Porque la verdad es que «veía» a la muchacha, la veía en las ramas del árbol desnudo, que palpitaban levemente cuando algún gorrión aterido volaba hasta ellas en busca de abrigo; la veía en los ojos de las novillas que salían del establo, y la oía en el balido de los corderos que se cruzaban en mi camino. Era como si toda la creación me hablara de ella, y deseaba, sí, volver a verla, pero también estaba dispuesto a aceptar la idea de no volver a verla jamás, y de no unirme a ella, siempre y cuando pudiese sentir el gozo que me invadía aquella mañana, y tenerla siempre cerca aunque estuviese, por toda la eternidad, lejos de mi. Era, ahora intento comprenderlo, como si el mundo entero, que sin duda, es como un libro escrito por el dedo de Dios, donde cada cosa nos habla de la inmensa bondad de su creador, donde cada criatura es como escritura y espejo de la vida y de la muerte, donde la más humilde rosa se vuelve glosa de nuestro paso por la tierra, como si todo, en suma, sólo me hablase del rostro que apenas había logrado entrever en la olorosa penumbra de la cocina. [...] Como embriagado, gozaba de la presencia de la muchacha en las cosas que veía, y, al desearla en ellas, viéndolas, mi deseo se colmaba. Y, sin embargo, en medio de tanta dicha, sentía una especie de dolor, en medio de todos aquellos fantasmas de una presencia, la penosa marca de una ausencia.
El Nombre de la Rosa
Cuarto día. TERCIA
Umberto Eco
Recuerdo que hace miles y miles de años cuando estaba todavía chiquilla, en alguna clase de mi curso electivo de T, el profesor -a raíz de no recuerdo exactamente qué- comenzó a hablarnos de los lobos feroces del mundo de la vida.
Estos lobos siempre atacaban a las Caperucitas Rojas incautas. Y las palabras de mi maestro eran una viva exhortación tenaz y punzante para que ellas se resistieran a las tretas de los lobos feroces. Paradójicamente en el salón, habían más seres –que, dado su género– podían ser potencialmente lobos feroces, que seres –que dado también su género– podían ser potencialmente Caperucitas.
I'm bewitched and i know it so well
what the reason is baby, i can't tell
it's that animal good looks you've got
you show more than a lot
demon lover, demon lover, demon lover
I love you
Me pregunto cómo se llama el ejercicio de esta virtud - cuyo nombre no puedo encontrar - que consiste en seguir luchando en la vida - a pesar de la vida misma -.
¿Es el término medio de.... ?
Quizás Felipito no sea aristotélico (mi esperanza es que sí)... quizás sólo estoy cansada y es la perfecta justificación para decir que veo a Aristóteles en todas las cosas de una manera muy neurótica y virtuosa.
«El heroísmo no consiste en carecer de miedo, sino en superarlo. [...] El Chapulín Colorado se muere de miedo, es torpe, débil, tonto, etcétera y conciente de esas deficiencias se enfrenta al problema. Eso es ser un héroe...»
Sentir temor no es malo, sino que es algo muy natural y muy humano. El temor permite reconocerte en una situación de riesgo y por ende, actuar con más cautela y con más cuidado, de tal forma que te puedas proteger y también puedas proteger a los otros.
El temor te ayuda a colocar en perspectiva el grado de peligro existente, de tal forma que puedas actuar con prudencia (siendo rigurosos, quisiera hacer énfasis en que no estoy haciendo referencia a la phrónesis sino a una actuación cautelosa). ¿Te imaginas cómo sería todo si no tuvieras temor? No podrías dimensionar el peligro y protegerte de él... sería como vivir insolente frente a la vida. No habría forma de sobrevivir así.
- Ya saben muchachada, para remediar los males de amores, no hay nada mejor que «Remedia amoris» de Ovidio... Olvídense de "la hora del lonchecito" y de la salsa sensual de Victor Manuelle...
- Ey, pssst ¿él no es el que escribió el arte de amar?
- Ovidio... Ovidio Fromm
La verdad yo no sé en qué momento pasamos de hablar la phrónesis a estos “otros” temas... pero olvidarme de la Salsa Sensual, ¡NUNCA!
(o aquel camino que no le hizo justicia a ninguno de los Príncipes)
Nunca antes como ahora soy conciente de la gran importancia de contar con una buena traducción para un libro.
En la universidad me dejaron de tarea leer El Príncipe de N. Maquiavelo, e imprudentemente tomé una – pésima – traducción que encontré en algún lugar recóndito de la biblioteca de mi hogar. ¡Qué elección tan negligente!
Diana es una rosa sin espinas,
por dentro tan divina, por fuera tan hermosa.
Un sol de medianoche que alumbra corazones
que desata pasiones... allá por donde va.
Diana es gata sin domesticar,
libre sin fronteras entre el cielo y la tierra.
Conjuga en plural romántico francés...
filosofia griega....movimiento social...
Yo pienso que lo que está pasando en la ONPE, más que un orquestado y milimétricamente calculado fraude electoral, es simplemente el resultado de acciones poco profesionales e improvisadas, es decir, de una flagrante ineptitud – más que de maledicencia -.
Se me hace inevitable no recordar las palabras del cronista frente al desastre inmisericorde originado por la peste en Orán: «El mal que existe en el mundo proviene casi simpre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad.» Me fascina y me conmueve profundamente la visión que A. Camus tiene de la humanidad, que transmite en La Peste. Esta es una percepción bastante noble y transparente; que está muy alejada de las recomendaciones principescas de Maquiavelo al “magnífico Lorenzo de Médicis.” «Porque de los hombres puede decirse generalmente esto: que son ingratos, volubles, simuladores y disimuladores, rehuidores de peligros, ávidos de ganancias; y mientras les haces bien, son todos tuyos; (...) los hombres son tan simples y obedecen tanto a las necesidades presentes, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje enganar. Y si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno, pero son perversos.»
Me dejaré llevar por esta suerte de ingenuidad y credulidad de A. Camus y diré que la actual incertidumbre electoral es producto de la improvisación y de la confluencia de varias negligencias por parte de los organismos involucrados: desde las demoras en resolver las tachas de candidatos, responsabilidad de los Jurados Electorales Especiales hasta la responsabilidad de la ONPE en no incidir en capacitación profunda, rigurosa e intensa en todos los miembros de mesa – y personeros también – (alguna vez escuché que durante cierta gestión de la ONPE para ciertas elecciones, no sólo se promovió la capacitación de los miembros de mesa, sino también la de los personeros y ciudadanos de a pie).
El día de hoy sucedió una cosa completamente inesperada: levanté la mano para hacer una pregunta.... y mi mente estaba en blanco. ¡Merde!
Justo antes, momentos previos estaba elucubrando y reflexionando mi pregunta, con los ojos entrecerrados, porque así pienso mejor, entre la vigilia y el sueño; mientras el profesor hablaba y mientras yo quería captar la esencia y la sustancia de lo que nos contaba. Se me escapó la pregunta... huyó la muy pícara. Y yo seguía en blanco, delante de toda la clase en silencio, y a la expectativa del profesor.
«Profesor, lo siento, me he bloqueado», dije delante de la clase. Silencio total. Silencio incómodo. Pero no me sentía presionada, estaba demasiado relajada, es más, estaba casi feliz, pero cuestionándome por qué michi se me había ido la pregunta. «No te preocupes, estas cosas pasan, a mí me ha pasado, es más, incluso dando la clase... pasa.»