28/10/09: ¿La agonía del cristianismo?
La República
Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El catolicismo necesita reconectarse con la gente.
El catolicismo no sale bien parado de debates como el reciente sobre la despenalización del aborto cuando algunos de sus líderes más reconocidos pretenden ganarlos en la mesa del pacto con los políticos en lugar de hacerlo en la misa del convencimiento a la gente.
Como en la sentencia reciente del TC sobre la AOE, en el debate sobre el aborto algunos voceros del catolicismo andan con la actitud de ‘qué importa lo que digan, la discusión ya se ganó por la presión sobre las autoridades que al final van a decidir’.
Ello explicaría su pobreza argumental en un debate en el que no se debe olvidar que implica, en ambos lados, opciones personales vitales que se deben respetar. Pero cuando gritan que ‘Herodes anda suelto’ mientras miles de mujeres mueren porque –a diferencia de las que no son pobres– abortan en la precariedad, se concluye que algo anda mal con su argumento.
Este tipo de reacción sobre el aborto o la píldora del día siguiente también produce la posición de la iglesia católica en otros asuntos de la vida cotidiana de las personas –incluyendo de su feligresía–, como la homosexualidad, el uso del condón y, en general, sobre el papel de la mujer en la sociedad, a la que suelen percibir como nada más que un ‘aparato reproductor’.
Es penoso, por ejemplo, que el papa Benedicto XVI haya declarado en África, la región del mundo con mayor incidencia del sida, contra el uso del condón, algo que tiene implicancias mortales y, además, contradictorias con la defensa de la vida que declaran defender en el debate del aborto.
¿Estamos, acaso, en el Sodoma y Gomorra que sugiere la opinión de algunos líderes católicos? Claro que no. Lo que está sucediendo es una desconexión creciente entre la prédica de la iglesia católica con la manera como piensan y viven muchos de sus fieles que no se sienten inmorales, indecentes y pecadores porque no hacen lo que algunos curas les dicen sobre lo que pueden y no pueden hacer en la cama. O con quién.
Esto explicaría el decrecimiento de la proporción de católicos, o por qué varios líderes de esta religión buscan asegurar la continuidad de sus posiciones solo a través de pactos con los políticos de turno en lugar de triunfar en el terreno de las ideas y de las propias convicciones de una población que siente, cada vez más, que la iglesia tiene cada vez menos que decir sobre asuntos fundamentales de sus vidas.
Es obvio que esto no significa ‘la agonía del cristianismo’, pero sí creciente desconexión con la gente –especialmente con los más pobres–; pérdida de espacio frente a otros credos; iglesias vacías; y menor intensidad de la fe.
Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El catolicismo necesita reconectarse con la gente.
El catolicismo no sale bien parado de debates como el reciente sobre la despenalización del aborto cuando algunos de sus líderes más reconocidos pretenden ganarlos en la mesa del pacto con los políticos en lugar de hacerlo en la misa del convencimiento a la gente.
Como en la sentencia reciente del TC sobre la AOE, en el debate sobre el aborto algunos voceros del catolicismo andan con la actitud de ‘qué importa lo que digan, la discusión ya se ganó por la presión sobre las autoridades que al final van a decidir’.
Ello explicaría su pobreza argumental en un debate en el que no se debe olvidar que implica, en ambos lados, opciones personales vitales que se deben respetar. Pero cuando gritan que ‘Herodes anda suelto’ mientras miles de mujeres mueren porque –a diferencia de las que no son pobres– abortan en la precariedad, se concluye que algo anda mal con su argumento.
Este tipo de reacción sobre el aborto o la píldora del día siguiente también produce la posición de la iglesia católica en otros asuntos de la vida cotidiana de las personas –incluyendo de su feligresía–, como la homosexualidad, el uso del condón y, en general, sobre el papel de la mujer en la sociedad, a la que suelen percibir como nada más que un ‘aparato reproductor’.
Es penoso, por ejemplo, que el papa Benedicto XVI haya declarado en África, la región del mundo con mayor incidencia del sida, contra el uso del condón, algo que tiene implicancias mortales y, además, contradictorias con la defensa de la vida que declaran defender en el debate del aborto.
¿Estamos, acaso, en el Sodoma y Gomorra que sugiere la opinión de algunos líderes católicos? Claro que no. Lo que está sucediendo es una desconexión creciente entre la prédica de la iglesia católica con la manera como piensan y viven muchos de sus fieles que no se sienten inmorales, indecentes y pecadores porque no hacen lo que algunos curas les dicen sobre lo que pueden y no pueden hacer en la cama. O con quién.
Esto explicaría el decrecimiento de la proporción de católicos, o por qué varios líderes de esta religión buscan asegurar la continuidad de sus posiciones solo a través de pactos con los políticos de turno en lugar de triunfar en el terreno de las ideas y de las propias convicciones de una población que siente, cada vez más, que la iglesia tiene cada vez menos que decir sobre asuntos fundamentales de sus vidas.
Es obvio que esto no significa ‘la agonía del cristianismo’, pero sí creciente desconexión con la gente –especialmente con los más pobres–; pérdida de espacio frente a otros credos; iglesias vacías; y menor intensidad de la fe.
Dueños de los restaurantes La concha de sus mares o Pez-On no tuvieron problemas con Indecopi.
Por Daniel Meza
El Comercio
La palabra “huevón” existe en la institución máxima de la lengua. Significa, para la Real Academia de la Lengua Española (RAE), “perezoso e imbécil” en un lenguaje despectivo. Pero, ¿hasta qué punto una expresión del calibre de Pezweon -convertido en marca- va en contra de las malas costumbres y la moral de una sociedad?
Si bien, a decir del público, la expresión Pezweon no representa realmente una antítesis para la moral o a las buenas costumbres en nuestro país, tal como lo refiere la norma a la que algunos funcionarios de Indecopi se acogen para evitar que salga una marca de ropa con ese nombre, existe más de un caso realmente curioso para tomar en cuenta. Repasemos los más llamativos:
1. El Pezweon: El tema en discusión, según indican sus autores, dos jóvenes caricaturistas, proviene de la frase “Esto ya fue, pues, huevón”. Los creativos transformaron la idea en stickers y decidieron colgarlo en Facebook, con lo que adquirió una popularidad inesperada. Hoy, la marca se encuentra en problemas con Indecopi para ser lanzada como una línea de ropa.
2. Semanario Chesu!: Definitivamente, no se trata de una palabra que querramos desglosar necesariamente, aunque sí se puede decir que proviene de un insulto de alta capacidad ofensiva. El Chesu! apareció en los inicios de la década de los 90 como un suplemento del diario “Onda”, con la colaboración de distintos caricaturistas (entre ellos Toño Tapia, dibujante del diario “Correo”) que retrataban de una manera cómica las torpezas, desaciertos y defectos físicos de distintos políticos peruanos. Últimamente se le ve en distintos quioscos de la ciudad, amarillentos porque no se agotan debido a que la calidad del humor no es la misma que la de las primeras versiones. ¿Indecopi? Jamás escuchamos su voz al respecto.
3. El Pez-On: Es un restaurante cevichería muy pintoresco que sabe explotar de manera muy creativa su nombre. Sus creadores, ambos publicistas, eligieron un nombre que pueda prestarse para varias interpretaciones. “Consideramos a Pez-On como un nombre perfecto para el local, ya que tenía publicidad propia”, según nos contó su actual propietario, Alejandro Bermúdez. Actualmente, el Pez-On explota su denominación llamando a sus tres locaciones Pez-On derecho, Pez-On izquierdo y Pez-On armado. Del mismo modo, juega con los nombres de los platillos como “Tiraditas”, o “Pez on negro” y “Pez on solitario”. No hubo problemas con Indecopi. El local central de Pez-On se encuentra en la cuadra dos de la Av. del Ejército.
4. El restaurante “La concha de sus mares”: “Vamos a la concha de…” no es, precisamente, la frase que muchos sectores conservadores del país quisieran pronunciar, aunque nadie puede negar lo creativo y jocoso que resulta al escucharla. Wilter Hoyos, propietario del restaurante, contó que junto a un compañero crearon el nombre porque no vieron nada malo en hacer alusión a un molusco y al mar. “¿Qué va a decir la gente?”, pensaron en su momento, aunque tomaron en cuenta que “cuando las cosas se dicen con propiedad, no habría ningún problema”. Tras ello, Indecopi no les puso traba alguna por la inscripción de la marca. Actualmente, la dirección que le atribuye Internet es falsa, puesto que hoy se encuentran en cuadra 16 de la Av. Mateo Pumacahua.
5. El insecticida “Miliko”: No tiene un consumo masivo, pero posee más que un nombre sugerente. Quizás se le pueda encontrar en algunas ferreterías. Este extraño producto es además “el arrazador” (con Z y no S, en el sticker del producto) y su función y eslogan es nada menos que la noble labor de “Matar cucarachas”. Carlos Medina, gerente de M&C Industrias Químicas S.A.C., empresa que provee el insecticida, afirma que le puso el nombre solamente “por ser vendedor”, sin ningún tinte político. Lo cierto es que Miliko (tal como aparece en el sticker), está presto para “aniquilar” con sus botas a los insectos. ¿Se podría relacionar que esa bota de militar representa que la institución castrense atenta contra los derechos humanos?
6. La peña Del Carajo: Uno más que se le puede agregar a la lista de marcas –en la opinión de algunos- con palabras “de malas costumbres”. Nunca se hizo noticia por algún problema suscitado con la Indecopi (por este nombre
Por Daniel Meza
El Comercio
La palabra “huevón” existe en la institución máxima de la lengua. Significa, para la Real Academia de la Lengua Española (RAE), “perezoso e imbécil” en un lenguaje despectivo. Pero, ¿hasta qué punto una expresión del calibre de Pezweon -convertido en marca- va en contra de las malas costumbres y la moral de una sociedad?
Si bien, a decir del público, la expresión Pezweon no representa realmente una antítesis para la moral o a las buenas costumbres en nuestro país, tal como lo refiere la norma a la que algunos funcionarios de Indecopi se acogen para evitar que salga una marca de ropa con ese nombre, existe más de un caso realmente curioso para tomar en cuenta. Repasemos los más llamativos:
1. El Pezweon: El tema en discusión, según indican sus autores, dos jóvenes caricaturistas, proviene de la frase “Esto ya fue, pues, huevón”. Los creativos transformaron la idea en stickers y decidieron colgarlo en Facebook, con lo que adquirió una popularidad inesperada. Hoy, la marca se encuentra en problemas con Indecopi para ser lanzada como una línea de ropa.
2. Semanario Chesu!: Definitivamente, no se trata de una palabra que querramos desglosar necesariamente, aunque sí se puede decir que proviene de un insulto de alta capacidad ofensiva. El Chesu! apareció en los inicios de la década de los 90 como un suplemento del diario “Onda”, con la colaboración de distintos caricaturistas (entre ellos Toño Tapia, dibujante del diario “Correo”) que retrataban de una manera cómica las torpezas, desaciertos y defectos físicos de distintos políticos peruanos. Últimamente se le ve en distintos quioscos de la ciudad, amarillentos porque no se agotan debido a que la calidad del humor no es la misma que la de las primeras versiones. ¿Indecopi? Jamás escuchamos su voz al respecto.
3. El Pez-On: Es un restaurante cevichería muy pintoresco que sabe explotar de manera muy creativa su nombre. Sus creadores, ambos publicistas, eligieron un nombre que pueda prestarse para varias interpretaciones. “Consideramos a Pez-On como un nombre perfecto para el local, ya que tenía publicidad propia”, según nos contó su actual propietario, Alejandro Bermúdez. Actualmente, el Pez-On explota su denominación llamando a sus tres locaciones Pez-On derecho, Pez-On izquierdo y Pez-On armado. Del mismo modo, juega con los nombres de los platillos como “Tiraditas”, o “Pez on negro” y “Pez on solitario”. No hubo problemas con Indecopi. El local central de Pez-On se encuentra en la cuadra dos de la Av. del Ejército.
4. El restaurante “La concha de sus mares”: “Vamos a la concha de…” no es, precisamente, la frase que muchos sectores conservadores del país quisieran pronunciar, aunque nadie puede negar lo creativo y jocoso que resulta al escucharla. Wilter Hoyos, propietario del restaurante, contó que junto a un compañero crearon el nombre porque no vieron nada malo en hacer alusión a un molusco y al mar. “¿Qué va a decir la gente?”, pensaron en su momento, aunque tomaron en cuenta que “cuando las cosas se dicen con propiedad, no habría ningún problema”. Tras ello, Indecopi no les puso traba alguna por la inscripción de la marca. Actualmente, la dirección que le atribuye Internet es falsa, puesto que hoy se encuentran en cuadra 16 de la Av. Mateo Pumacahua.
5. El insecticida “Miliko”: No tiene un consumo masivo, pero posee más que un nombre sugerente. Quizás se le pueda encontrar en algunas ferreterías. Este extraño producto es además “el arrazador” (con Z y no S, en el sticker del producto) y su función y eslogan es nada menos que la noble labor de “Matar cucarachas”. Carlos Medina, gerente de M&C Industrias Químicas S.A.C., empresa que provee el insecticida, afirma que le puso el nombre solamente “por ser vendedor”, sin ningún tinte político. Lo cierto es que Miliko (tal como aparece en el sticker), está presto para “aniquilar” con sus botas a los insectos. ¿Se podría relacionar que esa bota de militar representa que la institución castrense atenta contra los derechos humanos?
6. La peña Del Carajo: Uno más que se le puede agregar a la lista de marcas –en la opinión de algunos- con palabras “de malas costumbres”. Nunca se hizo noticia por algún problema suscitado con la Indecopi (por este nombre




