía eran acciones de los fondos de Madoff. Esta pérdida es la neta después de impuestos, por lo que en realidad entregó el BBVA a sus clientes a través de productos de estructura compleja fueron unos 400 millones. Si finalmente la pérdida es de 300 millones, que es el importe provisionado, supondría una pérdida para el banco del 4,9% del beneficio de 2007.
A la vez, el BBVA hizo público ayer que "en su red internacional, la suma de la inversión de clientes de BBVA en fondos de inversión que a su vez se encontraban depositados en Madoff Investment Securities se sitúa en torno a los 30 millones". El viernes pasado, portavoces del banco se apresuraron a declarar que no habían comercializado productos contaminados en la red minorista ni en la de banca privada en España, pero no dijeron nada de la red internacional.
En el mercado se ha criticado que el BBVA esperara hasta el lunes para declarar sus posiciones (el escándalo se destapó el jueves), cuando el fin de semana ya trascendió entre los operadores que tenía varios cientos de millones de pérdidas.
Según informó el Santander el domingo, el grupo gestiona -a través de Optimal Strategic- fondos de clientes por 2.330 millones ligados a productos de Bernard Madoff. De este importe, 2.010 millones corresponden a inversores institucionales y clientes de banca privada internacional, mientras que los restantes 320 millones forman parte de las carteras de inversión de clientes de banca privada del grupo en España. En el caso del Santander, el impacto en clientes es mayor, pero el de sus propias cuentas es de 17 millones, muy inferior al del BBVA.
En el punto cuarto del comunicado del BBVA se describe, de una manera técnica y compleja, cómo actuó el banco. Se define como "estructurador de productos referenciados a fondos de inversión de terceros", en referencia a que su actividad financiadora para los que colocaban su dinero en hedge funds.
El banco presidido por Francisco González aclara que trabajó a través de tres fondos: Fairfield Sentry Limited, gestionado por Fairfield (el principal implicado en el escándalo Madoff); Primeo Fund, gestionado por Pionner (que pertenece a Unicredito) y Kingate Global, gestionado por Kingate Management (que pertenece al HSBC, según fuentes del banco). "Si como consecuencia del fraude denunciado por la SEC el valor de estos fondos fuera nulo, la pérdida neta máxima potencial para BBVA derivada de la cobertura de esta actividad se situaría en torno a los 300 millones", dice la entidad.
Al igual que el Santander, el BBVA afirma que está "determinando las posibles acciones legales que deban emprenderse en defensa de sus intereses". También en coincidencia con su competidor, el BBVA ha tomado la decisión de no indemnizar a los clientes afectados "porque es un fraude del que no se puede responsabilizar a la entidad. Además, los clientes son de cultura financiera elevada y eran conscientes de los riesgos asumidos".
En las dos entidades financieras y en otras del sector, el terremoto de Madoff está provocando discusiones internas sobre la conveniencia de mantener inversiones propias y de terceros en los hedge funds. Los expertos consideran que en momentos de fuertes caídas de los mercados, se convierten en posiciones de mucho riesgo aunque cumplan todos los requisitos legales. "Todavía es pronto para tomar una decisión, pero está claro que de estas circunstancias siempre se extraen conclusiones", apuntan en un banco.
Ayer hubo un rosario de declaraciones de culpa. El vicepresidente Pedro Solbes desveló que hay nueve fondos de pensiones españoles con 36 millones en Madoff y tres compañías de seguros con otros dos millones. Además, otras entidades declararon su participación.
Banesto reconoció ayer que, dentro de la cifra global del Santander, tiene 14,6 millones implicados con Madoff. La entidad presidida por Ana Patricia Botín tiene una exposición de sus clientes de 5,3 millones en fondos de fondos y 9,3 millones por productos estructurados de cestas de Optimal. Caja Madrid también reconoció tener hasta 2,3 millones de clientes en un fondo de fondos que invirtió en Madoff. En 2002 esta caja tenía un riesgo de cinco millones con Madoff pero luego ha ido reduciéndolo hasta la mitad que tenía ahora. El máximo que tenían sus clientes en Madoff era del 5,66% de la inversión total. Gesmadrid prepara las reclamaciones judiciales para defender sus intereses.
Tanto en el caso del BBVA, Santander como Banesto, el custodio era el británico HSBC. Ser custodio significa que se controlan los pagos, los cobros, la entrada de activos del fondo y debe dar fe de que los valores que dicen los libros están realmente depositados. Por eso, son muchos los que creen que esta entidad puede ser blanco de las reclamaciones judiciales de los afectados, además de la SEC, responsable de la supervisión. Sin embargo, en un comunicado de ayer, HSBC dice que no cree que "estos acuerdos de custodia debieran ser una fuente de exposición para el grupo". Este banco prestó a clientes por 1.000 millones de dólares, (732 millones de euros) que se pueden considerar de dudoso cobro.
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Va la opinión del diario El Mercurio de Chile sobre el incidente originado por las declaraciones del General Donayre, antiguo Comandante General del Ejercito.

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Del Diario El Mercurio (07.12.2008)

El episodio diplomático creado por las extemporáneas e injuriosas expresiones del entonces comandante en jefe del Ejército peruano parece haber concluido sin medidas ni sanciones, luego de una transferencia del cargo por término normal de período a otro oficial. Sin perjuicio de las explicaciones dadas en su oportunidad a alto nivel, es de lamentar que así haya sido, pues no ha habido una satisfacción condicente, y ello tiene una inevitable consecuencia, a lo menos en la cordialidad y el grado de las relaciones, que son importantes para ambas naciones. Cabe esperar que se adopten las medidas necesarias para que no se repitan actos semejantes por parte de altos oficiales públicos, y que tengan lugar gestos que tiendan a superar la situación producida.
Es posible deducir diversas enseñanzas de lo ocurrido, entre las cuales cabe una reflexión diplomática. En el mundo moderno se han multiplicado los contactos directos, a todos los niveles, más allá de los canales diplomáticos establecidos. En este caso, el Presidente del Perú llamó telefónicamente a la Presidenta de Chile, dio explicaciones y habló de la separación del ofensor de su cargo. Nuestra Jefa de Estado entendió que esta separación se produciría como consecuencia de las declaraciones, en tanto su interlocutor afirma que sólo se refirió a que la misma se realizaría con fecha 5 de diciembre, que era el cumplimiento del correspondiente período. Sin embargo, para este malentendido se invoca como testigos a todos los miembros del gabinete peruano que oían la conversación, en la cual a este lado de la línea sólo participaba la receptora del llamado. En forma casi inmediata, hubo en Lima declaraciones del canciller, con diversas precisiones sobre el tema. En suma, una coordinación planificada de este acto de política exterior .
En el futuro conviene estudiar -para el caso de situaciones delicadas y de gestiones no escritas de carácter diplomático, cualesquiera que sean el país o la persona involucrados- el tener establecidos mecanismos que permitan las constancias, las coordinaciones y la canalización diplomáticas de las mismas, o su conclusión en tiempo y forma oportunos.
Esto, en el contexto de una coordinación que naturalmente existe y opera entre la Presidencia y la Cancillería, pero que siempre puede admitir perfeccionamientos.
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Estimados Blogeros:

Va una entrevista realizada a Francisco Durand, que es hoy por hoy uno de los estudioso del poder económico en el Perú más importantes. Él cuestiona la actitud mediática del Gobierno frente a la crisis mundial.

El presidente Alan García asegura que APEC es el mejor instrumento anticrisis que tiene hoy el mundo. ¿Qué reflexión le merece esa aseveración?
Es un poco exagerado, pero tiene algo de verdad. El capitalismo estadounidense y hasta cierto punto el europeo han provocado esta crisis especulativa. Ambos van a entrar a una recesión acelerada, si es que no han ingresado ya, así que el capitalismo más dinámico se abre en Asia. Se habla mucho de China, pero yo le veo mejores perspectivas de largo plazo a la India.

¿Por qué razón?
Por razones políticas. Ellos tienen un sistema democrático que funciona, tienen estabilidad política y tienen un conocimiento del inglés –el idioma de los negocios– mucho más profundo e intenso que en el caso de China.

García ha insistido también en que esta crisis es una gran oportunidad para atraer inversión al Perú.
No. Probablemente lo que ocurra es al revés: que la inversión se vaya. Por ejemplo, la inversión financiera se está restringiendo y las remesas están disminuyendo. La inversión productiva sufrirá también porque han caído la demanda y el precio de los minerales. Si bien todavía estamos corriendo una ola de inversiones extranjeras, esta ciertamente va a disminuir.

¿De qué magnitud será la disminución de inversiones?
Eso nadie lo sabe y el Gobierno no ha hecho un buen trabajo en explicarlo. Más bien, tiene una teoría escapista diciendo que la bonanza exportadora continúa y que el Perú está blindado, pero eso no tiene base técnica real.

¿El Perú no está blindado?
El Perú está relativamente blindado porque tiene un alto nivel de reservas internacionales, pero todavía estamos en mitad de la crisis. Las reservas pueden disminuir considerablemente porque hay menos remesas, menos inversión de capital y porque quizá se tendrá que invertir en amortiguar los efectos de la crisis. Hay un manejo mediático de los datos económicos. Hay un optimismo artificial.

¿Es el Perú el país mejor preparado de la región para afrontar esta crisis?
En realidad eso nadie lo sabe. El Perú ha tenido un crecimiento espectacular en este periodo de bonanza exportadora, pero eso ya terminó. La época de bonanza ya acabó en el Perú.

A usted, entonces, le debe sonar a broma esa información de que el Perú podría capitalizar una inversión directa de US$100 mil millones en APEC.
Eso es totalmente fantasioso. Las inversiones tienen una lógica de ganancia y de mercado. No siguen los titulares de los periódicos ni las declaraciones presidenciales. Parece que el juego mediático del Gobierno es el de mantener el optimismo. Eso, simplemente, no corresponde con los datos.

¿Qué salida le queda al Gobierno?
Todavía está a tiempo de introducir medidas correctivas, pero lamentablemente el Perú no tiene un plan de desarrollo. Ha abandonado la planificación. No tiene sentido estratégico. Desde 1990, la mentalidad de los gobiernos ha sido la del convoy. El Perú es un vagón que hay que engancharlo a la locomotora que pase. Primero fue Estados Unidos y ahora es China.

La falta de planificación es uno de nuestros grandes males.
Sí, pero esta crisis debe hacernos pensar que no se puede ser ingenuo en este mundo, que el Estado es necesario y que debemos tener un plan de desarrollo. Hemos tenido un crecimiento espectacular desde 2003.
¿Eso se debe al esfuerzo de los peruanos? ¿Hemos inventado algo nuevo? ¿O es que, simplemente, estamos respondiendo a los estímulos de la economía mundial? En otras palabras, ¿nos estamos desarrollando o nos están desarrollando?

Otro de nuestros males es creer que la solución viene de afuera.¿Firmar tratados de libre comercio es una medida adecuada en estos momentos?
Lo externo trae problemas y posibilidades. La cuestión es qué va a predominar. Cualquier experto reconoce que hay costos y beneficios en un TLC, pero –volviendo al tema mediático– siempre se han vendido sobreexpectativas. Para vender la idea de que el modelo funciona, se han inflado las expectativas y subestimado los problemas.

Los comerciantes de Gamarra han pegado esta semana el grito en el cielo. ¿Qué le parece el TLC con China?
El problema del TLC con China es que va a reproducir un patrón de comercio internacional: yo te exporto materias primas y tú me vas a enviar productos manufacturados. ¿Pero qué clase de productos manufacturados entrarán? Como el Perú no tiene un Estado fuerte ni un plan de desarrollo, van a entrar a nuestro mercado productos subvaluados de mala calidad. Y eso sí va a tener un efecto negativo en sectores como el de Gamarra.

¿Es eso lo más preocupante?
No. Lo que me preocupa es que nuestra estrategia con China ha sido la de 'firmemos el TLC con la mayor rapidez'. Es probable que vayamos a tener menos beneficios de los que hubiéramos podido alcanzar si el país tuviera seriedad y capacidad negociadora. Estamos cediendo ante la presión china.

Hay quienes manifiestan que no firmar ahora un TLC con China –que va a ser la gran potencia mundial– sería un acto de suma necedad.
No. A China le conviene el Perú porque tiene necesidad de nuestras materias primas, porque tenemos una ubicación estratégica en el Pacífico y porque podemos ser el futuro eje de conexión con Brasil. Eso no lo va a cambiar el tiempo. Al contrario, lo va a reforzar. A China le conviene hoy un tratado que no sea muy discutido técnicamente. Probablemente los chinos saldrán ganando y el Gobierno juega ese juego.

¿Qué sabor le ha dejado el recibimiento con todos los honores al presidente chino Hu Jintao?
Por un lado, hay un aspecto de cortesía. Somos los organizadores de la conferencia y debemos tener un sentido de la hospitalidad. Pero tengo la impresión de que los chinos deben haberse dado cuenta de que somos un país que no sabe lo que quiere y que muy fácilmente puede ser impactado. Somos un país que se asombra con demasiada rapidez. Los chinos van a percibir que con este país es fácil negociar.

Piensan que les damos todo fácil.
Claro. Este es el país de los 'lobbies', ¿no? Hay un 'lobby' chino y el Gobierno comienza a hablar bien de China. Viene un dominicano de tercer nivel llamado Fortunato (Canaán) y le abren las puertas de todos los ministerios e incluso llega a Palacio de Gobierno. ¡Es
increíble ese caso! Estamos hablando de un lobbista de tercer nivel. El 'lobby' se ha convertido en la forma como se definen las relaciones entre el sector privado y el estatal. No es el mejor modelo. Debería ser más transparente.

Un corresponsal estadounidense dijo que quien pasaba una semana en China escribía un libro, el que pasaba un mes escribía un artículo, y el que pasaba un año se daba cuenta de que no podía escribir nada. ¿Cuánto sabemos los peruanos realmente de China?
Es un país de gran complejidad por su tamaño y su historia. Es un país que recién se está comenzando a abrir, pero el conocimiento será muy lento por el tamaño que tiene y por la tendencia asiática a no dar mucha información. La India es también un país muy cerrado. Son muy amables, puedes viajar, pero informan lo que les conviene. No te informan lo que está sucediendo. Tienden a ocultar sus problemas.

Hmmm… ¿y no nos estamos contagiando acá de lo chino?
Sí, pues. Ya parece que el presidente se está pareciendo a un Buda peruano con barriga y todo. Y ahora se está achinando. Habrá que sobarle la barriga para ver si nos da suerte.
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Por: Alfredo Barnechea (23.11.2008)

Cuando se formó la APEC, hacía cuarenta años que se discutía si había un declive americano.
La primera vez que comenzó a mencionarse el tema fue en los cincuenta, cuando los soviéticos lanzaron el Sputnik y tomaron, o parecieron tomar, la delantera en la carrera espacial. Eso, pese a que Estados Unidos estaba en una década de expansión bajo Eisenhower.
Volvió a plantearse con la derrota de Vietnam, que abrió una herida profunda en la psique norteamericana. La nación más poderosa del mundo no podía doblegar la insurrección en un pequeño país asiático.
Con la emergencia económica de Chindia, se ha hecho un lugar común señalar el desplazamiento del mundo al Este. El Pacífico sería la gran
plataforma del diálogo de civilizaciones.
Los números lo indicarían: 55 por ciento del producto mundial, y por lo menos la mitad del comercio, se generan en ese espacio. La alianza
atlántica, sin embargo, representa también un 54 por ciento de ese producto. En ambos casos, el pivote esencial lo constituyen los Estados Unidos, que representa aproximadamente una cuarta parte de la riqueza global.
En medio de la crisis, originada precisamente en los Estados Unidos, ¿hacia dónde fuga el dinero del mundo? Curiosamente a los propios Estados Unidos, y al refugio de los bonos de su Tesoro. Asimismo, ¿dónde se dirige a estudiar la elite china, o asiática en general? A las universidades norteamericanas. Según el ranking de universidades hecho por la universidad de Shangai, 17 de las 20 mejores universidades del mundo están, o siguen estando, en los Estados Unidos. El faro económico y científico del mundo siguen siendo los Estados Unidos.
Con todo y aunque carezca de los instrumentos de coordinación, económicos y militares, logrados desde la segunda postguerra por el conglomerado atlántico—, el foro de cooperación económica del Asia-Pacífico constituye una inmensa plataforma de intercambios, una extraordinaria ventana a la globalización.
¿Es ésta irreversible? Hace unos años, Harold James publicó un libro que parece ahora profético: El fin de la globalización. Lecciones de la Gran Depresión. Allí se señalaba la profunda internacionalización del mundo en el primer cuarto del siglo XX. La crisis de 1929 se trajo abajo esa globalización precedente, y el proteccionismo contagió una por una a todas las economías. Esa caída en los intercambios fue paralela a la desestabilización social y política de Europa, que a la postre condujeron a la Segunda Guerra Mundial. Es por tanto relevante que en esta cita de la APEC, sus miembros se hayan pronunciado en contra del proteccionismo.
Mientras observaba los eventos de esta reunión, dos hechos ocurrieron.
El primero: un carguero saudita con más de dos millones de barriles de petróleo, aquellos que no pueden pasar por los Canales de Suez o Panamá, fue capturado en aguas internacionales por piratas de Somalia, el país que encabeza el ranking de Estados fracasados. Un Estado fracasado o fallido tiene algunas de estas características: pérdida de control físico de parte de su territorio, pérdida del monopolio del uso legítimo de la fuerza, incapacidad para proveer a sus ciudadanos de servicios públicos.
El segundo: Daewoo Logistics alquiló a Madagascar, por 99 años (el tiempo de un protectorado), 1.3 millones de hectáreas, la mitad de la tierra arable de esa isla. Según la propia Daewoo, no pagará nada sino que proveerá empleo e infraestructura. Madagascar tiene un per cápita de menos de 400 dólares. Esta es otra forma de Estado fallido: no poder proveer de empleo a sus ciudadanos y tener que hacer outsourcing para ello.
Los tigres económicos conviven con los Estados fallidos. La globalización con la piratería, el terrorismo internacional, las migraciones, la miseria.
Salvo Haití, América Latina no tiene en rigor Estados fallidos. Pero muchos países tienen, sobre todo en términos económicos y sociales, regiones fallidas. Están fracturados. Bolivia es un caso emblemático de un país cortado en dos, en el último medio siglo, entre los llanos emergentes y el occidente histórico. En el caso del Perú, el Sur andino es esa región rezagada. Huancavelica provee buena parte de la energía hídrica del país, pero 67 por ciento de sus habitantes no tiene luz.
Por tanto, en países como los nuestros los gobiernos tienen una tarea dual, y generalmente contradictoria. Por un lado conectarse al mundo, por ejemplo a través de TLCs. Por el otro cerrar las brechas internas. La única manera de dar continuidad a lo primero es cerrar las segundas.
La crisis internacional exige en todas partes políticas contracíclicas. El Perú tiene los recursos fiscales y monetarios para realizarlas, y desarrollar por ejemplo inversión pública en infraestructura. Es la oportunidad para dirigir esa inversión a las zonas rezagadas.
El gobierno actual jugó todas sus cartas en el eje dominante de la globalización. La tarea del próximo gobierno será el TLC para adentro, según la acertada fórmula que usó Hernando de Soto. Porque la tarea histórica de nuestra generación es llegar al bicentenario de la República, el 2021, con las brechas entre los varios Perú cerradas para siempre.