
El Mundo
David Jiménez
En la inmensidad de la mayor plaza pública del mundo, con sus 440.000 metros cuadrados de historia y la presencia eterna del cadáver embalsamado de Mao, ni el más leve atisbo que recuerde lo que sucedió aquí hace 20 años. Policías, unos de uniforme y otros camuflados, han tomado la explanada donde miles de manifestantes desarmados desafiaron al régimen comunista chino y pagaron la osadía con su vida.








