Por Augusto Álvarez Rodrich
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La República

¿Quién quiere despedir al premier Simon?

El presidente tiene una piedra en el zapato: un premier que usa sus últimos días para construir su candidatura 2011 y que le deja, como papa caliente, los acuerdos que firma en zonas agitadas del país sabiendo que no estará para hacerlos cumplir.
No se puede dejar de reconocer que, al final de su gestión más bien anodina, el premier Simon sacó a relucir una impetuosa y efectiva capacidad de reacción política que, por un lado, está siendo fundamental para cambiarle la imagen más bien dócil que se había forjado ante el gran auditorio nacional.

Por el otro lado, la reacción del premier Simon también fue clave para que el gobierno al que todavía pertenece saliera temporalmente de una crisis profunda al desactivar varios conflictos que estaban en plena explosión.

Pero sería una ingenuidad pensar que la crisis ya se ha superado. Esta solo se ha ‘pateado pa’ lante’ pues ahora vendrá la etapa más laboriosa de evitar que, en breve, las poblaciones representadas en las negociaciones sientan, como casi siempre ha sucedido, que los acuerdos los pusieron en la mecedora.

Esto podría ocurrir por la tradicional lentitud del sector público para atender estos asuntos pero, también, porque Simon ha hecho ofrecimientos que significan una marcha atrás en piedras de toque de la ‘filosofía del perro del hortelano’ como, por ejemplo, las concesiones mineras.

Ahora bien, a pesar de la recuperación política del premier Simon, es muy difícil que él pueda seguir conduciendo el gabinete de un gobierno que necesita, a gritos, reencauchar al menos dos llantas de su camión: el premierato e Interior.

Sería un error grave del presidente no darse cuenta de que necesita una figura independiente, de su confianza y que, como por ejemplo el embajador Allan Wagner, ofrezca credibilidad al resto de fuerzas políticas y permita construir consensos antes que crispar más al país. El jefe del Estado simplemente debe estar evaluando la oportunidad de los relevos.

Esto plantea la interrogante de cuándo se irá el premier. Parece que al Ejecutivo le convendría que el Congreso tome la iniciativa pues así se blindaría al siguiente premier y, para Simon, nada mejor que ser botado por una institución con tan mala imagen como el Parlamento; sería una condecoración.

No obstante, más de un congresista se habría dado cuenta de que el presidente García les quiere ‘arrimar el bulto’ para que ellos le faciliten el cambio, lo cual perfilaría la curiosa situación en la que tanto el Ejecutivo como el Legislativo quieren deshacerse de la piedra en el zapato que significa el premier Yehude Simon, pero ambos esperan que el otro dispare primero.