05/07/09: Caral

En vez del cráneo de una calavera
acaricio una piedra que he traído a Lima
desde la cinco veces milenaria
ciudad de Caral.
Es un canto rodado grande,
perfectamente plano en su base,
que utilizo para tener en pie
algunos libros. Para tenerme en pie.
Ápice de alguna lengua.
La luna en cuarto menguante,
a manera ejemplo.
Y junto con esta piedra
--de agigantadas papilas
y evidentes cicatrices –
les escribo.
Ella de cinco mil años;
la mía de cincuenta.
Irregulares, quiñadas,
y gozosas lenguas gustativas.
No menos sexuales, por cierto.
La libra de toto se mide por la vista
y se mide por la lengua.
Como lo saben muy bien
mis discursivos colegas dominicanos.
La luna en cuarto menguante,
a manera de ejemplo.
De Soledad impura (2009)
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