«Para mi, hacer teología es escribir una carta de amor al Dios en quien creo, al pueblo al que pertenezco y a la Iglesia de la que formo parte. Un amor que no desconoce las perplejidades, y hasta los sinsabores, pero que es sobre todo fuente de una honda alegría»
Archivos de febrero,2010
carta de amor
febrero 08, 2010Interpretación
febrero 08, 2010Y siempre espera lo mejor, encuentra la dimensión más noble y elevada... la otra perspectiva te llevará a un camino suspicaz y terminarás odiándome. Y eso no es bueno para el alma de ninguno de nosotros.
Hoy me entraron los escrúpulos porque me percaté de que lo escribo muchas veces puede no ser comprendido y lo puedes tomar como algo hiriente. Me dije a mi misma, es que claro, hay que interpretarme... Más fácil sería si hablara, si me miraras a los ojos, si vieras lo mucho que me demoro en pensar las palabras... me parezco a Grand cuando trata de hablar de la amazonas y del Bosque de Bolonia. Te darías cuenta que mis intenciones si bien no te parecerán nobles, al menos no intentan ser hirientes.
Escribo para contar relatos de la luna, del sol, del cielo, del río y de Tsugki, de lágrimas y alegrías... y mientras escribo, recreo todo lo vivido nuevamente. Edgardo una vez me contó que quien escribe se cree el dueño de la vida, porque puede hacer con sus personajes y sus historias lo que su alma anhela.
Esta suerte de controlar la vida me recuerda a François Truffaut, quien pensaba que el cine era la vida... que era su vida. Creo que su deleite y enamoramiento por el cine, en cierta forma se dió porque podía controlarlo todo ahí; pero a la vida no hay nadie quien la pueda controlar del todo. Y yo creo que en eso radica la belleza del mundo de la vida.
Saber que hay cosas que escapan a tu voluntad puede dejarte en un camino de incertidumbre. ¿Quién podría aceptar semejante realidad? He escuchado que los maestros zen pueden aceptar la realidad así de simple.
Pero yo no soy tan profunda como un maestro zen... soy simplemente yo, en todas mis limitaciones. Por eso, he decidido aceptarme con honestidad. No me interpretes con dolor ni resentimiento. Sólo eso quería decirte... y también que “hay en el ser humano más cosas de admiración que de desprecio” y yo creo que soy muy ser humano.
Por favor, si no me entiendes, no me pidas que use emoticones cuando escribo... no lo puedo soportar... me parece el colmo de la trivialidad, quizás con el tiempo esta perspectiva cambie ¿quién sabe? Te suplico que tampoco me pidas usar el chat. No lo soporto.
El teléfono algunas veces me suena frío y distante. Yo lo que quiero son cartas escritas a mano, eso quiero. Cartas donde pongas tu alma al escribir, donde dejes tus lágrimas y también tus risas. Donde plasmes tus dudas y esperanzas... Debe ser por eso que comencé a escribir a mano porque quiero cartas a mano, pero quizás la vida no me mande esas esperadas cartas, así que yo debo escribirlas. Sino, ¿quién lo hará?









