- Pondré mi propia música, si no te molesta. – mi música es la mejor, sin duda.
- Sí, por favor.
Un domingo realmente lento y tranquilo. Habíamos llegado a casa luego de salir al bar de siempre y ahora, Mimi y yo, totalmente insomnes nos desparramamos en el sofá. Eran como las seis de la mañana casi y la necesidad de un desayuno simple pero generoso se hacía urgente. Un “voy a preparar algo” la alejó de mí, dándome mucho frío. La vigilaba escondido en el sofá, como un niño a punto de hacer una travesura.







