
En lo que la comunidad internacional interpreta como una reafirmación opresiva del "puño de acero" de la soberanía china sobre el Tíbet, la antorcha olímpica, paradójicamente un símbolo de la paz y la fraternidad entre los seres humanos, tuvo su recorrido simbólico en Lhasa, tres meses después de los peores disturbios registrados en dicha ciudad en mucho tiempo y durante la ocupación china.








