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“Se escribe el poema para encontrar el alma y no a la inversa…”
Pedro Granados.

Pedro Granados me manifestaba con la fuerza que brinda el poder de la convicción, que “el poeta debe ser eminentemente auténtico y que no existen escuelas, sino, poetas…”, además, de manera tajante sostuvo que “las influencias desaparecen inevitablemente a cualquier autor, muere eclipsado, sin duda…”. Hoy le brindo todo el asidero a sus principios, teniendo como sustrato su obra poética Soledad impura, excepcional en fondo y forma, que sostiene cuatro partes muy definidas, cuya intensidad se engrandece a niveles paroxísticos al transitar hasta sus últimos versos, diría hasta el punto final…de absoluto concierto.

Granados, tras su caminar oximorónico, aquella dualidad que al fin y al cabo se complementan en un abrazo, esencia-consustancial de la vida y naturaleza misma, parte al inicio de su obra desde su núcleo generativo, raigal, ígneo; es decir –en De nuevo a casa– al son de rebeldes palpitaciones por la injusta muerte del abuelo, erupcionando en versos cargado de dolor y sed de justicia “Llegar donde a uno lo esperan/ para morir…/Mi abuelo camina dentro mío…”. En Mar retinto, el Eros trasciende a través de sus versos, lleno de aquella cotidianidad insuflada por aquel deseo del cual es imposible exceptuarnos y escribe:

…Echado sobre tu cama
espero. Recibo, a cambio,
tus enormes tetas tibias
y jóvenes.
Al pene alborotado lo acallas
con tu boca.
Agazapado
una de mis manos alcanza
tus nalgas
Tú clítoris va imantando mis dedos…

Samaypata, término quechua que significa “Descanso en las alturas” –un centro cultural, arqueológico y turístico, ubicado a 120 Km. al sudoeste de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra–, impacta al poeta –al igual que Caral–, y recoge entre sus entrañas, energizantes y misteriosas, el hondo significado de la muerte; el arte de morir, muerte personal, individual, como él lo llama. Aquella que guarda, por cierto, nuestras cenizas y habla en voz alta, de aquella ligazón de hermandad con nuestro Imperio de los Incas. Finalmente, los recuerdos y la soledad apoderándose de su ser, llegan en última instancia a trascender lo que sería el título del presente poemario: Soledad impura.

Samaypata es un Macchu Picchu en pequeño,
nos dicen. Y el vulgo acierta.
Hora y media cuesta dejar atrás
El calor de Santa Cruz de la Sierra.
E instalarse. Pasar
por entre el ojo de aguja de sus calles.
Sin tocar la piedra.
Sin poner las narices sobre la roca fría.
Saber que Samaypata nos espera.
Para morir. Para vivir…

Aunque ahora vivas
dentro del avión de tus recuerdos.
Y el hecho próximo futuro
sea el de tu propia extinción.
Quizá en Samaypata.
Quizá tocando la loza misma
de aquellas espléndidas estrellas.
Con nuestras gota de sombra confundida
y feliz entre tantas otras sombras.
Pero esto no lo sabes todavía. Y por eso escribes
con tu soledad impura.
A medias sola. Acompañada
a medias
No hay lugar ni un tiempo
ideal.

Esta obra, cuyo cetro está cubierto por aquella originalidad defendida y demostrada por Granados, me permite rescatar respuestas a ciertas interrogantes, que –de manera constante– han cruzado mi mente en estos últimos tiempos: ¿Cuál es el rol del poeta y de la poesía en el siglo XXI?. Al respecto y en su momento, se han pronunciado Vallejo y Neruda, el primero afirma que el poeta “es un hombre que opera en campos altísimos, sintetizantes...” (1), para el segundo, “el poeta debe convertirse parcialmente, en el cronista de su época…” (2); sin duda, Granados da cumplimiento a ambos postulados. La poesía se constituye en el único refugio de esperanza para el ser humano, del cual brotarán con originalidad las voces y sentimientos al margen del sistema imperante.



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