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El Zorro de Abajo
Blog de Sinesio López Jiménez

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Archivos de September 2008

Sinesio López Jiménez

José Aricó, uno de los intelectuales más destacados de América Latina, argentino, autodidacta y estudioso original de José Carlos Mariátegui, decía que el Perú, si se miraba el conjunto de países latinoamericanos, era un país laboratorio. Un país en cuya actualidad coexisten diversos tiempos históricos, modos de desarrollo contradictorios, formas de dominación social diferentes, identidades culturales contrapuestas, geografías complejas y quebradas. Un país abierto a la sorpresa y a lo inesperado. Propicio para el análisis y difícil para la vida. En el Perú se puede morir de hambre, pero nunca de aburrimiento. Lo que se dice del Perú se puede extender a la región andina y a cada país que la integra considerando, desde luego, las peculiaridades que provienen de las historias particulares. Eso es Bolivia hoy. Un escenario dramático en el que se anudan diversos problemas de difícil solución. En primer lugar, el modelo de desarrollo que confronta a los partidarios del neoliberalismo y los que se oponen a él. En segundo lugar, la polarización social que enfrenta a las clases acomodadas con las clases populares y los sectores pobres y muy pobres. En tercer lugar, las identidades culturales que contraponen a los cambas y a los collas. Todas esas tensiones y contradicciones se expresan en la difícil geografía boliviana. Y se expresan también en la política entre la derecha y la izquierda.

La pregunta de fondo que hay que formularse es si es posible proponer y organizar una solución democrática a este conjunto contradictorio de problemas explosivos. Los actores centrales del conflicto han imaginado y propuesto salidas provenientes del arsenal político de la democracia directa: los referéndums. Tanto los “autonomistas” como los defensores de la integridad territorial han apelado a ese mecanismo de la democracia directa. Comenzaron los autonomistas y tuvieron la oposición del gobierno central que los declaró ilegales. Pero Evo Morales apeló al mismo mecanismo para frenar a los movimientos separatistas y afirmar la integridad territorial. Puso en juego su propio poder y el poder de los separatistas. Tuvo un triunfo resonante, pero, salvo uno, triunfaron también los separatistas en sus respectivas regiones. La situación, sin embargo, sigue sin resolverse. Las preguntas que surgen de inmediato son las siguientes: ¿se agotó la salida democrática?.¿La confrontación es inevitable? ¿Ante los intentos separatistas y violentos de algunas regiones, al gobierno de Evo Morales no le queda otra salida que la declaratoria del Estado de excepción?. La reunión de los países de América del Sur y sus acuerdos ayudan, pero no resuelven el nudo gordiano que asfixia a Bolivia. La solución es interna. Si es así, ¿cuál es salida?. Por los antecedentes conflictivos que ha tenido Bolivia desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde los 90 en adelante, se puede afirmar que tampoco funciona la democracia representativa basada en la regla de la mayoría. El movimiento indígena, cuando era oposición social y política de los gobiernos democráticamente elegidos, formuló agresivamente demandas propias de una sociedad y de un Estado multinacional: identidad, autonomía territorial y formas de representación propia. Una vez que ganó el poder con el triunfo mayoritario de Evo Morales, ese movimiento defiende la integridad territorial. En esta nueva situación, son las regiones de “la media luna” las que organizan movimientos autonomistas y hasta separatistas.

Estas demandas agresivas de autonomía por ambas partes, en momentos y situaciones diferentes es cierto, hacen inviable una democracia mayoritaria, esto es, basada en la regla de la mayoría. Ellas, por el contrario, exigen un cambio de formato de la democracia si las partes quieren mantener a Bolivia en ese camino ¿ Cuál ese nuevo formato?. La democracia de consenso que es la democracia propia de las sociedades plurales o multinacionales (Canadá, Bélgica, Suiza, India, Isrrael, España, entre otros).¿Cuáles son las características de la democracia del consenso? La vigencia de cuatro instituciones fundamentales la definen: gobierno de coalición formado por los líderes de los grupos culturalmente diversos, la autonomía de los diversos grupos que coexisten en el país, el veto al que puede apelar cualquier grupo frente a determinadas decisiones con las que está en desacuerdo y la proporcionalidad en la distribución de representaciones y recursos. El análisis de este tipo de democracias es una de las contribuciones más importantes de Arend Lijphart, politólogo noruego, al desarrollo de la teoría de la democracia y de la ciencia política. Sartori sostiene, por su lado, que este tipo de democracias se basa en la ley de expectativas diferidas. Si las demandas no son igualmente intensas, es posible jerarquizarlas y, sobre esa base, tomar decisiones por consenso. Si las demandas, en cambio, son igualmente intensas, el país, en ese caso, está condenado a la dictadura o a la fragmentación. Espero que este no sea el camino Bolivia.

Sinesio López Jiménez

Como presidente de la República está desaprobado. Como analista político también. García sostiene que “lo importante de la encuesta es (mostrar) que no hay en marcha un movimiento antisistema y destructivo de lo que se está haciendo. Al contrario, la encuesta demuestra que hay una solidificación de los rumbos básicos que tiene este gobierno”. ¿Qué encuesta leyó García?. La encuesta del IOP de la PUCP, a la que evidentemente alude, muestra todo lo contrario. Veamos dos campos que examina la encuesta y que hacen parte del desempeño de García: el funcionamiento de la democracia y la situación económica. El 66% de los peruanos está insatisfecho y muy insatisfecho con la democracia en los tiempos de García. La insatisfacción es mayor en las mujeres, los jóvenes, las clases populares, los pobres, los muy pobres y en las regiones del Sur y del Centro en donde llega a más del 80%. En el campo de la economía, en el que García cree tener su mejor desempeño, la situación es parecida. Sólo el 25% cree que su situación económica ha mejorado en los últimos 12 meses, el 32% siente que ella sigue igual y un abultado 43% piensa que su economía ha empeorado. Este es el caso particularmente de las mujeres, de los mayores de 45 años, de las clases populares, de los pobres y los muy pobres y de las regiones del Sur (54%) y del Centro (61%). La situación se agrava cuando los peruanos examinan la situación económica del país: el 52% cree que ella está peor que hace 12 meses. Los más pesimistas son nuevamente las mujeres (52%), los mayores de 30 años (58%), las clases populares (56%), los pobres y muy pobres (55%), Lima y Callao (52%) y las regiones del Sur (62%) y del Centro (66%). ¿Dónde está la “solidificación de rumbos que tiene este gobierno”?. Para mayoría de los peruanos existe más bien un extravío de rumbos.

Con estos resultados no debiera llamar la atención que, contrariamente a lo que piensa García, haya “en marcha un movimiento antisistema”. Al 45% de los peruanos le da lo mismo cualquier forma de gobierno y está dispuesto a aceptar un gobierno autoritario o una dictadura. Esta es a todas luces una actitud antisistema que puede alimentar fácilmente un movimiento antisistema. Este sentimiento de rechazo a la democracia –que es el verdadero sentido del concepto antisistema en la teoría política- se desarrolla sobre todo en las mujeres (49%), en las clases populares (47%), en los pobres y muy pobres (53%), en el Sur (47%) y en el Oriente (58%). García no presta la debida atención a este creciente rechazo ciudadano de la democracia como régimen político. ¿Qué es entonces el antisistema? García ni siquiera estira el concepto desde la política para extenderlo al modelo económico neoliberal sino que lo concentra en éste. Es antisistema toda crítica, oposición y rechazo al modelo neoliberal. Este punto de vista erróneo y conservador conduce a absurdos como el siguiente: Todos los demócratas que se oponen al modelo neoliberal forman parte de un movimiento antisistema. Este absurdo es, sin embargo, congruente con el pensamiento de los neoliberales que reducen su liberalismo al campo económico y lo excluyen del campo político en donde son profundamente conservadores y autoritarios. Desde esta perspectiva conservadora, la mayoría de los peruanos formarían parte de un movimiento antisistema: Sólo el 45% está de acuerdo con “promover la economía privada de mercado como única forma para que el país avance”. La mayoría, en cambio, está de acuerdo con “promover una mayor participación del Estado en la economía como única forma para que el país avance”. Este es el punto de vista de la mayoría de las mujeres (51%), de los jóvenes (52%), de las clases populares (50%), de los pobres y muy pobres (59%), y de las regiones del Sur (57%), Centro (52%) y Oriente (57%).

Pese a la muy alta desaprobación ciudadana (75%), García no se rinde, ni se siente pesimista ni derrotado pues hace suyos los avances de Castañeda, Lourdes Flores, Alejandro Toledo y Keiko Fujimori porque ellos van a seguir supuestamente el mismo camino: “Ninguna de estas personas traería a nuestro país una revolución colectivista, estatizante, antiinversión, antipequeña empresa”. El sofista García en acción, buscando salvar al político García. En la conciencia de la gente, sin embargo, Castañeda, Flores, Toledo, Keiko avanzan porque García se hunde. La gente no los premia porque son la continuidad de García, sino porque son sus críticos. Esta actitud ciudadana es más contundente en el caso de Ollanta Humala (ninguneado por García). Si alguno de ellos dijera que sigue “los rumbos básicos” de García, seguiría también la misma suerte política de éste. En realidad, lo que la encuesta muestra es el desarrollo incipiente de bastiones y de las principales competencias políticas en ellos. Lourdes tiene sus bastiones en Lima y en el Norte y su competidor inmediato es Toledo en ambos casos. Toledo tiene como bastión el Oriente y su competidora inmediata es Lourdes. El bastión de Ollanta es el Sur y su competidora inmediata es Keiko Fujimori. El centro es un terreno de disputa entre Lourdes, Toledo y Ollanta. ¿La competencia inmediata supone una disputa del mismo tipo de electores?. Cualquiera sea la respuesta y el análisis de sus consecuencias políticas requieren un examen más amplio.























Sinesio López Jiménez

El poder económico no la necesita. Tampoco el poder cultural. El único poder que requiere legitimidad es el político. ¿Por qué?. El poder político exige la obediencia de todos, ofrece las razones por las cuales debe ser obedecido y apela al consenso o a la coerción para obtenerla. Los que obedecen necesitan, a su vez, razones para someterse a la autoridad. La legitimidad de ésta reposa en que las razones para gobernar son las mismas que requieren los gobernados para obedecer. Estas razones son los fundamentos de la legitimidad. La historia política occidental ofrece dos fundamentos de legitimidad: la titularidad del poder y el ejercicio del poder. La primera alude al sujeto que detenta el poder o al principio de potestad y la segunda al desempeño de las autoridades. Estos dos fundamentos han ido cambiando a lo largo de la historia en su naturaleza y en la forma como ellos se relacionan.

Por un lado, la titularidad de poder y la legitimidad de la política, apelando a las revoluciones y a las evoluciones, han pasado desde los fundamentos divinos hasta la voluntad de los ciudadanos, pasando por las monarquías absolutas. En el campo de las ciencias sociales a todo este proceso turbulento de la historia política se le denomina secularización que, en el mundo occidental, comienza con el humanismo cívico y el republicanismo entre el siglo XII y el siglo XV. El saeculum (el siglo o el tiempo en el que viven los cristianos) que se ubica entre el pecado y la redención dentro de la historia teocrática es el punto de partida de la construcción de una historia propiamente humana a través del republicanismo cívico del que formó parte Nicolás Maquiavelo quien vivió a caballo entre los siglos XV y XVI. Maquiavelo confrontó simultáneamente la virtud cívica (expresión del republicanismo) con la Providencia (condensación de la historia teocrática de los creyentes), con la fortuna (la incertidumbre de los no creyentes) y con el comercio (el comienzo de la mano invisible del mercado y de los liberales). Pero fue la Monarquía absoluta la que logró la primera secularización de la titularidad del poder y de la legitimidad y fueron las revoluciones modernas las que las colocaron en las manos de los ciudadanos. Por otro, la relación entre la titularidad del poder y la forma de ejercerlo ha cambiado desde la separación entre ellas en la etapa teocrática (en la que el Papa, como representante de Dios en la tierra y de la titularidad divina del poder, coronaba al rey para que ejerza legítimamente el poder) hasta una nueva separación en la etapa moderna (en la que los ciudadanos como titulares del poder elijen a sus representantes y gobernantes para que lo ejerzan) pasando por la fusión de la titularidad del poder con el ejercicio del mismo en la persona del monarca que ejercía legítimamente el poder porque lo detentaba como titular.

La forma de ejercer poder, particularmente el fracaso o los pocos logros del gobierno, cuestiona la legitimidad por desempeño, pero no invalida la legitimidad de origen. Esta nace de la voluntad de los ciudadanos que eligieron a García para que gobernara por un período de cinco años. Ni un día más ni un día menos. Si ahora no nos gusta, no podemos, sin violar la ley y la legitimidad de origen, desprendernos de él a mitad del cruce del río. No nos queda otra, además de protestar legítimamente, que cargar con la cruz y aprender a votar en la próxima elección. García ha descendido al 20% de aprobación ciudadana, su gobierno ha llegado a la mitad del camino que le toca recorrer, pero ya está con lengua afuera y algunos partidos de oposición están exigiendo su revocatoria. Esta exigencia es un grave error político no sólo porque viola la legitimidad de origen sino también porque abre las puertas a la inestabilidad permanente. Si la crisis de legitimidad por desempeño afecta la gobernabilidad, la demanda de revocatoria nos conduce directamente al caos. Algunos políticos y un porcentaje significativo de los ciudadanos sostienen que García, debido al incumplimiento de sus promesas electorales, ha roto el contrato con los ciudadanos que lo eligieron y ha violado, por consiguiente, su legitimidad de origen. Lo mismo sucedió con Fujimori en los 90. Haciendo literalmente de abogado del diablo, yo pregunto: ¿Qué promesas?, ¿las de la primera o las de la segunda vuelta? García fue elegido en la segunda vuelta en la que se produjo una coalición implícita y silenciosa del Apra con la derecha. Más aún: García puede aproximarse a una cifra en la aprobación ciudadana, pero eso sólo acentúa la crisis de legitimidad por desempeño, pero de ningún modo afecta su legitimidad de origen. ¿Puede ésta ser quebrada desde la pérdida de legitimidad por desempeño?. Depende de lo que haga García. Si define a toda protesta social como subversión y a todos los contestarios como enemigos, si su gobierno se torna autoritario y viola abiertamente los derechos de los ciudadanos, entonces la legitimidad de origen estará seriamente amenazada. Por responsabilidad del propio García.


Sinesio López Jiménez

Guerras religiosas europeas, monarquías absolutas, ilustración y revolución francesa son acontecimientos y procesos históricos estrechamente vinculados. La demostración brillante de los lazos indisolubles entre ellos ha corrido a cargo, entre otros, del célebre historiador alemán Reinhart Kosselleck. Las monarquías absolutas emergieron como producto de dos victorias (sobre las guerras religiosas y sobre las aristocracias) y se consolidaron cuando lograron construir una estrategia de tolerancia diferenciando y separando lo público de lo privado. Lo público fue restringido a la relación de protección y obediencia entre los ciudadanos y el poder monárquico y lo privado era un cajón de sastre. Allí entraban las actividades económicas, las ideas, las creencias religiosas, las convicciones íntimas, la moral particular, etc. La paz se logró y se consolidó gracias a esa separación. La guerra nacía de la fusión y confusión entre lo público y lo privado, sobre todo de la explosiva mezcla entre la política y la religión. La ilustración emergió del mundo privado y se proyectó, sin embargo, hacia lo público, redefiniéndolo y ensanchándolo, pero manteniendo su separación. Emergió entonces lo público social: el debate público, la esfera pública, la sociedad civil que abrieron, como lo ha demostrado Jurgen Habermas, el poder cerrado de las monarquías absolutas transformándolas en monarquías constitucionales. En este caso, lo público social precedió a lo público estatal. La ilustración abrió el camino a la revolución. Esta fue obra de los grandes movimientos sociales que protestaban contra la crisis del trigo y del pan, pero el combustible que puso en marcha ese motor social y que le dio sentido y proyección histórica fue la ilustración. Las revoluciones burguesas dieron a luz a las democracias modernas, a los derechos humanos, a la ciudadanía.

Para la Iglesia Católica ha sido y es difícil separar lo público y lo privado. Las razones son múltiples pero la dificultad principal radica quizás en lo que Habermas ha llamado la publicidad representativa que se basaba, no en el debate y el diálogo de individuos privados sobre asuntos de interés general, sino en el status y en la exhibición del poder que la gente aceptaba, aprobaba y aplaudía. Esta fue la publicidad propia del mundo feudal. Los públicos en el mundo clásico (griego y romano) y en el mundo moderno, en cambio, son producto del diálogo y del debate crítico y racional. En este sentido, la Iglesia Católica no tenía un público sino fieles. El concilio Vaticano II fue toda una revolución en la relación entre la jerarquía eclesiástica, el clero y los fieles. Se produjo entonces una revolución copernicana: Se comenzó a mirar a Dios, no desde arriba y desde la jerarquía eclesiástica, sino desde el mundo y la perspectiva de los desheredados y los pobres. Estos cambios se expresaron también en lo ritual. Los sacerdotes celebran la misa, ya no de espaldas a los fieles y en latín, sino de frente en una relación cara a cara y en el idioma de cada país. En algunas ocasiones se produjo y se produce un diálogo entre el sacerdote y los fieles y se comenzó a esbozar un público religioso, producto de una combinación peculiar entre la fe y la razón. Por este motivo, incluso con el Concilio Vaticano II, es difícil separar la autoridad de la fe de la crítica de la razón tanto en las corrientes conservadoras como en las progresistas de la Iglesia.

¿Que tienen que ver todas estas disquisiciones con el señor Cipriani?. Mi hipótesis es que Monseñor Cipriani se ha quedado en la publicidad representativa medieval; que el Concilio Vaticano II pasó por encima de él, pero él no ha pasado por el Concilio Vaticano II; que no ha logrado diferenciar y separar lo público de lo privado y que hace política desde la religión y desde el status que ocupa en la jerarquía eclesiástica. Cuando habla desde el púlpito no dialoga sino pontifica, no emite razones sino dictados, no delibera sino aprueba y condena. Todo lo humano lo somete al dictado divino que él supuestamente encarna y representa. A los medios de comunicación los transforma en púlpitos. Desde ellos ensalza a sus amigos y fulmina a los que no piensan como él y a los que previamente ha transformado en demonios. El político Cipriani utiliza al cardenal para legitimar las causas (conservadoras) que defiende. Su discurso, además, tiene clase y sexo. Habla en favor de los ricos, de los poderosos y de los machazos en contra de los pobres y los débiles. Su postura ideológica y política castra la vocación universal a la Iglesia Católica, la enclaustra en una dimensión elitista y abre un forado para el avance de otras iglesias y del escepticismo. Tengo la impresión que para él el mal existe y está encarnado en los que no piensan como él y que son, no enemigos relativos (Carl Schmitt dixit), sino absolutos a los que se debe aplicar una guerra sin reglas: nada de respeto a los derechos humanos. El mal tiene que desaparecer de todos modos. Julio II decía que el Papa es el único hombre al que los reyes besan los pies. El Cardenal peruano podría decir también que Cipriani es el único hombre al que García besa la mano.